LOS PIRATAS DE CAMPOARRIBA

26 mar

Post11Es la Fiesta de la Paella en el municipio de Campoarriba, uno de los pueblos de más altitud de Andalucía. Es una aldea casi deshabitada, en la que viven una veintena de abuelos que se niegan a dejar su vida. Pero hoy es un día especial, todos los que tienen algún vínculo con el lugar suben a la montaña a degustar el rico arroz. La pequeña plaza está a rebosar, no faltan la cerveza, el vino y la orquesta. Después de disfrutar un año más el sabroso almuerzo, un buen grupo de amigos y conocidos se reúnen en la casa de la tía Rosa para tomar café y un trozo de la típica torta de Campoarriba. En la reunión hay una escritora, cerca de la chimenea, escuchando la conversación que mantienen una docena de hombres y mujeres. Por lo pronto, se mantiene al margen, mirando el fuego, pero atenta a la distendida charla.

―Qué desastre de país, dan ganas de irse a vivir a las antípodas ―dice un joven de unos treinta años llamado Santi―. ¡Qué asco de políticos! Es que no encuentras uno honrado ni por estadística.

―Son todos iguales ―apostilla otro, de nombre Manuel, después de sorber su café―, mientras no los pillen, roban y roban sin pudor.

―Pues yo no lo entiendo ―interviene una señora, la mujer de Manuel―, con la de gente honrada que hay… ¿por qué siempre salen elegidos los de la misma calaña? A mí no se me ocurriría quitarle a nadie el pan ni con hambre. Quita, quita…

―Eso digo yo. Si es que no conocen el límite, roban por robar. Macho, yo tengo mi casita, mi trabajito, me acuesto con la barriga llena… ¿qué más quiero? Eso tiene que ser vicio ―vuelve a hablar Santi, dirigiéndose a Manuel.

De repente, el tal Santi repara en la mujer que está frente al fuego:

―Hola, ¿qué tal? Tú eres la escritora, la suegra de Marcos, ¿no? ―la aborda con una pregunta al reconocerla.

―Eso dicen ―contesta la autora sorprendida―. Encantada de conocerte, Santiago ―le extiende la mano amablemente.

―A mi mujer le encantan tus libros. Cuando le regalé el Kindle para su cumpleaños le descargué, de una página de esas piratas que me recomendó un amigo, al menos cien y, oye, cuando llevaba cuatro leídos empezó uno tuyo y ya no paró hasta que se los leyó todos; todas las noches cuando llegaba del trabajo erre que erre para que buscara la dichosa página y le descargara otro. Está en la plaza, ahora cuando venga te la presento, verás qué alegría le vas a dar.

―Muchas gracias ―le dice la escritora, con manifiesta acritud.

―De nada, mujer, es un placer ―le dice Santi antes de darse la vuelta para seguir despellejando a la clase política.

Pero ella necesitaba decirle algo más:

―Perdona, ¿sabías que descargar libros de páginas piratas es un robo?

―Bueno, estamos en España, estas cosas no se pagan hasta que no te pillan ―contesta el chico con una sonrisa burlona.

―¿Sabes?, en este momento a mí también me dan ganas de irme a vivir a las Antípodas, acabo de perder la esperanza en la gente que tanto critica a la clase política.

MATILDE LA CONFESORA

10 mar

balcon-bombonas

Era la dueña de una pequeña tienda de comestibles del barrio. Ya ni recordaba desde cuándo vivía tras aquel ajado mostrador. Levantaba la persiana antes del amanecer para que ni uno de sus vecinos se fuese al trabajo sin el bocadillo de pan recién hecho. Matilde era mucho más que la tendera que siempre tenía el ingrediente que le había faltado a la del cuarto para el arroz del domingo o la que se quedaba con las llaves de la Frasquita para cuando llegara su hijo del colegio. Solo cerraba las puertas el Jueves Santo y el día de Navidad, durante el resto del año, nadie dijo haber encontrado jamás la tienda de la Matilde cerrada. Era un icono en la vecindad, servicial, generosa, atenta, alegre y, con los años, se había convertido en la confesora y el paño de lágrimas de todas la mujeres que le compraban el pan a diario. Se sabía las miserias, secretos, verdades y mentiras de los alrededores. A veces se la veía echada en el mostrador, intentando aliviar en algo el peso de sus pies y las horas de trabajo, mientras escuchaba los pecados y pesares de fulana o mengana.

El día anterior Paco el butanero amaneció muerto en la cama. Su mujer había pasado la noche cuidando a la madre en el hospital y durmió solo. La gente decía que se suicidó con lo que siempre le había dado de comer: dejó la bombona de la estufa abierta y cerró la puerta. La policía pareció darlo por hecho: había sido un suicidio.

Desde el mostrador Matilde veía el trajín, el ir y venir de ambulancias y coches patrulla, mientras los vecinos entraban y salían para mantenerla al tanto del último cuchicheo. «La policía lo tiene claro, se ha suicidado, hija mía ―le contaba Dolores muy apesadumbrada―. A saber lo que se le pasó por la cabeza al pobre hombre. Ya ves tú, joven, con trabajo, con la Maite embarazada… ¡Qué cosas! Las cabezas que no están buenas en estos tiempos y ya está…». Matilde aguantaba la retahíla, cansada del duro día, mientras recordaba cómo la joven Maite le decía la tarde anterior que ya no aguantaba más, que casi pierde el niño de la última paliza y que antes de coger el autobús para el hospital se pasó de nuevo por la tienda y le dijo: «Se acabó, esta noche ha sido la última vez que me pone una mano encima. Se ha quedado dormido, más borracho que nunca, con la estufa puesta… y sé que no va a despertar. Me voy, es tarde. Mañana guárdame solo una barra de pan, para mí tengo de sobra».

Cuando el agente de policía entró en la tienda para hacerle algunas preguntas, ella solo dijo que la conocía de venderle a diario dos barras de pan, nada más. Porque, a ver, quién era ella para revelar un secreto de confesión.

HIJOS DE ATENEA

3 mar

Originalmente publicado en Mi tiempo libre:

51svWkE0ypL._BO2,204,203,200_PIsitb-sticker-v3-big,TopRight,0,-55_SX324_SY324_PIkin4,BottomRight,1,22_AA346_SH20_OU30_

HIJOS DE ATENEA. EL ESCLAVO QUE SABÍA LEER
AUTOR.- MERCEDES PINTO
AUTOPUBLICADO. AÑO 2014.

SINOPSIS.- En la Angola de 1855 nace Bahati Pasolargo, un bosquimano educado en la sabana por un misionero jesuita heterodoxo. El legado de sabiduría recibido de su amado maestro durante la infancia lo convertirá en un nativo con una formación excepcional en el África austral. Sus conocimientos comenzarán a dar fruto en la travesía que hará como esclavo en 1870 en el último barco negrero que llegó a La Habana. En la bodega del buque, en la situación más hostil e inhumana imaginable, nacerá Ojosdeagua, un niño que desde su nacimiento será el eje de la existencia del joven san. Ya en Cuba, siendo parte de las posesiones de un amo singular, el vínculo afectivo entre el muchacho y el niño forjará el destino de ambos. La vida de los dos protagonistas encarna un gran paso…

Ver original 466 palabras más

PIRATAS, LADRONES COBARDES

2 mar

techlosofy.com.wp-content.LadronInformaticoDesde que era chica he tenido personas a mi alrededor que han puesto mucho empeño en que aprendiera el verdadero concepto de «respeto», tanto a mí misma como al prójimo. Me enseñaron que la moral está por encima de compañeros, amigos e incluso familia. «Si mientes, robas o dañas a terceros por favorecer a las personas que dices querer o a ti misma, terminarás sin compañeros, sin amigos y sin familia y, lo peor de todo, tendrás que soportar la compañía de alguien a quien desprecias: tú misma». Los principios de un ser humano no pueden estar al servicio de quien cada cual elija, lo son por encima de todo. Respetar es ser plenamente consciente de que mis hijos no son más que los de los otros, ni mis amigos, ojo, ni trabajo ni mis bienes. Cierto, aplicar con justicia el auténtico respeto es muy incómodo, incluso se corre el riesgo de vivir al margen en épocas en las que la gente confunde moral con moralina y la pillería y la corrupción se nos sobreentiende, como si nos viniera de serie, porque lo contrario, pagar por lo que puedes tener gratis sin que te castiguen, es de idiotas.

Bien, yo soy una de esas idiotas que lucha día a día por mantener valores más viejos que el tiempo. Lucho contra la tentación como cualquiera, y a veces me derrota, pero soy mi más duro juez; me levanto y sigo luchando. Porque soy una soñadora; porque creo de veras en un mundo más justo, para todos, no solo para mí y los míos, y porque estoy convencida de que el día que los que anteponemos el respeto a nuestros intereses tiremos la toalla, será cuando no nos quedarán ni los sueños. Por eso, porque sé lo que significa respetar y que respetar es amar de veras, entre otras cosas, nunca justificaría el hurto, por pequeño que parezca, prefiero pedir a robar, que, aunque a muchos de los ladrones que nos rodean les parece más vergonzoso que apropiarse de lo ajeno, es una opción infinitamente más noble.

A todos aquellos que piratean programas, películas, canciones o libros yo les digo desde aquí ¡LADRONES! A todos los que roban por acumular en sus discos duros yo les digo ¡CLEPTÓMANOS!, y si no son cleptómanos y lo hacen por tener lo que ni siquiera quieren, yo les llamo ¡IMBÉCILES! A todos los que justifican el robo de un libro porque vale más de tres euros, yo les digo ¡RATEROS! Cuando tengo que comprarme un vestido, compro el que me permite mi bolsillo, no hago un alunizaje en las boutiques de marca para llevarme el más caro. ¡¿Este qué tipo de razonamiento es?! ¿Estos mismos son los que acusan a nuestra clase política de corruptos? Señores, EL QUE ES HONRADO EN LO POCO LO ES EN LO MUCHO. Detrás de una obra hay un duro trabajo, un ser humano que como tú tiene que pagar un techo y el pan de cada día. Es más, si no fuera por tanto LADRÓN, todo el mundo podría vivir de su trabajo dignamente.

No maquilléis la realidad, el pirata no es más que el peor de los ladrones, se apropia de lo ajeno porque no tiene la mínima moralidad y porque es tan cobarde que no se atreve con los delitos que la ley le haría pagar con cárcel. Para mí son peligrosas sanguijuelas, que chupan la sangre de los más inocentes, de los más desprotegidos por la justicia. Y no me cabe duda de que si no hubiese legislación no respetarían ni lo pequeño ni lo grande.

Yo, si puedo, me compro la canción que me gusta, pago la película que estoy deseando ver, el libro que me apetece leer o el programa que necesito, si no puedo, me espero, porque el día que deje de hacerlo habré olvidado que respetar es la prueba más hermosa de mi capacidad de amar.

HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO (Microrrelato)

28 feb

El último alientoNo se había guardado nada para ella. Le había dado sus mejores años, todas las caricias que encerraban sus manos, dos hijos, cada lágrima y hasta las últimas briznas de comprensión y paciencia que encontró entre los rincones de su gastada piel. A veces se quedaba por una noche en casa y ella tocaba la felicidad. Cuando agotada de quererlo el alba la sorprendía en sus brazos, siempre le decía: «Qué buen momento para marcharme, no me importaría morir ahora». Cada vez que la dejaba soñar que se amaban. Pero ya estaba seca, no le quedaba nada por darle, y se rindió.

Él estaba en una de sus correrías con los amigos cuando fueron a avisarlo: «Daniela está muy grave en el hospital, ha intentado quitarse la vida». A su llegada, oliendo a perfume barato, alcohol y tabaco, se acercó a su oído y, haciendo un esfuerzo por parecer lo que era, su marido, le dijo: «Casi lo consigues. Nunca pensé que ibas en serio cuando me decías que no te importaría morir…». Ella lo interrumpió y, regalándole el último aliento que le quedaba, le susurró al oído: «Mil veces te lo dije y nunca lo entendiste. Sí, en esas noches que me dejaste dormir en tus brazos no me hubiese importado morir para llevarme aunque fuese un solo recuerdo feliz, pero hoy es distinto, simplemente no quiero vivir».

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 5.411 seguidores