Autor: Mercedes Pinto

Nací en Granada, pero actualmente resido en Málaga, España. Estudié Medicina, pero lo dejé para dedicarme a la literatura. Actualmente me dedico solo a la literatura, a leer y novelar. Tengo ocho libros publicados: "El talento de Nano","La última vuelta del scaife", "Maldita" y "Pretérito Imperfecto" con Ediciones B, "El fotógrafo de paisajes" con Ediciones Click y "La caja mágica" con Libros Mablaz, y he autoeditado en Amazon mis dos últimas novelas "Hijos de Atenea" y "Cartas a una extraña", finalista del Concurso Indie 2015. Aunque soy una escritora híbrida, reconozco que la mayoría de mis lectores conocieron mis obras gracias a la publicación independiente, que me dio la oportunidad de que dos de mis novelas fueran best sellers en varios países y estuvieran más de un año en el Top 100 de Amazon. Me considero una escritora humanista para la que cualquier género puede ser el escenario de sus historias.

La vida por encima de todo

No soy de adhesiones inquebrantables, sé que no hay nadie en este mundo que tenga esa fórmula mágica y perfecta necesaria para eliminar los problemas del planeta. Y, aunque la tuviera, ese alguien, como ser imperfecto, posiblemente erraría a la hora de aplicarla. Por eso, no pertenezco a ningún partido político, aunque voto a aquel que en cada momento me parece más acertado según el escenario social; tampoco estoy en ninguna asociación que me obligue a comulgar con las normas de otros. Como digo, nada es perfecto. Mi moral está por encima de los intereses e ideas de otros.

Por supuesto, respeto a todo grupo unido por las razones que crean, siempre que tengan un fin noble, faltaría más; a los otros solo me queda tolerarlos.

Entonces, ¿quién soy?, ¿cómo podrían definirme si no pertenezco a ningún colectivo que me identifique y signifique?

¿Soy feminista? Pues depende, si serlo significa estar a favor de la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, lo soy de todas todas.

¿Soy de izquierdas? Según se mire, si nos referimos a la justicia social y al reparto equitativo de la riqueza, por supuesto.

¿Soy de derechas? A veces, si ello significa que la vida es lo más sagrado, no lo dudo.

Soy… soy un poco de todo y realmente de nada.

Hay quien piensa que mi postura es cómoda y cobarde, que bailo según la música y así contento a todos y evito discusiones. No, no es nada fácil. Es más, pensar por mí misma, dudar de todo el tiempo que haga falta hasta encontrar la respuesta o rechazar el apoyo de grupos con poder mediático, en realidad, me ha llevado a una vida algo solitaria e incómoda. No solo por mi persistente manía de no dar por hecho las doctrinas de otros o aceptar una parte y rechazar otra, cosa que ningún líder admitiría, sino porque aborrezco las discusiones estériles, en las que si no te posicionas no tienes sillón y en las que la mayoría de los participantes solo buscan tener razón y no encontrar la verdad.

Pero hay algo que sí me define: Estoy a favor de proteger la vida hasta las últimas consecuencias, me declaro totalmente en contra del aborto y de la eutanasia.

Como veis, me acabo de quitar de un plumazo millones de posibles lectores. No, no soy cobarde ni bailo según la música.

Mi posicionamiento ante el respeto a la vida del otro desde el primer día hasta el último es fruto de mil cavilaciones sobre el tema. Cada vez que me obligo a mí misma a reflexionar mi postura se afianza más. Eso sí, totalmente a favor de los anticonceptivos, es una cuestión muy distinta.

Podría dar mil razones por las que considero que la vida de cualquier ser humano es intocable, aunque una sola sería más que suficiente. Pero voy a intentar resumirlas, en esta ocasión con respecto al aborto legal:

––Nadie, por muy docto que sea en la materia, puede asegurar en qué día un embrión deja de ser un trocito de carne y se convierte en un ser humano. Cuando hay tantos expertos que se contradicen entre sí es que no hay nada claro.

––Tú y yo somos el resultado de la suma de absolutamente todos los días de nuestro pasado, comenzando por ese primer instante en el que se unieron un óvulo y un espermatozoide.

––Creo que la sociedad tiene herramientas suficientes para apoyar a esa futura madre que se siente abrumada por la situación. Y, de cualquier manera, tampoco es excusa. ¿O es que la solución a nuestros problemas debe ser eliminar a quienes los causan? En tal caso, ¿por qué se descartó la pena de muerte de nuestro Código Penal? ¿Hay un ser más despreciable, inútil y peligroso que un asesino en serie o un violador?

––Si se puede abortar libremente en algunos países a los cuatro meses de gestación, por ejemplo, porque se considera que ese tiempo es demasiado escaso como para darle valor humano al feto con respecto a los cinco meses, ¿debemos considerar que un bebé de un mes tiene menos derecho a la vida que uno de tres? ¿Comete la madre un delito mayor si asesina a su hijo de 20 años que si tuviera 4?

A mí me parece que es al contrario. ¿Quién establece estos estúpidos criterios?

––Si el hecho de que el no nacido tenga algún problema físico o mental nos da la libertad de elegir si vive o no, ¿por qué no lo hacemos con la misma libertad con un recién nacido que muestra este tipo de problemas? ¿Acaso es el paso por el canal del parto lo que le otorga el privilegio de la vida?

––Por otro lado, si el riesgo para el bebé es tal que podría nacer muerto, ¿por qué no podemos llorar su pérdida y pasar el luto? Qué pasa, ¿que si nos lo quitan sin que lo veamos duele menos?

––Lo de Nosotras parimos, nosotras decidimos, ¿qué clase de barbaridad es? ¿Cómo puede una mujer creerse semejante temeridad? ¿Quiere esto decir que si tu hijo de la edad que fuere te complica la existencia lo puedes eliminar porque lo has parido?

Veamos los motivos y razones del derecho al aborto:

  1. Cuando el embarazo es fruto de una violación. ¿Por qué no eliminamos a todos los seres humanos nacidos de estas circunstancias? Estoy segura de que debe haber miles, incluso engendrados en matrimonios aparentemente ejemplares.
  2. Cuando la vida de la madre está en riesgo. ¿Por qué les perdonamos la vida a todos aquellos que para nacer sacrificaron la de su progenitora?
  3. En España se puede abortar hasta las catorce semanas de gestación sin explicación alguna; si la madre le dice al médico que quiere abortar porque sí, pues andando. En otros países incluso hasta las veinticuatro semanas. ¿Por qué no a las veinticinco?

A partir de estas semanas, repito, de la doce a la veinticuatro según qué países, en las que se puede abortar libremente sin tener que aportar motivo alguno, también se puede, incluso en el tercer trimestre, cuando el feto presenta anomalías físicas o psíquicas. ¿Qué pasa con todos aquellos nacidos que las tienen? ¿Eliminamos a todos los deportistas paralímpicos, por ejemplo? Que digo yo que si podemos librarnos de ellos cuando hay sospecha de malformación, mucho más lícito sería hacerlo cuando ya están en el mundo y lo tenemos claro, ¿no?

Mirad, bajo mi punto de vista y mi elemental moral, el aborto es un acto cruel de fuertes hacia débiles. No hay excusa. Eso de que mi cuerpo me pertenece y puedo hacer lo que quiera con él, vale, pero no con el cuerpecito de otro que, sin lugar a duda, es otro ser distinto a ti con un ADN diferente.

Actualmente el mapa mundial sobre la legalización del aborto es este:

El estatus legal del aborto

Como veis, en mayor o menor medida es legal en todo el mundo. En casi todo Occidente es legal. Dependiendo del país, se puede abortar libremente, sin motivo alguno, repito, desde la semana doce a la veinticuatro. ¡La veinticuatro! Este es el caso de Reino Unido, por ejemplo. ¿Habéis visto a un pequeñín de veinticuatro semanas dentro o fuera del vientre? ¿Sabéis que la ciencia ya es capaz de sacar adelante a un bebé de solo catorce semanas de gestación?

Os dejo un enlace donde podréis conocer a esta señorita:

https://www.ideal.es/sociedad/201602/12/bebe-milagro-nacio-gramos-20160211142153.html

Y esta imagen del pequeño Austin de veintidós semanas de gestación:

Bebé aborto

Pero, es más, en algunos países es legal hasta el término del embarazo alegando la salud de la madre o del feto, en ocasiones por razones psíquicas de la gestante. Vamos a ver, si la madre no está en sus cabales, que lo den en adopción.

Cierto es que algunos de estos países empiezan a recular y a plantearse la moralidad de tales leyes.

Después de la semana veintiuno se considera un aborto tardío y a las veinticuatro, un aborto por nacimiento parcial. El procedimiento para este tipo de abortos es realmente espeluznante:

El médico extrae al niño del vientre de su madre con unas pinzas, tirando de él por los pies y dejando la cabeza dentro del útero.

Después hace un agujero en la parte trasera del cráneo e introduce una máquina que succiona el cerebro del niño. En ese momento, lo que ya es un bebé, que en muchas ocasiones se mueve luchando por su vida y sufre, deja de moverse y muere. Finalmente, en la mayoría de los casos los restos del bebé terminan en la basura.

Hay miles de testimonios que os podrían el vello de punta. Para muestra un botón, os dejo el testimonio de una enfermera de California que asistió a uno de estos procedimientos llamados «abortos por nacimiento parcial».

«El doctor sacó el cuerpo y los brazos del bebé, todo menos su pequeña cabeza. El bebé se movía. Sus pequeños dedos se juntaban, daba patadas. El doctor tomó unas tijeras y las encajó en la cabeza del bebé, sus manos se desplomaron inmediatamente con una reacción de sorpresa, como lo hace un bebé cuando cree que caerá. Entonces el doctor abrió las tijeras y metió un tubo de succión en el hoyo de su cabeza y le sacó el cerebro. De esta manera el bebé murió. Era la cara más perfecta y angelical que jamás había visto».

Lo más irónico de todo este descalabro es que, mientras millones de madres se deshacen del problema, otros tantos millones darían su vida por tener un hijo. Digo yo, que esta hipócrita sociedad podría ayudar a esas embarazadas infelices para que tuvieran el bebé y después facilitar que las parejas deseosas de ser padres cumplieran al fin su sueño.

No quiero olvidarme de esos hombres que han querido hacerse cargo del hijo que engendraron, porque ellos sí lo deseaban y estaban dispuestos a renunciar a su propia vida, y que, con los estúpidos lemas de Nuestro cuerpo nos pertenece o Nosotras parimos, nosotras decidimos, han tenido que asistir atónitos a la muerte de su descendiente. Eso sí, si la mujer decide tenerlo, aunque el padre no hubiese querido, por ley, deberá hacerse cargo de él hasta que sea necesario. Hay cosas que carecen de la menor lógica y el mínimo de conciencia.

Ojo, no culpo a las mujeres que terminan abortando porque nadie les da una salida, hay situaciones estremecedoras y las entiendo; culpo a los que hacen las leyes, a los que tienen el poder de cambiar las cosas y por cobardía eligen el camino más corto para ser aceptados. Culpo a todo aquel que, pudiendo enviar un mensaje de vida, influye en nuestras mentes adoctrinándonos en la idea de que la existencia de nuestros semejantes es menos valiosa que la nuestra.

Alguien debería decirnos que vivir no es siempre fácil y que el sacrificio forma parte del camino. Alguien debería poner a disposición de esas madres angustiadas y sus futuros hijos los recursos necesarios para salir adelante.

¿Sabéis lo más curioso? Que todos los que están a favor del aborto nacieron, sus madres decidieron que sí los querían.

Podría seguir y seguir dando razones por las que estoy en contra del aborto, pero, como no hay mejor argumento que una experiencia personal y la ocasión lo requiere, dejo a un lado mi pudor y os relato brevemente la mía:

Me quedé embarazada cuando tenía 16 años, entonces estudiaba BUP y, a pesar de lo que pudiera parecer, era realmente una niña.

En aquellos años el aborto ni se contemplaba, así que había que casarse y tirar para adelante y punto. Creo que si, asesorada por un adulto de confianza o médico, hubiese tenido la posibilidad de borrar lo ocurrido sin dejar rastro, lo hubiera hecho.

Al año volví a quedarme embarazada, mi situación económica y personal no podría haber sido más triste en aquel momento. Posiblemente, de haber tenido la oportunidad, también habría abortado.

Pasó el tiempo y mis hijos crecieron con el amor de sus padres y la ayuda de algunos vecinos a los que nunca dejaré de dar las gracias. Cuando tenían 6 y 5 años y mi situación personal y económica había cambiado, tal había sido mi experiencia como madre que decidí tener otro hijo, esta vez deseado desde el comienzo, pero tan amado como los dos anteriores.

Hoy puedo decir con orgullo que aquella adolescente aterrada e inconsciente se convirtió en la madre de tres seres humanos excepcionales que, además de poseer grandes valores y ser ejemplos vivos para sus propios hijos, son magníficos profesionales: una jefa de restauración, un ingeniero aeronáutico que ya es CEO de una gran multinacional y un ingeniero informático con una excelente trayectoria y que está luchado en Los Ángeles por levantar su propia empresa.

Es más, puedo contaros con gran orgullo que uno de mis nietos, a pesar de que los médicos aconsejaron a la madre interrumpir la gestación por el alto riesgo que suponía para los dos, gracias a la negativa de su madre nació hace tres años después de nueve meses de miedo y angustia, un parto complicadísimo y unas primeras semanas para el bebé muy difíciles. Me tiene loca de amor, como los otros cinco.

Si volviera a nacer, no dudaría un instante en tener a mis hijos, con miedo, sin medios, sola… Los tendría. Porque si algo sé es que mis nietos son la confirmación de que valió la pena traer al mundo a mis hijos.

Es cierto, la desesperación de una mujer cuando se enfrenta a un embarazo con riesgo para la salud o siendo inmadura o estando sola y sin medios económicos en muchas ocasiones es insoportable y puede llevarla a cometer cualquier locura. Pero la solución no es incitarla a abortar, sino apoyarla y ofrecerle toda la ayuda que necesite.

No tengo cifras, pero creo que, si todos los medios económicos que utilizamos para promover y acometer el aborto los utilizáramos para ayudar a esas futuras madres, seguramente habría más medallas paralímpicas, más ingenieros luchando por cambiar el mundo y, desde luego, tendríamos una sociedad más humana, más capaz de sacrificarse y más avanzada.

Mirad lo que me regalaron mis hijos hace unos días por mi cumpleaños:

Flores con tarjeta

Una última cosa, como no se puede comentar aquí, si os habéis quedado con ganas de opinar, podéis hacerlo en mis páginas de Facebook donde pondré el enlace de este artículo.

A todos, gracias por pasaros por aquí y leer hasta esta última línea, sé que es un artículo largo y polémico.

COMENTARIOS EN AMAZON

ESOS COMENTARIOS EN AMAZON QUE NOS MINAN LA MORAL. ¡AY!

Como todo autor, miro de vez en cuando los comentarios de mis libros. Lo cierto es que en mis primeros años de escritora me preocupaban mucho más; algo normal, provocado por el desconocimiento y la inseguridad.

Como digo, ahora solo lo hago de vez en cuando y, sobre todo, me interesan los de mi última obra publicada para valorar de alguna manera si está teniendo buena o mala acogida. El caso es que la semana pasada me llevé un buen sofocón. No fue por encontrarme con que la última reseña de mi novela recién publicada era de una sola estrella, esto les pasa a los mejores autores y, aunque teniendo en cuenta este artículo, pudiera parecer que no he superado las malas críticas, os aseguro que hace tiempo me afectan lo imprescindible para aprender de los errores. Lo que me afectó fue el contenido y quién lo había escrito.

Leed:

Con una primera y rápida lectura, concluyes: «No le ha gustado y punto. A ver, es imposible agradar con tus letras a todo el mundo». Pero lees de nuevo y… ¿Que le costó llegar al final, pero lo hizo pensando que pasaría algo? ¿Que no pasa nada? ¿Personajes mal presentados? ¿De sobras conocidos? ¿Muy extendida mala literatura? ¿Lo peor que ha leído? Vamos a ver, pero… ¿¡por qué!?

No tengo dudas, es un comentario escrito con muy mala leche y que sirve para cualquier novela a la que quieras atacar. Nada en él me indica que el comentarista ha leído mi historia. Joder, pon el nombre de uno de esos personajes tan malos o algo que me haga siquiera sospechar que leíste al menos la sinopsis.

«Bueno, es lo que tiene exponer tu obra al público», me dije.

Pero quise conocer algo del enfadado lector y entonces sí que me sentí atacada gratuitamente y me puse algo triste. Resulta que es un escritor, psicólogo para más señas, y que en su larga vida entre letras solo se le había ocurrido comentar mi libro, no había reseñado nada más en Amazon, ni tan solo una triste sartén.

Tengo muy claro que si necesitara ayuda psicológica jamás se la pediría a él salvo que quisiera ánimos para suicidarme. ¿Pero qué clase de psicólogo con no sé cuántas entradas en Google se pasa por Amazon para escribir este único comentario con la única intención de arrebatarle al escritor el ánimo y la moral? ¿Es que estaba aburrido o qué? ¿Acaso ese día no tenía ni un paciente en la consulta?

Me recordó a un profesor de psicología que tuve en la Facultad de Medicina. Llegaba tarde, insultaba los alumnos y los obligaba a comprar su libro para que tuviesen la posibilidad de aprobar. Finalmente suspendía una y otra vez a la mayoría. Lo peor es que no había quien entendiera sus clases ni su libro.

Me molesté en leer algunas sinopsis y textos de sus libros, también en Amazon. Madre mía… hay que esforzarse y mucho para entenderlo, es el típico autor que dice en cien palabras lo que se escribe en dos y de una forma… digamos, extraña para mí. Pero es posible que yo tenga una mente demasiado simple para comprender textos con enjundia.

Por supuesto que hay miles de obras mejores que las mías y que tengo malas críticas con fundamento de las que he aprendido, pero, desde luego, en Quinto culpable pasan cosas, los personajes están perfilados y tienen fuerza y hay literatura. Lo suyo no es una opinión, es una falacia. Si quería justificar su triste estrella solo tenía que haber dicho que no era un libro de su gusto o que no le había enganchado, punto. Algo mucho más honesto y creíble.

Pero aquí no terminó mi periplo comentariano, para subirme un poco la moral decidí leer reseñas de otro de mis libros. Ja, ja, ja… es que cada vez que me acuerdo se me escapa una carcajada.

Ojo a las palabras de esta comentarista de Mensajes desde el lago:

Qué queréis que os diga, tampoco creo merecerme estas flamantes cuatro estrellas, así que, un comentario por otro.

Después de estos dos comentarios decidí parar. Llegué a la conclusión de que realmente los escritores estamos demasiado expuestos e indefensos ante lectores desaprensivos o algoritmos imperfectos que le cuentan al posible lector lo bien que riza el pelo una novela.

Pero no desestimemos los comentarios, tienen su función, y lo cierto es que una reseña como la del tal psicólogo hace daño a una obra recién publicada. Sé por experiencia que estas puñaladas paran las ventas, pero también sé que, cuando las críticas no tienen fundamento, el libro termina siguiendo su camino.

Un ejemplo: cuando publiqué Cartas a una extraña y se posicionó en los primeros puestos recibía una media de dos comentarios diarios de una o dos estrellas, de esto hace casi seis años y nadie pudo evitar que se tradujera a cuatro idiomas y que siga siendo uno de los libros más vendidos.

Estoy pensando que igual el comentario del psicólogo también ha podido ser un fallo del algoritmo e iba destinado a otra obra en la que realmente no pasara nada.

En fin, que tenía que desahogarme con vosotros.

Saludos, queridos seguidores.

nuestra sociedad tambien esta mutando

Nuestra sociedad también está mutando

Llevamos tanto tiempo sin vernos el rostro, sin besarnos, sin abrazarnos, sin ni siquiera acercarnos… Llevamos tanto tiempo caminando en el mismo sentido para no cruzarnos con nadie, sin ver a los que nos dieron la vida, sin poder despedirnos de ellos, aplazando bodas, bautizos, cumpleaños… renunciando a las cosas que nos hacen felices y humanos, que empezamos a no reconocernos. Hasta nos prohíben dar los buenos días en el metro, y mucho menos hablar con esa señora tan amable que se sienta a nuestro lado.

Ya no hacemos planes, nos limitamos a trabajar, alimentarnos y protegernos de un virus que no nos da tregua. Es como si nos conociera y supiera atacarnos donde más nos duele al menor descuido. Nos lleva ventaja desde el principio, cuanto más sabemos de él, más nos conoce él a nosotros. Ha conseguido robarnos lo más preciado: la libertad.

Solo podemos relacionarnos con nuestro círculo de convivientes; un círculo en el que ahora hay un miembro más: el miedo. Con él, con el miedo, vamos a trabajar, a comprar, al médico o al colegio, porque sabemos que nuestro mayor enemigo es invisible y oportunista. No podemos relajarnos, una corta conversación o una simple risa puede robarnos la salud a nosotros o a los que más amamos.

Cuando creemos que ya lo conocemos, muta y encuentra otro camino para embestir. Hay que reconocer que siendo tan pequeño es muy listo y tiene muy mala leche.

Estaba pensando que, de tanto cambiar nuestro comportamiento para librar esta eterna batalla, a lo mejor somos nosotros los que mutamos física y síquicamente. Si no podemos abrazar, para qué queremos los brazos, si no podemos sonreír ni besar, para qué queremos la boca. Si no podemos amar, para qué queremos el corazón. Esto sí que me da miedo.

Igual que os pasa a vosotros, por momentos, me invade una extraña tristeza, un desánimo inexplicable. Luego me doy cuenta de que hace un año que no voy al cine, ni como en un restaurante con mi gente; que hace un año que no se reúnen todos mis hijos en casa. Hace un año que me robaron tantas cosas…

Temo que nos acostumbremos a relacionarnos con el mundo a través de una pantalla. Aunque, benditas pantallas, que nos permiten vernos y hablarnos manteniendo toda la distancia que sea necesaria. Algo es algo.

No mutéis, no permitáis que la pandemia os cambie por dentro. Tened paciencia y cuidaos, todo pasará.

quinto culpable mercedes pinto maldonado

Hoy publico QUINTO CULPABLE

Queridos seguidores:

Vengo con la mejor noticia que pueda dar un escritor: hoy he publicado mi decimocuarta novela.

La terminé hace un año, pero por mil incidentes, entre ellos esta pesadilla de pandemia que vivimos, no me he decidido a publicarla hasta ahora.

Quinto culpable es una historia con la que me gustaría hacer reflexionar a los lectores. En realidad, todas mis novelas tienen esta intención en el fondo. Trata de un tema muy duro, un trágico episodio que han sufrido no pocas mujeres a lo largo de la historia y del que siguen siendo víctimas.

A través de Ani, la protagonista, intento despejar dudas sobre si realmente denunciar según qué crímenes es beneficioso para la víctima o, por el contrario, solo supone revivir una y otra vez la peor de las pesadillas. Porque lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, la víctima es sometida a una sobreexposición pública y no resulta la mejor terapia en momentos tan trágicos contar repetidamente a propios y extraños lo que tanto duele.

Si os soy sincera, yo no tengo nada claro qué es lo más acertado. La verdad es que nuestro sistema judicial puede convertirse en una verdadera tortura para quien está más necesitado de protección y discreción. Pero, por otro lado, sin denuncia no hay castigo. Es complicado.

Ojo, este libro no deja de ser una novela y espero que consiga su principal objetivo: distraer y hacer disfrutar a todo el que se adentre en la historia. Creo que Quinto culpable tiene todos los ingredientes que busca el lector de novelas: suspense, investigación, emoción, personajes que odian y aman… y una trama interesante. Bueno, eso creo, pero tendréis que decirlo vosotros.

Tengo gran interés en llegar al lector con esta obra, de manera que estará a 0,99 € los primeros cinco días de su publicación para no dificultar más esta cuesta de enero que está siendo especialmente dura.

Os dejo la sinopsis, la portada y el enlace de compra, y aprovecho para mandaros un abrazo a cada uno con el deseo de que en tan complicadas circunstancias os encontréis bien y os cuidéis.

 

Portada Quinto culpable

 

quinto-culpable-portada completa

 

Sinopsis Quinto culpable

Ani se niega a regresar a Salomar, la playa que la vio crecer y fue testigo de todos sus veranos desde que era niña ya no es la misma. Sus arenas ya no le recuerdan los castillos que hacía con su padre ni las noches de risas y guitarra con sus amigos.

Sin embargo, su familia cree que debe volver para superar el trauma que sufre desde hace once meses.

Aquel verano fue el más traumático de su vida, pero este se convertirá en una verdadera tortura. Tendrá que enfrentarse a la peor tragedia que pueda sufrir una mujer.

Cinco años después, Ani cuenta su historia, cuando por fin comienza a digerir el duro episodio que vivió una madrugada en la pequeña cala de Salomar.

 

Quinto culpable en Amazon

Enlace: https://amz.run/4Cwy

MALA ESTRELLA Mercedes Pinto Maldonado

La «última vuelta del scaife» ahora es «MALA ESTRELLA»

Queridos lectores y seguidores:

Lo sé, hace tanto tiempo que no vengo por aquí que seguramente ni os acordáis de mi nombre. Lo cierto es que llevo un par de años bastante ocupada, por mil razones. Pero todo bien, ya parece que mi vida se va tranquilizando.

Me hubiese gustado comenzar esta nueva temporada con un artículo de opinión sobre ese tema del que nadie habla: la Covid-19 (modo ironía); pero traigo una noticia literaria que para mí es prioridad en este momento. Más adelante hablaremos de otros asuntos.

Hace un mes, después de siete años, recuperé los derechos de cuatro de mis libros: La última vuelta del scaife, Maldita, Pretérito imperfecto y El talento de Nano. Dos de ellos bestsellers en varios países. Mi intención es reeditarlos todos, corregidos y renovados en todos los sentidos. Y en ello estoy.

El primero ya está a la venta: La última vuelta del scaife. Los que conocéis mi trayectoria y mis obras sabéis que le tengo especial afecto a esta novela y que siempre he pensado que merecía llegar a más lectores. A pesar de ser posiblemente el más valorado de todos mis libros no tuvo la suerte de Maldita y Pretérito imperfecto y creo que en gran medida falló la promoción. Así que vengo a presentaros de nuevo esta novela, cuyo título ahora es Mala estrella.

 

Portada Mala Estrella Mercedes Pinto Maldonado

Portada Mala Estrella Mercedes Pinto Maldonado

 

¿Por qué Mala estrella? Por dos razones: porque la vida del protagonista es una cadena de tropiezos inesperados y porque la Estrella de David está muy presente en la historia.

Es un libro de aventuras, de amistad, de amores más allá del amor que pueda conocer cualquier ser humano, de traiciones, de muerte, de vida… y lleno de humor. Además, cuenta un pasaje de nuestra historia reciente no muy conocido: el periodo Entreguerras.

Estuve documentándome un año antes de empezar a escribirlo y me costó otro más poner punto y final a la historia. Si todavía no lo conocéis, os invito a leerlo, tengo la intuición de que lo disfrutaréis.

Os dejo la sinopsis y, por supuesto, las gracias por haber vuelto a este espacio.

Mala estrella nos relata la dilatada y escabrosa vida de un judío que, empujado por un amor imposible, huye de Alemania a los diecinueve años en los albores del nazismo.

Educado en un ambiente judío ortodoxo, Josué necesitará sobrevivir a las situaciones más extremas como garimpeiro en África del Sudoeste para comprender que, más allá de culturas, religiones y del amor que le profesa a Abigail, existe el valor de la amistad. Kuaima, un nativo himba huido de la tiranía de su colono, y Carlos, un diplomático español que ha escapado del absolutismo religioso de su esposa, serán los amigos que le acompañarán.

Abandonará a su familia en los peores momentos, traicionará a sus amigos, olvidará sus orígenes. Y todo por un valioso diamante que no sabe si tendrá destinatario.

Enlace a Amazon:

https://mybook.to/malaestrella