¿Qué es una buena novela?

¿QUÉ ES UNA BUENA NOVELA?

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Soy una consumidora de ocio. Por mi educación y vivencias leer novelas forma parte del poco esparcimiento que me deja el día a día. No las he contado, pero he leído miles, y no pocas he abandonado sin terminar. No soy de esos lectores que se flagelan en sus ratos de evasión, ya se encarga la vida de este menester. Creo que estoy preparada para distinguir entre una novela buena o mala, siempre teniendo en cuenta el grado de subjetividad que implica el análisis de una obra de arte y de que hay toda una gama intermedia entre la mejor y la peor y un rosario interminable de matices que requerirían un largo y complejo estudio no apropiado para un post.

Primero quiero dejar claro que hablamos de la novela, “libro” es una palabra más genérica que engloba muchas disciplinas, no necesariamente encaminadas a disfrutar en nuestros recreos. Antes de comenzar a leer una historia novelada tengo la misma sensación que cuando compro una entrada para el cine: estoy llena de expectativas, espero ser sorprendida, que el autor consiga arrancarme de mi realidad, no importa cómo, y me traslade a otra paralela. He de creérmela, vivirla, implicarme en la trama; debo sentir la necesidad imperiosa de salvar al protagonista, empatizar con sus miedos y alegrías; los personajes han de plantarse ante mí como personas, con una existencia real. No quiero que el autor me hable de la guerra, quiero estar en medio de un bombardeo; no quiero que el autor me hable del amor, quiero enamorarme; no quiero que el autor me hable de un día soleado, quiero que en mi habitación cerrada, ya en la cama bajo mi tulipa, se haga un amanecer espléndido y que la luz del sol me ciegue y su calor me reconforte. Pero además, quiero que todo esto ocurra sin esfuerzo alguno por mi parte, es mi hora de disfrutar, no de trabajar, y si he de esforzarme será por la curiosidad que me suscita y de una forma voluntaria, hasta tal punto la obra debe suscitar mi interés. El lector es como un niño ante una sensación tan nueva como vibrante. El buen novelista te hace soñar despierto.

Este ejercicio de hacer fácil lo imposible es el resultado de un trabajo muy complejo y de una intuición muy fina, casi innata en el cuentista, que no debe olvidar que no escribe para su propio regocijo. A menudo me he encontrado “novelas” que no son más que la mera manifestación pública de cuánto sabe su autor de este o aquel tema; para esto ya están los libros de texto. Los hay peores, que juntan un montón de ideas simplonas y les ponen una preciosa portada convencidos de que impresionarán al mundo. El verdadero novelista respeta al lector en lo más profundo, porque ha estado en el otro lado durante años, y sigue en él, solo que ahora lee con ojos de escritor.

Cada autor conseguirá o no atrapar al lector entre sus páginas dando lo mejor de sí mismo:

*Se preocupará de conocer la lengua en la que escribe día tras día, siempre tendrá la sensación de no saber lo bastante.

*Antes de escribir, conocerá a sus personajes principales: su currículum, cómo caminan, cómo hablan, cómo huelen… sabrá de sus pasados, de sus miedos y anhelos. Esto hará que se manifiesten con naturalidad escena tras escena y que se den a conocer sin esas pesadas descripciones que tanto aborrece el lector.

*Se hará al menos un ligero boceto de la incipiente obra que bulle en su mente, un esquema inicial orientativo; ya se encargarán esos personajes tan auténticos de desmontar y montar a su antojo; son los puñeteros amos.

*No se pondrá a la tarea hasta estar seguro de que su historia es única y conmovedora, tanto que él mismo se desgarra al pensarla.

*Escribirá, tachará, escribirá… hasta estar convencido de que no hay una forma más sencilla de contarla; los textos complejos son como los tropezones en la bechamel. En literatura, como en casi todo en la vida, más es menos.

*Deberá saber discernir lo auténtico de lo falso de sus palabras. El lector reconoce enseguida dónde hay un escritor o un “juntaletras” o “rellenapáginas”.

*Cuando ponga el punto y final comenzará el verdadero trabajo, porque es tan honesto que sabe cuántos textos hay entre las páginas que se pueden escribir mejor, o que sobran, o que faltan. Corregirá hasta el cansancio, con la única intención de que ese consumidor de novelas disfrute con el mínimo esfuerzo.

Ahora sí, deberíamos tener ante nosotros una BUENA NOVELA con:

*Una historia única y conmovedora.

*Unos personajes reales, con un carácter perfilado, bien diferenciados entre sí.

*Una estructura coherente, bien planteada. En un lugar real o imaginario que no entrañe secretos para nosotros que luego hagan perderse al lector. Mucha atención al desarrollo cronológico, no resulte una hija mayor que su madre, o un personaje que había muerto en la página cuarenta resucitado en la doscientos.

*Bien escrita: sin erratas, ni errores de sintaxis, ni faltas de ortografía, ni reiteraciones, ni textos farragosos o innecesarios, ni descripciones cansinas, ni personajes de relleno que queden olvidados absurdamente. Cuidado con los diálogos prescindibles que no llevan a ningún sitio, como: «Hola, qué tal has dormido» «Bien, ¿y tú?» «Estupendamente. ¿Has visto las llaves del coche» «Creo que están en el aparador» «Muchas gracias. Me voy, llego tarde». Después él marido cierra la puerta y pasamos a otra escena. Pregunto, ¿para qué? O con las escenas sin sentido. ¿Qué le aporta al lector aquello de “Se levantó, se estiró, bostezó, se puso el batín, dio diez pasos hasta el baño y se lavó la cara. Después dejó la toalla distraídamente sobre el lavabo, miró hacia la ventaba que estaba a su derecha y comprobó que hacía un día espléndido”? ¿No es más fácil para todos “Se despertó y, después de refrescarse la cara, más despejado, comprobó que hacía una mañana espléndida”?

*Un desenlace coherente que lleve al final adecuado, mejor si es sorprendente, aunque no es necesario y no todas las novelas lo requieren. Lo que sí es imprescindible es que el lector cuando llegue a la última página suspire y piense: «Es un buen final para una buena historia».

Que qué es una buena novela, pues ya lo han dicho muchos grandes: una buena historia bien contada. Que cómo se consigue escribirla: con don, dedicación y vocación.

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