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Igualdad en las relaciones sexuales: sin un «sí» expreso es violación

Ya sabéis que este año estoy menos activa en las redes y con mi blog; temas personales que me guardo para mí. ¿Y sobre qué se me ocure volver a escribir después de hace tanto tiempo? De la igualdad en las relaciones sexuales. De eso que ha dicho nuestra nueva vicepresidenta que sin un sí expreso es violación. Ahora que lo pienso… Igual es cierto que me llevan violando desde hace ya tantos años que ni recuerdo. No sé. Espero que con este escrito seáis capaces de ayudarme a dilucidarlo. Os dejo con él:

¿Sin un sí expreso es violación?

No soy feminista ni machista, ni de derechas ni de izquierdas, ni conservadora ni progresista… No he hallado en mis años de vida adulta ninguna ideología política o corriente social que se ajuste debidamente a mis reflexiones y percepción del mundo. Hasta hoy, que yo sepa, no ha habido una forma de gobierno que haya conseguido la verdadera igualdad y justicia para todos los seres humanos. Lógico, nuestra naturaleza imperfecta no puede dar como resultado un gobierno perfecto. Es por esto por lo que me aferro a las personas que se esfuerzan día a día por mejorar nuestro mundo dejando a un lado sus intereses individuales, aunque no lo consigan, sin importarme sus tendencias políticas o religiosas.

Dicho esto, voy al tema que me ha llevado a escribir este artículo después de tanto tiempo.

El otro día, de boca de la actual vicepresidenta, escuché con verdadero estupor esta frase: «Si una mujer no dice sí expresamente, todo lo demás es no». Como consecuencia, sin el expreso «sí» todo lo demás es violación.

Pero ahí no queda la cosa: la vicepresidenta y ministra de Igualdad, tan convencida ella de su genial y revolucionaria idea, propone una reforma del Código Penal y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Ea, porque por mera carambola ahora manda ella en su parcela y es lo que hay.

En mis muchos años de matrimonio, ¡jamás! dije un sí expreso a mi marido, ni él a mí. No sé si esta señora tiene alguna experiencia sexual ––me refiero a la de andar por casa, no a nada extraordinario––, pero tengo mis dudas.

¿Me está diciendo, señora Carmen Calvo, que vivo con un violador al que cualquier juez podría imponerle la pena de prisión durante muchos años por sus repetidas violaciones, ya que dicho juez no podrá interpretar la ley ni valorar los hechos?

Vamos a ver, normalmente, por no decir en el 99% de los casos, al acto sexual precede un cortejo, más o menos largo o sutil, dependiendo de los implicados. En todo el proceso hay mucho de sensualidad, insinuación y conquista. Incluso en las relaciones más abiertas y libres.

Es que no puedo creerme que de ahora en adelante el preludio haya que sustituirlo por una pregunta y una respuesta:

-¿Quieres follar?

-Sí.

Por supuesto, el que pregunta no debería conformarse con un simple «sí», ya que no podría demostrarlo ante un tribunal. A partir de ahora se hace imprescindible exigir la confirmación firmada y ante notario; de lo contrario sería su palabra contra la de la otra persona implicada en el ayuntamiento, o las otras.

Pongamos un ejemplo para aclarar lo que usted propone, si es que es posible arrojar luz a esta bobería:

Imaginemos a una chica de quince años que va a una de esas macrofiestas y se toma dos copas. La muchacha no está acostumbrada a beber y pierde un poco el control. Entre la multitud hay un chico que le gusta y decide acercarse. El joven también ha ingerido su dosis de alcohol. Ella se le insinúa, le pone ojitos, le habla con sensualidad… Él capta el mensaje y le corresponde.

Todo bien, es una relación libre, abierta y espontánea entre adolescentes con la que nuestra progre ministra estará más que de acuerdo.

Los chicos tienen una relación consentida de la que ambos disfrutan sin problema. Pero semanas después ella descubre que está embarazada y la mejor excusa ante sus padres es decir que fue violada en aquella fiesta. ¡Que en ningún momento dijo «sí»!

Los padres denuncian la violación y los jueces, que no tienen margen para la interpretación, condenan al joven a equis años de prisión por violación, ya que la muchacha en ningún momento le concedió un «sí» expreso ni de ninguna otra manera.

¡Ole usted, señora ministra de Igualdad! Para eso le pagamos, para que piense y arregle nuestros problemas.

Pero esta ocurrencia, ¡qué clase de sandez es! ¿Qué tipo de personas nos gobiernan? ¿Qué hay en sus mentes? ¿A qué obedece su falta de sensatez y sentido común? ¿Se puede soltar semejante barbaridad sin perder un puesto de tan alta responsabilidad?

Señora ministra, si lo que pretende es proteger a la mujer de tanta mala bestia que piensa que puede usarla para saciar sus más sucios instintos, estoy con usted hasta el final. Pero, por favor, antes de hablar siéntese a reflexionar un poco. De haberlo hecho en su momento se habría dado cuenta de que nunca se vio obligada a dar un «sí» expreso antes de mantener una relación y que, por tanto, todas sus parejas ––ignoro si una o cien–– son violadores en potencia.

Desde ciertos puestos de responsabilidad nos están invitando a un juego muy peligroso en el que no deberíamos entrar sin pensar por nosotros mismos; nos incitan a prejuzgar, a apuntar por método con el dedo acusador a todo aquel que use calzoncillos.

Señora ministra de Igualdad, no hay nada que se aleje más del puesto que usted ocupa que su propio pensamiento, ni nada más contrario a la igualdad, a la justicia y al Estado de Derecho que eliminar de un plumazo la presunción de inocencia de un ser humano por el simple hecho de ser hombre.

Quiero pensar que en lo fundamental usted y yo queremos lo mismo: que ningún hombre que someta a una mujer por la fuerza quede impune de su salvajada.

Pero este no es el camino. Muy al contrario, de continuar proponiendo estos descalabros sin sentido, vamos, no solo a una guerra de sexos sin precedentes, sino a que pronto las víctimas pasen a ser los hombres frente a unas mujeres a las que la ley les otorga absoluto poder sobre ellos. Más de lo mismo, pero invirtiendo la relación entre víctimas y verdugos.

El camino pasa por la educación, por formar a hombres y mujeres desde sus comienzos en el respeto mutuo; pasa por perseguir el delito probado, no por condenar sin las garantías de un juicio justo; pasa por ser objetivos y honestos.

Pensando largamente sobre esta cuestión, he llegado a la conclusión de que en verdad le importa muy poco la igualdad, y que esta «folletá de verano» ––que dirían en mi tierra–– más bien obedece a su afán de no perder el puesto en las próximas elecciones, ya que en estos momentos está en él por arte de birlibirloque. Supongo que habrá hecho cuentas y entre independentistas, feministas radicales, perroflautas sin rumbo ni criterio y afiliados del partido la vicepresidencia será suya un buen puñado de años más. Vamos, que arañando votos de aquí y de allí la cosa puede salir bien. Total, los otros partidos o son minoritarios o están a golpes entre sus miembros y no son competencia. Es que no tiene otra explicación.

¡Qué triste panorama político tenemos! ¡Y qué grandes somos los españoles!, que a pesar de nuestra clase política, del partido que sea, madrugamos día a día para que este país funcione. Se supone que los políticos están ahí para solucionar nuestros problemas. Pues no, ellos los crean y nosotros los solucionamos y encima les pagamos.

Por el bien de mis hijos y mis nietos espero que abandone usted cuanto antes un ministerio para el que no tiene la suficiente formación ni la mínima categoría.

 

Hasta aquí mi opinión sobre el tema de la igualdad en las relaciones sexuales o del sin un «sí» expreso es violación. Antes de escribirlo ya sabía que es un tema controvertido y que seguramente me haga perder seguidores o  amigos en las redes. Si fuera el caso, quizá es porque no son los seguidores o amigos que necesito, ni yo la escritora que ellos deben leer.

¡Que paséis una estupenda semana, queridos amigos y lectores!

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ola de escritoras feministas de pacotilla

¿Hasta cuándo esta ola de escritoras feministas de pacotilla?

En el día de hoy quiero reflexionar sobre la ola de escritoras feministas que invade Amazon, las redes sociales…, y  a las que no sé si considerar como escritoras feminomachistas. Ya sé que este post puede servir para que “me despellejen viva”, pero creo que ha llegado el momento de exigirnos un poco más y apelar a nuestra sensibilidad y capacidad de reflexión si queremos salir del bache capitalista y pueril en el que ha caído la especie humana. Os dejo con mi reflexión sobre las escritoras feministas actuales.

No me tengo por una mojigata, y creo que estoy en lo cierto. Pocas cosas me escandalizan, solo la pobreza, la mentira, la hipocresía, la corrupción, el dolor o cómo algunos seres humanos someten a otros. Para mí un cuerpo humano desnudo no es más que carne al fresco que no me produce ni rechazo ni admiración, y que excepcionalmente es arte o belleza.

Pero en los últimos meses he sumado otro motivo de escándalo a mi conciencia: la manipulación flagrante que hacen algunos escritores de conceptos como el machismo o el feminismo y cómo algunos de sus seguidores los aplauden sin el mínimo pudor o sin darse un minuto para reflexionar si de verdad están de acuerdo.

Voy con un ejemplo gráfico: parte de los autores que constantemente denuncian la utilización de imágenes de mujeres semidesnudas en anuncios de todo tipo son los mismos que no tienen reparo en poblar sus muros, incluso las portadas de sus libros, de hombres musculados y sin ropa.

Aclaro que, aunque esta forma de promoción me parece zafia y banal, propia de quien está escaso de recursos, no por ello la condeno. No es este el tema que me deja atónita, sino la doble moral que lleva a rechazar ferozmente un anuncio de una chica en minifalda vendiendo un coche mientras mi muro está abarrotado de vídeos y fotografías de chicos desnudísimos y guapísimos. Suelen ser mujeres que se autoproclaman feministas acérrimas, a las que no les duelen prendas a la hora de entrar en cualquier hilo en el que, según ellas, encuentran cualquier atisbo de machismo. ¿Perdona? ¡Ole ellas!

La verdadera feminista lucha por la igualdad de derechos, igualdad, y tolera sin problema la decisión de cada cual de comerciar con su cuerpo, sea hombre o mujer. Si tanto comprador como vendedor lo hacen libremente, allá ellos. Otra cosa distinta a la tolerancia es el respeto, que deberíamos otorgárselo a quien nos produzca admiración por sus valores. No confundamos, tolerancia es «lo dejo pasar porque ni me afecta ni es de mi incumbencia», respeto es la admiración por alguien con cualidades excelentes o ejemplares, entre otras cosas.

Pero profundizando un poco más te encuentras el auténtico meollo del asunto. Lo peor no es la utilización de desnudos para vender lo que sea, sino la escasa hondura de quien vende literatura, en este caso novelas, manejando estos métodos. De verdad que me parecen eternos adolescentes enganchados al sexo a costa del seso.

Novelar es un arte; el arte de contar historias fabuladas con la mayor belleza y fuerza que seamos capaces de encontrar en nuestro interior. El artista de las letras es, por definición, un ser extremadamente sensible que mira el mundo más allá de recetas cocinadas y de sus cinco sentidos y luego lo cuenta sobre blanco.

El artista tiene un compromiso y una responsabilidad con su generación y las venideras. Está obligado a desmigarse por dentro cuando sufre el periodo creativo. El verdadero novelista, hasta en la historia más sencilla, nos describe el otro lado de la luna entre sus líneas.

Para exponer lo obvio ya está la misma vida o los medios de comunicación y sus secciones basura, siempre buscando el «efecto morbo» para enganchar.

¡Por la Santa Literatura Universal!, ¿hasta cuándo vamos a ver carne prefabricada en los gimnasios fuera y dentro de los libros? ¿Llegará el día en que cese esta ola de escritoras feministas de pacotilla? Y, sobre todo, ¿tendrá fin esta moda de usar la carne como cebo para los lectores?

Solo por curiosidad, os invito a entrar en cualquier plataforma de venta de libros y contar las portadas con hombres semidesnudos de libros escritos por mujeres, y después al contrario, las de mujeres con poca ropa de obras de hombres. Vais a alucinar, y más todavía si después os preocupáis de buscar las publicaciones de dichas autoras para ver cuántas de ellas abanderan ese falso feminismo.

No me aclaro, ¿qué es lo que queremos las mujeres?, ¿que los hombres dejen de vernos como pedazos de carne o que nos dejen toda la carne para nosotras?

Reivindicar que nos respeten como mujeres es un asunto muy serio que solo dará resultado si nos hacemos respetar dando ejemplo.

A ver, no digo que no pueda haber historias donde algún personaje tenga el perfil del típico chico guapísimo y riquísimo por el que todas las mujeres entregarían hasta la dignidad, incluso el protagonista. A mi modo de ver, en ocasiones está más que justificado. Pero, por favor, ¿siempre y en todas las novelas de las mismas escritoras, en la portada y en el interior, y en buena parte escritas por feministas radicales?

Aquí pasa algo y hay que remediarlo. Hemos de exigirnos un poco más y apelar a nuestra sensibilidad y capacidad de reflexión si queremos salir del bache capitalista y pueril en el que ha caído la especie humana.

Yo no me rindo, y me niego con todas las fuerzas a dejarme arrastrar por estos vientos en los que el físico le ha ganado la partida al espíritu; me niego a involucionar hasta convertirme en una troglodita que solo busca saciar sus instintos; me niego a renunciar al gozo que hay más allá de mis sentidos, aunque el camino sea más largo y abrupto; me niego a pedir un préstamo para operarme el paso de un tiempo vacío; me niego y me niego.

En la otra vida debí ser un salmón, porque cada vez que nado lo hago a contracorriente.