El éxito de tu libro ¿depende de ti?

12 abr

Los que llevamos escribiendo muchos años, dándolo todo día tras día por las letras, de vez en cuando nos hacemos una pregunta: ¿por qué a pesar de tanto esfuerzo, escribiendo y promocionando, no consigo levantar el vuelo y otros sí? Solo quería deciros que no desesperéis, no perdáis la confianza en vosotros mismos. Seguid disfrutando mientras escribís, lo demás llegará o no, pero el gozo de encadenar palabras para construir una historia no os lo robará nadie.

Creo que la experiencia me ha concedido al fin una respuesta bastante acertada que quiero resumiros en imágenes; aunque para muchos no desvelo nada nuevo.

La imagen puede resultar un poquito farragosa, no se me da muy bien esto del diseño gráfico, pero creo que cuenta muchas cosas y verdades. Os aconsejo que pinchéis en ella para verla bien.

Éxito 11

EN PLENO PROCESO CREATIVO

2 abr

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Creo que ya puedo hablaros un poco de mi próxima obra. Salvo catástrofe natural, será una trilogía, mi primera novela escrita en tres partes, que, aunque gozan de independencia, se complementan a la perfección, o eso espero. El título que englobará a los tres libros probablemente será Cartas desde Washington. Ahora queda pensar en cómo nombraré a cada una de las fracciones.

La primera parte ya está escrita, en este momento la estoy transcribiendo de las libretas al Word y aprovechando para hacer una primera corrección y adjuntar notas sueltas, y las estructuras de las dos siguientes también están en mis apuntes, así como su desenlace. Básicamente es la historia de una chica que huye de casa a los diecinueve años abrumada por las tiranas y oscuras personalidades de su madre y hermana. Después de quince años viviendo en Londres se ve obligada a romper su promesa de no regresar; su madre ha muerto y debe hacerse cargo de la herencia. Berta, la protagonista, creía haberse reinventado y que ya no le afectaría nada que tuviese que ver con su frío y misterioso pasado. Pero en la casa donde se desarrolló su niñez y su adolescencia le esperan varias sorpresas, entre ellas unas cartas que la obligarán a dar nuevamente un giro a su vida.

Es una novela contemporánea, escrita en primera persona por la protagonista y que cabalga sobre dos escenarios: el Olympic National Park del estado de Washington y Madrid. Creo que encajará perfectamente en dos géneros concretos: en el romántico y el de intriga.

Espero que la primera parte esté lista para poder publicarla en septiembre, si no consigo un contrato mejor de los que me han ofrecido hasta ahora, posiblemente autopublicaré la versión digital, para el papel tal vez haya alguna opción interesante.

Aprovecho para dejaros el movimiento de ventas de marzo de Hijos de Atenea, que en este momento se encuentra en el Nº 143 de la lista general de Amazon. Lo prometido es deuda. Como podréis comprobar, ha tenido 180 descargas legales en este mes pasado, además de 27 en la Casa del Libro. En lo que va de año lleva unas 500. Si comparáis con los datos que os he dejado hace unas semanas de las ventas de mis libros en digital contratados con editoriales, no hace falta ser muy astutos para darse cuenta de que a veces se está mejor solo que acompañado.

Baha marzo

HISTORIAS SOBRE LA AMISTAD

31 mar

Novelas amistad

Tengo la sensación de que consideramos la amistad como una parcela muy delimitada del amor. Quiero decir que pareciera un lujo tener un amigo en el que volcamos toda nuestra confianza, todo nuestro cariño, nuestros anhelos y secretos, aunque el resto del mundo nos sea indiferente, o lo consideremos enemigo. Tengo un amigo, ea, lo tengo todo.

No lo veo de ese modo, entiendo que no se puede ser buen amigo sin amar profundamente al mundo, no se puede ser padre sin respetar al resto de padres, no se puede ser un buen hermano si no vemos al hermano en el vecino, no se puede ser buen hijo si no…

Si tengo un amigo que me acapara y me resta libertad, no tengo un amigo; si mi amigo no está dispuesto a perdonar mis imperfecciones, tampoco es amigo; si no entiende que ame incluso a sus enemigos ¿qué clase de amistad es la suya? Si para conservar un amigo tengo que apostar siempre por él aunque se equivoque y traicionarme a mí misma, renuncio a la amistad. Espero no mentir, injuriar, robar o traicionar de alguna manera a un conocido por favorecer a un amigo, porque la verdad, la lealtad, la honradez y todos los valores que ennoblecen al ser humano no pueden estar al servicio de uno solo, sino al de toda la humanidad. No se ama hacia un solo punto, sino en todas direcciones. El que ama de veras no estrecha el camino, ni el suyo ni el ajeno.

Si no me quieres libre, no me quieres, o es que solo quieres algo de mí.

En varios de mis libros trato de este noble sentimiento que es la amistad, como en «La última vuelta del scaife», «El fotógrafo de paisajes» o «Hijos de Atenea». De una forma novelada, claro, en ellos pasan mil aventuras y desventuras, pero entre las letras escribí este mensaje de amistad libre y sincera. Me pregunto por qué algunos lectores no lo han entendido.

LOS PIRATAS DE CAMPOARRIBA

26 mar

Post11Es la Fiesta de la Paella en el municipio de Campoarriba, uno de los pueblos de más altitud de Andalucía. Es una aldea casi deshabitada, en la que viven una veintena de abuelos que se niegan a dejar su vida. Pero hoy es un día especial, todos los que tienen algún vínculo con el lugar suben a la montaña a degustar el rico arroz. La pequeña plaza está a rebosar, no faltan la cerveza, el vino y la orquesta. Después de disfrutar un año más el sabroso almuerzo, un buen grupo de amigos y conocidos se reúnen en la casa de la tía Rosa para tomar café y un trozo de la típica torta de Campoarriba. En la reunión hay una escritora, cerca de la chimenea, escuchando la conversación que mantienen una docena de hombres y mujeres. Por lo pronto, se mantiene al margen, mirando el fuego, pero atenta a la distendida charla.

―Qué desastre de país, dan ganas de irse a vivir a las antípodas ―dice un joven de unos treinta años llamado Santi―. ¡Qué asco de políticos! Es que no encuentras uno honrado ni por estadística.

―Son todos iguales ―apostilla otro, de nombre Manuel, después de sorber su café―, mientras no los pillen, roban y roban sin pudor.

―Pues yo no lo entiendo ―interviene una señora, la mujer de Manuel―, con la de gente honrada que hay… ¿por qué siempre salen elegidos los de la misma calaña? A mí no se me ocurriría quitarle a nadie el pan ni con hambre. Quita, quita…

―Eso digo yo. Si es que no conocen el límite, roban por robar. Macho, yo tengo mi casita, mi trabajito, me acuesto con la barriga llena… ¿qué más quiero? Eso tiene que ser vicio ―vuelve a hablar Santi, dirigiéndose a Manuel.

De repente, el tal Santi repara en la mujer que está frente al fuego:

―Hola, ¿qué tal? Tú eres la escritora, la suegra de Marcos, ¿no? ―la aborda con una pregunta al reconocerla.

―Eso dicen ―contesta la autora sorprendida―. Encantada de conocerte, Santiago ―le extiende la mano amablemente.

―A mi mujer le encantan tus libros. Cuando le regalé el Kindle para su cumpleaños le descargué, de una página de esas piratas que me recomendó un amigo, al menos cien y, oye, cuando llevaba cuatro leídos empezó uno tuyo y ya no paró hasta que se los leyó todos; todas las noches cuando llegaba del trabajo erre que erre para que buscara la dichosa página y le descargara otro. Está en la plaza, ahora cuando venga te la presento, verás qué alegría le vas a dar.

―Muchas gracias ―le dice la escritora, con manifiesta acritud.

―De nada, mujer, es un placer ―le dice Santi antes de darse la vuelta para seguir despellejando a la clase política.

Pero ella necesitaba decirle algo más:

―Perdona, ¿sabías que descargar libros de páginas piratas es un robo?

―Bueno, estamos en España, estas cosas no se pagan hasta que no te pillan ―contesta el chico con una sonrisa burlona.

―¿Sabes?, en este momento a mí también me dan ganas de irme a vivir a las Antípodas, acabo de perder la esperanza en la gente que tanto critica a la clase política.

MATILDE LA CONFESORA

10 mar

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Era la dueña de una pequeña tienda de comestibles del barrio. Ya ni recordaba desde cuándo vivía tras aquel ajado mostrador. Levantaba la persiana antes del amanecer para que ni uno de sus vecinos se fuese al trabajo sin el bocadillo de pan recién hecho. Matilde era mucho más que la tendera que siempre tenía el ingrediente que le había faltado a la del cuarto para el arroz del domingo o la que se quedaba con las llaves de la Frasquita para cuando llegara su hijo del colegio. Solo cerraba las puertas el Jueves Santo y el día de Navidad, durante el resto del año, nadie dijo haber encontrado jamás la tienda de la Matilde cerrada. Era un icono en la vecindad, servicial, generosa, atenta, alegre y, con los años, se había convertido en la confesora y el paño de lágrimas de todas la mujeres que le compraban el pan a diario. Se sabía las miserias, secretos, verdades y mentiras de los alrededores. A veces se la veía echada en el mostrador, intentando aliviar en algo el peso de sus pies y las horas de trabajo, mientras escuchaba los pecados y pesares de fulana o mengana.

El día anterior Paco el butanero amaneció muerto en la cama. Su mujer había pasado la noche cuidando a la madre en el hospital y durmió solo. La gente decía que se suicidó con lo que siempre le había dado de comer: dejó la bombona de la estufa abierta y cerró la puerta. La policía pareció darlo por hecho: había sido un suicidio.

Desde el mostrador Matilde veía el trajín, el ir y venir de ambulancias y coches patrulla, mientras los vecinos entraban y salían para mantenerla al tanto del último cuchicheo. «La policía lo tiene claro, se ha suicidado, hija mía ―le contaba Dolores muy apesadumbrada―. A saber lo que se le pasó por la cabeza al pobre hombre. Ya ves tú, joven, con trabajo, con la Maite embarazada… ¡Qué cosas! Las cabezas que no están buenas en estos tiempos y ya está…». Matilde aguantaba la retahíla, cansada del duro día, mientras recordaba cómo la joven Maite le decía la tarde anterior que ya no aguantaba más, que casi pierde el niño de la última paliza y que antes de coger el autobús para el hospital se pasó de nuevo por la tienda y le dijo: «Se acabó, esta noche ha sido la última vez que me pone una mano encima. Se ha quedado dormido, más borracho que nunca, con la estufa puesta… y sé que no va a despertar. Me voy, es tarde. Mañana guárdame solo una barra de pan, para mí tengo de sobra».

Cuando el agente de policía entró en la tienda para hacerle algunas preguntas, ella solo dijo que la conocía de venderle a diario dos barras de pan, nada más. Porque, a ver, quién era ella para revelar un secreto de confesión.

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