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así comienza una de las tres mercedes pinto maldonado

Así comienza “Una de las tres”

Queridos seguidores y lectores, voy a tomarme unas semanas de descanso antes de que comience la promoción de mi próxima novela Una de las tres, que, aunque ya podéis reservarla, será publicada por Amazon Publishing el 15 de agosto.

No voy a negaros que estoy bastante nerviosa, ya cuento con miles de seguidores fieles (perdonadme la petulancia) y cada vez me aterra más decepcionarlos. En esta obra he dado todo de mí, una novela negra (bastante negra, aunque el comienzo no lo parezca) llena de suspense y creo que original, con la que espero complacer a mis lectores y seguir avanzando en este camino de la escritura que cada vez se hace más complicado y competitivo para el escritor.

Como deferencia a todos los que pasáis por aquí, dejo en primicia los siete primeros párrafos de Una de las tres.

Nos vemos pronto, amigos. ¡Feliz verano!

Así comienza Una de las tres

Doina era la luz y la vida del mar Muerto. Llevaba tres años paseando su belleza por el puerto de Constanza, el lugar donde encontraba a diario el cariño y el sustento que nunca encontró en su hogar. No era una prostituta más de Rumanía; ella era el sueño de muchos marineros y la razón de que, tan pronto como atracaban, saltaran presurosos de sus embarcaciones para ser los primeros en cortejarla y conseguir sus dulces favores. Hermosa, joven, generosa e inocente; bien valía unas monedas su agradable compañía.

Pero esa tarde solo esperaba a uno: Loan Funar, el hijo del dueño de uno de los barcos pesqueros más modernos de Constanza. Era el menor de los hijos de Costel Funar y llevaba solo unas semanas trabajando para su familia. Loan era el único de los siete hermanos que había ido a la universidad, y, como estaba en plenas vacaciones de verano, ya tenía edad suficiente para echar una mano en el pesquero entre curso y curso.

Después de rechazar al menos diez propuestas atractivas, entre ellas la de uno de los hermanos Funar, Doina consiguió por fin captar la atención del joven Loan, el marinero más guapo e interesante que había conocido aquella ciudad portuaria. Pensó que la suerte le había sonreído, pero en realidad aquel esperado encuentro no fue más que un nuevo golpe de mala fortuna.

Loan era un muchacho ambicioso, consciente de sus muchas virtudes —que pensaba explotar al máximo— y para el que la bella Doina no era más que un pasatiempo de verano. Durante los dos meses que, noche tras noche, dio rienda suelta a sus instintos sobre el hermoso cuerpo de la chica, no hubo un solo segundo que abrigara la intención de tener una relación seria, por muchas razones: porque era una muchacha inculta; porque, ya de adolescente, había sido una buscona del puerto con la que habían estado varios de sus hermanos; porque su padre nunca aprobaría semejante noviazgo, y, por encima de todo, porque él quería terminar su carrera de ingeniero y estaba deseando regresar a la Universidad de Bucarest, donde lo esperaba su chica, que, además de compañera de curso, era hija de uno de los más importantes arquitectos de Rumanía.

Era cierto que, para ser tan joven, Doina había conocido a muchos hombres y que se ganaba la vida en el puerto sacándoles algo de dinero a los marineros porque no tenía una opción mejor (apenas sabía leer y escribir); sin embargo, seguía conservando la ingenuidad y la fe en que algún día formaría su propia familia. Soñaba con resarcirse de su triste y dura infancia, tener una bonita casa, un marido que la amara y un par de niños felices correteando por el jardín.

Se enamoró ciegamente de Loan, hubiese dado su vida por él, y solo pensaba en que su historia terminara como el cuento de La Cenicienta: casándose con el príncipe y siendo feliz a su lado para siempre. Cuando aquella tarde se despidió de ella para continuar sus estudios, pensó que volvería y continuarían su relación, que pasarían juntos todas sus vacaciones, en las que harían planes de boda para cuando terminara la carrera, y que su sueño se cumpliría al fin.

Sin embargo, no volvió a verlo, y tampoco ella volvió a pasear sus encantos delante de los pescadores del puerto. Cada tarde se sentaba en el espigón hasta que llegaba el barco de los Funar, con la única intención de preguntar por Loan a su padre y a sus hermanos. Pero solo recibía desprecios y evasivas. Los marineros de Constanza se compadecían de su tristeza cuando pasaban junto a ella. Miraban con nostalgia cómo aquel invierno su vientre crecía lentamente frente al mar Negro, azotado por el frío, la lluvia y la humedad, en una espera interminable.

 

Os recuerdo que en mi página web podéis descargar de forma totalmente gratuita el comienzo de tres de mis obras:

Descargar el comienzo de Cartas a una extraña

Descargar el comienzo de Mensajes desde el lago

Descargar el comienzo de Maldita

Feliz semana.

 

la hora amazonica episodio 100

La hora amazónica. Episodio 100

Queridos amigos y lectores. Hoy me siento afortunada. Hoy La hora amazónca, el programa que magistralmente conduce Blanca Miosi, autora de La búsqueda, el libro más vendido en castellano en la historia de Amazon, llega a su programa 100. Y tendré la fortuna de participar junto a ella.

Y no solo participar; tendré el honor de hacer la primera entrevista en su propio programa a Blanca Miosi. ¿Hay una mejor manera de comenzar un fin de semana?

Además tendremos una fabulosa audioreseña de Jordi Díez.

Será un placer teneros con nosotras y, si podéis uniros al chat, hablaremos en vivo sobre todo lo que Blanca nos cuente.

¡Os esperamos en www.radiovocesunidas.com!

 

Horario de emisión:

11 horas: California.

13 horas: México y Colombia.

14 horas: Venezuela y Miami.

15 horas: Uruguay y Argentina.

17 horas: Brasil.

20 horas: España

 

AUTORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO

AUTORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO: LOS GRANDES OLVIDADOS

Las firmas de libros son un tema candente, especialmente en estos días. Parece que no hay escritor que se precie que no daría la mano con la que escribe por estar en una de las casetas de El Retiro. Y a mí estos asuntos siempre me hacen reflexionar. Y en esa reflexión me ha surgido hoy una pregunta: ¿Hay autores independientes en ferias del libro? ¿Somos los grandes olvidados?

He tenido la oportunidad de asistir como autora a la Feria del Libro de Málaga en un par de ocasiones y varias más en otras ferias como simple espectadora o lectora. Todas estas ocasiones me dejaron una sensación agridulce: por un lado, al menos en un principio, las viví como una fiesta literaria donde escritores y lectores se dan cita para homenajear a los libros; pero por otro, tanto cuando me tocó estar dentro de la caseta como lo estuve fuera, a medida que pasaban los minutos una extraña sensación de tristeza me iba embargando.

El espectáculo resulta siempre pomposo y atractivo, como el que pueda ofrecer el mejor de los circos, pero aun así se respira en el ambiente el pudor controlado de los autores, expuestos como meras atracciones en sus garitas, mientras un río de gente circula por la interminable calle flanqueada por quioscos.

Es posible que para los escritores de éxito tenga mayor sentido tan célebre exhibición literaria, al fin y al cabo, es un acto cultural altruista y generoso (o debería serlo), una manera de que los contadores de historias puedan estampar por fin la rúbrica en los ejemplares de sus pacientes lectores, capaces de esperar lo que haga falta en interminables colas. Incluso habrá autores a los que tal baño de multitudes les serene el ego por un tiempo. Pero estos son los menos, para la mayoría la larga espera está en su lado, dentro de su caseta.

Si esos escritores menos conocidos tienen la suerte de estar en buena compañía y amena conversación durante sus turnos de firmas y se lo toman como un posible encuentro con los amigos que tengan a bien acercarse a su caseta, tal vez el cáliz pase más rápido. Pero ¿cuántos se quedan sentados mirando al vacío mientras los minutos pasan como siglos y las colas de los lectores de compañeros vecinos los engullen como mosquitos insignificantes?

ESCRITORES INDEPENDIENTES EN FERIAS DEL LIBRO

Pero es que, además, en los últimos años los autores de a pie no solo compiten con las celebridades de las letras, también tienen muchas probabilidades de que sus casetas permanezcan ocultas entre los fans enloquecidos de cualquier famoso de la tele. Es entonces cuando, no es que se pregunten qué hacen allí, sino cómo se puede escapar de semejante avalancha de consumidores empedernidos de programas del cotilleo. Para terminar con una crisis de identidad, no muy seguros de si son escritores, vendedores o figurantes de relleno de un reality televisivo.

No siento especial simpatía por las ferias de libros, pero no es un rechazo al encuentro entre escritores, libros y lectores, nada más lejos de la realidad, para mí son los tres pilares de la literatura y cada uno de ellos es sagrado; podéis imaginar hasta qué punto valoro esos momentos en los que todos se juntan. La desazón que me invade es más por una cuestión de estética, no termino de asumir el hecho de que el autor tenga que estar custodiando sus libros como si se tratara de un vendedor de coches. La verdad es que a muchos se les da genial, especialmente a los que ya se sientan tras el mostrador con las ventas aseguradas y dos bolígrafos por si con uno no basta; pero estoy convencida de que no son pocos los que se preguntan por qué tienen que dar la cara como si ellos fueran el coche expuesto para la venta.

Como he comentado, he experimentado en dos ocasiones lo que se siente dentro de la caseta, siendo todavía más desconocida que ahora, y las dos horas que me adjudicaron fueron eternas, una de ellas insufrible: el librero fue bastante déspota y desconsiderado. Menos mal que vinieron a verme algunos amigos y parte de mi familia, no es una situación cómoda para alguien que no tenía el producto vendido y nunca tuvo dotes de comerciante.

A pesar de todo lo anterior, reconozco que me hubiese encantado pasarme este año por la Feria del Libro de Madrid, tengo allí muchos amigos y lectores que me están esperando, y qué mejor momento para encontrarnos; pero resulta que los autores que publicamos en plataformas y vendemos libros físicos online somos competencia de las grandes editoriales, con lo cual por el momento no hay nada que hacer; yo en concreto, al ser híbrida, soy mi propia competencia. Esto es una paranoia. Lo que me hace pensar si, más que ferias del libro, ¿no habría que llamar a estos eventos ferias de editoriales consagradas o ferias de libreros? ¿Qué pasa?, ¿que el libro autopublicado o vendido online no es libro?

No dejéis de leer esta noticia: La Feria del Libro veta a las editoriales de autopublicación: “Nos sentimos humillados

Como veis, tengo sentimientos encontrados, pero todos sinceros y reflexionados. No pierdo la esperanza de que en un futuro próximo estos acontecimientos literarios se reciclen e inicien un camino más acorde con el significado que en verdad tienen y no de meras ventas de libros de los autores de siempre, que por otro lado no necesitan este escaparate.

Por cierto, si el año que viene, o el que sea, voy a la Feria del Libro de Madrid, por favor, id a verme y hacedme compañía, me encantaría conoceros y pasar un rato agradable tomando unas cañas.

 

Paseo de la Fama para Escritores de Amazon 5

MERCEDES PINTO MALDONADO: HISTORIAS DE AMAZON

Hoy quiero compartir con vosotros una información que me hace especial ilusión. Amazon dedica una de sus paginas a contar historias de inventores, autores y emprendedores que han transformado su vida con esta plataforma internacional. Por mi trayectoria y relación con Amzon KDP y Amazon Publishing, fui invitada para contar mi experiencia y el pasado 22 de abril el encantador y profesional equipo de Amazon Historias me grabó y entrevistó en la ciudad de Barcelona.

“Mercedes Pinto no sabe cuándo empezó a escribir: se recuerda siempre con un bolígrafo y ante una libreta. La autopublicación dio un vuelco a su carrera como escritora y ahora puede afirmar orgullosa que vive de su gran pasión”.

Así comienza este reportaje que podéis leer completo en este enlace y que también incluye el siguiente vídeo.

Gracias a Amazon y gracias a vosotros, queridos amigos y lectores.

reconocer un libro escrito por un escritor fantasma o negro literario

Cómo reconocer un libro escrito por un escritor fantasma

¿Serías capaz de reconocer el libro de un escritor fantasma? Hoy comparto con vosotros cómo se puede distinguir el texto de un escritor fantasma (también conocido como negro literario). Al menos os cuento cómo lo hago yo.

 

Sobre la literatura actual hay un tema que me sorprende y a la vez me inquieta. Aunque parece que no es nada nuevo. He podido comprobarlo recientemente por mera observación. Me refiero a la doble personalidad de algunos escritores, o Trastorno de Identidad Disociativo, que resulta más académico. Y digo algunos, muy pocos; la mayoría no tiene nada que ver con este asunto.

Últimamente me ha pasado que después de leer las obras de tres escritores y quedar satisfecha con la experiencia, he visitado sus páginas (blog, Facebook, Twitter…) y he tenido que asegurarme de estar leyendo a los mismos autores. ¡Es inaudito! Alguien que escribe una novela en la que apenas encuentras las erratas propias de los típicos despistes (no solo de los autores, sino también de correctores), no puede de ninguna de las maneras, escribir en las redes como un niño de diez años. Es cierto que a veces las prisas o no contar con un corrector que te repase el texto dan lugar a deslices gramaticales como olvidar un artículo, comerse una letra, omitir una tilde… incluso cometer graves faltas de ortografía. No me refiero a esto, no son errores accidentales, es su manera natural de escribir, no saben hacerlo mejor.

Por ejemplo, sabemos que los manuscritos originales de la elegante e impecable Jane Austen carecían de una buena ortografía. Bajo mi punto de vista, esto es lo de menos, es algo que se aprende con el estudio y la práctica y se subsana con ayuda profesional. Ella poseía lo importante: imaginación y capacidad narrativa, además de un estilo propio.

Insisto, no estoy hablando de los traspiés propios que se cometen por mucho que se conozca el camino, no, es mucho más interesante. Me refiero a no acertar ni por estadística con el género y número del sujeto y el predicado, o directamente saltarse el sujeto (no porque sea sujeto omitido, sino porque no existe y punto), poner frases a medias y mal hilvanadas (como lo hubiese hecho mi abuela, que la pobre fue al colegio un par de años), escribir subordinadas y pasivas enrevesadas que no se entienden ni echándole imaginación, confundir reiteradamente el imperativo con el infinitivo, no poner jamás la coma después del vocativo, calzar adverbios que no entran en la frase ni a martillazos, escoger las preposiciones al azar, ¡inventar palabras! solo porque a ellos les suenan lógicas en su pobre lenguaje… Es que son muchas cosas. Y no, no cuela, alguien que escribe así en sus páginas no puede ser el autor de un libro medianamente aceptable.

Antes de continuar quiero aclarar algo: yo misma, desde hace doce años, tengo dos libros publicados sin la debida corrección, porque la editorial no se preocupó de hacer su trabajo y yo no tuve la precaución de corregir debidamente antes de enviar el manuscrito. ¡Ay, las prisas del novato! No obstante, creo que no era falta de estilo literario, como son los casos que os apunto, sino de experiencia y práctica. Y también encontraréis alguna que otra errata en el resto de mis obras, nos pasa a todos; en casa tengo libros de grandes autores y conocidas editoriales con erratas que quiebran pupilas. Pero no hay trampa ni cartón, así escribía yo, no hace doce años, sino al menos quince, cuando nacieron estas novelas, y mis errores eran los mismos que podía cometer en mis páginas en aquellos momentos.

reconocer un libro escrito por un escritor fantasma

Pero sigamos con nuestro tema y, para entendernos, pongamos algunos ejemplos vistos últimamente en páginas de escritores con buenas novelas en el mercado. Voy a cambiar algunas palabras para no enfadar a los autores en cuestión, no sea que pasen por aquí, se reconozcan y se líe la de San Quintín; aunque de todas formas al final siempre se da por aludido el que menos tiene que ver. Vamos allá. Os aseguro que para nada exagero.

Frases con género y número distintos a los del sujeto:

Aunque estoy lejos, me ayudáis a seguir luchando por estos mares, muchas veces duro, desagradecido y complicado.

Esto, como comprenderéis, no es un simple descuido, sino una manera genuina de expresarse. Supongo que el escritor quiso decir algo así: «Aunque estoy lejos, siento que me ayudáis a seguir luchando en este difícil mundo, muchas veces duro, desagradecido y complicado». Con todo, cualquier mortal se hubiese expresado con más sencillez y claridad: «Desde la distancia siento que estáis conmigo en esta lucha, a veces dura, ingrata y complicada».

Frases sin sujeto:

De escoger un paisaje u otro.

No es que sea una oración impersonal (algo obvio) o con sujeto omitido porque se sobreentiende, os aseguro que en el texto (de tres líneas) no se intuía ni por asomo el sujeto. Supongo que el autor quiso comunicar algo parecido a esto: «A veces todo depende de qué paisaje elijas», pero son meras conjeturas mías.

Textos escritos como si hablara un indio de las películas del Oeste:

He llegado a casa. Esta tarde no saldré. Me haré café. Para ponerme a estudiar…

Si las lees en voz alta no te librarás del hipo.

Frases con adverbios o conjunciones sin sentido:

Nos saludamos también unos días.

Pues… yo qué sé a qué viene ese «también», en el escueto párrafo no se adivina el motivo del adverbio.

A veces hay que dejar lo que nos hace felices, pero las responsabilidades mandan.

Más de lo mismo, ¿«pero»?, ¿por qué?, si al incluir la conjunción terminamos negando lo que queremos afirmar.

No solo lo digo yo, sino que cada vez se dice más.

Otra frase más de alguien que no sabe escribir. ¿A qué viene el «sino»?, cuando es una conjunción adversativa que contrapone un concepto afirmativo a otro negativo anterior. Tal vez quiso decir: «No solo lo digo yo, cada vez se dice más». O «No lo digo yo, sino gran número de personas». O quitamos el adverbio «solo» o eliminamos la conjunción adversativa «sino». Algo sobra.

Cómo os diría… da la sensación de que el preparado e imaginativo autor quiere demostrar su dominio del lenguaje haciendo filigranas que solo demuestran su pasmosa ignorancia.

 

Palabras inventadas:

Paguato, por pazguato.

Torciente, que tiene la capacidad de torcerse. Supongo.

Mindungui, por mindundi.

Aférrimo, por acérrimo.

Saludos sin sentido o con mensajes cifrados:

Buenos días, en general, y feliz día a todos.

¿A qué viene lo de «en general»? ¿Será que el atento autor desea un buen día a la mayoría, salvando a una minoría, y ya eso de ser feliz que sea para todos? Algo se me escapa.

Frases imperativas con un infinitivo:

Por favor, escuchar esto.

De estas las hay para sembrar la Groenlandia.

Otra que no sé cómo clasificar:

Invito a los que quieran reunirse conmigo a que haga un bizcocho.

Supongo que quiso decir algo así: «Invito a los que quieran reunirse conmigo a hacer un bizcocho». Aunque lo que alguien de a pie diría con toda sencillez sería: «Si os apetece, estáis invitados a hacer un bizcocho conmigo». No, no, sin el «si os apetece» ni el «conmigo», ¿para qué? «Os invito a hacer un bizcocho», la invitación en sí misma brinda la opción de hacer o no el bizcocho con este autor cocinero e indica que no es una obligación.

La frase es digna de analizar: «a que haga»… ¿quién?, ¿él?, ¿tú?, ¿contigo o «sintigo»? Que ya no sé ni lo que me digo. ¡Madre de las letras! No tengo palabras. Esto lo escribo yo en la EGB y mi profesor de lengua se tira por la ventana, máxime cuando este autor ha publicado un libro en el que enseña a escribir una novela.

Vaciedades y bobadas por falta de imaginación y la necesidad incontrolable de asomarse a las redes:

Qué decir cuando te llega una notificación que te avisa de que el autor de uno de tus libros favoritos ha publicado y tú lo dejas todo para saber de primera mano de qué trata, para luego encontrarte esto:

He bajado las persianas porque había mucha luz, porque con tanta luz me cuesta echarme una siesta.

Te quedas mirando tus persianas y te dan ganas de liarte a mamporros con ellas.

Me acaba de pedir amistad una tía buenísima.

¡Anda!, igual es el comienzo de su próxima novela. No, es que no se le ocurre nada mejor y tiene el muro del Facebook muy parado. «¡Horror! Mis lectores se van a olvidar de mí, nooo…».

Hay algunos que han convertido sus páginas en diarios médicos:

Buenos días, estoy feliz, el análisis salió perfecto.

Por fin me quitaron la muela del juicio.

La rodilla bien, pero ahora me duele la cadera. Perdonad que no asome mucho por aquí.

Pero a la media hora se asoma, vaya si se asoma, para dar un importante comunicado:

Gracias por interesaros por mí (tenía tres «me gusta»), me tomé un ibuprofeno y estoy mucho mejor.

Esto es una mínima muestra, os aseguro que me quedo corta. Los autores de estas perlas son reincidentes, incurren a diario en los mismos errores y naderías, ejemplos hay para aburrir. Y lo más importante; son los mismos que tienen novelas publicadas cuyos estilos, si no impecables, son bastante aceptables y hasta dan lecciones sobre cómo escribir correctamente. ¿Es raro o no?

Este insólito fenómeno solo puede tener una de estas tres explicaciones:

Padecen un Trastorno de Identidad Disociativo.

En otra vida fueron grandes autores y aprovechan cada regresión, inducida o espontánea, para novelar.

Tienen un escritor fantasmanegro que escribe por ellos. No vale un corrector por bueno que sea, son textos de difícil arreglo, hay que reescribirlos.