literania 2019

Ponencia sobre autopublicación para Literania 2019

Este fin de semana he viajado a Madrid para participar en Literania 2019 aportando una ponencia sobre la autopublicación. Por cuestiones ajenas a mi voluntad y a la de la organización, finalmente hubo que cambiarla por una interesantísima charla que impartimos el gran escritor Mario Escobar y yo. Pero como la tenía preparada, me apetece mucho compartirla con vosotros en este blog tal y como la escribí.

Aprovecho para pediros disculpas por estar tan ausente, espero y confía retomar mi rutina en un par de meses.

Un afectuoso saludo, seguidores.

Ponencia sobre autopublicación para Literania 2019

Muy buenas tardes a todos. En primer lugar, quiero agradeceros vuestra asistencia y dar también las gracias a los organizadores de este importante e interesante evento literario, especialmente a Lusa Guerrero por invitarme para hablar de mi experiencia como escritora en el mundo de la publicación.

Me considero una escritora híbrida. Soy una escritora híbrida. En los quince años que llevo publicando lo he hecho tanto autoeditando como con todo tipo de editoriales, con algunas he perdido dinero, en una ocasión mucho dinero, y con otras he ganado. Incluso me han dado la oportunidad de vivir de mis historias.

Pero tengo que reconocer que lo que de verdad me abrió las puertas a los lectores fue la autoedición. Bajo mi punto de vista, este es un buen camino para comenzar una carrera literaria.

Mi intención en esta ponencia no es más que aportar mi experiencia y ayudar a todos esos escritores que quieren dedicarse a la literatura y vivir de ella y no encuentran la manera de llegar a los lectores.

De todos los consejos que recibí de pequeña hay uno que me repetía mi abuelo y he intentado convertirlo en mi filosofía de vida: «Nunca te conformes con trabajar solo para vivir, no hagas nada que no sea necesario o hermoso, Gorrión», me decía. Mi abuelo me llamaba Gorrión. Como escritores, no deberíamos olvidar nunca el consejo de mi abuelo. Sobre todo, los novelistas. Creo que una buena novela es aquella en la que no encontramos nada innecesario ni antiestético. Además de ser una buena historia y estar bien escrita, claro.

Bien, es posible que hayamos conseguido esta complicada proeza de contar una historia interesante y bella. ¿Y ahora qué?

Los escritores de nuestro tiempo tenemos mucha suerte, las opciones para publicar son muchas y todas pueden estar a nuestro alcance. Aunque se resumen en dos: publicar con editorial o autopublicar. Mi consejo es optar por una u otra según surjan las oportunidades y nos convenga, a nosotros y a nuestros libros.

Ninguna de las dos posibilidades es fácil, no nos equivoquemos. Si encontrar una editorial que nos respete, mime nuestras obras y pague dignamente es un proceso largo y agotador, autopublicar no lo es menos.

El autor que decide luchar por su obra en solitario deberá hacer por sí mismo toda la labor de edición y promoción, o bien, si se lo puede permitir, pagar a profesionales especializados para cada una de las fases del proceso. Un proceso que comienza cuando escribimos la primera palabra y que, siento decirlo, no terminará nunca.

Para bien o para mal, nuestra creación nos perseguirá toda la vida. Así que más vale eliminar de ella las sombras.

 

Literania 2019 Mercedes Pinto y Mario Escobar

Con Mario Escobar.
Fuente imagen: Mario Escobar.

 

Pero centrémonos en la autopublicación en sí misma. Ya tenemos una historia que a veces nos parece maravillosa y otras nos hace dudar de nuestra condición de escritor y nos tienta a abandonar nuestros sueños. Esto es normal. Lo importante es que lo hemos dado todo y vamos a ver qué pasa, si somos capaces de llegar a los lectores. Para ello deberemos ocuparnos concienzudamente de siete pasos importantes:

1º LA CORRECCIÓN

Se supone que nos dedicamos a contar historias escritas, nuestra herramienta principal es la palabra.

El lector quiere, necesita fluir por el texto y centrarse en el argumento. Algo que no podrá conseguir si tropieza constantemente por errores de fondo, faltas de ortografía o mala sintaxis.

No tenemos un corrector profesional aportado por la editorial, nosotros somos los editores y esta importantísima tarea es nuestra.

Yo siempre aconsejo al menos dos correcciones por nuestra cuenta y después otras dos por expertos lectores cero, de esos a los que la más mínima errata se les clava en las pupilas hasta que les sangran los ojos. O acudir a un corrector profesional.

Por más empeño que pongamos, es muy difícil que pulamos nuestros textos como es debido.

No quiero olvidar algo fundamental en este paso: el orden, el editing. No se trata solo de corregir erratas y faltas de ortografía, es imprescindible eliminar, añadir y ordenar los textos hasta estar seguros de que el conjunto sigue una secuencia natural y no le falta ni le sobra nada. El escritor debe intentar visualizar toda la historia, cada escena, cada personaje, cada cambio crucial de la trama. De esta manera le será fácil eliminar, añadir u ordenar textos para que finalmente el hilo de la novela no pierda en ningún momento el interés y el transcurrir lógico de la trama.

2º LA PORTADA y naturalmente, el título

El consumidor de libros busca su próxima lectura básicamente de dos formas: por recomendación o simplemente entrando en las tiendas físicas o digitales esperando que alguna obra lo sorprenda. El escritor que está empezando no tiene aún la suerte de ser recomendado, así que solo puede esperar que los lectores se fijen en su obra por algún otro motivo y que comiencen a hablar de ella.

Lo primero que se plantará ante los ojos de ese lector que busca una buena historia es la portada. Cuando entre en una plataforma digital será capaz de visualizar decenas de portadas por minuto y solo dedicará unos segundos más a aquellas que por algún motivo llamen su atención.

La portada es el primer gancho, la primera posibilidad de que nuestro libro sea leído. Debe ser atractiva, envolvente, directa y, de alguna manera, resumir su interior. Mi recomendación siempre es la misma para todos los pasos, si tú no eres capaz de diseñar una portada digna, busca ayuda.

3º LA SINOPSIS

Bien, parece que nuestra portada capta la atención, resulta que hay lectores que después de verla deciden leer la sinopsis. Ahora es cuando verdaderamente nos la estamos jugando; la sinopsis es fundamental y debemos trabajarla hasta el cansancio.

Sin desvelar ningún dato importante de la historia, debe contar al lector con toda fidelidad qué es lo que se va a encontrar en nuestra novela, de la manera más sugerente y honesta posible.

El autobombo, engordar las expectativas o falsear su contenido para enganchar se volverá en nuestra contra en poco tiempo. Además, en ella el lector empezará a juzgarnos como escritores y, no solo tiene que estar bien escrita, debe ser una síntesis tentadora y perfecta. Una sinopsis que contenga erratas, en la que se hable más de las bondades del autor que del contenido, excesivamente larga y explicativa o que simplemente no se ajuste a la verdad, se convertirá en el peor de los comienzos.

4º LA MAQUETACIÓN

Esta es la fase más técnica y tengo que confesar que después de una primera experiencia nefasta siempre he delegado en expertos para esta cuestión.

Resulta muy desalentador que después de mimar tu texto y exponerlo con toda la ilusión, la primera crítica venga de un lector enfadado porque ha tenido que dejar nuestro libro a causa de una mala maquetación.

El lector también nos juzga por esto, una mala maquetación, en la que los márgenes, el tipo o el tamaño de letra o la paginación son incorrectos desmerecerán mucho el conjunto. Debemos mostrar un trabajo profesional en todos los aspectos.

5º LA SUBIDA A LAS PLATAFORMAS DIGITALES

De esto hay poco que decir, es más una cuestión de elegir qué plataformas nos interesan o si preferimos dar exclusividad a alguna de ellas, o si hacerlo solo en digital o también en papel, además de saber hacerlo, que también requiere conocimientos. Repito, si no sabemos hacerlo, acudamos a expertos. Hoy día hay muchos profesionales a nuestro alcance por mucho menos de lo que imaginamos.

6º LA NOTA DE PRENSA

Una vez que hemos concluido estos pasos, es interesante enviar la información del lanzamiento de nuestro libro a los medios de comunicación culturales, los blogs literarios y las personas interesadas en la literatura. Hay programas que nos facilitarán mucho este trabajo.

Lógicamente, deberemos hacernos una lista de los correos electrónicos de dichos medios, blogs y lectores. Google es una buena ayuda para esta tarea.

La nota de prensa debe ser amable y escueta. El anuncio de la novedad, la portada, la sinopsis y una breve biografía.

7º LA PROMOCIÓN

Si todo lo anterior es tedioso, ya veréis que es ahora cuando llega la hora de ponerse a trabajar. Los tiempos en los que el autor dejaba el manuscrito a su editor y regresaba a sus escritos sin preocuparse de la publicidad son pasado, ahora, tanto independientes como dependientes, en mayor o menor medida, tenemos que estar al lado de nuestras obras durante la promoción. Es más, lo normal es que nos ocupemos de esta tarea personalmente, aunque tengamos apoyo editorial.

Básicamente, hay dos formas de promocionar, en redes y por medios de comunicación tradicionales. Las dos son importantes. Por supuesto, no debemos desdeñar ninguna posibilidad de dar a conocer nuestra obra.

La cuestión es hacerlo bien. Si hacemos una presentación, que sea original y amena; si hacemos una entrevista, que nuestras respuestas sean sinceras y pensadas; si nos invitan a participar en un evento literario, nos prepararemos bien aquello que vayamos a decir. No se trata de vender libros, sino de despertar en los lectores la curiosidad por conocer lo que escribimos.

Pero me gustaría centrarme en la promoción en redes, porque creo que es la herramienta principal que el recién autoeditado posee para darse a conocer.

Un ordenador y una línea de internet pueden ser una plataforma de lanzamiento muy eficaz. Facebook, Twitter, Instagram, un blog y una web de escritor, entre otros, son escaparates donde podremos exponer nuestras obras al mundo y dependerá de nosotros que resulten eficaces. Aunque, tanto cada red social como nuestras webs, tienen sus peculiaridades y este tema daría para muchas horas de charla, quiero centrarme en los puntos en común a cualquier tipo de publicidad en redes:

––No debemos precipitarnos ni parecer ansiosos. Queremos dar a conocer nuestra obra y conceder a los lectores ejercer su derecho a la crítica, no vender a toda costa. Hemos de se humildes y honestos. Los buenos lectores suelen ser inteligentes y desconfían del autor autocomplaciente. Nos guste o no su opinión, es el lector quien decide si la novela vale la pena.

––No repetir constantemente la misma publicación, es importante ofrecer contenidos atrayentes, cuidando los tiempos, y con interés para el lector, que es el público que nos interesa. Por otro lado, no queremos que nos siga la vecina del quinto que jamás ha leído ni piensa hacerlo, ni nuestra madre o cuñado, que ya lo han hecho. No podemos utilizar nuestras redes como si fuesen nuestro teléfono personal y contar naderías, nos movemos en espacios públicos por los que pasa todo tipo de personas. Nosotros queremos atraer al lector, que no es un mero cotilla que quiere saber si nos hemos enfadado con nuestra pareja, nos han puesto una multa o tenemos cita en el dentista. Lo que quiere es leer buenas historias. Este es el seguidor que nos interesa y a quien nosotros interesamos.

––Cuantos más banners preparemos para acompañar nuestros textos, mejor. Una buena imagen suele captar la atención de todo aquel que pase por nuestras redes y por lo tanto la posibilidad de que lean nuestros contenidos aumenta.

––Ser agradecido con los lectores que se ponen en contacto con nosotros para comentarnos qué les pareció nuestro libro. A ellos se lo debemos todo; ellos tienen la llave de nuestro futuro literario. De manera que debemos escucharlos con atención, aceptar sus críticas y responderles con generosidad. Escribimos por mil razones, pero publicamos para comunicarnos, no debemos olvidarlo.

Como veis, el proceso es tedioso y agotador, pero si seguís cada paso y la historia vale la pena, vuestra obra no tardará mucho en daros lo que tanto ansiáis: lectores fidelizados y poder vivir de la literatura.

Muchas gracias.

 

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La ultima vuelta del scaife

«La última vuelta del scaife», la mejor obra de una pésima escritora

Creo que empecé a escribir esta novela hace unos veinte años. Entonces escribía por mero placer ––ahora también, pero soy más consciente de que mis escritos son leídos y de que realizo un trabajo––. Tardé dos años en ponerle el punto final. En el transcurso de ese tiempo disfruté y aprendí a parte iguales. Me documenté sin prisas, tomé apuntes de las más diversas fuentes, leí a los grandes del género, viajé a casi todos los lugares que aparecen en la historia, perfilé los personajes hasta que me convencieron de su existencia y, sobre todo, conseguí plasmar un sentimiento que he abrigado desde que tengo conciencia: «Por mucho que consigas en la vida, si perdiste el amor, finalmente no dejarás nada en este mundo y tu existencia será baldía».

Pero yo quería escribir una novela, no un tratado filosófico sobre cuestión alguna; deseaba imitar de alguna manera a esos escritores que con sus obras habían sido capaces de trasladarme en el tiempo y en el espacio hasta el punto de hacerme olvidar completamente mi realidad. El médico; Sinuhé, el egipcio; Tras la huella del hombre rojo; El último judío; El clan del oso cavernario… y muchas más fueron mi inspiración.

Cuando la acabé, me sentía tan orgullosa de mi obra que decidí luchar por su publicación.

Una prestigiosa agencia literaria emitió su primer informe de lectura. Fue descorazonador, un duro golpe a la confianza que entonces le tenía al mundo editorial. Me explico: no es que estuviera en desacuerdo con la crítica del lector profesional; es que, obviamente, no se había leído el libro o, siendo muy generosa, no había pasado de la página cincuenta. Pero lo que más me dolió no fueron sus comentarios incoherentes y sin correspondencia alguna con el contenido de mi novela; lo peor fue que no reparó en sus auténticos errores, imperdonables en una historia que por su contenido se hubiese merecido un escritor más versado en el arte de novelar que yo, que en aquella época no era más que una aficionada a juntar letras. Mala estructura, abundancia de descripciones y textos innecesarios, imperfecta sintaxis, exceso de faltas de ortografía… Sobre esto debió hacer hincapié el lector profesional y no opinar con tanta desfachatez de lo que no había llegado a conocer. Repito: creo que la historia es buena, la mejor que he escrito, pero la escritora era pésima ––espero haber aprendido algo durante estos años––. Aquellos que la habéis leído sabéis que digo la verdad; no pocos me habéis comentado que es de los mejores libros que han caído en vuestras manos, y también me habéis dicho que es una lástima que no esté pulida como se merece.

Lo peor de todo es que conseguí que me la publicaran: tres editoriales de mayor o menor calado se han encargado de explotar esta obra desde hace quince años y ninguna de ellas se ha molestado en corregirla. ¡Qué impotencia!

Bien, queda poco más de un año para recuperar los derechos de La última vuelta del scaife y es tal mi necesidad de asearla como es debido que desde hace tiempo está en manos de la correctora que se merece: Ágata Vehí de la Paz. Si estáis pensando en corregir vuestro libro, os la recomiendo sin dudar.

Así que, en cuanto vuelva a ser mía, la publicaré como es debido y como os merecéis todos.

Si alguien tiene interés en comprobar si es cierto lo que hoy os cuento, podéis conseguirla aquí y en todas las plataformas digitales. Está publicada por Ediciones B, actualmente Penguin Random House.

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La última vuelta del Scaife Mercedes Pinto Maldonado ebook mockup

La última vuelta del Scaife (extracto)

Queridos amigos y lectores:

Hoy quiero compartir con vosotros un extracto de mi novela La última vuelta del Scaife. Quizá no es mi obra más conocida, aunque sé que quienes la han leído le tienen un especial cariño. Lo he dicho en muchas ocasiones, este es mi hijo el amado, porque fueron dos años de duro trabajo y porque creo que resultó una historia bella, universal e intemporal. El texto que os traigo, en su esencia, es de rabiosa actualidad. 

Espero que os guste.

***

En el camarote del Woermann, mientras los protagonistas de La última vuelta del scaife viajaban a África del Sudoeste, surgió una conversación entre un judío ortodoxo y un sacerdote católico.

«El padre Marcus fue mi compañero durante gran parte del largo viaje, resultaba muy grato amanecer con sus cordiales buenos días. Los demás ocupantes del camarote también se mostraban contentos de tenerlo entre ellos. Siempre dispuesto a servir y a mantener una buena conversación. Tuve oportunidad de entablar con él muchos diálogos que para mí fueron muy reveladores.

Yo era un joven callado, quizás porque me gustaba escuchar, pero con el padre Marcus intervenía en las conversaciones, incluso acaloradamente, con mucha más frecuencia de lo que era normal en mí.

Una mañana, nos encontrábamos hablando en el camarote de las diferencias de nuestras respectivas religiones y le pregunté:

–¿Por qué los cristianos están tan convencidos de que Jesús fue el Mesías?

El sacerdote, sorprendido por mi directa y clara pregunta, adoptó un gesto más circunspecto de lo que era habitual en él y me contestó:

–No nos faltan razones; razones que avala la Torah que viaja contigo. Según quien la interprete, claro está. Por eso, también tú, que sé eres un estudioso de ésta, encontrarías otras muchas  con las que argumentar lo contrario. Quizás no sea esa la cuestión, aunque podríamos discutirlo. Yo creo que la pregunta sería por qué nos empeñamos en agarrarnos a aquellas cosas que nos diferencian entre nosotros si estamos de acuerdo en lo importante. Es posible que tengamos miedo, miedo a perder nuestra identidad.

–Nunca lo había visto de ese modo –dije con curiosidad.

Pero el padre no había terminado y no quería acabar el comentario sin decirme esto último:

–Si yo aceptara tu credo dejaría de ser católico, lo que siempre he sido, algo que me ha permitido formar parte de un grupo que me ha marcado y guiado toda mi vida, para pertenecer ahora a otra comunidad que al fin y al cabo adolece del mismo defecto que la mía: basar su evangelización en todo aquello que la diferencia del resto de las religiones y no en el credo común de todas ellas, que es lo verdaderamente importante. Dime una cosa Josué, si estamos de acuerdo en lo fundamental, ¿por qué no aceptamos nuestras diferencias? Es posible que los dirigentes de cada una de las distintas formas de culto sean los culpables y hayan empañado el auténtico mensaje en su propio interés, ya que su poder es proporcional al número de fieles; fieles que mantienen gracias a esas diferencias –el padre seguía con su explicación, manifestando abiertamente que aquella cuestión le interesaba especialmente–. Que yo crea que Jesús fue el Mesías y tú todavía lo estés esperando son creencias heredadas de nuestros maestros, quiero decir que, con toda probabilidad, si tú hubieras nacido en una comunidad cristiana, en estos momentos dirigirías tus oraciones a Jesucristo y no tendrías la menor duda de que fue el Mesías y el hijo de Dios. ¿No te parece absurdo que la verdadera identidad de Jesús dependa de que quien hable de él pertenezca a una religión u otra por puro azar? De todas formas, si quieres saber si fue el Mesías o no, deberías de buscar tú mismo la respuesta, porque si yo intentara aclarar tu duda, en el fondo, pensarías que detrás de mis explicaciones se encierra cierto intento de manipulación para captar fieles y, créeme, nada más lejos de mi intención. ¿Por qué crees que me mandan tan lejos? Se me escapan los peces más gordos, no tengo el poder de convencer y en la comunidad a la que pertenecía en un principio provocaba más perjuicio que beneficio.

 

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Yo seguía sus palabras con gran atención, nunca me habían hablado en aquellos términos sobre un tema tan crucial en mi religión.

–Y después de este discurso –continuó ahora con su acostumbrado tono amable–, déjame decirte que no me cabe ninguna duda de que Jesús fue un judío extraordinario, fiel al mensaje del Padre hasta su muerte, y que cuando he sido asaltado por alguna vacilación sobre si fue o no el esperado Mesías, he buscado la respuesta en su propio ejemplo y mis dudas se han disipado como la noche cuando es sorprendida por el resplandeciente sol.

–Pero… aceptar que una de las religiones está en lo cierto sobre este tipo de cuestiones implica también admitir que las demás están equivocadas –dije en un nuevo intento de encontrar la respuesta.

–Déjame contarte una historia Josué: Hubo una vez un pueblo nómada que llevaba varios días sediento porque no encontraba agua a su paso. Dos de sus hombres, desesperados por la dura situación, decidieron buscar nuevas rutas. Cada uno de ellos propuso un camino diferente, convencido de que su propuesta era la más acertada. Finalmente, el grupo se dividió: unos siguieron al líder que proponía desviarse hacía la derecha y otros al que opinaba que era mucho mejor la ruta de la izquierda. Al día siguiente, los dos grupos se volvieron a encontrar a las orillas de un claro y fresco arroyo que calmó la sed de todos. Solo perdieron la vida aquellos que dejaron de caminar, en uno y otro grupo, faltos de esperanza. Dime, Josué: ¿Quién crees tú que estaba equivocado?

Había prestado gran atención a la historia del padre Marcus y elaboré mi respuesta con suma rapidez:

–Los que dejaron de caminar por falta de esperanza.

–Bien, Josué, tú mismo has disipado tus dudas –dijo el sacerdote dando por terminada la conversación.

Pero no estábamos solos en el camarote, desde una de las literas salió la voz de su ocupante. Un hombre de unos treinta años, que durante el tiempo que llevaba viajando con nosotros apenas se había dignado a saludar. Se incorporó y, mirando en nuestra dirección, nos sorprendió con una pregunta:

–Y ¿qué pasa si decides emprender tu propia búsqueda y no formar parte de ningún grupo? Como usted mismo ha dicho, lo importante es no desfallecer y conservar la esperanza –dijo mirando ahora directamente al padre Marcus.

El sacerdote contestó con gran aplomo a la cuestión del nuevo miembro de la tertulia:

–Supongo que nada, si finalmente llegas al arroyo y calmas tu sed. Pero déjeme decirle que si el camino ya es lo bastante duro estando acompañado de personas que te apoyan y alientan cada vez que te sientes abordado por el desánimo, mucho más lo será si no cuentas con esa ayuda. No es baladí el carácter milenario de las distintas religiones, realmente han calmado la sed de muchos de sus fieles. Y ¿con quién tengo el gusto de conversar? –dijo para finalizar su intervención, tirando de su alzacuellos hacía fuera en un intento de dar un leve descanso a su oprimida y seca garganta.

–Ian, Ian Newman. Gracias por contestar a mi pregunta padre Marcus. –Seguidamente volvió a echarse en su cama, aparentemente satisfecho por la respuesta obtenida».

 

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Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Ningún sistema educativo enseña a pensar. Menos aún para combatir las mentiras del poder. Aunque me consta que hay profesores que instruyen a sus alumnos en la observación, la investigación y la crítica a todo lo establecido.

Por mera supervivencia, quien ostenta el poder se ocupa, entre otras cosas, de adoctrinar al pueblo hasta convencerlo de que su gobierno es lo que necesita para su bienestar. El poder tiende a estrechar el cerco para mantener a la manada controlada y sumisa. Cualquier clase de poder. Y solo cede cuando el pueblo se rebela y ve peligrar su trono. En realidad, no cede, simplemente se rinde.

Ante esta máxima difícil de rebatir, a los ciudadanos de a pie solo nos queda un arma: pensar por nosotros mismos para combatir las mentiras del poder y ser felices. Todo aquello que vemos, leemos o escuchamos debería pasar por un solo filtro: el de los valores universales como la generosidad, la honestidad, la capacidad de sacrificio, la compasión, la amabilidad… y la coherencia, por supuesto. Para conocer la valía de un líder solo hay que contrastar lo que dice con lo que hace.

Un país donde la masa crítica busca incansable la verdad, a pesar de los constantes mensajes de manipulación de los poderosos, está a salvo de la destrucción. Hoy siento que el nuestro lleva tiempo deambulando por una cuerda floja y a punto de perder el equilibrio.

Resulta inaudito y escandaloso el número de tramposos, ignorantes e inconscientes que en este momento ocupan los poderes públicos; en todos los bandos. Lo que antes era la anécdota en nuestros días es la norma.

Pero lo más obsceno de la sociedad actual es cómo las masas se posicionan y defienden lo insostenible creyendo en las palabras de quien demuestra día a día una falta de honradez y capacidad pasmosas.

Ellos, los de uno y otro bando, fueron los que nos llevaron a las trincheras para matarnos entre nosotros; ellos, los de uno y otro bando, fueron los que resolvieron que había llegado la hora de la reconciliación; ellos, los de uno y otro bando, son los que ahora deciden que de perdón nada, que les conviene buscar de nuevo el rencor ya enterrado. Lo verdaderamente asombroso es que haya un solo ciudadano dispuesto a regresar al odio y al horror de aquellos años.

Lo cierto es que hubo una guerra atroz en la que combatieron dos bandos y que los dos querían ganar a toda costa. Pero la victoria solo podía ser para uno. La auténtica verdad es que el que pierde no se convierte de repente en el bueno de la cruzada sino en el perdedor; la auténtica verdad es que el que gana no se convierte en el bueno sino en el ganador. Y la auténtica verdad es que la mayoría de los soldados fueron arrastrados a un odio que no les pertenecía y que solo querían volver a casa para salvar su vida y la de sus familias. Todo lo demás es historia; una historia que los poderes han decidido desenterrar y tergiversar una vez más para utilizarnos y manipularnos.

Pero vamos a lo sustancial de este artículo, que me caliento y me voy por las ramas:

Después de la Segunda Guerra Mundial y de que el planeta hubiese vivido la mayor masacre de seres humanos conocida nació la ONU. El 24 de octubre de 1945 los estados miembros, entonces 51 y hoy 193, ratificaron la Carta de la ONU. Una Carta que podríamos resumir en el reconocimiento de «la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno». Es una carta de generosidad, de unión y de compromiso con todos y cada uno de los países del mundo y sus habitantes.

Bien, que alguien me explique qué está pasando con la mayoría de los jefes de gobierno actuales. ¿Pero de verdad vamos a seguir por estos derroteros y volver a las andadas? ¿No estamos escarmentados? ¿Vamos a ponernos de perfil mientras los políticos hacen y deshacen sin ningún tipo de pudor ni compromiso con los ciudadanos de su país? ¿Vamos a volver a levantar las armas en una guerra que no nos pertenece? ¿Es que no queremos ser felices?

Pues yo sí que quiero ser feliz; y como yo, todos y cada uno de los seres humanos de mi planeta. Y tengo más que claro que la mayoría de los que actualmente se deberían encargar de esta noble misión están a otra cosa: unos se van de copas mientras les presentan una moción de censura; otros usan el Falcón para irse de concierto o se procuran un doctorado para llegar al poder; los hay que gobiernan mientras insultan a sus vecinos diciéndoles que tienen un bache en el ADN; también hay algunos que enarbolan la bandera de la paz mientras venden bombas, o que vociferan el reparto justo de la riqueza y luego se compran un casoplón de un millón de euros, o están todo el día en las televisiones exigiendo igualdad siendo multimillonarios, o…

Esto es una desvergüenza y me niego a seguir a esta tropa como si me fuera la vida en ello.

Enlazando con el principio creo que, si queremos alcanzar nuestra felicidad y la de nuestro prójimo, es urgente que dejemos de seguir a guías ciegos y pensemos por nosotros mismos. Obviamente, ellos solo luchan por su propio bienestar, y ni eso son capaces de conseguir por varias razones: la avaricia, la mentira, la prevaricación, la manipulación, el ansia de poder, la separación, el enfrentamiento… Son férreos enemigos de la prosperidad.

 

Me encantaría recibir vuestros comentarios al respecto sobre cómo combatir las mentiras del poder y ser feliz. Desafortunadamente, los que tenemos una bitácora de este tipo, desde la entrada en vigor de la nueva ley de protección de datos, si queremos cumplirla, tenemos que tener desactivada la opción de comentarios hasta que wordpress.com se ponga al día e implemente los cambios necesarios. Así pues, os invito a entrar en mi página de Facebook a dejar vuestro comentario. Es de sumo interés para mí.

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Gracias, queridos amigos y lectores.

 

Fuente imagen de cabecera: http://jjfrias.com

El hijo consentido y la empresa familiar (microrrelato)

El hijo consentido y la empresa familiar (microrrelato)

Hacía tiempo que Pedro esperaba y temía una conversación con uno de sus hijos. De los cinco hermanos, Roberto siempre fue el más independiente y reivindicativo. Todos tenían la misma participación en la empresa familiar y cada uno de ellos ocupaba un puesto adecuado a sus capacidades. Aunque en los últimos años, debido a las constantes exigencias y amenazas, Pedro había cedido demasiados privilegios a Roberto. Ahora se arrepentía de no haberse mantenido firme, su debilidad con el segundo de sus hijos había dado lugar a resquemores entre los hermanos y, lo peor de todo, lejos de contentar al joven su egoísmo crecía día a día.

El patriarca se encontraba en una situación delicada que solo tenía una solución: practicar la justicia con sus cinco hijos de una vez por todas.

Sobre estas cuestiones meditaba Pedro mientras miraba al presentador de los informativos sin escuchar sus palabras cuando se acercó Roberto y tomó asiento frente a él.

—Tenemos que hablar —le dijo Roberto a su padre con gesto serio.

—¿De qué se trata esta vez? —preguntó su padre entre el hartazgo y la compasión.

—Quiero marcharme de la empresa y montar mi propio negocio, creo que ni tú ni mis hermanos tenéis el espíritu emprendedor necesario para avanzar y conquistar nuevos mercados. Resulta muy complicado trabajar con personas tan conformistas…

—Estás en tu derecho, nada que objetar.

—También me voy de casa.

—Eres un hombre, tienes treinta y cinco años y todo el derecho a emprender tu camino, no seré yo quien se oponga.

En un principio, Pedro sintió cierto alivio; la tensión en la familia aumentaba día a día a causa de los constantes requerimientos de Roberto y su marcha podría ser la solución. Pero, por otro lado, la tristeza invadió su corazón; después de tantas concesiones solo había conseguido alimentar el individualismo de su hijo.

—Me alegra que me apoyes, necesitaré mi parte de la empresa, incluidos los clientes que he conseguido durante estos años. Y me gustaría hacer unas obras en casa para separar la parte que me corresponde.

—Como bien sabes, la empresa es indivisible; si quieres marcharte tendrás que poner tus acciones a la venta, no puedes irte arrancando un pedazo de nuestras vidas. Además, ningún cliente es tuyo; si has conseguido que aumente nuestro número de compradores ha sido gracias a que cedí cuando me pediste el puesto de director comercial. Estoy seguro de que cualquiera de tus hermanos hubiese conseguido tus logros o incluso más. Y, por supuesto, esta casa también es indivisible. Si quieres marcharte hazlo con todas las consecuencias, y si lo que quieres es hacer pedazos la empresa y la casa tendrás que consensuarlo con tus hermanos y conmigo.

La mirada de Roberto se tornaba cada vez más iracunda. De ninguna manera se iba a marchar con las manos vacías después de años de lucha. Él era el alma de la empresa, y estaba convencido de que de seguir sometiéndose al socio mayoritario y director general jamás conseguiría su sueño. Estaba cansado de sus hermanos; del absentismo de Sara a causa de la enfermedad de su hijo; de las pérdidas que suponía la mala gestión que hacía Oscar de los recursos humanos; de pagar entre todos a Laura la carrera de Administración de Empresas mientras ella se dedicaba a perder el tiempo con los amigos y de que Lucas, el mayor, censurara todas sus iniciativas con la connivencia de su padre, quien siempre tenía la última palabra a pesar de tener una idea ya obsoleta de lo que era gestionar una empresa.

—No puedo seguir viviendo y trabajando con vosotros, necesito gestionar mis propios recursos o jamás conseguiré despegar como empresario. Me siento atado de pies y manos a vuestro lado.

—Te entiendo. Y te repito: puedes irte, no soy quién para impedírtelo, pero no podrás llevarte lo que nos pertenece a todos. Ya te he permitido demasiado con la intención de conservarte a nuestro lado. Eres el que recibe más beneficios de la empresa; el que ocupa la mejor habitación de esta casa y el único que hace tiempo toma decisiones sin contar con el resto. Créeme si te digo que en estos momentos nada me haría más feliz que tu marcha y recuperar la paz, pero lo que me pides es un imposible. Ni siquiera está en mi mano concedértelo; la empresa y esta casa no son mías, son de todos.

—No, papá. ¡Yo soy el dueño del espacio que habito y de lo que he conseguido durante mis años de trabajo! ¡Ninguno de vosotros habéis luchado como yo!

—Ninguno ha tenido tus ventajas. No voy a continuar con esta conversación y menos con el tono en el que me hablas, me estás faltando al respeto y no puedo consentirlo. Habla con tus hermanos, puede que quieran comprarte tu parte en la empresa y en la casa, y después puedes irte, no sin antes pagar tu parte de las deudas; las deudas también son de todos.

—Pero… ninguno de nosotros podría sobrevivir en esas condiciones.

—Por eso seguimos juntos.

—Me buscaré un buen abogado y lucharé por lo que me pertenece hasta el final.

—Estás en tu derecho, hijo. Ahora vete, tengo que ocuparme de nuestra empresa, no puedo ni debo seguir perdiendo el tiempo contigo.

Pedro supo que con todos los privilegios que había concedido a su hijo durante años no había conseguido su propósito de mantener la empresa y la familia unidas; muy al contrario, sin darse cuenta había ido fraguando los cimientos de un conflicto que podría eternizarse. Y es que, cuando no se practican la justicia y la igualdad, los enfrentamientos están servidos.