El arte de novelar

NOSOTROS ESCRIBIMOS, NOSOTROS DECIDIMOS

ESCRIBIENDO

A veces me pregunto si los lectores saben las horas que hay detrás de cualquier obra bien escrita y nacida de las tripas del autor. Mi caso es como el de miles de autores independientes, híbridos, o dependientes: te levantas y corres a las redes, esperando alguna grata noticia que te aliente para continuar, un comentario entusiasta, una reseña, una venta en Amazon… Cuando alguien te escribe conmovido porque acaba de leer tu historia… ¡Ay!, entonces recoges ánimo para escribir diez más. Después toca trabajar, horas y horas, imaginando, escribiendo, dándole forma a la idea principal, redondeando textos, luchando contra los momentos en los que te bloqueas, contra las puñeteras erratas o esa sensación de que nada de lo escrito durante el día ha valido la pena, a menudo porque simplemente estás agotado.

Detrás de un escritor que lleva años inventando historias hay un héroe de esta sociedad, alguien que, aunque sabe que difícilmente podrá vivir de su trabajo, sigue ahí: catorce horas diarias, todos los días del año, sacrificando incluso a los que más ama. Una novela autopublicada por quien ha demostrado con los años que se siente y es escritor, tiene igual o más valor que la que luce el sello de una gran editorial. Es más, para muchos de nosotros la autoedición ha sido una opción entre otras elegida consciente y voluntariamente, bien por la sensación de libertad que brinda o a causa de decepciones anteriores. Me duele en el alma que haya lectores que consideren los indies escritores de segunda, aunque sé que cada vez son menos. En realidad, el autopublicado tiene un valor añadido: lucha solo con los fieles lectores que va encontrando por el camino, frente a una constante amenaza de fagocitación. Es muy triste que las grandes editoriales que ha dado este país ya no sean una expectativa para nosotros, sino una amenaza, porque, salvo raras excepciones, firmar con ellas es vender a saldo tus hijos y luchar más que nunca por ellos para que no acaben muriendo, pero ahora desde la distancia.

Hoy me complace deciros que estamos asistiendo a un cambio, todos los escritores que hemos quedado atrapados en esta férrea horquilla que abrió la era digital hemos luchado lo bastante como para dejar claro al mundo que nuestros currículums no son los grandes sellos acumulados, sino nuestras obras, mimadas y amadas hasta morir. Hoy me complace deciros que los caminos que abrimos hace unos años ya tienen salida. Ahora podemos elegir, porque hemos demostrado un aguante a prueba de hambre y marginación. Ahora, nosotros escribimos, nosotros decidimos. Hay pequeñas editoriales que lo han entendido y que nos apoyan, dejándonos la libertad y los derechos que nos pertenecen. En este momento podemos firmar una digna edición en papel por un tiempo corto ―aunque la distribución sea más complicada― y controlar la digital si es nuestro deseo, o quedarnos con las dos, o ceder las dos. Lo que nos dé la real gana, de todas formas, en esta carrera no hay atajos que valgan.

En verdad es muy triste que donde antes había una puerta que conducía a un mundo de posibilidades y esperanza, ahora se halle un muro tras el que solo se encuentran viejas glorias, políticos corruptos, famosillos casposos, presentadores de tercera, biógrafos manipuladores y algún que otro compañero tocado por la suerte. Si os digo la verdad, cada vez estoy más orgullosa de haber escrito tantos años, y los que vendrán, por amor al arte y estar en este lado del muro.

Desde aquí animo a las pequeñas y medianas editoriales que luchan por sus obras, a los escritores invencibles y a los lectores valientes a seguir en esta lucha, la victoria será finalmente de todo aquel que apueste por la literatura. El Renacimiento Literario está a la vuelta de la esquina, no desfallezcáis.

PREGUNTAS ITINERANTES PARA ESCRITORES

20131118_192455 (Small)Por la red literaria circula una iniciativa que me ha llamado mucho la atención. Se trata de una entrevista de nueve preguntas que va transitando por el ciberespacio y haciendo paradas en los blogs literarios de escritores que encuentra a su paso. A mí me llegó ayer de la mano de Pilar, la administradora del blog “Ellas también viven” y autora del libro de relatos para adultos que lleva este mismo nombre. Desde aquí doy las gracias a Pilar por haber pensado en mí casa virtual para dejar el testigo y os la presento como una mujer entrañable, cercana, generosa, buena compañera y fantástica escritora. Visitad su blog, ya veréis qué arrojo, inteligencia y sensibilidad desprenden sus palabras. Sus respuestas a estas preguntas podéis conocerlas aquí .

Estas son mis respuestas a las preguntas:

1. ¿Cuántas obras tienes publicadas?

Cinco: «El talento de Nano», novela juvenil, «La última vuelta del scaife», novela con fondo histórico, «Maldita», novela trágica contemporánea, «Pretérito imperfecto», novela trágico romántica, y «El fotógrafo de paisajes», novela de intriga. Como ves, voy tocando todos los palos, en realidad para mí el género es una cuestión muy secundaria en mis historias, aunque me ocupo de documentarme para construir bien los escenarios, claro.

2. ¿Autopublicación o editorial?

Pues, sinceramente, no lo tengo claro. Comencé autopublicándome debido a la imposibilidad de encontrar una editorial que me apoyara, pero año y medio después llegó la ansiada oportunidad y ahora todas mis novelas tienen un sello editorial. Tal vez sea pronto, pero en este momento no sabría decir qué camino es el mejor. Creo que en el fondo es indiferente, lo esencial es la obra, con editorial o no, hoy día en cualquiera de las dos circunstancias se hace imprescindible la «autopubliciad». Si la novela es buena y luchas por ella llegará al público por un camino u otro.

3. ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha?

Es curioso, mis primeras novelas las planifiqué con detalle, pero luego me di cuenta de que constantemente había que virar, los personajes tienen mucha personalidad y algunos son muy díscolos, así que ahora me hago un esquema más razonable. Desde luego la historia de base está más que planteada: desarrollo, nudo y desenlace. Así que primero escribo el esbozo  de la novela en mis libretas, esto me da la oportunidad de quitar, borrar, coger apuntes… (ya sé que el Office también te ofrece estas herramientas, pero conozco mejor los vericuetos del papel, me parecen más sencillos, más… simples), y después transcribo al Word a la vez que hago una primera corrección y pulo.

4. ¿Cómo promocionas tus obras?

Por mi parte, por la red, exclusivamente. Para mí un blog, una página de Facebook y otra en Twitter es fundamental hoy día para el escritor. A los nuevos lectores les gusta interaccionar con el autor, tener un lugar donde saber más de él y sus obras. Hay que adaptarse; la verdad es que me parece una manera de promocionar fascinante, he aprendido mucho contactando con mis lectores. Y así es como promociono mis novelas, a través de mis páginas, en las que pongo pequeños textos, noticias, reflexiones, comentarios, reseñas… Lo cierto es que es un trabajo agotador, pero funciona y compensa.

Por supuesto cuando me solicita algún medio, radio o prensa (la televisión se me resiste), allá que voy, pero esa promoción ya no depende tanto de mí.

5. ¿Cuánto tiempo le dedicas a escribir?

Si «escribir» incluye posts, publicaciones, entrevistas, relatos, contestar el correo, interaccionar con los lectores y otros escritores…, mucho, mucho tiempo, yo diría que unas diez u once horas al día; pero a mis obras menos de la mitad de este tiempo. Es lo que tiene el momento que nos ha tocado, ahora somos escritores orquesta y la publicidad entra en el oficio.

6. ¿Has cambiado algún final después de escribirlo?

No, nunca, el final y los personajes principales, así como la estructura básica, los conservo hasta el final. Pero que aparezcan o desaparezcan escenarios, anécdotas, diálogos… sí me ocurre, y con mucha frecuencia. También aparecen personajes nuevos, pero nunca al revés.

7. ¿Ebook o libro en papel?

Me es indiferente, no tengo ninguna querencia por el soporte o el envoltorio de las cosas. Confieso que me encanta entrar en una biblioteca o una librería, tengo mi punto romántico, pero a la hora de leer quiero una historia que me emocione y conmueva, aunque esté escrita en una piedra.

8. ¿Cuánto dura tu proceso de documentación?

Depende de dónde y cómo se desarrolle la historia, eso está muy claro. Por ejemplo, te diré que para escribir «La última vuelta del scaife» necesité más de un año de documentación y otro para escribirla, trabajando casi diariamente varias horas; tuve que documentarme concienzudamente sobre episodios de la historia por los que pasaron mis personajes. En cambio, «Pretérito imperfecto» fue un no levantar el bolígrafo de la libreta en cinco meses y nada más, toda la información la tenía en mi cabeza, o casi toda.

9. ¿Algún consejo a los nuevos escritores?

Al escritor que comienza le diría que escriba y lea, que escriba y lea, que escriba y lea… Y que cuando esté seguro de tener una obra digna la defienda ante el mundo como el padre a un buen hijo; si está en lo cierto, pronto el mundo la defenderá por él.

Desde aquí, quiero dar las gracias de nuevo a Pilar y dejar este legado a María José Moreno, una escritora que está arrasando en Amazon y administradora del blog literario «Lugar de encuentro», creo que tiene mucho que contar y estoy segura de que su entrevista será un referente a los interesados en la literatura.

¿QUÉ ES UNA BUENA NOVELA?

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Soy una consumidora de ocio. Por mi educación y vivencias leer novelas forma parte del poco esparcimiento que me deja el día a día. No las he contado, pero he leído miles, y no pocas he abandonado sin terminar. No soy de esos lectores que se flagelan en sus ratos de evasión, ya se encarga la vida de este menester. Creo que estoy preparada para distinguir entre una novela buena o mala, siempre teniendo en cuenta el grado de subjetividad que implica el análisis de una obra de arte y de que hay toda una gama intermedia entre la mejor y la peor y un rosario interminable de matices que requerirían un largo y complejo estudio no apropiado para un post.

Primero quiero dejar claro que hablamos de la novela, “libro” es una palabra más genérica que engloba muchas disciplinas, no necesariamente encaminadas a disfrutar en nuestros recreos. Antes de comenzar a leer una historia novelada tengo la misma sensación que cuando compro una entrada para el cine: estoy llena de expectativas, espero ser sorprendida, que el autor consiga arrancarme de mi realidad, no importa cómo, y me traslade a otra paralela. He de creérmela, vivirla, implicarme en la trama; debo sentir la necesidad imperiosa de salvar al protagonista, empatizar con sus miedos y alegrías; los personajes han de plantarse ante mí como personas, con una existencia real. No quiero que el autor me hable de la guerra, quiero estar en medio de un bombardeo; no quiero que el autor me hable del amor, quiero enamorarme; no quiero que el autor me hable de un día soleado, quiero que en mi habitación cerrada, ya en la cama bajo mi tulipa, se haga un amanecer espléndido y que la luz del sol me ciegue y su calor me reconforte. Pero además, quiero que todo esto ocurra sin esfuerzo alguno por mi parte, es mi hora de disfrutar, no de trabajar, y si he de esforzarme será por la curiosidad que me suscita y de una forma voluntaria, hasta tal punto la obra debe suscitar mi interés. El lector es como un niño ante una sensación tan nueva como vibrante. El buen novelista te hace soñar despierto.

Este ejercicio de hacer fácil lo imposible es el resultado de un trabajo muy complejo y de una intuición muy fina, casi innata en el cuentista, que no debe olvidar que no escribe para su propio regocijo. A menudo me he encontrado “novelas” que no son más que la mera manifestación pública de cuánto sabe su autor de este o aquel tema; para esto ya están los libros de texto. Los hay peores, que juntan un montón de ideas simplonas y les ponen una preciosa portada convencidos de que impresionarán al mundo. El verdadero novelista respeta al lector en lo más profundo, porque ha estado en el otro lado durante años, y sigue en él, solo que ahora lee con ojos de escritor.

Cada autor conseguirá o no atrapar al lector entre sus páginas dando lo mejor de sí mismo:

*Se preocupará de conocer la lengua en la que escribe día tras día, siempre tendrá la sensación de no saber lo bastante.

*Antes de escribir, conocerá a sus personajes principales: su currículum, cómo caminan, cómo hablan, cómo huelen… sabrá de sus pasados, de sus miedos y anhelos. Esto hará que se manifiesten con naturalidad escena tras escena y que se den a conocer sin esas pesadas descripciones que tanto aborrece el lector.

*Se hará al menos un ligero boceto de la incipiente obra que bulle en su mente, un esquema inicial orientativo; ya se encargarán esos personajes tan auténticos de desmontar y montar a su antojo; son los puñeteros amos.

*No se pondrá a la tarea hasta estar seguro de que su historia es única y conmovedora, tanto que él mismo se desgarra al pensarla.

*Escribirá, tachará, escribirá… hasta estar convencido de que no hay una forma más sencilla de contarla; los textos complejos son como los tropezones en la bechamel. En literatura, como en casi todo en la vida, más es menos.

*Deberá saber discernir lo auténtico de lo falso de sus palabras. El lector reconoce enseguida dónde hay un escritor o un “juntaletras” o “rellenapáginas”.

*Cuando ponga el punto y final comenzará el verdadero trabajo, porque es tan honesto que sabe cuántos textos hay entre las páginas que se pueden escribir mejor, o que sobran, o que faltan. Corregirá hasta el cansancio, con la única intención de que ese consumidor de novelas disfrute con el mínimo esfuerzo.

Ahora sí, deberíamos tener ante nosotros una BUENA NOVELA con:

*Una historia única y conmovedora.

*Unos personajes reales, con un carácter perfilado, bien diferenciados entre sí.

*Una estructura coherente, bien planteada. En un lugar real o imaginario que no entrañe secretos para nosotros que luego hagan perderse al lector. Mucha atención al desarrollo cronológico, no resulte una hija mayor que su madre, o un personaje que había muerto en la página cuarenta resucitado en la doscientos.

*Bien escrita: sin erratas, ni errores de sintaxis, ni faltas de ortografía, ni reiteraciones, ni textos farragosos o innecesarios, ni descripciones cansinas, ni personajes de relleno que queden olvidados absurdamente. Cuidado con los diálogos prescindibles que no llevan a ningún sitio, como: «Hola, qué tal has dormido» «Bien, ¿y tú?» «Estupendamente. ¿Has visto las llaves del coche» «Creo que están en el aparador» «Muchas gracias. Me voy, llego tarde». Después él marido cierra la puerta y pasamos a otra escena. Pregunto, ¿para qué? O con las escenas sin sentido. ¿Qué le aporta al lector aquello de “Se levantó, se estiró, bostezó, se puso el batín, dio diez pasos hasta el baño y se lavó la cara. Después dejó la toalla distraídamente sobre el lavabo, miró hacia la ventaba que estaba a su derecha y comprobó que hacía un día espléndido”? ¿No es más fácil para todos “Se despertó y, después de refrescarse la cara, más despejado, comprobó que hacía una mañana espléndida”?

*Un desenlace coherente que lleve al final adecuado, mejor si es sorprendente, aunque no es necesario y no todas las novelas lo requieren. Lo que sí es imprescindible es que el lector cuando llegue a la última página suspire y piense: «Es un buen final para una buena historia».

Que qué es una buena novela, pues ya lo han dicho muchos grandes: una buena historia bien contada. Que cómo se consigue escribirla: con don, dedicación y vocación.