Cartas y reflexiones

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COMENTARIOS Y ESTRELLAS EN AMAZON: ¿CÓMO FUNCIONAN?

El propósito de este artículo es explicar lo aprendido sobre el sistema de recomendación de libros en Amazon, sobre las reseñas y estrellas de los libros, gracias a la experiencia y la observación, con la intención de arrojar luz y relajar los ánimos de los autores nóveles, que a menudo se desmoralizan por esta causa.

Después de años escribiendo y once novelas publicadas en plataformas, creo que he podido comprender en parte cómo va esto de los comentarios que dejan los lectores cuando terminan de leer un libro.

Si observamos con atención cómo se van sumando las estrellas a los libros más vendidos de Amazon, advertiremos una pauta bastante común a la mayoría. Si el autor cuenta con una masa crítica de lectores que lo sigue, bien porque él mismo cae bien en las redes, porque hasta el momento gusta su narrativa o porque tiene muchos seguidores y una familia inmensa y entregada, los primeros comentarios (de 10 a 50) probablemente estén cargados de halagos y estrellas y la puntuación media estará por encima de 4,5 sobre 5. Esto, junto a las ventas iniciales de dichos lectores, seguidores, amigos y familiares, hará que el libro vaya escalando puestos y, con mucha probabilidad, se situará en el Top 100, al menos unos días.

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Bien, ahora es una obra visible, y es esta visibilidad en el escaparate la que conseguirá que comiencen a llegar a los lectores desconocidos, que son los que harán que nuestra carrera ascienda o descienda. Empieza el verdadero examen, la prueba de fuego. Estos consumidores habituales de literatura no sienten ninguna empatía por el autor ni conocen su obra anterior, solo quieren disfrutar leyendo, buscaban lectura y miraron el escaparate. ¿Por qué no?, se dicen, si están bien valorados y en el Top 100…

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Un pequeño tanto por ciento de ellos cuando termine la lectura se lanzará a la plataforma de ventas para opinar, algunos sin piedad ni delicadeza, tal cual se sientan después de leer y según su personalidad. Y, lo más importante, paralelamente, estos nuevos lectores iniciarán el boca-oreja en bares, oficinas, colegios, reuniones de amigos, con la familia… Para bien o para mal. También se empezará a comentar la obra en grupos de lectores de la red, que no necesariamente conoce el escritor, que solo sabe del pequeño círculo que lo rodea, por muchos seguidores que tenga. Él vive al margen de esta corriente invisible, que es la que realmente toma el pulso al libro y valora con honestidad y sin compromiso. Es la hora de la verdad.

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Salvo excepciones, por mucho que guste y cale un libro en el amplio e inescrutable colectivo lector, en esta fase las opiniones comenzarán a diversificarse. Los lectores ya no serán tan generosos como al principio y el número de estrellas y halagos irá moderándose. En unos meses las cinco estrellas del principio se convertirán en cuatro. Pero no significa que el libro no haya gustado o no tenga gran éxito. Es más, esto es muy bueno, representa eso, que lo están leyendo los no conocidos. Esta es una etapa a la que no todas las obras llegan y mucho menos superan con éxito, aunque tengan de media cinco estrellas. ¿Por qué? Es sencillo, porque después de que leyeran el libro los lectores fieles, amigos y familiares (siempre generosísimos en los comentarios y encantados con los agradecimientos que luego el autor les dedica) el marketing se paró, o porque el boca-oreja no funcionó y en verdad no gustó al lector de a pie, por el motivo que fuere, esto es otra cuestión. La verdad es una y campa a sus anchas por todos los recovecos, ajena a los amiguismos y deudas creadas.

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Haré un paralelismo con la comida: si a un numeroso grupo de invitados ponemos los mejores manjares, unos pensarán que el jamón estaba exquisito, otros que nada como las gambas a la plancha y los vegetarianos harán ascos a todo lo anterior asegurando que nada para el paladar como los rollitos de primavera. Es probable que, de pedir a los comensales que califiquen los alimentos servidos, unos darían cinco estrellas al jamón de pata negra y otros no más de una, aunque fuese el jamón más delicioso de la historia. Menos tu madre y tu amiga Loli, que le pondrían todos los astros del firmamento a cada uno de los bocados servidos a la mesa, aunque obviamente la salsa del pescado estaba para tirarla al fregadero. Las opiniones más sinceras y útiles serán lanzadas fuera de la casa del anfitrión, cuando él no pueda escucharlas.

También en esta fase, en la que el libro es bastante visible y competitivo, puede ocurrir que comiencen las zancadillas y las malas artes por parte de la competencia. No en pocas ocasiones alguna obra ha sido torpedeada con estrellas de una en una y comentarios malintencionados con el único propósito de echarla del Top 100.

De manera que es casi imposible que un libro que lleve meses y meses en los primeros puestos y con cientos de comentarios (lo que demuestra su éxito a través del tiempo y que el boca-oreja no ha cesado de funcionar) mantenga una puntuación media de cinco estrellas.

Los que se sienten orgullosísimos de las magníficas calificaciones de sus obras, aunque no hayan vendido más que un par de cientos de ejemplares, deberían tener un superventas y estar visibles en los escaparates un año para comprobar lo escrito en este artículo.

Ya, ya sé que algunos os estaréis preguntando: ¿Y qué pasa con esos libros que llevan meses y meses en los primeros puestos con calificaciones y comentarios pésimos? Novelas que hasta su sinopsis haría llorar de estupor a una estatua de Cervantes. Bueno, este es un tema delicado, solo os diré que podría tener relación con aquello de que no a todos nos han educado con el mismo concepto del honor y que la picaresca existe. Y ahí lo dejo por el momento, si consigo datos de peso, en su momento escribiré un artículo sobre este desagradable tema.

Así que, querido escritor que empiezas, no te aflijas porque tu obra no es valorada, puede que no tengas los seguidores, amigos y familiares suficientes (tan necesarios en los comienzos) para que te den ese primer empujón y necesites ir poco a poco. Si vales para escribir y luchas, llegarán tus estrellas y el boca-oreja, aunque sea en el tercer o cuarto libro. No es este un camino fácil.

Web Mercedes Pinto Maldonado

(Si quieres saber más sobre mis obras y sobre mí te invito a pasarte por mi web oficial picando en la imagen. ¡Gracias!)

DIFERENCIAS ENTRE NOVELA ROMÁNTICA, ROSA, ERÓTICA Y PORNOGRÁFICA

DIFERENCIAS ENTRE NOVELA ROMÁNTICA, ROSA, ERÓTICA Y PORNOGRÁFICA

Visto el panorama literario actual donde parece que en la novela romántica ya cabe todo, como si de repente el amor se hubiese devaluado convirtiéndose en la palabra comodín de cualquier tipo de relación, me he tomado un tiempo para reflexionar sobre las diferencias entre novela romántica, rosa, erótica y pornográfica.

El romanticismo ha sido, y espero siga siendo por siempre, el motor de la humanidad. Gracias al amor todavía seguimos aquí. Gracias a que hace muchos miles de años alguien cambió el orden de prioridades en su vida y amó por primera vez en la historia por encima de la supervivencia hemos conseguido evolucionar.

Es muy posible que el ser humano pueda vivir sin sexo en un futuro, pero no podrá sobrevivir sin amor. Somos la especie más evolucionada por este simple detalle, porque amamos, y como consecuencia odiamos. Por lo demás no nos diferenciamos mucho del resto de los animales.

Meter en el mismo saco el verdadero amor con comportamientos tan mundanos como las relaciones banales de aquí te pillo aquí te mato, los rollos de fin de semana, los actos meramente sexuales, tan grotescos como vulgares, las conductas del humano en celo o las versiones cutres del Kamasutra, bajo mi criterio, es cuanto menos un atentado contra la literatura romántica.

¡No, no y no! Una novela romántica nada tiene que ver con una sucesión de coitos en las posturas ya conocidas por cualquier mortal, mientras sus protagonistas se dedican las frases y palabras más soeces que se les ocurren en semejante estado de deleite.

Ya desde la antigüedad han existido novelas pornográficas que en su mayoría poco tienen que ver con el arte, si acaso, son meros tratados sobre el sexo o folletines de entretenimiento para mentes calenturientas. Repito, nada que ver con lo elevado y complejo del espíritu y mucho menos con la destreza literaria del verdadero artista.

Novelar es el arte de contar una historia fabulada con toda la belleza que podamos robarle al lenguaje. Escribir sobre cómo se ayuntan un hombre y una mujer, dos hombres, dos mujeres o cualquier combinación de ayuntamiento que se nos ocurra, es otra cosa. Añado y aclaro, si la historia requiere de escenas de sexo, naturalmente el autor debe saber solventarlas, pero usando su don, buscando esas palabras que describan el momento sin torpedear con vocablos chabacanos al lector sensible, que busca disfrutar de un verdadero romance.

La novela romántica tiene su origen en el Romanticismo de finales del siglo XVIII, surgido como un acto de rebeldía al racionalismo y academicismo literario. Fue un movimiento impulsado por autores que se oponían al capitalismo y la banalización del espíritu, en el que la exaltación de los sentimientos primaba muy por encima de lo meramente físico o terrenal.

Dependiendo el argumento, los personajes, el final y la trama, las novelas que en nuestro tiempo nos empeñamos en encajar con calzo en el género romántico en realidad tienen su propia temática y público.

Como en nuestros días, por aquello de que todo parece desvirtuado, resulta un imposible encontrar las definiciones oficiales para estos géneros, me he permitido hacer una especie de fusión de todas las opiniones leídas y sumar la mía.

Diferencias entre novela romántica, rosa, erótica y pornográfica

Novela romántica

Es aquella en la que se exaltan los avatares y tragedias de una pareja, en la que normalmente se pone de manifiesto el contexto social, político, geográfico o familiar que impide la consumación de tal amor. El argumento suele ser original y complejo, la relación entre los protagonistas no puede compararse a ninguna otra obra. A menudo tiene buenas dosis de suspense y el lenguaje tiende a huir de lo vulgar. Los personajes tienen un concepto del amor onírico, más allá de lo físico, por el que están dispuestos a dar la vida. La historia no necesariamente desemboca en un final feliz, a veces ni siquiera es medianamente satisfactorio.

Novela rosa

También en ella se narran los avatares de una pareja, pero el argumento suele ser sencillo, que refleja el momento actual, sin más pretensiones que llegar al final feliz. Son más ligeras, el lenguaje es cotidiano, el noventa y cinco por ciento de sus lectores son mujeres con un perfil sencillo que buscan más el entretenimiento que el arte y la belleza. Prueba de que hablamos de una literatura más liviana es que la mayoría de sus autores suelen publicar varias al año, incluso dos a la semana, y tienen una vida profesional muy prolífica.

Novela erótica

Es el arte de seducir sin mostrar, de despertar la imaginación sin enseñar, sus autores huyen del sexo explícito, su objetivo no es la meta, sino el camino. Es la manera más elegante y difícil de contar las pasiones ocultas de un ser humano. El verdadero escritor de novela erótica sabe en todo momento dónde está la línea que separa la sugestión de la obscenidad, y el lector de este género también.

Novela pornográfica

No es novela, es un consolador de papel, una Viagra camuflada entre letras.

Como ejemplos de novelas románticas podríamos citar algunas de las más grandes obras de la literatura: Orgullo y prejuicio, Romeo y Julieta, El cuaderno de Noah, Los puentes de Madison, Cumbres borrascosas, El amor en los tiempos del cólera, El paciente inglés, Ana Karenina, La princesa prometida

Me pregunto si alguien se atrevería a catalogar estas novelas de rosas, eróticas o pornográficas. Imposible, son claramente románticas. Y mucho más importante, me pregunto si alguien se atrevería a comparar la novela rosa actual a estas historias, por más que su autor se empeñe en venderla como romántica, cuando en realidad los personajes son estereotipos, los diálogos vacíos y vulgares y la trama una mala excusa para escribir sexo y un final feliz.

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¿CUÁNTO GANA UN ESCRITOR? EJEMPLO DE ROYALTIES

¿Cuánto gana un escritor? ¿Me puedo ganar la vida como escritor? Preguntas que todos los que nos dedicamos a juntar letras nos hicimos al principio (y nos seguimos haciendo) de esta maravillosa aventura que es el oficio de la escritura y los libros…

Otra vez marzo, el esperado y temido mes de los escritores. Puedo imaginar cuántos aguardan poder cuadrar las cuentas de tantos meses atrás con los royalties, regalías, liquidaciones o beneficios del 2016. A cada instante mirando la bandeja de entrada, deseando y temiendo encontrar ese correo de tus editoriales.

¡Ay! Ha pasado más de un año sin recibir un céntimo por tantas y tantas horas de trabajo, por tantos días sacrificando a tu familia, de insomnio, perseguido por tus personajes o por esa escena que no acaba de tener el sentido que habrías deseado, obsesionado, abrigado hasta los dientes en invierno y frente al ventilador en verano; el aire acondicionado es para los que cobran religiosa y justamente.

Tantos domingos frente a tu ordenador, viendo por tu ventana cómo el resto del mundo pasea y toma cervecitas al sol; pero tú no puedes, porque tienes que escribir para sacar adelante a tu familia, que hay que ser iluso, y porque de todas formas no tienes un euro para tomarte una caña, ni siquiera sabes cómo vas a pagar el recibo de la luz este mes. Pero tranquilo, ¡llegó marzo! ¡Mis royalties!

Piensas que esta vez deben pagarte más que en el 2015, algo en realidad fácil, ningún año has cobrado ni para invitar a tu pareja a ese restaurante que tanto le gusta. Pero esta vez sí, está claro que has vendido, no paras de recibir en tus redes mensajes de los lectores encantados con tus historias y fotografías de tus libros recién comprados en las mejores librerías y tiendas online.

En las plataformas de ventas tus obras han estado bien posicionadas, bien lo sabes, que no has dejado un solo día de mirar las listas. Has hecho presentaciones, gastándote en viajes el dinero que no tienes para pasar un rato con el librero y los amigos de turno que ya tenían tu libro pero estaban encantados de que se lo firmaras, eso sí, oye, al día siguiente tenías el Facebook petado de fotografías del evento y la promoción era brutal. Has sido entrevistado en medios de comunicación: webs, blogs, revistas, radios… ¡Hasta en una televisión local! Sí, sí, esta vez tienes que cobrar un buen pellizco y podrás pagarle a tu cuñado y a tu suegra todo lo que les debes. Qué ganas tienes ya de librarte de sus miradas inquisidoras.

¡Un año, Dios mío! Un año esperando recibir una limosna a cambio de tu trabajo, mientras el resto de los que forman la cadena editorial cobra mensualmente, se va de vacaciones, de cenas con los amigos, a conciertos, teatros… compra a sus hijos el esperado regalo de cumpleaños… ¡Qué ganas tienes ya! de poder decirle a tu mujer: «Mira, aquí está el fruto de tanto esfuerzo, mis esperadas regalías, te lo dije, este año sí. Sabía que terminaría triunfando».

Qué maravilloso sería que por una vez pudieras escribir sin presión, sin la eterna losa de las deudas sobre tu espalda, maltrecha de tantas horas sentado. Madre mía… con un poco de suerte igual hasta podrás alquilar este verano una casita en la costa, o cambiar de coche de una puñetera vez. Buah… eso sería ya la bomba.

Estamos a día 1 de marzo, el e-mail está al caer. En casa no paran de preguntarte. Entonces te acuerdas de los años anteriores y de repente te pones a sudar, te da como fatiguita, taquicardia, bochornos… y la desazón de siempre se filtra hasta el último recoveco de tu cuerpo. ¡Miedo, lo que tienes es pavor a que ocurra lo de siempre!

El año pasado fue de traca, vendiste más de quinientos de tal título, superaste los setecientos de aquel, de los otros un puñado de cientos más… pero, ¡ah, pero!, resultó que de uno de ellos se devolvieron en papel (después de dos años) tantos, que al final tú debías a la editorial 72€ como setenta y dos condenas. Por más que preguntaste y consultaste, esas eran las cuentas, ¡-72€!, que por suerte no tendrías que pedírselos a tu suegra, porque ya te los descontarían después. Oye, ¡qué descanso! ¿O no? Mira que tienen paciencia los editores…

Todavía no sabes ni cómo fuiste capaz de ponerte de nuevo al teclado horas después. Y es que las vidas suspendidas de los personajes de tu nueva novela clamaban tu presencia, no podías dejarlos en un eterno limbo. Tu situación ya no se sostiene más, si los resultados son los mismos, tendrás que buscarte un trabajo decente, de editor, dependiente en una librería, corrector, maquetador, transportista… Eso sí que cobran mes a mes, hay que contemplar todas las posibilidades y ser realistas: si quieres vivir de la literatura, trabaja para una gran editorial, pero no se te ocurra escribir para ella. So tontaina, que no se puede ser más infeliz.

Querido y sufrido escritor, compañero, si este año vuelven las decepciones, las deudas sin pagar, las llamadas del banco y el «te lo dije» de los tuyos, las reiteradas justificaciones a tus conocidos sobre por qué escribes (como si esta rara enfermedad tuviese una explicación lógica), los domingos en pijama, las noches en vela, las miradas al vacío buscando la palabra correcta, las quejas de tu familia y las cenas con sopa y mandarina de postre… a lo mejor es que tienes que empezar a aceptar que nadie, absolutamente nadie va a velar y luchar por tus obras si no eres tú, y que la autoedición está ahí esperando.

Ahora, si eres de esos afortunados que no necesitas vivir de tus letras porque tienes quien te subvencione o de los que ha vendido miles y más miles de ejemplares como para sobrevivir un año más, perdona este rollo, no era para ti.

Por cierto, un momento, voy a mirar mi bandeja de entrada… Nada, son las 19.27h del 1 de marzo de 2017 y no hay noticias sobre las liquidaciones de las editoriales. Claro, si es que hasta el que escribe los correos ya habrá cobrado su paga mensual, pues estará en casita descansando, mañana será otro día, qué prisa hay, si los escritores aguantan lo que les echen.

Web Mercedes Pinto Maldonado

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RAZONES PARA PUBLICAR EN AMAZON Y NO AVERGONZARTE COMO ESCRITOR

RAZONES PARA PUBLICAR EN AMAZON Y NO AVERGONZARTE COMO ESCRITOR

¿Existen razones para publicar en Amazon y no sentirte avergonzado como escritor?

Que un autor pase años y años detrás de las editoriales para que finalmente le den un «sí, ya lo leeremos y le avisaremos»; que tenga la santa paciencia de esperar otro año más para leer en su correo «aceptamos su obra»; que después de otro año la vea publicada y le paguen, también otro año después, menos que a cualquiera de los que se lucran con ella, si es que las ventas han dejado algo para el último eslabón de la cadena (el que produce la materia prima), teniendo en cuenta que el producto es mostrado un par de semanas y retirado, con lo cual puede suceder que, si hay adelanto, el escritor no llegue a saldar jamás cuentas con la empresa, además de estar impedido para luchar por su libro porque ni siquiera le pertenecen los derechos; como decía, que un autor padezca este despótico proceso como si fuera un mindundi que no mereciera ni las sobras, solo es culpa suya. Aceptar esta tiranía es del todo descabellado y más en nuestros días.

Antes de seguir, quiero dejar claro que hay honrosas excepciones, de manera que no se sienta aludido todo el mundo y empiecen a lanzar cuchillos los no llamados a esta guerra. Me consta que a veces los tratos son justos, pocos y cada vez menos, la verdad.

Como sabéis los que me conocéis, he padecido en carne propia los ninguneos editoriales y reflexionado mucho sobre este tema desde hace años, y solo se me ocurre que en el fondo aceptar estas totalitarias condiciones de trabajo, más propias del medievo que del siglo XXI, solo puede responder a que hay autores que padecen dos síndromes: el de El primo de zumosol y el de la Pijotería (con perdón por la palabreja). Entono el mea culpa, quede claro que yo padecí el síndrome de El primo de zumosol durante mis primeros años.

El síndrome de El primo de zumosol lo padecen aquellos que sufren falta de confianza, que se sienten incapaces, frágiles ante cualquier adversidad, como esos pequeños que por ser más débiles que sus compañeros tienen que buscar a otros más fuertes para defenderse en el recreo de los mayores que los acosan. Claro, pasa que al primo de zumosol hay que pagarle por protegerte, normalmente con el bocadillo diario, con lo cual el pequeño estará cada vez más delgado y el de zumosol cada vez más fuerte. Esto nos condena a ser los débiles eternamente, o a terminar con la opresión plantándole cara al acosador de una vez por todas.

El síndrome de la Pijoretía es bajo mi punto de vista menos noble que el anterior, me parece más zafio, grotesco y banal, y lo padecen, como su propio nombre indica, los pijos o aspirantes a pijos, especialmente los aspirantes. Me explico, este autor siente la misma sensación de cuando le falta el cocodrilo de Lacoste en sus camisas, se avergüenza como si fuera desnudo por la Gran Vía a las doce del día, pues eso, que si una gran editorial no estampa su sello en sus libros, no son escritores ni son nada, ¡Un libro sin la marca de la editorial! ¡Oh, no, qué bochorno!, qué van a pensar de mí mis coleguis de la pandi. Vamos, que da igual que una camisa sea de más calidad, se arrugue menos, caiga mejor y haya costado diez veces menos, sin cocodrilo es una mierda, bueno, el pijo diría «caquita».

No me cansaré de repetir una y otra vez, si crees que vales para contar historias, si te apasiona la escritura, si quieres vivir de tu trabajo (porque esto es un trabajo tan duro como maravilloso), no escuches cantos de sirenas y no esperes que nadie te dé el pistoletazo de salida cuando quizá ya estés muerto de inanición, lucha y confía, el sello de tus libros eres tú.

Web Mercedes Pinto Maldonado

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4 CLAUSULAS DE UN CONTRATO EDITORIAL OBSOLETAS Y EXTRAÑAS

4 CLÁUSULAS DE UN CONTRATO EDITORIAL OBSOLETAS Y EXTRAÑAS

Aunque hace tiempo ya publiqué un artículo sobre los contratos editoriales, pienso que en estos momentos no está de más recordar a los futuros escritores la importancia de examinarlos y reflexionar con calma antes de firmar.

Además, pasados unos años estoy todavía más convencida de que firmar porque estar con este o aquel gran sello editorial es ya un aval puede ser un grave error en nuestra carrera literaria. El verdadero aval son los lectores, son los que deciden el camino que recorrerá nuestro libro, y para llegar a ellos necesitamos que nos abran puertas, no que nos las cierren, y estar dispuestos a trabajar con perseverancia, claro.

Se escapan a mi entendimiento la mayoría de las cláusulas de los contratos de las viejas editoriales. A poco que leamos con una mínima atención los contratos que ofrecen nos daremos cuenta de que están plagados de sinsentidos, al menos para el autor, entre ellos me gustaría reparar en cuatro muy esenciales:

 

4 Cláusulas de un contrato editorial obsoletas y extrañas

1. El tiempo de cesión de derechos de la obra

La mayoría de las editoriales exigen al autor que ceda todos los derechos de la obra contratada un mínimo de siete años. ¿Por qué? ¿Qué objeto tiene este empeño por la parte contratante?

si la obra va bien y es un éxito de ventas, lógicamente el escritor estará encantado de renovar el contrato las veces que sea necesario, y si es un fracaso y no deja beneficios para ninguna de las partes, ¿a qué ese empeño en seguir conservando año tras año unos derechos que no aportan nada más que pérdidas?

Por supuesto, para el autor esto es una esclavitud innecesaria e inexplicable, que además le impide rescatar su obra del ostracismo y luchar para encontrar otras oportunidades.

En definitiva, teniendo en cuenta que un libro tiene en las librerías una visibilidad física de dos o tres semanas y que es del todo imposible que aporte unos beneficios dignos en este tiempo, a no ser que el escritor sea una vieja gloria, ¿no os parece un verdadero enigma esta exigencia? ¿Será que la pasión por la literatura de estas macroempresas del papel es tal que no les importa almacenar palés y palés de libros como si tuvieran un peculiar síndrome de Diógenes literario?

2. Número de ejemplares para el lanzamiento

Vivimos en el siglo XXI, hoy día no es necesario imprimir 5.000 ejemplares en vez de 500 para abaratar el precio de la unidad.

Lanzar miles de libros que no tienen ninguna posibilidad de llegar a las librerías, o de estar en ellas el tiempo suficiente que necesita una masa crítica de consumidores para conocer el producto, es algo que también perjudica al autor.

Como es lógico, las devoluciones de gran parte de la tirada están garantizadas, con una consecuencia nefasta en los royalties del escritor que, aunque pudiera parecer que ha vendido un número determinado durante el primer año, suele encontrarse con que los años siguientes deberá restar de sus ganancias las devoluciones que hacen las librerías.

En definitiva, a las editoriales le saldrá a más bajo costo el ejemplar cuando la tirada es mayor, pero para el autor el coste es mucho más alto a la postre. Ellas rara vez pierden, os lo aseguro.

3. Cesión de la posibilidad de traducciones, películas o cualquier versión de la obra

Este punto es del todo descabellado. La mayoría de las editoriales exigen los derechos de cualquier versión de la obra, aunque solo tengan la intención de publicarla en papel y digital, y en muchos casos solo en digital. ¿Qué sentido tiene secuestrar cualquier otra salida de tu libro si solo quieren el digital, por ejemplo? ¿Qué pasa con esta cláusula?

Muy sencillo: que en el caso de que solo quieran el digital ―para ellos esta versión tiene coste prácticamente cero y todo ganancias―, el autor estará durante siete años imposibilitado para buscar otras vías para papel, audible o cualquier otra modalidad.

4. Pago de los royalties una vez al año y sin mostrar con claridad las cuentas

Puedo entender que sea necesario que las librerías pasen datos de ventas y devoluciones a las editoriales para que estas puedan comunicar al autor sus beneficios; pero, por ejemplo, ¿por qué un año? No lo entiendo, ¿no reciben los editores los números de las ventas en papel cada tres meses?

Por otro lado, esto tal vez se pueda justificar de algún modo para el libro en papel, que tampoco, pero ¿y el digital? ¿Por qué el autor no puede ver y cobrar los beneficios de las ventas mensualmente igual que las empresas editoras? ¿Qué problema habría a este respecto? Es completamente absurdo, de hecho, yo tengo dos de mis libros con Amazon Publishing ―no confundir con KDP de Amazon, que es autopublicación― y puedo saber a diario cuántos ejemplares se venden, en qué versión y en qué país. Y lo mejor, cobro cada mes, como todo hijo de vecino. O sea, pagar a tiempo y con total claridad no es un imposible. Qué extraño todo, ¿no os parece?

 

Hay más cláusulas obsoletas y extrañas en los contratos editoriales tradicionales, pero bajo mi punto de vista estos son los más importantes, por los que debemos pelear. No olvidemos nunca que los libros son nuestros, que somos nosotros los que proporcionamos la materia prima y que hoy día con las plataformas de autopublicación tenemos otras opciones. Las editoriales necesitan a los autores infinitamente más que los autores a las editoriales.

 

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