AUTORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO

AUTORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO: LOS GRANDES OLVIDADOS

Las firmas de libros son un tema candente, especialmente en estos días. Parece que no hay escritor que se precie que no daría la mano con la que escribe por estar en una de las casetas de El Retiro. Y a mí estos asuntos siempre me hacen reflexionar. Y en esa reflexión me ha surgido hoy una pregunta: ¿Hay autores independientes en ferias del libro? ¿Somos los grandes olvidados?

He tenido la oportunidad de asistir como autora a la Feria del Libro de Málaga en un par de ocasiones y varias más en otras ferias como simple espectadora o lectora. Todas estas ocasiones me dejaron una sensación agridulce: por un lado, al menos en un principio, las viví como una fiesta literaria donde escritores y lectores se dan cita para homenajear a los libros; pero por otro, tanto cuando me tocó estar dentro de la caseta como lo estuve fuera, a medida que pasaban los minutos una extraña sensación de tristeza me iba embargando.

El espectáculo resulta siempre pomposo y atractivo, como el que pueda ofrecer el mejor de los circos, pero aun así se respira en el ambiente el pudor controlado de los autores, expuestos como meras atracciones en sus garitas, mientras un río de gente circula por la interminable calle flanqueada por quioscos.

Es posible que para los escritores de éxito tenga mayor sentido tan célebre exhibición literaria, al fin y al cabo, es un acto cultural altruista y generoso (o debería serlo), una manera de que los contadores de historias puedan estampar por fin la rúbrica en los ejemplares de sus pacientes lectores, capaces de esperar lo que haga falta en interminables colas. Incluso habrá autores a los que tal baño de multitudes les serene el ego por un tiempo. Pero estos son los menos, para la mayoría la larga espera está en su lado, dentro de su caseta.

Si esos escritores menos conocidos tienen la suerte de estar en buena compañía y amena conversación durante sus turnos de firmas y se lo toman como un posible encuentro con los amigos que tengan a bien acercarse a su caseta, tal vez el cáliz pase más rápido. Pero ¿cuántos se quedan sentados mirando al vacío mientras los minutos pasan como siglos y las colas de los lectores de compañeros vecinos los engullen como mosquitos insignificantes?

ESCRITORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO

Pero es que, además, en los últimos años los autores de a pie no solo compiten con las celebridades de las letras, también tienen muchas probabilidades de que sus casetas permanezcan ocultas entre los fans enloquecidos de cualquier famoso de la tele. Es entonces cuando, no es que se pregunten qué hacen allí, sino cómo se puede escapar de semejante avalancha de consumidores empedernidos de programas del cotilleo. Para terminar con una crisis de identidad, no muy seguros de si son escritores, vendedores o figurantes de relleno de un reality televisivo.

No siento especial simpatía por las ferias de libros, pero no es un rechazo al encuentro entre escritores, libros y lectores, nada más lejos de la realidad, para mí son los tres pilares de la literatura y cada uno de ellos es sagrado; podéis imaginar hasta qué punto valoro esos momentos en los que todos se juntan. La desazón que me invade es más por una cuestión de estética, no termino de asumir el hecho de que el autor tenga que estar custodiando sus libros como si se tratara de un vendedor de coches. La verdad es que a muchos se les da genial, especialmente a los que ya se sientan tras el mostrador con las ventas aseguradas y dos bolígrafos por si con uno no basta; pero estoy convencida de que no son pocos los que se preguntan por qué tienen que dar la cara como si ellos fueran el coche expuesto para la venta.

Como he comentado, he experimentado en dos ocasiones lo que se siente dentro de la caseta, siendo todavía más desconocida que ahora, y las dos horas que me adjudicaron fueron eternas, una de ellas insufrible: el librero fue bastante déspota y desconsiderado. Menos mal que vinieron a verme algunos amigos y parte de mi familia, no es una situación cómoda para alguien que no tenía el producto vendido y nunca tuvo dotes de comerciante.

A pesar de todo lo anterior, reconozco que me hubiese encantado pasarme este año por la Feria del Libro de Madrid, tengo allí muchos amigos y lectores que me están esperando, y qué mejor momento para encontrarnos; pero resulta que los autores que publicamos en plataformas y vendemos libros físicos online somos competencia de las grandes editoriales, con lo cual por el momento no hay nada que hacer; yo en concreto, al ser híbrida, soy mi propia competencia. Esto es una paranoia. Lo que me hace pensar si, más que ferias del libro, ¿no habría que llamar a estos eventos ferias de editoriales consagradas o ferias de libreros? ¿Qué pasa?, ¿que el libro autopublicado o vendido online no es libro?

No dejéis de leer esta noticia: La Feria del Libro veta a las editoriales de autopublicación: “Nos sentimos humillados

Como veis, tengo sentimientos encontrados, pero todos sinceros y reflexionados. No pierdo la esperanza de que en un futuro próximo estos acontecimientos literarios se reciclen e inicien un camino más acorde con el significado que en verdad tienen y no de meras ventas de libros de los autores de siempre, que por otro lado no necesitan este escaparate.

Por cierto, si el año que viene, o el que sea, voy a la Feria del Libro de Madrid, por favor, id a verme y hacedme compañía, me encantaría conoceros y pasar un rato agradable tomando unas cañas.

 

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25 comments

  1. los grandes olvidados y tambien nos miran mal, por no entrar por su aro, por tratar de tener algun beneficio con nuestra obra sin que estes atado a ellos de por vida, por aprender que hay vida mas allá de las editoriales…y mejor me callo

  2. Las ferias del libro son la salvación de editoriales y librerías, y como en los últimos años ha surgido esa “indeseable” competencia de los autoeditados (que encima, en algunos casos, como el tuyo, se ganan la vida con sus letras mejor que muchos de “los suyos”) tienen que hacer lo posible por que el club se mantenga exclusivo. Afortunadamente, no es así en todas las ferias. El caso de la de Madrid es particularmente ridículo.
    El año pasado surgió la posibilidad de que yo asistiera. Una entidad participante me invitó, pero, oh, descubrimos enseguida que las normas lo impedían, y no pude dejar de “desahogarme” escribiendo un post que tu reflexión me ha hecho recordar:
    https://benjaminrecacha.com/2016/04/20/el-clasismo-de-la-feria-del-libro-de-madrid/
    ¡Un abrazo!

  3. Aportaré mi granito… no de arena, sino de pólvora. Este año 2017 he rechazado (una vez más) las ferias de Huelva, Sevilla y Madrid. En gran medida me resultan un paripé ridículo hasta tal punto que me dan tristeza y ni siquiera me doy una vuelta por curiosidad. Sólo cierta vez estuve en una: debía permanecer una hora… a los 20 minutos… eso, tiré el bolígrafo encima de mi pobre novela y me dije: hasta aquí hemos llegado. Y me fui al bar transferia a tomar una copa; o dos. El editor se quedó… eso, me dijo que no me invitaría más… lo cual agradecí; hasta hoy. Comprendo que a muchos colegas les resulte fantástico, pero no son ferias del libro, sino ferias donde se venden libros de algunos, que n’est ce pas la même chose. ¡Saludos!

  4. Quizá mi espíritu es algo inocente. O simplemente, sesgo la realidad dejando sólo lo que me gusta. Hasta esta edición no había estado en la feria de Madrid. Lo primero es que, con los matices correspondientes por las injustas exclusiones, me pareció una excusa estupenda para quedar unos amigos escritores, lectores, incluso «ponedores de papel y bytes para libros» a dar una vuelta y volvernos locos con los que nos gusta. Eso sí, con un límite en la cartera y orejeras como las mulas, que si no al final compramos más de lo que seríamos capaces de leer en toda la vida. Porque lo bueno de las ferias —de lo malo ya habéis comentado bastante, y con razón por supuesto, pero también tiene algunas virtudes— es tener en un solo estante casi tooooooodo lo del libro. Claro que era un estante de quilómetro y medio. Por supuesto, estoy deseando que ese «casi» se elimine dejando lugar a la parte más dinámica en la actualidad del libro: la autopublicación.
    En cuanto a la exposición de los escritores… no sé, nunca lo había pensado. También es cierto que yo sólo haría cola para Francisco Ibáñez —impresionante la que había este año— o para gente muerta. Y no creo que Don Miguel, Don Benito o Doña Beatriz Bernal tengan ganas de ponerse de pie para firmarles un algo a este pobre lector; además de que a mí me daría un poco de yuyu. Otra cosa es visitar conocidos, que es algo que he descubierto que me encanta, especialmente con aquellos que son más «interactuantes» con los lectores en las redes.
    Y hablando de esas exposiciones de autores cual ganado, un señor me paró en mitad del paseo a preguntarme si estaba interesado en la poesía. Salvo Rubén Darío, Espronceda o Béquer, no, no estoy interesado y así se lo hice saber. Pero luego pensando, pensando… Vamos a ver, nos hacemos veinte mil cursos de autoventa, nos leemos otras tantas entradas de promoción y echamos nosecuantahoras en comercialización y mercadotecnia: pues este señor hizo algo que me gustó especialmente. ¿No tratan a los escritores como vendedores de coches e incluso como los propios coches para vender? Pues vendamos como meloneros ambulantes, oyes, que siempre habrá, y lo digo especialmente por modestos números de venta —yo estoy por debajo, puesto que ni siquiera he escrito algo que se pueda vender—, manera de vender más libros en esos ratos que el mismo tiempo sentado frente al ordenador esperando que alguien haga click en algún sitio. Bueno, vaaaale, esto último es algo exagerado, pero la actitud de ese autor me gustó: tiene una dinámica que no tienen algunas de las grandes.
    Por último, tal era la cantidad de gente firmando, que me pareció, cuando daban los nombres y números de caseta de manera tan continua, que estábamos jugando al bingo.

    En fin, a ver si se soluciona lo de las exclusiones y resto de defectillos de esos mercadillos, y nos vemos por alguna de estas ferias. Y me firmas un ejemplar, ¡hombre ya!

    1. Torpeyvago, muy interesante tu punto de vista y tu exposición, al final depende de cómo lo viva el ‘doliente’, de su personalidad, eso está claro; pero te aseguro que gran número de autores tiene la misma sensación que yo, aunque no digan nada, porque no es menos cierto que con un solo lector que se acerque a saludar parece que ya todo valió la pena.
      Muchas gracias y feliz semana.

      1. Bueno, claro, mi punto de vista es más de lector que de autor. Además, lo reconozco, me encandiló la enorme cantidad de libros que me atraían como llama a polilla. O sea, que como comenté, no puedo ser objetivo.
        Pero me alegra saber que tienes esa sensación de que merece la pena escribir, aunque sea para un solo lector. Porque esa sensación, que sí he tenido la suerte de vivir, sí que te hace seguir hacia adelante —aunque delante te parezca muuuuy lejos—.

  5. Yo visité la Feria del Libro de Madrid de este año, y puedo decir que los autores que estaban firmando eran famosos: Actores, youtubers, presentadores de telediario…
    Es una pena, pero a fin de cuentas ellos son las verdades celebrities no nosotros. La gente no lee un libro, sino que ve la televisión…
    El día que nos hagan una película, como a Dolores Redondo, tendremos una cola que de la vuelta al retiro.

    Como siempre un artículo muy interesante, Mercedes.

    Yo cada vez creo menos en las presentaciones y las firmas. Generalmente, como lectora, si me gusta un libro lo compro y no voy a su presentación ni aque me lo firmen, me lo he comprado antes.

    Un saludo.

    1. María Belén, veo que tú eres de las mías, al fin y al cabo, Internet ha permitido que cualquier lector se ponga en contacto con su autor preferido sin ningún problema. Eso sí, un encuentro entre autores y lectores de vez en cuando no está nada mal, pero sin que el negocio lo hagan los mismos de siempre.
      Gracias por venir. Un abrazo.

  6. En el canon literario pasan tantas inquietudes y hay muchos tropiezos. La autopublicación bien escrita tiene mucho poder y la vida del escritor es solitaria. Hay grandes autores que no fueron reconocidos y siguieron escribiendo. Sin embargo, si estos grandes escritores comerciales se dieran a la tarea de apoyar más los autores independientes el mundo literario tendría un balance. Al final muchos de ellos caen en el afán de que son artistas y se viven muy apecho su faceta literaria.

  7. Amiga creo que muchos de los libros que se venden en esas ferias no se leen, simplemente se compran al famosillo de turno y se le pide su firma. Si algún día tenemos la suerte de que vengas a nuestra Feria no te aburrirás y al menos yo, estaré contigo todo el tiempo, las invitaciones vendrían luego

  8. Pues nunca me había planteado lo de las firmas de libros como exposiciones de ganado pero, pensándolo bien, algo se asemeja.
    Voy incluso más allá, ¿Te imaginas esa caseta con el escritor de moda firmando y un cartel que rece:”Prohibido echar de comer al ego del escritor, tiene problemas de obesidad”?
    Igual no sería mala idea hacer una asociación de escritores independientes. Lo sé. Las hay. Pero ¿Algo más a nivel nacional, más oficial? ¿Y una caseta patrocinada por Amazón y demás editoriales independientes en la que firmen sus escritores?
    Y otra “tontá” que se me ocurre: Si en lugar del libro de papel yo me lo he descargado para mi ebook ¿dónde me tienen que firmar los escritores? ¿En la pantalla del libro electrónico?

  9. Ains, esos sentimientos encontrados en las ferias.. a mi me pasa igual, por un lado lo veo como una fiesta de la literatura y los libros, hasta que me doy cuenta de que no es así del todo y que he pecado de cándida, como siempre. En mi primera feria no firmé ni un ejemplar, me dedicaba a mirar a la gente que a su vez trataba de no mirarme ni a mi ni a mis compañeros, por eso de no hacer contacto visual no sea que me digan algo. Pero ahora como que no… Será por haber trabajado de comercial que tengo un morro que me lo piso y no me estoy tras la caseta, salgo, hablo con los lectores, les pregunto, les cuento, si vendo bien y si no vendo, pues también, al menos me escuchan y eso se agradece. Mi instinto arácnido-comercial me hace detectar a los que no les interesa nada de lo que voy a decirles y así hasta les ahorro el coñazo, en el fondo soy buena chica. Como dijo el genio, “Yo he venido aquí a hablar de mi libro”, y por dios que de mi libro hablo…. y vendo más que si me quedo en el escaparate sintiéndome parte del ganado.
    Mi sueño era escribir y publicar.. estoy escribiendo y publicando así que,,, intento que las ferias sean siempre las fiestas que soñé que eran, sin que el número de ventas me lo estropee.
    Un besazo Mercedes.

    1. Tú sí que sabes, Nina. Te aseguro que te envidio, supongo que esa es la actitud, pero yo no puedo, es mayor a mí, tengo la sensación de estar implorando que alguien se acerque antes de que me dé un colapso. Tal vez ahora sería distinto, tengo un buen puñado más de lectores.
      Me alegra que hayas venido a aportar una visión tan fresca del tema.
      Gracias. Un abrazo.

  10. Aunque ya me conozcas, sabes que te acompañaré siempre. Me hubiera gustado que este año, que es el primero que la piso, hubieras estado. Pero bueno… Ya estarás. Y en cuanto a lo de reinventar la feria estoy contigo… Sería mejor un encuentro como hizo Amazon… Entre escritores y lectores… Me gustó mucho ese evento y aprendí bastante en él…

  11. Vamos, tú avisa cuando vayas que si la vida me deja, seré la primera. Para mí la feria de Madrid tiene algo especial, es algo personal pero iré siempre que pueda. Me parece un gran homenaje al mundo de los libros. Y admiro a los escritores que están allí pasando unos calores tremendos (no sólo por vender, que algunos no lo necesitan) sino por contribuir a ese homenaje y estar en contacto con los lectores. Habrá de todo, como en botica, y en ese todo caben almas altruistas, almas escritoras que dejan su letra y su dedicatoria en libros que desde ese momento serán guardados como oro en paño.
    Un abrazo fortísimo.
    Mónica

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