Sobre esto de escribir

mil razones para escribir

3 Consejos para autores indies que quieran escribir novela negra

Todas las novelas tienen su complejidad, pero especialmente cuando el autor quiere ofrecer al lector algo más de lo ya escrito, o simplemente se reta a sí mismo para crecer en su profesión.

No sé cuántos cientos de miles, millones de novelas del género negro se habrán escrito. Cuando comencé a escribir Una de las tres pensé que tendría muy difícil no repetirme. Es verdad que cada historia posee cierta singularidad por mucho que se asemeje a otras escritas, además de contar con el propio estilo del autor; pero esto no es suficiente.

Hasta ahora tengo cuatro novelas que podrían incluirse en el género negro: El fotógrafo de paisajes, Cartas a una extraña, Mensajes desde el lago y Una de las tres. En cada una de ellas he procurado distanciarme de las que conocía, ser yo misma, reinventar el género si hacía falta. ¿Por qué no? ¿Cuál es el problema?

Creo que la pericia está en dejar atrás el miedo de que al final la historia no sea aceptada en este género ni en ningún otro. El artista está obligado a romper moldes, a ofrecer su propia visión del mundo.

 

 

Consejo 1 para escritores indies que quieran escribir novela negra

No debemos dejarnos encorsetar, es primordial que el proceso creativo discurra en absoluta libertad, sin pensar en el resultado hasta que llegue el momento.

Como decía, antes de comenzar a escribir Una de las tres, reflexioné sobre la historia que tenía esbozada en apuntes y me pregunté si valía la pena escribirla y si ofrecía algo nuevo a los lectores. Entonces caí en la cuenta de que el propio planteamiento de la obra era realmente original: la novela exigía tres protagonistas cuyos papeles eran igualmente fundamentales para la trama, además de ser tan idénticas físicamente como diferentes psicológicamente.

Pensé, «Bueno, no he leído todas las novelas de la historia, pero creo que no debe haber muchas con tres protagonistas idénticas cuyas vidas hayan transcurrido en tres ciudades distintas». Parecía fácil en un principio, pero nada que ver, escribir desde tres perspectivas completamente diferentes, tener la capacidad de pasar de un escenario a otro sin desorientarme y a la vez ponérselo fácil al lector fue todo un reto. Por momentos pensé que tendría que abandonar, que tal vez no estaba preparada para un reto de ese calibre. Pero perseveré y la editorial Amazon Publishing se mostró muy interesada en el resultado.

Es curioso, este empeño de ser yo misma en cada una de mis novelas ha hecho que toda mi obra tenga un denominador común que no había advertido hasta hace poco: en el fondo en todas mis historias juego con el espacio y el tiempo, hay como un empeño de los personajes en superar estos parámetros regresando de algún modo a la niñez para comprender el presente.

También en Una de las tres, como en mis novelas anteriores, los personajes principales se enfrentan al reto de superar los obstáculos que suponen en la vida el espacio y el tiempo. Todo esto teniendo en cuenta de que no hablamos de novelas fantásticas, muy al contrario. Quién sabe, tal vez cuando ya no esté entre los vivos me recuerden por esto. ¿No sería genial? Me imagino alguna frase como: «Mercedes Pinto Maldonado fue una escritora cuyas obras son un pulso al tiempo y al espacio». Vaya… suena bien. Por soñar…

En el fondo qué más da cómo te recuerden cuando no estás, al final lo que cuenta es escribir lo que sientes y gozar haciéndolo, claro, y rezar para que el lector también disfrute leyendo el resultado y así poder ganarte la vida.

Consejo 2 para escritores indies que quieran escribir novela negra

No soy la primera en decirlo, pero creo que es de vital importancia recordar los escritores que comienzan la importancia de este consejo: «Lee todo lo que puedas, aprende de los maestros y, cuando abordes tu propia obra, olvídalo todo y sé tú mismo». Me parece que debería ser el único mandamiento para cualquier artista. Cierto, esta premisa no garantiza en absoluto el éxito, pero no hay otro camino para alcanzarlo y, cuanto menos, serás único e irrepetible.

La experiencia acumulada debe servirnos para manejar más y mejor las herramientas a la hora de escribir nuestra propia novela: aumentar nuestro vocabulario, perfeccionar el estilo, coger destreza para que nuestros textos estén claros, dar personalidad a los personajes, elegir de una forma instintiva los escenarios, describir con economía y exactitud para no aburrir al lector… Como digo, otros autores y obras deben ayudarnos a ser más hábiles, pero nunca, nunca, hemos de permitir que nuestras novelas sean una mala copia de otras.

Consejo 3 para escritores indies que quieran escribir novela negra

Querido escritor que comienzas, sé valiente, no tengas miedo a que tu novela no encaje en lo establecido. Al contrario, si tienes una idea novedosa llévala al papel y aventúrate a explorar terrenos desconocidos, esta es la única manera de que tu nombre sea tu propio sello y de aportar algo nuevo a la historia de la literatura. Me estoy acordando de Julio Cortázar, por poner un ejemplo de un escritor que rompió todos los moldes.

Las críticas de Una de las tres dicen que es novela negra, pero no exactamente; que es un thriller, pero distinto; que tiene algo de policíaca, pero que no encaja en este género; que pudiera ser contemporánea, pero…

Nada de lo anterior importa, lo esencial es que los lectores agradecen una historia diferente, llena de sorpresas, que engancha y emociona y que su final no deja a nadie indiferente. Bien, fui valiente y yo diría que lo conseguí; abordé una obra compleja, pero el lector no lo nota y pasa las páginas fluyendo y disfrutando. Qué más da todo lo demás, por qué criticar que una novela se salga de las normas establecidas cuando lo importante es que cumpla su objetivo: arrancar al lector de su realidad para adentrarlo en otra paralela tan fascinante que no desea regresar, como si estuviera disfrutando de un maravilloso sueño del que no quisiera despertar jamás.

 

 

Lo dicho, querido escritor que comienzas lleno de dudas: que nadie te diga jamás lo que quieres escribir, solo los mediocres aconsejan no salirse de las normas.

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reconocer un libro escrito por un escritor fantasma o negro literario

Cómo reconocer un libro escrito por un escritor fantasma

¿Serías capaz de reconocer el libro de un escritor fantasma? Hoy comparto con vosotros cómo se puede distinguir el texto de un escritor fantasma (también conocido como negro literario). Al menos os cuento cómo lo hago yo.

 

Sobre la literatura actual hay un tema que me sorprende y a la vez me inquieta. Aunque parece que no es nada nuevo. He podido comprobarlo recientemente por mera observación. Me refiero a la doble personalidad de algunos escritores, o Trastorno de Identidad Disociativo, que resulta más académico. Y digo algunos, muy pocos; la mayoría no tiene nada que ver con este asunto.

Últimamente me ha pasado que después de leer las obras de tres escritores y quedar satisfecha con la experiencia, he visitado sus páginas (blog, Facebook, Twitter…) y he tenido que asegurarme de estar leyendo a los mismos autores. ¡Es inaudito! Alguien que escribe una novela en la que apenas encuentras las erratas propias de los típicos despistes (no solo de los autores, sino también de correctores), no puede de ninguna de las maneras, escribir en las redes como un niño de diez años. Es cierto que a veces las prisas o no contar con un corrector que te repase el texto dan lugar a deslices gramaticales como olvidar un artículo, comerse una letra, omitir una tilde… incluso cometer graves faltas de ortografía. No me refiero a esto, no son errores accidentales, es su manera natural de escribir, no saben hacerlo mejor.

Por ejemplo, sabemos que los manuscritos originales de la elegante e impecable Jane Austen carecían de una buena ortografía. Bajo mi punto de vista, esto es lo de menos, es algo que se aprende con el estudio y la práctica y se subsana con ayuda profesional. Ella poseía lo importante: imaginación y capacidad narrativa, además de un estilo propio.

Insisto, no estoy hablando de los traspiés propios que se cometen por mucho que se conozca el camino, no, es mucho más interesante. Me refiero a no acertar ni por estadística con el género y número del sujeto y el predicado, o directamente saltarse el sujeto (no porque sea sujeto omitido, sino porque no existe y punto), poner frases a medias y mal hilvanadas (como lo hubiese hecho mi abuela, que la pobre fue al colegio un par de años), escribir subordinadas y pasivas enrevesadas que no se entienden ni echándole imaginación, confundir reiteradamente el imperativo con el infinitivo, no poner jamás la coma después del vocativo, calzar adverbios que no entran en la frase ni a martillazos, escoger las preposiciones al azar, ¡inventar palabras! solo porque a ellos les suenan lógicas en su pobre lenguaje… Es que son muchas cosas. Y no, no cuela, alguien que escribe así en sus páginas no puede ser el autor de un libro medianamente aceptable.

Antes de continuar quiero aclarar algo: yo misma, desde hace doce años, tengo dos libros publicados sin la debida corrección, porque la editorial no se preocupó de hacer su trabajo y yo no tuve la precaución de corregir debidamente antes de enviar el manuscrito. ¡Ay, las prisas del novato! No obstante, creo que no era falta de estilo literario, como son los casos que os apunto, sino de experiencia y práctica. Y también encontraréis alguna que otra errata en el resto de mis obras, nos pasa a todos; en casa tengo libros de grandes autores y conocidas editoriales con erratas que quiebran pupilas. Pero no hay trampa ni cartón, así escribía yo, no hace doce años, sino al menos quince, cuando nacieron estas novelas, y mis errores eran los mismos que podía cometer en mis páginas en aquellos momentos.

reconocer un libro escrito por un escritor fantasma

Pero sigamos con nuestro tema y, para entendernos, pongamos algunos ejemplos vistos últimamente en páginas de escritores con buenas novelas en el mercado. Voy a cambiar algunas palabras para no enfadar a los autores en cuestión, no sea que pasen por aquí, se reconozcan y se líe la de San Quintín; aunque de todas formas al final siempre se da por aludido el que menos tiene que ver. Vamos allá. Os aseguro que para nada exagero.

Frases con género y número distintos a los del sujeto:

Aunque estoy lejos, me ayudáis a seguir luchando por estos mares, muchas veces duro, desagradecido y complicado.

Esto, como comprenderéis, no es un simple descuido, sino una manera genuina de expresarse. Supongo que el escritor quiso decir algo así: «Aunque estoy lejos, siento que me ayudáis a seguir luchando en este difícil mundo, muchas veces duro, desagradecido y complicado». Con todo, cualquier mortal se hubiese expresado con más sencillez y claridad: «Desde la distancia siento que estáis conmigo en esta lucha, a veces dura, ingrata y complicada».

Frases sin sujeto:

De escoger un paisaje u otro.

No es que sea una oración impersonal (algo obvio) o con sujeto omitido porque se sobreentiende, os aseguro que en el texto (de tres líneas) no se intuía ni por asomo el sujeto. Supongo que el autor quiso comunicar algo parecido a esto: «A veces todo depende de qué paisaje elijas», pero son meras conjeturas mías.

Textos escritos como si hablara un indio de las películas del Oeste:

He llegado a casa. Esta tarde no saldré. Me haré café. Para ponerme a estudiar…

Si las lees en voz alta no te librarás del hipo.

Frases con adverbios o conjunciones sin sentido:

Nos saludamos también unos días.

Pues… yo qué sé a qué viene ese «también», en el escueto párrafo no se adivina el motivo del adverbio.

A veces hay que dejar lo que nos hace felices, pero las responsabilidades mandan.

Más de lo mismo, ¿«pero»?, ¿por qué?, si al incluir la conjunción terminamos negando lo que queremos afirmar.

No solo lo digo yo, sino que cada vez se dice más.

Otra frase más de alguien que no sabe escribir. ¿A qué viene el «sino»?, cuando es una conjunción adversativa que contrapone un concepto afirmativo a otro negativo anterior. Tal vez quiso decir: «No solo lo digo yo, cada vez se dice más». O «No lo digo yo, sino gran número de personas». O quitamos el adverbio «solo» o eliminamos la conjunción adversativa «sino». Algo sobra.

Cómo os diría… da la sensación de que el preparado e imaginativo autor quiere demostrar su dominio del lenguaje haciendo filigranas que solo demuestran su pasmosa ignorancia.

 

Palabras inventadas:

Paguato, por pazguato.

Torciente, que tiene la capacidad de torcerse. Supongo.

Mindungui, por mindundi.

Aférrimo, por acérrimo.

Saludos sin sentido o con mensajes cifrados:

Buenos días, en general, y feliz día a todos.

¿A qué viene lo de «en general»? ¿Será que el atento autor desea un buen día a la mayoría, salvando a una minoría, y ya eso de ser feliz que sea para todos? Algo se me escapa.

Frases imperativas con un infinitivo:

Por favor, escuchar esto.

De estas las hay para sembrar la Groenlandia.

Otra que no sé cómo clasificar:

Invito a los que quieran reunirse conmigo a que haga un bizcocho.

Supongo que quiso decir algo así: «Invito a los que quieran reunirse conmigo a hacer un bizcocho». Aunque lo que alguien de a pie diría con toda sencillez sería: «Si os apetece, estáis invitados a hacer un bizcocho conmigo». No, no, sin el «si os apetece» ni el «conmigo», ¿para qué? «Os invito a hacer un bizcocho», la invitación en sí misma brinda la opción de hacer o no el bizcocho con este autor cocinero e indica que no es una obligación.

La frase es digna de analizar: «a que haga»… ¿quién?, ¿él?, ¿tú?, ¿contigo o «sintigo»? Que ya no sé ni lo que me digo. ¡Madre de las letras! No tengo palabras. Esto lo escribo yo en la EGB y mi profesor de lengua se tira por la ventana, máxime cuando este autor ha publicado un libro en el que enseña a escribir una novela.

Vaciedades y bobadas por falta de imaginación y la necesidad incontrolable de asomarse a las redes:

Qué decir cuando te llega una notificación que te avisa de que el autor de uno de tus libros favoritos ha publicado y tú lo dejas todo para saber de primera mano de qué trata, para luego encontrarte esto:

He bajado las persianas porque había mucha luz, porque con tanta luz me cuesta echarme una siesta.

Te quedas mirando tus persianas y te dan ganas de liarte a mamporros con ellas.

Me acaba de pedir amistad una tía buenísima.

¡Anda!, igual es el comienzo de su próxima novela. No, es que no se le ocurre nada mejor y tiene el muro del Facebook muy parado. «¡Horror! Mis lectores se van a olvidar de mí, nooo…».

Hay algunos que han convertido sus páginas en diarios médicos:

Buenos días, estoy feliz, el análisis salió perfecto.

Por fin me quitaron la muela del juicio.

La rodilla bien, pero ahora me duele la cadera. Perdonad que no asome mucho por aquí.

Pero a la media hora se asoma, vaya si se asoma, para dar un importante comunicado:

Gracias por interesaros por mí (tenía tres «me gusta»), me tomé un ibuprofeno y estoy mucho mejor.

Esto es una mínima muestra, os aseguro que me quedo corta. Los autores de estas perlas son reincidentes, incurren a diario en los mismos errores y naderías, ejemplos hay para aburrir. Y lo más importante; son los mismos que tienen novelas publicadas cuyos estilos, si no impecables, son bastante aceptables y hasta dan lecciones sobre cómo escribir correctamente. ¿Es raro o no?

Este insólito fenómeno solo puede tener una de estas tres explicaciones:

Padecen un Trastorno de Identidad Disociativo.

En otra vida fueron grandes autores y aprovechan cada regresión, inducida o espontánea, para novelar.

Tienen un escritor fantasmanegro que escribe por ellos. No vale un corrector por bueno que sea, son textos de difícil arreglo, hay que reescribirlos.

 

Normas básicas del novelista. 5ª Antes de escribir

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El escritor, en este caso el novelista, siente constantemente una necesidad incontrolable de plasmar sobre la página en blanco todo lo que le inquieta, tanto si lo percibe de su entorno como si lo siente o lo cocina en su imaginación, con la esperanza de compartirlo algún día, de comunicarse con alguien y ser entendido. Sentirse sobrecogido por la hoja inmaculada es humano, consecuencia de la responsabilidad que supone llenar un vacío; antes de comenzar todas las maravillas son posibles, pero una vez escrita la primera palabra ya solo queda continuar o quedarse mudo para siempre. Es como el miedo escénico del actor, no es que le inquiete no saber qué va a decir, se sabe su papel, o debería, sino que siente un gran respeto ante el espectador, el cual ha pagado su entrada con la esperanza de disfrutar, de aprender, de salir conmovido por una experiencia diferente.

Otra cosa muy distinta es mimetizar con la “nada” del papel, ponerse delante esperando que surja un “cuento” por ciencia infusa. No, las musas no visitan a los que miran embobados al vacío. Como mucho, al final resultará un enchorizamiento de naderías que no interesará a nadie. Al buen novelista la idea a comunicar le bulle en la mente mucho antes de plantarse ante el papel. Previamente ya conoce a los personajes principales: sus pasados, sus miedos, sus presentes y futuros. Como, naturalmente, sabe qué mensaje subyace en la trama y cómo lo va a argumentar. Lo que no quiere decir que durante el desarrollo de la historia no asomen nuevos personajes, o que alguno de ellos se rebele e interaccione con el resto sorpresivamente hasta el punto de cambiar algunos aspectos de la idea original; estas cosas pasan a nuestro pesar, son parte de la magia del proceso creativo de un cuento.

En varias ocasiones he escuchado a autores conocidos decir que sus historias surgen sobre la marcha, que comienzan a contar sin la más remota idea de “el qué”. Os digo que se les nota, y mucho, nada que ver con aquellos que han puesto en marcha su imaginación antes de abrir el Word, y no al revés. Y qué decir de los que comienzan cogiendo apuntes y haciendo un esquema general de la obra (planteamiento, nudo y desenlace)…, estos ya tienen asegurado un cuento coherente y el respeto de sus lectores. Tienen, además del don, el oficio.

El consejo de esta humilde escritora: “Si tienes algo que contar pero no sabes cómo, ten paciencia, espera el tiempo suficiente hasta que tus ideas echen raíces y cojan forma, infórmate, lee sobre el tema, verás que cuando menos te lo esperes aquella primera idea estará madura y lista para escribir. Y si no tienes nada que contar, ¿para qué escribir? , si este es un oficio de pobres y locos”.

Hasta dentro de dos semanas, espero.

Normas básicas del novelista. 4ª El anacoluto

Cuando entregados e ilusionados nos disponemos a leer un texto, lo primero que deseamos fervientemente es enterarnos del contenido sin tener que apartar los tropezones; luego ya veremos qué más nos encontramos. Y cuando se trata de una novela (en la cual desde la primera página a la última hay un largo trecho por recorrer y entraña un argumento hilvanado con subtramas), poder comprender, sin la necesidad de poseer una inteligencia brillante o terminar con el intelecto seriamente perjudicado por el esfuerzo, es básico para que aquello que abordamos con entusiasmo no se convierta en una tortura. Cualquier buen cuentista ha de cumplir dos premisas fundamentales: tener algo que contar y contarlo bien, con su propio estilo, pero bien. De ahí que considere el anacoluto uno los mayores enemigos de la novela. Aunque en contadas ocasiones contribuya a dar énfasis o belleza a una oración, y escrito con toda la intención pueda tener el efecto de un tropo muy oportuno, pienso que este tipo de recursos debe ser utilizado con economía y talento; porque no podemos olvidar que entre un texto y el lector debe haber una comunicación fluida, que, repito, no por ello carente de belleza o estilo.
Dice el diccionario:
R.A.E: Anacoluto. Inconsecuente. Inconsistencia en la construcción del discurso.
elmundo.es: Anacoluto. m. GRAM. Construcción que rompe el orden lógico y gramatical de un mensaje por la falta de coherencia sintáctica entre los elementos de la oración: el anacoluto es una incorrección gramatical que debe evitarse.
O sea, el anacoluto es el resultado de una idea expresada por un incapaz para tal menester, hasta el punto de correr el riesgo de terminar diciendo lo contrario a lo desado.
Hay un célebre escritor, archibestsellerado, hiperrecononcido y megapremiado, cuyos libros son un enchorizamiento de anacolutos dignos de estudio. Podría poneros cientos de ejemplos, pero creo que para muestra un botón (si alguien está interesado puedo pasarle alguna de las muchas páginas de internet donde podrá encontrarlos).
En una de sus obras, vendida y traducida hasta la saciedad, el laureado autor dice:
“Qué desgracia saber tu nombre aunque ya no conozca tu rostro mañana, los nombres no cambian y se quedan fijos en la memoria cuando se quedan, sin que nada ni nadie pueda arrancarlos”.
Os agradecería enormemente que reflexionarais largo y tendido sobre esta frase y me sacarais de esta duda, causa del suicidio en masa de mis neuronas. ¡¿Qué puñetas quiere decirnos el escritor?! ¿Acaso que “siente saber su nombre porque sabe que mañana la perderá”? ¡Narices!, pues que lo diga. ¿O quería decir…? A saber… Nunca podremos estar seguros, porque ha sido incapaz de expresarlo. Ni esto ni tantas cosas…
Insisto encarecidamente, este es solo un ejemplo de los cientos anacolutos que plagan las obras del aludido escribidor.
Podría jurar que si en una de mis redacciones de E.G.B se me hubiese ocurrido introducir una frase remotamente parecida a la anterior, hoy no tendría el Graduado Escolar sin haberla rectificado.
Ya sé, alguno está pensando que es su manera de contar, que le gustan sus historias, que ha disfrutado leyéndolo, incluso que es un magnífico escritor. Vale, toda opinión es respetable, nada que objetar; pero, por favor, pensad en cuánto hay en todo ello de propaganda y cuánto de libre opinión.
Al igual que muchos de los que me estáis leyendo, suelo terminar el día con un buen número de textos en mi haber, vuestros, de otros blogs, de prensa, o de la última novela que me traigo entre manos. Puedo aseguraros que muchos de vosotros escribís con más claridad y sensibilidad que tantos consagrados. Cada vez estoy más convencida de que si quieres disfrutar leyendo basta con darse un garbeo por la red; las mesas de novedades de las librerías encierran desagradables y enrevesadas sorpresas.
Hasta dentro de diez días, con la sexta y última entrada para el concurso de María Jesús Paradela , espero.

La cocina del mundo editorial

AVISO: Perdonad, esta entrata estaba programada para el domingo, pero no sé dónde le he dado y… Ya hay dos comenterios, así que la dejo. ¡Qué despiste!

Hoy quiero compartir con vosotros algo muy personal, me ocurrió
hace unas semanas. Como muchos de vosotros sabéis, desde hace meses soy
representada como autora por una agencia literaria. No tengo que explicaros lo
difícil que es conseguir que tus obras vean la luz en este cada vez más corrompido
mundo de la literatura. Anteriormente tuve dos editores y ninguno se preocupó
lo suficiente de defender mis obras, por muchas razones, supongo, pero básicamente
porque a ambos les importa más el negocio que el arte; no les culpo. La
cuestión es que rescindí mis contratos para buscar nuevas editoriales,
especialmente para “La última vuelta del scaife”, una obra en la que confío.
¿No os ha pasado nunca que sabéis que uno de vuestros hijos tiene un don y no
termina de ser reconocido? Puede que finalmente me equivoque, y que peque de
ingenua o de engreída; pero así lo creo. Bien, la “anécdota” surge cuando la
citada novela es enviada a un “lector profesional” que trabaja para mi agencia,
el cual tiene la misión de emitir un informe de lectura para valorar sus
posibilidades en el mercado. Recibí dicho informe…, no sé si alguna vez me he
sentido tan humillada y triste. No porque me afecte demasiado lo que pueda
decir un papel escrito por alguien que no posee la mínima sensibilidad para la
literatura; haberlos, haylos, y me tocó uno. Lo que de verdad me apenó fue que
había emitido un juicio de valor sin haberse leído la novela, o lo hizo
mientras veía un partido Madrid-Barça. ¿Cómo puede una persona tener el descaro
de opinar, ni negativa ni positivamente, sobre algo sin conocerlo? ¿Cómo es
posible que nuestra amada literatura española, que ha sido referente universal
durante siglos, haya caído tan bajo y ahora dependa de “lectores literarios” de
este calibre? Me entristece enormemente esta última cuestión, y no me extraña
en absoluto la dificultad que en nuestros días y país supone encontrar en el
mercado una obra de calidad. Ojo, no digo que la mía lo sea. Sé que no se  leyó la obra, entre otras muchas cosas,
porque en una página y media incurre en dos errores de bulto: por un lado dice
que Carlos, uno de los personajes, estudió medicina, cuando era diplomático; y
por otro que Kuaima, otro de los protagonistas, hablaba español, cuando se dice
y se explica durante la primera mitad de la novela hasta la saciedad que hablaba
bantú (lengua del pueblo herero) e inglés. Esto por poner una simple muestra.

En un principio pensé en tirar la toalla, de mero hastío y
cansancio, y llamé a mi agente con esta intención; pero luego, digerido el
trago, me dispuse a escribir a dicho lector, por medio de mi agente, ya que desconozco cualquier dato sobre su persona, y criticar su crítica.

No os he traído la “crítica” y la “crítica a la crítica”
para no cansaros, son casi dos páginas la primera y otras siete la segunda. Pero
si alguno tiene interés, más que nada por conocer cómo funciona este mundillo
literario y lo que se cuece en la cocina, no tengo ningún problema en enviárselas. Ahora sí, os advierto, para
comprender, hay que leer con atención.

Hasta el domingo próximo, espero.