Cartas y reflexiones

La vida por encima de todo

No soy de adhesiones inquebrantables, sé que no hay nadie en este mundo que tenga esa fórmula mágica y perfecta necesaria para eliminar los problemas del planeta. Y, aunque la tuviera, ese alguien, como ser imperfecto, posiblemente erraría a la hora de aplicarla. Por eso, no pertenezco a ningún partido político, aunque voto a aquel que en cada momento me parece más acertado según el escenario social; tampoco estoy en ninguna asociación que me obligue a comulgar con las normas de otros. Como digo, nada es perfecto. Mi moral está por encima de los intereses e ideas de otros.

Por supuesto, respeto a todo grupo unido por las razones que crean, siempre que tengan un fin noble, faltaría más; a los otros solo me queda tolerarlos.

Entonces, ¿quién soy?, ¿cómo podrían definirme si no pertenezco a ningún colectivo que me identifique y signifique?

¿Soy feminista? Pues depende, si serlo significa estar a favor de la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, lo soy de todas todas.

¿Soy de izquierdas? Según se mire, si nos referimos a la justicia social y al reparto equitativo de la riqueza, por supuesto.

¿Soy de derechas? A veces, si ello significa que la vida es lo más sagrado, no lo dudo.

Soy… soy un poco de todo y realmente de nada.

Hay quien piensa que mi postura es cómoda y cobarde, que bailo según la música y así contento a todos y evito discusiones. No, no es nada fácil. Es más, pensar por mí misma, dudar de todo el tiempo que haga falta hasta encontrar la respuesta o rechazar el apoyo de grupos con poder mediático, en realidad, me ha llevado a una vida algo solitaria e incómoda. No solo por mi persistente manía de no dar por hecho las doctrinas de otros o aceptar una parte y rechazar otra, cosa que ningún líder admitiría, sino porque aborrezco las discusiones estériles, en las que si no te posicionas no tienes sillón y en las que la mayoría de los participantes solo buscan tener razón y no encontrar la verdad.

Pero hay algo que sí me define: Estoy a favor de proteger la vida hasta las últimas consecuencias, me declaro totalmente en contra del aborto y de la eutanasia.

Como veis, me acabo de quitar de un plumazo millones de posibles lectores. No, no soy cobarde ni bailo según la música.

Mi posicionamiento ante el respeto a la vida del otro desde el primer día hasta el último es fruto de mil cavilaciones sobre el tema. Cada vez que me obligo a mí misma a reflexionar mi postura se afianza más. Eso sí, totalmente a favor de los anticonceptivos, es una cuestión muy distinta.

Podría dar mil razones por las que considero que la vida de cualquier ser humano es intocable, aunque una sola sería más que suficiente. Pero voy a intentar resumirlas, en esta ocasión con respecto al aborto legal:

––Nadie, por muy docto que sea en la materia, puede asegurar en qué día un embrión deja de ser un trocito de carne y se convierte en un ser humano. Cuando hay tantos expertos que se contradicen entre sí es que no hay nada claro.

––Tú y yo somos el resultado de la suma de absolutamente todos los días de nuestro pasado, comenzando por ese primer instante en el que se unieron un óvulo y un espermatozoide.

––Creo que la sociedad tiene herramientas suficientes para apoyar a esa futura madre que se siente abrumada por la situación. Y, de cualquier manera, tampoco es excusa. ¿O es que la solución a nuestros problemas debe ser eliminar a quienes los causan? En tal caso, ¿por qué se descartó la pena de muerte de nuestro Código Penal? ¿Hay un ser más despreciable, inútil y peligroso que un asesino en serie o un violador?

––Si se puede abortar libremente en algunos países a los cuatro meses de gestación, por ejemplo, porque se considera que ese tiempo es demasiado escaso como para darle valor humano al feto con respecto a los cinco meses, ¿debemos considerar que un bebé de un mes tiene menos derecho a la vida que uno de tres? ¿Comete la madre un delito mayor si asesina a su hijo de 20 años que si tuviera 4?

A mí me parece que es al contrario. ¿Quién establece estos estúpidos criterios?

––Si el hecho de que el no nacido tenga algún problema físico o mental nos da la libertad de elegir si vive o no, ¿por qué no lo hacemos con la misma libertad con un recién nacido que muestra este tipo de problemas? ¿Acaso es el paso por el canal del parto lo que le otorga el privilegio de la vida?

––Por otro lado, si el riesgo para el bebé es tal que podría nacer muerto, ¿por qué no podemos llorar su pérdida y pasar el luto? Qué pasa, ¿que si nos lo quitan sin que lo veamos duele menos?

––Lo de Nosotras parimos, nosotras decidimos, ¿qué clase de barbaridad es? ¿Cómo puede una mujer creerse semejante temeridad? ¿Quiere esto decir que si tu hijo de la edad que fuere te complica la existencia lo puedes eliminar porque lo has parido?

Veamos los motivos y razones del derecho al aborto:

  1. Cuando el embarazo es fruto de una violación. ¿Por qué no eliminamos a todos los seres humanos nacidos de estas circunstancias? Estoy segura de que debe haber miles, incluso engendrados en matrimonios aparentemente ejemplares.
  2. Cuando la vida de la madre está en riesgo. ¿Por qué les perdonamos la vida a todos aquellos que para nacer sacrificaron la de su progenitora?
  3. En España se puede abortar hasta las catorce semanas de gestación sin explicación alguna; si la madre le dice al médico que quiere abortar porque sí, pues andando. En otros países incluso hasta las veinticuatro semanas. ¿Por qué no a las veinticinco?

A partir de estas semanas, repito, de la doce a la veinticuatro según qué países, en las que se puede abortar libremente sin tener que aportar motivo alguno, también se puede, incluso en el tercer trimestre, cuando el feto presenta anomalías físicas o psíquicas. ¿Qué pasa con todos aquellos nacidos que las tienen? ¿Eliminamos a todos los deportistas paralímpicos, por ejemplo? Que digo yo que si podemos librarnos de ellos cuando hay sospecha de malformación, mucho más lícito sería hacerlo cuando ya están en el mundo y lo tenemos claro, ¿no?

Mirad, bajo mi punto de vista y mi elemental moral, el aborto es un acto cruel de fuertes hacia débiles. No hay excusa. Eso de que mi cuerpo me pertenece y puedo hacer lo que quiera con él, vale, pero no con el cuerpecito de otro que, sin lugar a duda, es otro ser distinto a ti con un ADN diferente.

Actualmente el mapa mundial sobre la legalización del aborto es este:

El estatus legal del aborto

Como veis, en mayor o menor medida es legal en todo el mundo. En casi todo Occidente es legal. Dependiendo del país, se puede abortar libremente, sin motivo alguno, repito, desde la semana doce a la veinticuatro. ¡La veinticuatro! Este es el caso de Reino Unido, por ejemplo. ¿Habéis visto a un pequeñín de veinticuatro semanas dentro o fuera del vientre? ¿Sabéis que la ciencia ya es capaz de sacar adelante a un bebé de solo catorce semanas de gestación?

Os dejo un enlace donde podréis conocer a esta señorita:

https://www.ideal.es/sociedad/201602/12/bebe-milagro-nacio-gramos-20160211142153.html

Y esta imagen del pequeño Austin de veintidós semanas de gestación:

Bebé aborto

Pero, es más, en algunos países es legal hasta el término del embarazo alegando la salud de la madre o del feto, en ocasiones por razones psíquicas de la gestante. Vamos a ver, si la madre no está en sus cabales, que lo den en adopción.

Cierto es que algunos de estos países empiezan a recular y a plantearse la moralidad de tales leyes.

Después de la semana veintiuno se considera un aborto tardío y a las veinticuatro, un aborto por nacimiento parcial. El procedimiento para este tipo de abortos es realmente espeluznante:

El médico extrae al niño del vientre de su madre con unas pinzas, tirando de él por los pies y dejando la cabeza dentro del útero.

Después hace un agujero en la parte trasera del cráneo e introduce una máquina que succiona el cerebro del niño. En ese momento, lo que ya es un bebé, que en muchas ocasiones se mueve luchando por su vida y sufre, deja de moverse y muere. Finalmente, en la mayoría de los casos los restos del bebé terminan en la basura.

Hay miles de testimonios que os podrían el vello de punta. Para muestra un botón, os dejo el testimonio de una enfermera de California que asistió a uno de estos procedimientos llamados «abortos por nacimiento parcial».

«El doctor sacó el cuerpo y los brazos del bebé, todo menos su pequeña cabeza. El bebé se movía. Sus pequeños dedos se juntaban, daba patadas. El doctor tomó unas tijeras y las encajó en la cabeza del bebé, sus manos se desplomaron inmediatamente con una reacción de sorpresa, como lo hace un bebé cuando cree que caerá. Entonces el doctor abrió las tijeras y metió un tubo de succión en el hoyo de su cabeza y le sacó el cerebro. De esta manera el bebé murió. Era la cara más perfecta y angelical que jamás había visto».

Lo más irónico de todo este descalabro es que, mientras millones de madres se deshacen del problema, otros tantos millones darían su vida por tener un hijo. Digo yo, que esta hipócrita sociedad podría ayudar a esas embarazadas infelices para que tuvieran el bebé y después facilitar que las parejas deseosas de ser padres cumplieran al fin su sueño.

No quiero olvidarme de esos hombres que han querido hacerse cargo del hijo que engendraron, porque ellos sí lo deseaban y estaban dispuestos a renunciar a su propia vida, y que, con los estúpidos lemas de Nuestro cuerpo nos pertenece o Nosotras parimos, nosotras decidimos, han tenido que asistir atónitos a la muerte de su descendiente. Eso sí, si la mujer decide tenerlo, aunque el padre no hubiese querido, por ley, deberá hacerse cargo de él hasta que sea necesario. Hay cosas que carecen de la menor lógica y el mínimo de conciencia.

Ojo, no culpo a las mujeres que terminan abortando porque nadie les da una salida, hay situaciones estremecedoras y las entiendo; culpo a los que hacen las leyes, a los que tienen el poder de cambiar las cosas y por cobardía eligen el camino más corto para ser aceptados. Culpo a todo aquel que, pudiendo enviar un mensaje de vida, influye en nuestras mentes adoctrinándonos en la idea de que la existencia de nuestros semejantes es menos valiosa que la nuestra.

Alguien debería decirnos que vivir no es siempre fácil y que el sacrificio forma parte del camino. Alguien debería poner a disposición de esas madres angustiadas y sus futuros hijos los recursos necesarios para salir adelante.

¿Sabéis lo más curioso? Que todos los que están a favor del aborto nacieron, sus madres decidieron que sí los querían.

Podría seguir y seguir dando razones por las que estoy en contra del aborto, pero, como no hay mejor argumento que una experiencia personal y la ocasión lo requiere, dejo a un lado mi pudor y os relato brevemente la mía:

Me quedé embarazada cuando tenía 16 años, entonces estudiaba BUP y, a pesar de lo que pudiera parecer, era realmente una niña.

En aquellos años el aborto ni se contemplaba, así que había que casarse y tirar para adelante y punto. Creo que si, asesorada por un adulto de confianza o médico, hubiese tenido la posibilidad de borrar lo ocurrido sin dejar rastro, lo hubiera hecho.

Al año volví a quedarme embarazada, mi situación económica y personal no podría haber sido más triste en aquel momento. Posiblemente, de haber tenido la oportunidad, también habría abortado.

Pasó el tiempo y mis hijos crecieron con el amor de sus padres y la ayuda de algunos vecinos a los que nunca dejaré de dar las gracias. Cuando tenían 6 y 5 años y mi situación personal y económica había cambiado, tal había sido mi experiencia como madre que decidí tener otro hijo, esta vez deseado desde el comienzo, pero tan amado como los dos anteriores.

Hoy puedo decir con orgullo que aquella adolescente aterrada e inconsciente se convirtió en la madre de tres seres humanos excepcionales que, además de poseer grandes valores y ser ejemplos vivos para sus propios hijos, son magníficos profesionales: una jefa de restauración, un ingeniero aeronáutico que ya es CEO de una gran multinacional y un ingeniero informático con una excelente trayectoria y que está luchado en Los Ángeles por levantar su propia empresa.

Es más, puedo contaros con gran orgullo que uno de mis nietos, a pesar de que los médicos aconsejaron a la madre interrumpir la gestación por el alto riesgo que suponía para los dos, gracias a la negativa de su madre nació hace tres años después de nueve meses de miedo y angustia, un parto complicadísimo y unas primeras semanas para el bebé muy difíciles. Me tiene loca de amor, como los otros cinco.

Si volviera a nacer, no dudaría un instante en tener a mis hijos, con miedo, sin medios, sola… Los tendría. Porque si algo sé es que mis nietos son la confirmación de que valió la pena traer al mundo a mis hijos.

Es cierto, la desesperación de una mujer cuando se enfrenta a un embarazo con riesgo para la salud o siendo inmadura o estando sola y sin medios económicos en muchas ocasiones es insoportable y puede llevarla a cometer cualquier locura. Pero la solución no es incitarla a abortar, sino apoyarla y ofrecerle toda la ayuda que necesite.

No tengo cifras, pero creo que, si todos los medios económicos que utilizamos para promover y acometer el aborto los utilizáramos para ayudar a esas futuras madres, seguramente habría más medallas paralímpicas, más ingenieros luchando por cambiar el mundo y, desde luego, tendríamos una sociedad más humana, más capaz de sacrificarse y más avanzada.

Mirad lo que me regalaron mis hijos hace unos días por mi cumpleaños:

Flores con tarjeta

Una última cosa, como no se puede comentar aquí, si os habéis quedado con ganas de opinar, podéis hacerlo en mis páginas de Facebook donde pondré el enlace de este artículo.

A todos, gracias por pasaros por aquí y leer hasta esta última línea, sé que es un artículo largo y polémico.

COMENTARIOS EN AMAZON

ESOS COMENTARIOS EN AMAZON QUE NOS MINAN LA MORAL. ¡AY!

Como todo autor, miro de vez en cuando los comentarios de mis libros. Lo cierto es que en mis primeros años de escritora me preocupaban mucho más; algo normal, provocado por el desconocimiento y la inseguridad.

Como digo, ahora solo lo hago de vez en cuando y, sobre todo, me interesan los de mi última obra publicada para valorar de alguna manera si está teniendo buena o mala acogida. El caso es que la semana pasada me llevé un buen sofocón. No fue por encontrarme con que la última reseña de mi novela recién publicada era de una sola estrella, esto les pasa a los mejores autores y, aunque teniendo en cuenta este artículo, pudiera parecer que no he superado las malas críticas, os aseguro que hace tiempo me afectan lo imprescindible para aprender de los errores. Lo que me afectó fue el contenido y quién lo había escrito.

Leed:

Con una primera y rápida lectura, concluyes: «No le ha gustado y punto. A ver, es imposible agradar con tus letras a todo el mundo». Pero lees de nuevo y… ¿Que le costó llegar al final, pero lo hizo pensando que pasaría algo? ¿Que no pasa nada? ¿Personajes mal presentados? ¿De sobras conocidos? ¿Muy extendida mala literatura? ¿Lo peor que ha leído? Vamos a ver, pero… ¿¡por qué!?

No tengo dudas, es un comentario escrito con muy mala leche y que sirve para cualquier novela a la que quieras atacar. Nada en él me indica que el comentarista ha leído mi historia. Joder, pon el nombre de uno de esos personajes tan malos o algo que me haga siquiera sospechar que leíste al menos la sinopsis.

«Bueno, es lo que tiene exponer tu obra al público», me dije.

Pero quise conocer algo del enfadado lector y entonces sí que me sentí atacada gratuitamente y me puse algo triste. Resulta que es un escritor, psicólogo para más señas, y que en su larga vida entre letras solo se le había ocurrido comentar mi libro, no había reseñado nada más en Amazon, ni tan solo una triste sartén.

Tengo muy claro que si necesitara ayuda psicológica jamás se la pediría a él salvo que quisiera ánimos para suicidarme. ¿Pero qué clase de psicólogo con no sé cuántas entradas en Google se pasa por Amazon para escribir este único comentario con la única intención de arrebatarle al escritor el ánimo y la moral? ¿Es que estaba aburrido o qué? ¿Acaso ese día no tenía ni un paciente en la consulta?

Me recordó a un profesor de psicología que tuve en la Facultad de Medicina. Llegaba tarde, insultaba los alumnos y los obligaba a comprar su libro para que tuviesen la posibilidad de aprobar. Finalmente suspendía una y otra vez a la mayoría. Lo peor es que no había quien entendiera sus clases ni su libro.

Me molesté en leer algunas sinopsis y textos de sus libros, también en Amazon. Madre mía… hay que esforzarse y mucho para entenderlo, es el típico autor que dice en cien palabras lo que se escribe en dos y de una forma… digamos, extraña para mí. Pero es posible que yo tenga una mente demasiado simple para comprender textos con enjundia.

Por supuesto que hay miles de obras mejores que las mías y que tengo malas críticas con fundamento de las que he aprendido, pero, desde luego, en Quinto culpable pasan cosas, los personajes están perfilados y tienen fuerza y hay literatura. Lo suyo no es una opinión, es una falacia. Si quería justificar su triste estrella solo tenía que haber dicho que no era un libro de su gusto o que no le había enganchado, punto. Algo mucho más honesto y creíble.

Pero aquí no terminó mi periplo comentariano, para subirme un poco la moral decidí leer reseñas de otro de mis libros. Ja, ja, ja… es que cada vez que me acuerdo se me escapa una carcajada.

Ojo a las palabras de esta comentarista de Mensajes desde el lago:

Qué queréis que os diga, tampoco creo merecerme estas flamantes cuatro estrellas, así que, un comentario por otro.

Después de estos dos comentarios decidí parar. Llegué a la conclusión de que realmente los escritores estamos demasiado expuestos e indefensos ante lectores desaprensivos o algoritmos imperfectos que le cuentan al posible lector lo bien que riza el pelo una novela.

Pero no desestimemos los comentarios, tienen su función, y lo cierto es que una reseña como la del tal psicólogo hace daño a una obra recién publicada. Sé por experiencia que estas puñaladas paran las ventas, pero también sé que, cuando las críticas no tienen fundamento, el libro termina siguiendo su camino.

Un ejemplo: cuando publiqué Cartas a una extraña y se posicionó en los primeros puestos recibía una media de dos comentarios diarios de una o dos estrellas, de esto hace casi seis años y nadie pudo evitar que se tradujera a cuatro idiomas y que siga siendo uno de los libros más vendidos.

Estoy pensando que igual el comentario del psicólogo también ha podido ser un fallo del algoritmo e iba destinado a otra obra en la que realmente no pasara nada.

En fin, que tenía que desahogarme con vosotros.

Saludos, queridos seguidores.

nuestra sociedad tambien esta mutando

Nuestra sociedad también está mutando

Llevamos tanto tiempo sin vernos el rostro, sin besarnos, sin abrazarnos, sin ni siquiera acercarnos… Llevamos tanto tiempo caminando en el mismo sentido para no cruzarnos con nadie, sin ver a los que nos dieron la vida, sin poder despedirnos de ellos, aplazando bodas, bautizos, cumpleaños… renunciando a las cosas que nos hacen felices y humanos, que empezamos a no reconocernos. Hasta nos prohíben dar los buenos días en el metro, y mucho menos hablar con esa señora tan amable que se sienta a nuestro lado.

Ya no hacemos planes, nos limitamos a trabajar, alimentarnos y protegernos de un virus que no nos da tregua. Es como si nos conociera y supiera atacarnos donde más nos duele al menor descuido. Nos lleva ventaja desde el principio, cuanto más sabemos de él, más nos conoce él a nosotros. Ha conseguido robarnos lo más preciado: la libertad.

Solo podemos relacionarnos con nuestro círculo de convivientes; un círculo en el que ahora hay un miembro más: el miedo. Con él, con el miedo, vamos a trabajar, a comprar, al médico o al colegio, porque sabemos que nuestro mayor enemigo es invisible y oportunista. No podemos relajarnos, una corta conversación o una simple risa puede robarnos la salud a nosotros o a los que más amamos.

Cuando creemos que ya lo conocemos, muta y encuentra otro camino para embestir. Hay que reconocer que siendo tan pequeño es muy listo y tiene muy mala leche.

Estaba pensando que, de tanto cambiar nuestro comportamiento para librar esta eterna batalla, a lo mejor somos nosotros los que mutamos física y síquicamente. Si no podemos abrazar, para qué queremos los brazos, si no podemos sonreír ni besar, para qué queremos la boca. Si no podemos amar, para qué queremos el corazón. Esto sí que me da miedo.

Igual que os pasa a vosotros, por momentos, me invade una extraña tristeza, un desánimo inexplicable. Luego me doy cuenta de que hace un año que no voy al cine, ni como en un restaurante con mi gente; que hace un año que no se reúnen todos mis hijos en casa. Hace un año que me robaron tantas cosas…

Temo que nos acostumbremos a relacionarnos con el mundo a través de una pantalla. Aunque, benditas pantallas, que nos permiten vernos y hablarnos manteniendo toda la distancia que sea necesaria. Algo es algo.

No mutéis, no permitáis que la pandemia os cambie por dentro. Tened paciencia y cuidaos, todo pasará.

Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Ningún sistema educativo enseña a pensar. Menos aún para combatir las mentiras del poder. Aunque me consta que hay profesores que instruyen a sus alumnos en la observación, la investigación y la crítica a todo lo establecido.

Por mera supervivencia, quien ostenta el poder se ocupa, entre otras cosas, de adoctrinar al pueblo hasta convencerlo de que su gobierno es lo que necesita para su bienestar. El poder tiende a estrechar el cerco para mantener a la manada controlada y sumisa. Cualquier clase de poder. Y solo cede cuando el pueblo se rebela y ve peligrar su trono. En realidad, no cede, simplemente se rinde.

Ante esta máxima difícil de rebatir, a los ciudadanos de a pie solo nos queda un arma: pensar por nosotros mismos para combatir las mentiras del poder y ser felices. Todo aquello que vemos, leemos o escuchamos debería pasar por un solo filtro: el de los valores universales como la generosidad, la honestidad, la capacidad de sacrificio, la compasión, la amabilidad… y la coherencia, por supuesto. Para conocer la valía de un líder solo hay que contrastar lo que dice con lo que hace.

Un país donde la masa crítica busca incansable la verdad, a pesar de los constantes mensajes de manipulación de los poderosos, está a salvo de la destrucción. Hoy siento que el nuestro lleva tiempo deambulando por una cuerda floja y a punto de perder el equilibrio.

Resulta inaudito y escandaloso el número de tramposos, ignorantes e inconscientes que en este momento ocupan los poderes públicos; en todos los bandos. Lo que antes era la anécdota en nuestros días es la norma.

Pero lo más obsceno de la sociedad actual es cómo las masas se posicionan y defienden lo insostenible creyendo en las palabras de quien demuestra día a día una falta de honradez y capacidad pasmosas.

Ellos, los de uno y otro bando, fueron los que nos llevaron a las trincheras para matarnos entre nosotros; ellos, los de uno y otro bando, fueron los que resolvieron que había llegado la hora de la reconciliación; ellos, los de uno y otro bando, son los que ahora deciden que de perdón nada, que les conviene buscar de nuevo el rencor ya enterrado. Lo verdaderamente asombroso es que haya un solo ciudadano dispuesto a regresar al odio y al horror de aquellos años.

Lo cierto es que hubo una guerra atroz en la que combatieron dos bandos y que los dos querían ganar a toda costa. Pero la victoria solo podía ser para uno. La auténtica verdad es que el que pierde no se convierte de repente en el bueno de la cruzada sino en el perdedor; la auténtica verdad es que el que gana no se convierte en el bueno sino en el ganador. Y la auténtica verdad es que la mayoría de los soldados fueron arrastrados a un odio que no les pertenecía y que solo querían volver a casa para salvar su vida y la de sus familias. Todo lo demás es historia; una historia que los poderes han decidido desenterrar y tergiversar una vez más para utilizarnos y manipularnos.

Pero vamos a lo sustancial de este artículo, que me caliento y me voy por las ramas:

Después de la Segunda Guerra Mundial y de que el planeta hubiese vivido la mayor masacre de seres humanos conocida nació la ONU. El 24 de octubre de 1945 los estados miembros, entonces 51 y hoy 193, ratificaron la Carta de la ONU. Una Carta que podríamos resumir en el reconocimiento de «la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno». Es una carta de generosidad, de unión y de compromiso con todos y cada uno de los países del mundo y sus habitantes.

Bien, que alguien me explique qué está pasando con la mayoría de los jefes de gobierno actuales. ¿Pero de verdad vamos a seguir por estos derroteros y volver a las andadas? ¿No estamos escarmentados? ¿Vamos a ponernos de perfil mientras los políticos hacen y deshacen sin ningún tipo de pudor ni compromiso con los ciudadanos de su país? ¿Vamos a volver a levantar las armas en una guerra que no nos pertenece? ¿Es que no queremos ser felices?

Pues yo sí que quiero ser feliz; y como yo, todos y cada uno de los seres humanos de mi planeta. Y tengo más que claro que la mayoría de los que actualmente se deberían encargar de esta noble misión están a otra cosa: unos se van de copas mientras les presentan una moción de censura; otros usan el Falcón para irse de concierto o se procuran un doctorado para llegar al poder; los hay que gobiernan mientras insultan a sus vecinos diciéndoles que tienen un bache en el ADN; también hay algunos que enarbolan la bandera de la paz mientras venden bombas, o que vociferan el reparto justo de la riqueza y luego se compran un casoplón de un millón de euros, o están todo el día en las televisiones exigiendo igualdad siendo multimillonarios, o…

Esto es una desvergüenza y me niego a seguir a esta tropa como si me fuera la vida en ello.

Enlazando con el principio creo que, si queremos alcanzar nuestra felicidad y la de nuestro prójimo, es urgente que dejemos de seguir a guías ciegos y pensemos por nosotros mismos. Obviamente, ellos solo luchan por su propio bienestar, y ni eso son capaces de conseguir por varias razones: la avaricia, la mentira, la prevaricación, la manipulación, el ansia de poder, la separación, el enfrentamiento… Son férreos enemigos de la prosperidad.

 

Me encantaría recibir vuestros comentarios al respecto sobre cómo combatir las mentiras del poder y ser feliz. Desafortunadamente, los que tenemos una bitácora de este tipo, desde la entrada en vigor de la nueva ley de protección de datos, si queremos cumplirla, tenemos que tener desactivada la opción de comentarios hasta que wordpress.com se ponga al día e implemente los cambios necesarios. Así pues, os invito a entrar en mi página de Facebook a dejar vuestro comentario. Es de sumo interés para mí.

ENTRAR EN LA PÁGINA DE FACEBOOK DE MERCEDES PINTO MALDONADO

 

Gracias, queridos amigos y lectores.

 

Fuente imagen de cabecera: http://jjfrias.com

ola de escritoras feministas de pacotilla

¿Hasta cuándo esta ola de escritoras feministas de pacotilla?

En el día de hoy quiero reflexionar sobre la ola de escritoras feministas que invade Amazon, las redes sociales…, y  a las que no sé si considerar como escritoras feminomachistas. Ya sé que este post puede servir para que «me despellejen viva», pero creo que ha llegado el momento de exigirnos un poco más y apelar a nuestra sensibilidad y capacidad de reflexión si queremos salir del bache capitalista y pueril en el que ha caído la especie humana. Os dejo con mi reflexión sobre las escritoras feministas actuales.

No me tengo por una mojigata, y creo que estoy en lo cierto. Pocas cosas me escandalizan, solo la pobreza, la mentira, la hipocresía, la corrupción, el dolor o cómo algunos seres humanos someten a otros. Para mí un cuerpo humano desnudo no es más que carne al fresco que no me produce ni rechazo ni admiración, y que excepcionalmente es arte o belleza.

Pero en los últimos meses he sumado otro motivo de escándalo a mi conciencia: la manipulación flagrante que hacen algunos escritores de conceptos como el machismo o el feminismo y cómo algunos de sus seguidores los aplauden sin el mínimo pudor o sin darse un minuto para reflexionar si de verdad están de acuerdo.

Voy con un ejemplo gráfico: parte de los autores que constantemente denuncian la utilización de imágenes de mujeres semidesnudas en anuncios de todo tipo son los mismos que no tienen reparo en poblar sus muros, incluso las portadas de sus libros, de hombres musculados y sin ropa.

Aclaro que, aunque esta forma de promoción me parece zafia y banal, propia de quien está escaso de recursos, no por ello la condeno. No es este el tema que me deja atónita, sino la doble moral que lleva a rechazar ferozmente un anuncio de una chica en minifalda vendiendo un coche mientras mi muro está abarrotado de vídeos y fotografías de chicos desnudísimos y guapísimos. Suelen ser mujeres que se autoproclaman feministas acérrimas, a las que no les duelen prendas a la hora de entrar en cualquier hilo en el que, según ellas, encuentran cualquier atisbo de machismo. ¿Perdona? ¡Ole ellas!

La verdadera feminista lucha por la igualdad de derechos, igualdad, y tolera sin problema la decisión de cada cual de comerciar con su cuerpo, sea hombre o mujer. Si tanto comprador como vendedor lo hacen libremente, allá ellos. Otra cosa distinta a la tolerancia es el respeto, que deberíamos otorgárselo a quien nos produzca admiración por sus valores. No confundamos, tolerancia es «lo dejo pasar porque ni me afecta ni es de mi incumbencia», respeto es la admiración por alguien con cualidades excelentes o ejemplares, entre otras cosas.

Pero profundizando un poco más te encuentras el auténtico meollo del asunto. Lo peor no es la utilización de desnudos para vender lo que sea, sino la escasa hondura de quien vende literatura, en este caso novelas, manejando estos métodos. De verdad que me parecen eternos adolescentes enganchados al sexo a costa del seso.

Novelar es un arte; el arte de contar historias fabuladas con la mayor belleza y fuerza que seamos capaces de encontrar en nuestro interior. El artista de las letras es, por definición, un ser extremadamente sensible que mira el mundo más allá de recetas cocinadas y de sus cinco sentidos y luego lo cuenta sobre blanco.

El artista tiene un compromiso y una responsabilidad con su generación y las venideras. Está obligado a desmigarse por dentro cuando sufre el periodo creativo. El verdadero novelista, hasta en la historia más sencilla, nos describe el otro lado de la luna entre sus líneas.

Para exponer lo obvio ya está la misma vida o los medios de comunicación y sus secciones basura, siempre buscando el «efecto morbo» para enganchar.

¡Por la Santa Literatura Universal!, ¿hasta cuándo vamos a ver carne prefabricada en los gimnasios fuera y dentro de los libros? ¿Llegará el día en que cese esta ola de escritoras feministas de pacotilla? Y, sobre todo, ¿tendrá fin esta moda de usar la carne como cebo para los lectores?

Solo por curiosidad, os invito a entrar en cualquier plataforma de venta de libros y contar las portadas con hombres semidesnudos de libros escritos por mujeres, y después al contrario, las de mujeres con poca ropa de obras de hombres. Vais a alucinar, y más todavía si después os preocupáis de buscar las publicaciones de dichas autoras para ver cuántas de ellas abanderan ese falso feminismo.

No me aclaro, ¿qué es lo que queremos las mujeres?, ¿que los hombres dejen de vernos como pedazos de carne o que nos dejen toda la carne para nosotras?

Reivindicar que nos respeten como mujeres es un asunto muy serio que solo dará resultado si nos hacemos respetar dando ejemplo.

A ver, no digo que no pueda haber historias donde algún personaje tenga el perfil del típico chico guapísimo y riquísimo por el que todas las mujeres entregarían hasta la dignidad, incluso el protagonista. A mi modo de ver, en ocasiones está más que justificado. Pero, por favor, ¿siempre y en todas las novelas de las mismas escritoras, en la portada y en el interior, y en buena parte escritas por feministas radicales?

Aquí pasa algo y hay que remediarlo. Hemos de exigirnos un poco más y apelar a nuestra sensibilidad y capacidad de reflexión si queremos salir del bache capitalista y pueril en el que ha caído la especie humana.

Yo no me rindo, y me niego con todas las fuerzas a dejarme arrastrar por estos vientos en los que el físico le ha ganado la partida al espíritu; me niego a involucionar hasta convertirme en una troglodita que solo busca saciar sus instintos; me niego a renunciar al gozo que hay más allá de mis sentidos, aunque el camino sea más largo y abrupto; me niego a pedir un préstamo para operarme el paso de un tiempo vacío; me niego y me niego.

En la otra vida debí ser un salmón, porque cada vez que nado lo hago a contracorriente.