El mundo editorial y el autor

La ultima vuelta del scaife

«La última vuelta del scaife», la mejor obra de una pésima escritora

Creo que empecé a escribir esta novela hace unos veinte años. Entonces escribía por mero placer ––ahora también, pero soy más consciente de que mis escritos son leídos y de que realizo un trabajo––. Tardé dos años en ponerle el punto final. En el transcurso de ese tiempo disfruté y aprendí a parte iguales. Me documenté sin prisas, tomé apuntes de las más diversas fuentes, leí a los grandes del género, viajé a casi todos los lugares que aparecen en la historia, perfilé los personajes hasta que me convencieron de su existencia y, sobre todo, conseguí plasmar un sentimiento que he abrigado desde que tengo conciencia: «Por mucho que consigas en la vida, si perdiste el amor, finalmente no dejarás nada en este mundo y tu existencia será baldía».

Pero yo quería escribir una novela, no un tratado filosófico sobre cuestión alguna; deseaba imitar de alguna manera a esos escritores que con sus obras habían sido capaces de trasladarme en el tiempo y en el espacio hasta el punto de hacerme olvidar completamente mi realidad. El médico; Sinuhé, el egipcio; Tras la huella del hombre rojo; El último judío; El clan del oso cavernario… y muchas más fueron mi inspiración.

Cuando la acabé, me sentía tan orgullosa de mi obra que decidí luchar por su publicación.

Una prestigiosa agencia literaria emitió su primer informe de lectura. Fue descorazonador, un duro golpe a la confianza que entonces le tenía al mundo editorial. Me explico: no es que estuviera en desacuerdo con la crítica del lector profesional; es que, obviamente, no se había leído el libro o, siendo muy generosa, no había pasado de la página cincuenta. Pero lo que más me dolió no fueron sus comentarios incoherentes y sin correspondencia alguna con el contenido de mi novela; lo peor fue que no reparó en sus auténticos errores, imperdonables en una historia que por su contenido se hubiese merecido un escritor más versado en el arte de novelar que yo, que en aquella época no era más que una aficionada a juntar letras. Mala estructura, abundancia de descripciones y textos innecesarios, imperfecta sintaxis, exceso de faltas de ortografía… Sobre esto debió hacer hincapié el lector profesional y no opinar con tanta desfachatez de lo que no había llegado a conocer. Repito: creo que la historia es buena, la mejor que he escrito, pero la escritora era pésima ––espero haber aprendido algo durante estos años––. Aquellos que la habéis leído sabéis que digo la verdad; no pocos me habéis comentado que es de los mejores libros que han caído en vuestras manos, y también me habéis dicho que es una lástima que no esté pulida como se merece.

Lo peor de todo es que conseguí que me la publicaran: tres editoriales de mayor o menor calado se han encargado de explotar esta obra desde hace quince años y ninguna de ellas se ha molestado en corregirla. ¡Qué impotencia!

Bien, queda poco más de un año para recuperar los derechos de La última vuelta del scaife y es tal mi necesidad de asearla como es debido que desde hace tiempo está en manos de la correctora que se merece: Ágata Vehí de la Paz. Si estáis pensando en corregir vuestro libro, os la recomiendo sin dudar.

Así que, en cuanto vuelva a ser mía, la publicaré como es debido y como os merecéis todos.

Si alguien tiene interés en comprobar si es cierto lo que hoy os cuento, podéis conseguirla aquí y en todas las plataformas digitales. Está publicada por Ediciones B, actualmente Penguin Random House.

>>Enlace a La última vuelta del scaife en Amazon<<

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Razones para publicar tu libro en Amazon (II)

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A raíz del gran revuelo que se ha montado en la red causado por mi anterior post “Captados en Amazon, esclavos de la pluma”, mi correo, mi Twitter y mis páginas en Faceebok se han “colapsado” con todo tipo de mensajes, la inmensa mayoría de apoyo, de asombro o para confirmar mi opinión aportándome otras incluso más interesantes; hay casos espeluznantes que deberían ser contados.

Pero también me han llegado comentarios no tan agradables, incluso varias llamadas, hay compañeros en los que confiaba que me han puesto de vuelta y media por detrás, alguno en una situación mucho más patética que la mía pero que prefiere ir de escritor “contratado” y otros por miedo a no conseguir la editorial soñada, en la red hay muchos patios y rincones de cotillas. Pero, repito, la inmensa mayoría me ha apoyado y felicitado.

Por cierto, ya no tengo agencia, era de esperar. Es curioso, nunca pensé que Internet tuviera tanto poder y repercusión. Por eso creo que debo aclarar algunos puntos y dar por zanjado este escabroso tema.

Escribí dicho artículo por una cuestión de honor conmigo misma, llevada por la decepción y por el sentido común, una y otra vez me preguntaba: ¿Hay alguna empresa donde a primeros de mes cobre todo el mundo menos el que aporta la “materia prima”?

Sí, que yo sepa hay una, en la que mes a mes cobran un sueldo por su trabajo oficinistas, correctores, diseñadores, maquetistas, empleados de la imprenta, transportistas, publicistas, distribuidores…

Sí, todos son retribuidos por un trabajo de ocho horas según la legislación vigente, y lo hacen, trabajan, gracias a las obras del autor, el único que no está en “nómina”, el único que no puede vivir de su trabajo ni cobra el día uno; el único verdaderamente insustituible. ¿No es esto razón suficiente para pensar y pronunciarse?

Seguidamente me hago una pregunta que deberían hacerse todos los trabajadores que cobran gracias a los autores: ¿Qué pasaría si finalmente el autor, como ya está empezando a ocurrir, decidiera ofrecer sus obras a los lectores por cuenta propia?

Quiero dejar muy claro que de ninguna manera mi artículo es un ataque personal a nadie, es una confesión, una experiencia real y propia (cada cual tendrá la suya y es libre de contarla o no, de disfrazarla o no), como también los hay satisfechos, pocos, muy pocos.

Quise, con lo aprendido hasta ahora, por así decirlo, denunciar el panorama editorial actual, en el que hay culpables, inocentes y muchos que están atrapados entre los unos y los otros.

Mi blog es como mi casa, me siento cómoda, a él regreso para compartir con la gente que me sigue y aprecia todas mis vivencias literarias, las ha habido muy buenas, que he contado con entusiasmo, y también regulares y malas, todas enseñanzas al fin y al cabo. La misma vida.

Cuando comencé a contactar con expertos en estos temas, confiaba en que, igual que yo intento formarme, esforzarme por hacer cada vez mejor mi trabajo, igual que tengo la humildad de aceptar mis errores y aprender de ellos, de encajar las críticas, como decía, confiaba en que los demás también pusieran el mismo empeño en su trabajo.

La decepción viene cuando pasa el tiempo, compruebas que a ti te exigen cada vez más como autor y el resto de las partes implicadas en este noble oficio de hacer llevar historias a los lectores no lo hace; no se arriesgan, no apuestan, no luchan, no cumplen su misión. Lo cual te obliga, si no quieres que tus libros mueran en las trastiendas, a cargar con el trabajo de todos: te conviertes en corrector, publicista, maquetista…

Llega un momento en el que parece que lo de menos es escribir, y encima tienes que restar parte de lo poco que recibes para pagar el trabajo que se supone de otros y que haces tú.

Tampoco es de extrañar, no hay más que ver la cantidad de jóvenes con talento que salen a diario de nuestro país porque no encuentran el mínimo apoyo, esto es una crisis generalizada económica y de valores.

Los escritores no somos un gremio sagrado, todo lo contrario, nuestra condición tiene algo de maldita y algo de bohemia, el problema es que escribimos en español y para españoles (en nuestro caso), ¿adónde vamos a ir?

Pienso que tal y cómo están las cosas, lo acertado es dar lo mejor de uno mismo y exigir otro tanto a los que están al otro lado. Debemos revindicar nuestro lugar, que está ante nuestro ordenador, imaginando, contando historias, corrigiendo textos una y otra vez. P

ara todo lo demás, se supone que hay otros que se ganan la vida con ello, pues que lo hagan. Si no lo hacen, no me parece siquiera ético callar y conformarse. Nosotros, los autores, somos la base de esta inmensa pirámide, la base, los pilares, no lo olvidemos. Una pirámide que se desmorona porque los golpes más fuertes los está recibiendo dicha base. A mi modo de entender, el que no lo ve así, está ciego.

También os digo, sigo esperanzada y creo que finalmente todas las partes entenderán que hay que actuar y se arreglarán las cosas, pero esto solo ocurrirá si tomamos conciencia de la realidad y dejamos de maquillarla. No olvidemos nunca que hablamos de literatura, que lo importante es dejar un legado lo más bello y honesto posible. Por mi parte, estoy más que dispuesta a seguir trabajando por amor al arte, tengo la suerte de no ser demasiado ambiciosa y cuento con lo suficiente para vivir, pero eso, por amor al arte, a la literatura, que tanto ha aportado a mi vida y a la de tantos seres humanos a través de la historia.

Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que me habéis apoyado, todo es mucho más fácil cuando te acompañan, y dar por zanjado este tema para poder continuar contando cuentos.

 

Web Mercedes Pinto Maldonado

(Si quieres saber más sobre mis obras y sobre mí te invito a pasarte por mi web oficial picando en la imagen. ¡Gracias!)