De la piedra al ebook

LA CREATIVIDAD, INALTERABLE A LOS SOPORTES Y AL TIEMPO

TONTERÍAS

 

En estos días de fiesta tan familiares y esperados para mí no estaré mucho por aquí, y he pensado que tal vez todavía no hayáis escrito la carta a los Reyes Magos (yo me daría prisa, algunos pajes ya se están volviendo a Oriente con las sacas a rebosar de sueños para entregarlas a SS.MM. La crisis es muy puñetera). Sé que muchos de vosotros os resistís al libro electrónico, pensáis que en algo desvirtúa el encuentro con la historia que encierra, y es normal, los que llevamos años y años leyendo en papel entendemos el momento de la lectura como un ritual mágico que comienza abriendo las pastas del libro y termina cerrándolas, como si entre sus páginas quedara contenida nuestra secreta participación en otra realidad, solo nuestra. Esto pensando en aquellos que vivieron el paso de la piedra al papiro o del papiro al libro, ¿qué sentirían? Probablemente igual que nosotros ahora, algo así como un desarraigo. No me cuesta entender que muy probablemente se resistirían a no poder iniciar su liturgia desenrollando un pergamino para descubrir las palabras.

Me gusta aconsejar desde la experiencia, y siempre consciente de que nadie recorre el camino de otro. Hace dos años mis hijos me regalaron un Kindle. Al principio pensé que aquel artilugio no me seduciría, gran parte de mi vida ha estado y está acompañada de historias laminadas en celulosa. ¿Cómo iba yo a adentrarme en una aventura sin escuchar el baile de sus páginas y sin aspirar el polvo seductor que desprende cada aleteo? Mirando mi salón, pensé en el vacío que dejaría el no tener esa ansiedad continua que provoca la falta de espacio para albergar tanta sapiencia, ¿cómo era posible que toda ella cupiera en una pequeña carpeta de metal? «Prueba, mamá —me dijo uno de mis hijos—, la experiencia de los lectores está siendo excelente». Le di una oportunidad a ese aparato y, sí, las historias seguían inalterables, me conmovían del mismo modo, disfrutaba de otras realidades igualmente, además de incorporar a mis momentos de ocio ventajas y comodidades que ya os habrán contando cien veces.

Y qué decir de la oportunidad que me ha brindado a mí como autora esta nueva forma de leer. De no ser por la era digital no creo que mis obras hubiesen llegado a quince mil lectores hasta el momento. Nunca imaginé colgar mis sueños en el cielo y que otros pudieran descolgarlos.

Pensad en esto: ¿No hay también mucho de magia en saber que ahora el espacio estelar está plagado de aventuras y que a un solo clic podemos descargarlas y hacer que lluevan palabras? A mí me gusta saber que mis historias viven en una nube, que cada frase que escribo se eleva al firmamento y espera a quien la quiera compartir. Aunque también me llena de ilusión saber que “Maldita” pronto estará en papel; vivo a caballo entre dos épocas, dos amores.

Os lo aseguro, la imaginación es tan poderosa que sobrevivirá a todos los cambios. Me pregunto cómo disfrutaremos del legado de tantos y tantos escritores en un futuro, en qué soporte.

Que disfrutéis estas fiestas, queridos lectores.

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