Editoriales

PARA TENER ENEMIGOS, DI LO QUE PIENSAS, AUNQUE NO OFENDAS

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Blanca Miosi es una escritora que tiene en su haber una larga lista de éxitos en Amazon, ella es una veterana, el mundo de la autoedicón no tiene secretos para esta autora. He tenido la suerte de estar en su programa “La hora amazónica”, en el que expresarme con toda libertad, por supuesto sin ofender, nuevamente ha sido motivo de controversia.

Lo que en varias ocasiones os he contado en este blog, aquí resumido en respuestas.

ENTREVISTA EN LA HORA AMAZÓNICA CON BLANCA MIOSI

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NOSOTROS ESCRIBIMOS, NOSOTROS DECIDIMOS

ESCRIBIENDO

A veces me pregunto si los lectores saben las horas que hay detrás de cualquier obra bien escrita y nacida de las tripas del autor. Mi caso es como el de miles de autores independientes, híbridos, o dependientes: te levantas y corres a las redes, esperando alguna grata noticia que te aliente para continuar, un comentario entusiasta, una reseña, una venta en Amazon… Cuando alguien te escribe conmovido porque acaba de leer tu historia… ¡Ay!, entonces recoges ánimo para escribir diez más. Después toca trabajar, horas y horas, imaginando, escribiendo, dándole forma a la idea principal, redondeando textos, luchando contra los momentos en los que te bloqueas, contra las puñeteras erratas o esa sensación de que nada de lo escrito durante el día ha valido la pena, a menudo porque simplemente estás agotado.

Detrás de un escritor que lleva años inventando historias hay un héroe de esta sociedad, alguien que, aunque sabe que difícilmente podrá vivir de su trabajo, sigue ahí: catorce horas diarias, todos los días del año, sacrificando incluso a los que más ama. Una novela autopublicada por quien ha demostrado con los años que se siente y es escritor, tiene igual o más valor que la que luce el sello de una gran editorial. Es más, para muchos de nosotros la autoedición ha sido una opción entre otras elegida consciente y voluntariamente, bien por la sensación de libertad que brinda o a causa de decepciones anteriores. Me duele en el alma que haya lectores que consideren los indies escritores de segunda, aunque sé que cada vez son menos. En realidad, el autopublicado tiene un valor añadido: lucha solo con los fieles lectores que va encontrando por el camino, frente a una constante amenaza de fagocitación. Es muy triste que las grandes editoriales que ha dado este país ya no sean una expectativa para nosotros, sino una amenaza, porque, salvo raras excepciones, firmar con ellas es vender a saldo tus hijos y luchar más que nunca por ellos para que no acaben muriendo, pero ahora desde la distancia.

Hoy me complace deciros que estamos asistiendo a un cambio, todos los escritores que hemos quedado atrapados en esta férrea horquilla que abrió la era digital hemos luchado lo bastante como para dejar claro al mundo que nuestros currículums no son los grandes sellos acumulados, sino nuestras obras, mimadas y amadas hasta morir. Hoy me complace deciros que los caminos que abrimos hace unos años ya tienen salida. Ahora podemos elegir, porque hemos demostrado un aguante a prueba de hambre y marginación. Ahora, nosotros escribimos, nosotros decidimos. Hay pequeñas editoriales que lo han entendido y que nos apoyan, dejándonos la libertad y los derechos que nos pertenecen. En este momento podemos firmar una digna edición en papel por un tiempo corto ―aunque la distribución sea más complicada― y controlar la digital si es nuestro deseo, o quedarnos con las dos, o ceder las dos. Lo que nos dé la real gana, de todas formas, en esta carrera no hay atajos que valgan.

En verdad es muy triste que donde antes había una puerta que conducía a un mundo de posibilidades y esperanza, ahora se halle un muro tras el que solo se encuentran viejas glorias, políticos corruptos, famosillos casposos, presentadores de tercera, biógrafos manipuladores y algún que otro compañero tocado por la suerte. Si os digo la verdad, cada vez estoy más orgullosa de haber escrito tantos años, y los que vendrán, por amor al arte y estar en este lado del muro.

Desde aquí animo a las pequeñas y medianas editoriales que luchan por sus obras, a los escritores invencibles y a los lectores valientes a seguir en esta lucha, la victoria será finalmente de todo aquel que apueste por la literatura. El Renacimiento Literario está a la vuelta de la esquina, no desfallezcáis.

JULIO CORTÁZAR Y LAS EDITORIALES

Con motivo del centenario del nacimiento de Julio Cortázar, el 26 de agosto de 1914, emitieron en televisión un documental interesantísimo sobre su vida y obra. En él lee sus textos, habla de su exilio y de su visión de los lugares y momentos que le tocó vivir. Os traigo solo unos minutos del extenso reportaje original, que por fin he encontrado. Debía tener unos cuarenta y cinco años, o sea, hace de esto más de cincuenta, y así de valiente se expresaba cuando hablaba de las editoriales y de la soledad del escritor. Algunos nos acusan a otros tantos de haber abierto la Caja de Pandora, pues anda que no hace años que está de par en par. Creo que lo peor de estos tiempos literarios es que estamos confundiendo educación con servilismo.
El momento al que aludo está en el minuto 11:00, pero todos valen la pena.

CON EDITORIAL O SIN ELLA

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Es un tema de total actualidad en el panorama literario de nuestros días, en periódicos, revistas, webs y páginas de autores y lectores se vierten opiniones al respecto. Yo también tengo la mía y quiero pronunciarme de una forma contundente, sin bálsamos: «Da lo mismo peer que chiflar ―que decía mi abuelo―. El galgo corre con collar o sin él». Aquel que escude en una editorial su buen hacer con las letras ya es sospechoso de todo lo contrario, y al revés, el que diga que ser independiente es sinónimo de personalidad artística y valentía literaria miente. Y esto es así por muchas razones, entre las que destacaría:

En general, eres independiente:

―Porque ninguna editorial (de las que no cobran por editarte) te ha abierto su puerta ni se ha puesto en contacto contigo, bien porque tus obras no están maduras, porque no son comerciales o porque nunca se han parado a leer ni diez páginas de las mismas.

―Porque ya has estado contratado por alguna de ellas y te niegas a seguir siendo explotado, en realidad nunca apostaron por ti ni creyeron en tu obra, prefieres ser un “Juan Palomo”.

―Porque no confías en ti mismo y ni se te ocurre escribir a las editoriales.

―Porque has escrito un librito por mero divertimento y lo subes a la red para la familia y los amiguetes.

―Porque ya has recibido varios informes literarios negativos y has perdido la esperanza.

En general, tienes editorial:

―Porque eres de esos autores afortunados a los que les ha leído la obra un lector profesional y honesto en nómina, el cual te ha hecho un informe literario fantástico que ha defendido a capa y espada en las reuniones de la editorial.

―Porque tienes más de veinte años de oficio a la espalda y ya te tocaba sí o sí, es una cuestión de trabajo, paciencia y estadística.

―Porque eres colaborador de un programa telebasura, o te has bajado los pantalones en directo, o has vivido una vida tormentosa sobre el papel cuché, o eres amigo de los directivos de la editorial, o el sobrino, o el mismo dueño… o has sido presidente del país o periodista o…

―Porque ya vendías tú solo más libros que muchos de los autores contratados, con lo cual lo que escribas da lo mismo, como tampoco les importa cómo conseguiste las ventas ni por qué y tu obra, sea buena o mala, interesa y punto. La publicidad les sale gratis, la ganancia es casi segura.

Resumiendo, por poner dos ejemplos, que los hay en ambos supuestos para aburrir: Belén Esteban hubiese vendido lo mismo si en vez de tener editorial se hubiera puesto a firmar por su cuenta en El Retiro, y “su” libro sería igualmente una estafa carente de literatura. Y Rafael R. Costa sería un maestro y sus obras un legado universal también con un sello editorial de los grandes.

Es cierto que todavía hay un amplio número de lectores que creen que la editorial es un aval, pero este número se está reduciendo a gran velocidad, y de no ser por la importancia de la distribución en papel (el independiente tiene graves problemas para situar su obra en las librerías), que solo funciona para las grandes empresas, la diferencia entre ser autopublicado o no sería mínima. Vamos, que como decía mi abuelo, «Da lo mismo peer que chiflar. El galgo corre con collar o sin él».

Amemos nuestro oficio, aprendamos y trabajemos hasta escribir con sangre, pensemos que cada uno de nosotros deja un legado en los archivos de la literatura universal y que estamos obligados a ser honestos con nosotros y con los lectores. Que nos pongan el collar o no, es lo de menos.

«MALDITA», LA HISTORIA DE UNA HISTORIA

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Escribí «Maldita» después de publicar mi segunda novela «La última vuelta del scaife». Mis dos experiencias con editores no fueron lo esperado, tal es así que casi perdí la fe en mí misma, y digo «casi» porque algo de esperanza debía tener cuando seguí escribiendo pensando en el posible lector.

Después de los dos años de arduo trabajo que necesité para escribir «La última vuelta del scaife», me apetecía hablar sobre un tema más cercano, que me permitiera narrar con más agilidad, sin tener que parar continuamente para consultar o contrastar datos. Siempre me interesó cómo influye lo vivido de niños en nuestras vidas adultas, de hecho, en todos mis libros comienzo dando a conocer al protagonista incluso antes de nacer. Tanto me motiva el mundo de los afectos donde transcurren los primeros años de un ser humano que mientras escribía «Maldita» apenas reconocía mi propia existencia. Era un tema apasionante. Durante los siete meses que me ocuparon esta obra me obsesioné, no me aparté de la vida de la pequeña Lucía más que para lo imprescindible. A medida que avanzaba en la historia era consciente de que, básicamente, podría parecer un «culebrón venezolano», y que no encontraría editorial que la acreditara. Cuando estaba a punto de terminarla lo tuve claro, era un «culebrón venezolano», y aunque el universo confabulara a mi favor no tendría cabida en el mercado, por pura lógica: si a una novela como «La última vuelta del scaife» le había costado tanto llegar… vamos, que no.

¿Y ahora qué? Yo quería que leyeran esta historia, necesitaba comunicarla, tal vez hubiese algún incauto… La presenté a un concurso digital que fue un desastre, es una larga historia, y se acababan las opciones. Fue entonces cuando decidí ponerla por capítulos en mi blog, tenía bastantes seguidores, por qué no.

La experiencia no podría haber sido más satisfactoria. Por entonces tenía en el blob un mapa de esos que te muestran con puntitos de colores los visitantes que entran de todo el mundo y cada noche, a las diez, la hora en la que ponía el siguiente capítulo, el mapamundi centelleaba tanto que parecía que se saliera de la pantalla. No podría decir cuántos lectores entraban diariamente buscando el trocito de historia de «Maldita», pero os aseguro que eran al menos varios cientos, y así durante cinco meses. Los lectores me dejaban mensajes de lo más emotivos después de cada entrega. La noche que colgué el último capítulo fue espectacular.

Tanto fue el éxito de la «blogonovela» que me decidí a subirla a Amazon. Cuando Cita Franco, una de las lectoras que siguieron la obra por el blog, supo que me había decidido a autopublicarla en la gran plataforma americana decidió apoyarme. Por entonces no nos conocíamos, simplemente se enamoró de la historia y pensó que valía la pena empujarla. Y organizó una lectura conjunta que superó todas las expectativas soñadas para un escritor novel. Excelentes reseñas se sucedían a diario, no salía de mi asombro. Tanto fue así, que en pocas semanas «Maldita» se posicionó en el Top 100 y en dos meses entre los diez más vendidos. Mientras tanto, conseguí agente literario. A pesar del éxito, por el momento, «Maldita» seguía siendo rechazada por las editoriales, incluso por mi propia agente. No importaba, los lectores comenzaban a conocerme y me dispuse a subir la siguiente novela, «Pretérito imperfecto», que no tardó ni dos semanas en posicionarse en el Top 10; los lectores de «Maldita» querían más y no dudaron en adquirir mi siguiente historia, que también fue rechazada en su momento por mi agente y los editores.

Fue después de que las dos novelas se mantuvieran más de un año entre las más vendidas, llegando a ser best sellers en España, Alemania y Francia, que editoriales como «Ediciones B» y «Planeta de Libros» comenzaron a escribirme: ¡querían mis obras! Y, lo mejor de todo, la propuesta incluía la edición en papel de «Maldita», seguramente una de las novelas más rechazadas por agentes y editoriales.

La historia de «Maldita», indefectiblemente, nos lleva a dudar de todos los caminos establecidos por el mundo editorial. El repetido «no» de agentes y editores ante la propuesta de un autor, como si este tratara sin aval con un prestamista, no debe en absoluto desmoralizar al autor, y tampoco debería envalentonarlo el «sí», el camino puede comenzar en cualquier punto del amplio horizonte y, desde luego, lo hacen día a día una buena historia, los lectores, la suerte y una madrina como Cita Franco.