La última vuelta del scaife

La ultima vuelta del scaife

«La última vuelta del scaife», la mejor obra de una pésima escritora

Creo que empecé a escribir esta novela hace unos veinte años. Entonces escribía por mero placer ––ahora también, pero soy más consciente de que mis escritos son leídos y de que realizo un trabajo––. Tardé dos años en ponerle el punto final. En el transcurso de ese tiempo disfruté y aprendí a parte iguales. Me documenté sin prisas, tomé apuntes de las más diversas fuentes, leí a los grandes del género, viajé a casi todos los lugares que aparecen en la historia, perfilé los personajes hasta que me convencieron de su existencia y, sobre todo, conseguí plasmar un sentimiento que he abrigado desde que tengo conciencia: «Por mucho que consigas en la vida, si perdiste el amor, finalmente no dejarás nada en este mundo y tu existencia será baldía».

Pero yo quería escribir una novela, no un tratado filosófico sobre cuestión alguna; deseaba imitar de alguna manera a esos escritores que con sus obras habían sido capaces de trasladarme en el tiempo y en el espacio hasta el punto de hacerme olvidar completamente mi realidad. El médico; Sinuhé, el egipcio; Tras la huella del hombre rojo; El último judío; El clan del oso cavernario… y muchas más fueron mi inspiración.

Cuando la acabé, me sentía tan orgullosa de mi obra que decidí luchar por su publicación.

Una prestigiosa agencia literaria emitió su primer informe de lectura. Fue descorazonador, un duro golpe a la confianza que entonces le tenía al mundo editorial. Me explico: no es que estuviera en desacuerdo con la crítica del lector profesional; es que, obviamente, no se había leído el libro o, siendo muy generosa, no había pasado de la página cincuenta. Pero lo que más me dolió no fueron sus comentarios incoherentes y sin correspondencia alguna con el contenido de mi novela; lo peor fue que no reparó en sus auténticos errores, imperdonables en una historia que por su contenido se hubiese merecido un escritor más versado en el arte de novelar que yo, que en aquella época no era más que una aficionada a juntar letras. Mala estructura, abundancia de descripciones y textos innecesarios, imperfecta sintaxis, exceso de faltas de ortografía… Sobre esto debió hacer hincapié el lector profesional y no opinar con tanta desfachatez de lo que no había llegado a conocer. Repito: creo que la historia es buena, la mejor que he escrito, pero la escritora era pésima ––espero haber aprendido algo durante estos años––. Aquellos que la habéis leído sabéis que digo la verdad; no pocos me habéis comentado que es de los mejores libros que han caído en vuestras manos, y también me habéis dicho que es una lástima que no esté pulida como se merece.

Lo peor de todo es que conseguí que me la publicaran: tres editoriales de mayor o menor calado se han encargado de explotar esta obra desde hace quince años y ninguna de ellas se ha molestado en corregirla. ¡Qué impotencia!

Bien, queda poco más de un año para recuperar los derechos de La última vuelta del scaife y es tal mi necesidad de asearla como es debido que desde hace tiempo está en manos de la correctora que se merece: Ágata Vehí de la Paz. Si estáis pensando en corregir vuestro libro, os la recomiendo sin dudar.

Así que, en cuanto vuelva a ser mía, la publicaré como es debido y como os merecéis todos.

Si alguien tiene interés en comprobar si es cierto lo que hoy os cuento, podéis conseguirla aquí y en todas las plataformas digitales. Está publicada por Ediciones B, actualmente Penguin Random House.

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La última vuelta del Scaife (extracto)

Queridos amigos y lectores:

Hoy quiero compartir con vosotros un extracto de mi novela La última vuelta del Scaife. Quizá no es mi obra más conocida, aunque sé que quienes la han leído le tienen un especial cariño. Lo he dicho en muchas ocasiones, este es mi hijo el amado, porque fueron dos años de duro trabajo y porque creo que resultó una historia bella, universal e intemporal. El texto que os traigo, en su esencia, es de rabiosa actualidad. 

Espero que os guste.

***

En el camarote del Woermann, mientras los protagonistas de La última vuelta del scaife viajaban a África del Sudoeste, surgió una conversación entre un judío ortodoxo y un sacerdote católico.

«El padre Marcus fue mi compañero durante gran parte del largo viaje, resultaba muy grato amanecer con sus cordiales buenos días. Los demás ocupantes del camarote también se mostraban contentos de tenerlo entre ellos. Siempre dispuesto a servir y a mantener una buena conversación. Tuve oportunidad de entablar con él muchos diálogos que para mí fueron muy reveladores.

Yo era un joven callado, quizás porque me gustaba escuchar, pero con el padre Marcus intervenía en las conversaciones, incluso acaloradamente, con mucha más frecuencia de lo que era normal en mí.

Una mañana, nos encontrábamos hablando en el camarote de las diferencias de nuestras respectivas religiones y le pregunté:

–¿Por qué los cristianos están tan convencidos de que Jesús fue el Mesías?

El sacerdote, sorprendido por mi directa y clara pregunta, adoptó un gesto más circunspecto de lo que era habitual en él y me contestó:

–No nos faltan razones; razones que avala la Torah que viaja contigo. Según quien la interprete, claro está. Por eso, también tú, que sé eres un estudioso de ésta, encontrarías otras muchas  con las que argumentar lo contrario. Quizás no sea esa la cuestión, aunque podríamos discutirlo. Yo creo que la pregunta sería por qué nos empeñamos en agarrarnos a aquellas cosas que nos diferencian entre nosotros si estamos de acuerdo en lo importante. Es posible que tengamos miedo, miedo a perder nuestra identidad.

–Nunca lo había visto de ese modo –dije con curiosidad.

Pero el padre no había terminado y no quería acabar el comentario sin decirme esto último:

–Si yo aceptara tu credo dejaría de ser católico, lo que siempre he sido, algo que me ha permitido formar parte de un grupo que me ha marcado y guiado toda mi vida, para pertenecer ahora a otra comunidad que al fin y al cabo adolece del mismo defecto que la mía: basar su evangelización en todo aquello que la diferencia del resto de las religiones y no en el credo común de todas ellas, que es lo verdaderamente importante. Dime una cosa Josué, si estamos de acuerdo en lo fundamental, ¿por qué no aceptamos nuestras diferencias? Es posible que los dirigentes de cada una de las distintas formas de culto sean los culpables y hayan empañado el auténtico mensaje en su propio interés, ya que su poder es proporcional al número de fieles; fieles que mantienen gracias a esas diferencias –el padre seguía con su explicación, manifestando abiertamente que aquella cuestión le interesaba especialmente–. Que yo crea que Jesús fue el Mesías y tú todavía lo estés esperando son creencias heredadas de nuestros maestros, quiero decir que, con toda probabilidad, si tú hubieras nacido en una comunidad cristiana, en estos momentos dirigirías tus oraciones a Jesucristo y no tendrías la menor duda de que fue el Mesías y el hijo de Dios. ¿No te parece absurdo que la verdadera identidad de Jesús dependa de que quien hable de él pertenezca a una religión u otra por puro azar? De todas formas, si quieres saber si fue el Mesías o no, deberías de buscar tú mismo la respuesta, porque si yo intentara aclarar tu duda, en el fondo, pensarías que detrás de mis explicaciones se encierra cierto intento de manipulación para captar fieles y, créeme, nada más lejos de mi intención. ¿Por qué crees que me mandan tan lejos? Se me escapan los peces más gordos, no tengo el poder de convencer y en la comunidad a la que pertenecía en un principio provocaba más perjuicio que beneficio.

 

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Yo seguía sus palabras con gran atención, nunca me habían hablado en aquellos términos sobre un tema tan crucial en mi religión.

–Y después de este discurso –continuó ahora con su acostumbrado tono amable–, déjame decirte que no me cabe ninguna duda de que Jesús fue un judío extraordinario, fiel al mensaje del Padre hasta su muerte, y que cuando he sido asaltado por alguna vacilación sobre si fue o no el esperado Mesías, he buscado la respuesta en su propio ejemplo y mis dudas se han disipado como la noche cuando es sorprendida por el resplandeciente sol.

–Pero… aceptar que una de las religiones está en lo cierto sobre este tipo de cuestiones implica también admitir que las demás están equivocadas –dije en un nuevo intento de encontrar la respuesta.

–Déjame contarte una historia Josué: Hubo una vez un pueblo nómada que llevaba varios días sediento porque no encontraba agua a su paso. Dos de sus hombres, desesperados por la dura situación, decidieron buscar nuevas rutas. Cada uno de ellos propuso un camino diferente, convencido de que su propuesta era la más acertada. Finalmente, el grupo se dividió: unos siguieron al líder que proponía desviarse hacía la derecha y otros al que opinaba que era mucho mejor la ruta de la izquierda. Al día siguiente, los dos grupos se volvieron a encontrar a las orillas de un claro y fresco arroyo que calmó la sed de todos. Solo perdieron la vida aquellos que dejaron de caminar, en uno y otro grupo, faltos de esperanza. Dime, Josué: ¿Quién crees tú que estaba equivocado?

Había prestado gran atención a la historia del padre Marcus y elaboré mi respuesta con suma rapidez:

–Los que dejaron de caminar por falta de esperanza.

–Bien, Josué, tú mismo has disipado tus dudas –dijo el sacerdote dando por terminada la conversación.

Pero no estábamos solos en el camarote, desde una de las literas salió la voz de su ocupante. Un hombre de unos treinta años, que durante el tiempo que llevaba viajando con nosotros apenas se había dignado a saludar. Se incorporó y, mirando en nuestra dirección, nos sorprendió con una pregunta:

–Y ¿qué pasa si decides emprender tu propia búsqueda y no formar parte de ningún grupo? Como usted mismo ha dicho, lo importante es no desfallecer y conservar la esperanza –dijo mirando ahora directamente al padre Marcus.

El sacerdote contestó con gran aplomo a la cuestión del nuevo miembro de la tertulia:

–Supongo que nada, si finalmente llegas al arroyo y calmas tu sed. Pero déjeme decirle que si el camino ya es lo bastante duro estando acompañado de personas que te apoyan y alientan cada vez que te sientes abordado por el desánimo, mucho más lo será si no cuentas con esa ayuda. No es baladí el carácter milenario de las distintas religiones, realmente han calmado la sed de muchos de sus fieles. Y ¿con quién tengo el gusto de conversar? –dijo para finalizar su intervención, tirando de su alzacuellos hacía fuera en un intento de dar un leve descanso a su oprimida y seca garganta.

–Ian, Ian Newman. Gracias por contestar a mi pregunta padre Marcus. –Seguidamente volvió a echarse en su cama, aparentemente satisfecho por la respuesta obtenida».

 

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4 CLAUSULAS DE UN CONTRATO EDITORIAL OBSOLETAS Y EXTRAÑAS

4 CLÁUSULAS DE UN CONTRATO EDITORIAL OBSOLETAS Y EXTRAÑAS

Aunque hace tiempo ya publiqué un artículo sobre los contratos editoriales, pienso que en estos momentos no está de más recordar a los futuros escritores la importancia de examinarlos y reflexionar con calma antes de firmar.

Además, pasados unos años estoy todavía más convencida de que firmar porque estar con este o aquel gran sello editorial es ya un aval puede ser un grave error en nuestra carrera literaria. El verdadero aval son los lectores, son los que deciden el camino que recorrerá nuestro libro, y para llegar a ellos necesitamos que nos abran puertas, no que nos las cierren, y estar dispuestos a trabajar con perseverancia, claro.

Se escapan a mi entendimiento la mayoría de las cláusulas de los contratos de las viejas editoriales. A poco que leamos con una mínima atención los contratos que ofrecen nos daremos cuenta de que están plagados de sinsentidos, al menos para el autor, entre ellos me gustaría reparar en cuatro muy esenciales:

 

4 Cláusulas de un contrato editorial obsoletas y extrañas

1. El tiempo de cesión de derechos de la obra

La mayoría de las editoriales exigen al autor que ceda todos los derechos de la obra contratada un mínimo de siete años. ¿Por qué? ¿Qué objeto tiene este empeño por la parte contratante?

si la obra va bien y es un éxito de ventas, lógicamente el escritor estará encantado de renovar el contrato las veces que sea necesario, y si es un fracaso y no deja beneficios para ninguna de las partes, ¿a qué ese empeño en seguir conservando año tras año unos derechos que no aportan nada más que pérdidas?

Por supuesto, para el autor esto es una esclavitud innecesaria e inexplicable, que además le impide rescatar su obra del ostracismo y luchar para encontrar otras oportunidades.

En definitiva, teniendo en cuenta que un libro tiene en las librerías una visibilidad física de dos o tres semanas y que es del todo imposible que aporte unos beneficios dignos en este tiempo, a no ser que el escritor sea una vieja gloria, ¿no os parece un verdadero enigma esta exigencia? ¿Será que la pasión por la literatura de estas macroempresas del papel es tal que no les importa almacenar palés y palés de libros como si tuvieran un peculiar síndrome de Diógenes literario?

2. Número de ejemplares para el lanzamiento

Vivimos en el siglo XXI, hoy día no es necesario imprimir 5.000 ejemplares en vez de 500 para abaratar el precio de la unidad.

Lanzar miles de libros que no tienen ninguna posibilidad de llegar a las librerías, o de estar en ellas el tiempo suficiente que necesita una masa crítica de consumidores para conocer el producto, es algo que también perjudica al autor.

Como es lógico, las devoluciones de gran parte de la tirada están garantizadas, con una consecuencia nefasta en los royalties del escritor que, aunque pudiera parecer que ha vendido un número determinado durante el primer año, suele encontrarse con que los años siguientes deberá restar de sus ganancias las devoluciones que hacen las librerías.

En definitiva, a las editoriales le saldrá a más bajo costo el ejemplar cuando la tirada es mayor, pero para el autor el coste es mucho más alto a la postre. Ellas rara vez pierden, os lo aseguro.

3. Cesión de la posibilidad de traducciones, películas o cualquier versión de la obra

Este punto es del todo descabellado. La mayoría de las editoriales exigen los derechos de cualquier versión de la obra, aunque solo tengan la intención de publicarla en papel y digital, y en muchos casos solo en digital. ¿Qué sentido tiene secuestrar cualquier otra salida de tu libro si solo quieren el digital, por ejemplo? ¿Qué pasa con esta cláusula?

Muy sencillo: que en el caso de que solo quieran el digital ―para ellos esta versión tiene coste prácticamente cero y todo ganancias―, el autor estará durante siete años imposibilitado para buscar otras vías para papel, audible o cualquier otra modalidad.

4. Pago de los royalties una vez al año y sin mostrar con claridad las cuentas

Puedo entender que sea necesario que las librerías pasen datos de ventas y devoluciones a las editoriales para que estas puedan comunicar al autor sus beneficios; pero, por ejemplo, ¿por qué un año? No lo entiendo, ¿no reciben los editores los números de las ventas en papel cada tres meses?

Por otro lado, esto tal vez se pueda justificar de algún modo para el libro en papel, que tampoco, pero ¿y el digital? ¿Por qué el autor no puede ver y cobrar los beneficios de las ventas mensualmente igual que las empresas editoras? ¿Qué problema habría a este respecto? Es completamente absurdo, de hecho, yo tengo dos de mis libros con Amazon Publishing ―no confundir con KDP de Amazon, que es autopublicación― y puedo saber a diario cuántos ejemplares se venden, en qué versión y en qué país. Y lo mejor, cobro cada mes, como todo hijo de vecino. O sea, pagar a tiempo y con total claridad no es un imposible. Qué extraño todo, ¿no os parece?

 

Hay más cláusulas obsoletas y extrañas en los contratos editoriales tradicionales, pero bajo mi punto de vista estos son los más importantes, por los que debemos pelear. No olvidemos nunca que los libros son nuestros, que somos nosotros los que proporcionamos la materia prima y que hoy día con las plataformas de autopublicación tenemos otras opciones. Las editoriales necesitan a los autores infinitamente más que los autores a las editoriales.

 

Web Mercedes Pinto Maldonado

(Si quieres saber más sobre mis obras y sobre mí te invito a pasarte por mi web oficial picando en la imagen. ¡Gracias!)

El esperado y temido mes de marzo para el escritor

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¡Ohhh… marzo! Ese mes tan ansiado y temido por el escritor dependiente. Lleva todo un año esperando el momento, contando los días desde enero y preguntándose: ¿es en febrero, marzo o abril? «Es en marzo, incauto, en marzo», se dice cuando comprueba la fecha del año anterior. Tal vez en esta ocasión pueda demostrar a su esposa, marido, hijos, padre… que sí, que estar desde el amanecer al anochecer frente al ordenador es un trabajo duro por el que pagan; es incluso posible que se cumpla el sueño de poder por fin cambiar el viejo coche, o de llenar el frigorífico, aunque sea un par de meses. Lo de irse ese varano de vacaciones unos días sería genial. Día uno, nada; día dos, nada; día diez, nada… Día veintinueve, ¡ahí está! Lo anuncia tu bandeja de entrada, no se han olvidado de ti. El dedo índice te tiembla antes de pinchar en el asunto: «Liquidaciones 2015». En ese momento pasan por tu mente tantas cosas… las discusiones con tu pareja porque no puedes atenderla ni tampoco tienes un solo euro para llevarla al cine, la maldita hipoteca, la invitación que le debes a tu hermano para celebrar que al fin firmaste con una gran editorial… «Venga, tú puedes, dale». Y pulsas la tecla izquierda del ratón, ese fiel roedor, el único que en todos los años que llevas escribiendo sigue a tu lado.

Los números te marean, no sé cuántos del stock, otros tantos por las devoluciones, el tanto por ciento del IVA, este resultado es negativo, pero aquel es positivo; del título tal se han vendido equis y del otro… Bah, bah, bah… vamos a la última página, ahí está el resultado. Miras y remiras, sí, «Total propietario (¿propietario? Bueno, vale): XX-». ¿Solo eso? Esto tiene que estar mal. ¡Juas! No, no está mal, tú estás mal, te has olvidado de que detrás del número hay un signo menos. O sea, después de haber saldado religiosamente el dichoso adelanto ya hace tiempo, de haber vendido cientos de e-books y de ahogarte en cuatro páginas de números indescifrables, tú, el propietario, debes esa cifra, porque resulta que han devuelto no sé cuántos del título tal en papel. Vamos, que ni vacaciones, ni cine, ni hipoteca, ni llenar la nevera, ni justificar lo más mínimo ante los tuyos que tienes el culo pelao de escribir y promocionar.

Esto tiene que ser un error, pero si yo autopublicando solo un libro he sobrevivido este año. ¡Nooo…!, no es un error, los números están bien, todo cuadra. Eres escritor, ¡que no te enteras! Tú trabajas y ellos cobran. Ay, cuántas veces habrá que explicártelo.

«Bueno, todavía me quedan las liquidaciones de dos editoriales más». De verdad que no eres más iluso porque te falta tiempo para ensayar. Más de lo mismo. Venga, escríbeles que seguro que esta vez hay un error. Respuesta:

Buenos días,

El e-book está sujeto al 21% de IVA. Se le liquida el ingreso neto que son las cantidades que recibe el EDITOR de sus clientes según las facturas emitidas por las ventas reales, menos IVA y menos descuentos y otras asignaciones pagados a los socios en la distribución, no pudiendo tales descuentos o asignaciones exceder el 50% del precio de venta al público recomendado en el canal digital, menos IVA).

Saludos

Ahhh… Pues sí, ahora lo entiendes todo. ¡Pero cómo puñetas quieres ganarte la vida escribiendo si eres incapaz de entender cuatro líneas, cazurro! Aprende comprensión lectora y ya después si eso te echas unas letras.

Has estado una semana escribiendo a los editores y contables, discutiendo con tu familia, además de consultar con otros compañeros, que es lo único que al final te consuela, por aquello de mal de muchos… Ea, que esto es lo que hay. Céntrate en lo tuyo, escribe y promociona, que marzo de 2017 está a la vuelta de la esquina. De todas formas, ¿adónde puñetas vas a ir si no tienes un céntimo?

concurso indie 2015

SOBRE EL CONCURSO INDIE 2015 Y TAL…

 

Críticas y opiniones de Cartas a una extraña en el Concurso Indie 2015

Desde que me inscribí en el Concurso Indie 2015, hace ya dos largos meses, he leído toda clase de críticas y opiniones, referidas tanto al concurso en sí mismo como a la novela con la que participo «Cartas a una extraña».

No he respondido a ninguna de las más polémicas porque entiendo que dada mi posición destacada en el concurso cualquier palabra vertida en este bendito espacio estelar podría ser utilizada en mi contra o malinterpretada, además de por haber tenido la fortuna de estar gran parte del tiempo muy lejos de mi día a día en España, entre otras cosas documentándome para mi próxima novela, lo que me ha permitido distanciarme un poco de todo.

Experiencia de Mercedes Pinto Maldonado en el Concurso Indie 2015

Hoy siento la necesidad de contestar a todos, sin acritud, de veras que solo quiero informar honestamente, con algunos datos irrefutables y otros subjetivos desde mi experiencia en el concurso.

A los eternos autores cascarrabias:

Os entiendo, ni os imagináis hasta qué punto me identifico con vosotros, hoy día es muy complicado hacerse un hueco en el mundo literario y sé que muchos sangráis tinta desde hace años.

Pero no, el camino no es arremeter incesantemente contra los compañeros que venden más, sin haberlos leído siquiera, los «enemigos» son otros, mucho más poderosos y sibilinos. Las razones del éxito de una novela pueden ser muchas, sí, y entre ellas siempre hay una: muchos lectores satisfechos. Y desde luego, al menos en mi caso, nada que ver con teorías conspiranoides.

No, no tengo hilo directo con Mr. Amazon, no conozco absolutamente a nadie de esta plataforma. Es más, he sufrido como todos las notificaciones por quejas de los lectores a causa de erratas o mala maquetación, y hasta la baja de uno de mis libros. También me han eliminado un buen número de comentarios fantásticos por causa de vaya usted a saber qué, tal vez la coincidencia de algún dato, o alguna palabra que no pasara el filtro del algoritmo… ni idea.

En cambio, dicho algoritmo, ha colado gustosamente comentarios evidentemente malintencionados, que he digerido en silencio.

Quiero decir con esto que no, no y no, no hay trampa ni cartón, solo las descargas de los lectores. Siento decepcionaros, pero al menos detrás de mis novelas solo hay trabajo, trabajo y más trabajo, y no solo por mi parte.

A los seguidores, lectores y escritores que vilipendian a los que ellos llaman mis palmeros:

Je, je, je… perdonadme que me ría. Mis palmeros… si yo os contara…

Es cierto que con el paso de los años he conseguido fidelizar a muchos lectores, pero si os referís a esos que me ayudan constantemente promocionando mis obras en las redes, os diré que los que de verdad están día a día son muy pocos, prudentes y honrados, seguramente menos que los de muchos autores.

Todos los escritores gozamos del privilegio de tener nuestros palmeros, es más, a algunos de ellos los compartimos. Odio este apodo tan despectivo y malintencionado, mucho más cuando lo dice un compañero que también goza de sus propios incondicionales.

No, no son palmeros, son personas apasionadas por la lectura a las que les gusta nuestro estilo, por eso nos ayudan, nada más y nada menos. Que ni el viento las toque. De cualquier manera, ¿cuál es el problema?, ¿no tiene todo artista que se precie un grupo de seguidores? No entiendo esta vacua manera de argumentar y justificar el éxito o el fracaso de una obra.

A los lectores que solo buscan eso, leer y difrutar:

¡Gracias de todo corazón por comprar «Cartas a una extraña» y por los incontables mensajes que me habéis enviado! Este libro existe por vosotros.

A los reseñadores literarios:

Sin vosotros los escritores independientes simplemente no seríamos. Mi eterna gratitud por tanta ayuda, generosidad y trabajo.

A mis incondicionales:

No os voy a nombrar uno a uno para no herir a los excluidos, y tampoco hace falta, sabéis muy bien quiénes sois. No, no sois palmeros, no sois personas sin criterio que aplauden por que sí. A todos, absolutamente a todos, os he conocido después de que me leyerais y empatizarais con mi manera de contar historias.

Me ayudáis sin descanso porque creéis en mí, así de sencillo, sin pedir absolutamente nada a cambio, y tampoco yo os he pedido nada, es una relación natural: yo escribo emociones y vosotros leéis emocionados, esto es lo que nos ha hecho encontrarnos en el camino.

Aunque solo fuese para vosotros, escribiría toda la eternidad, porque sois el espejo donde se miran mis letras. Gracias por tanto, gracias.

A todos:

Sabéis que no me duelen prendas a la hora de exponer datos, es más, me parece que son necesarios para entender sin llevar a engaños, así que aquí están los más relevantes. Esto es lo que ha ocurrido hasta ahora con «Cartas a una extraña» en el Concurso Indie 2015, sin trampa ni cartón, los datos objetivos que han llevado a esta novela a estar todo el tiempo en el Top 100, la mayoría en el Top 10. Dejo solo las cifras de Amazon España, poner todos los países es complejo y restaría claridad a la exposición, pero aumentarían significativamente los números.

Durante los 60 días concursando hasta el momento en el que escribo este artículo, cuando son las 04.20h, plena madrugada del día 5 de septiembre de 2015 en España. En amazon.es:

Libros vendidos: 3.227

Cartas vendidas

Páginas leídas: 361.457

Cartas leídas

 

Comentarios y estrellas a Cartas a una extraña tras su paso por el Concurso Indie 2015

En cuanto a los comentarios y estrellas, según se mire, la puntuación de 4.2 sobre 5 es relativamente baja con respecto al resto de concursantes. Digo relativamente porque es un hecho que a más opiniones más variedad, y a más visibilidad más suspensos, entre ellos algunos con doble intención, os lo aseguro.

Claro está, también los hay negativos y argumentados con toda la razón, que respeto y de los que aprendo mucho, bien saben los que me conocen que es así. Además, hay que tener en cuenta que las primeras ventas son de nuestros lectores incondicionales, siempre dispuestos y generosos con las estrellas; esto nos ocurre absolutamente a todos.

Es decir, a menos ventas los comentarios son, lógicamente, más positivos. A los escritores que tenemos varias obras publicadas nos pasa que nuestros libros menos vendidos son siempre los más valorados, y generalmente es por la razón que comentaba anteriormente.

Aclaro esto porque he visto por ahí opiniones que pueden confundir a los lectores de a pie, que no tienen por qué entender de este extraño mundo estrelloril de las plataformas de ventas, y para invitar a la reflexión a algunos escritores que se agarran a las estrellas como tabla de salvación; yo también tengo algunas obras con puntuación sobresaliente y son las menos conocidas, no por eso deduzco que me leen muy pocos lectores listos, los de «La última vuelta del scaife» y «Hijos de Atenea», por ejemplo, y muchos tontos que han leído «Cartas a una extraña». Que yo sepa, son los mismos palmeros.

 

Opiniones hasta la fecha de Cartas a una extraña

Opiniones Cartas

Dicho todo esto, solo me queda manifestar que me alegro muchísimo de haber tomado la decisión de participar en el Concurso Indie 2015, me ha dado la oportunidad de aumentar mi número de lectores y he conocido más y mejor a compañeros y seguidores, para bien y para mal.

Además de haber comprobado una vez más que, a pesar de algunos (muy pocos, creedme), el compañerismo y el juego limpio existen; hay obras excelentes cuyos autores están aguantando con gran elegancia su injusta y escasa notoriedad en el concurso, a todos ellos deciros que estáis siendo un gran ejemplo para el resto. Así las cosas, lo que pase a partir de ahora es secundario para mí, la experiencia ya ha sido muy grata e interesante.

Por cierto, casi se me olvida, a los que os habéis quedado deseando saber más de «Cartas a una extraña» deciros que ya estoy en ello, he aprovechado el mes de agosto, entre otras cosas importantes, para ir a Washington y visitar a Saúl, he tenido «largas conversaciones» con él. Veremos si he conseguido rescatarlo de su melancolía y podemos saldar tantas cuentas pendientes, entre ellas ese amor que ha quedado suspendido y su peculiar situación legal. No desesperéis, esa segunda parte ya está en marcha. Gracias por esperarme.

Aquí en el lago Crescent del estado de Washington, esperando a Saúl, necesitaba hablar con él para la 2º parte de «Cartas a una extraña»

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Finalmente lo encontré en Seattle vagando con estos jóvenes callejeros

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Continuará…

Web Mercedes Pinto Maldonado

(Si quieres saber más sobre mis obras y sobre mí te invito a pasarte por mi web oficial picando en la imagen. ¡Gracias!)