Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Pensar para combatir las mentiras del poder y ser feliz

Ningún sistema educativo enseña a pensar. Menos aún para combatir las mentiras del poder. Aunque me consta que hay profesores que instruyen a sus alumnos en la observación, la investigación y la crítica a todo lo establecido.

Por mera supervivencia, quien ostenta el poder se ocupa, entre otras cosas, de adoctrinar al pueblo hasta convencerlo de que su gobierno es lo que necesita para su bienestar. El poder tiende a estrechar el cerco para mantener a la manada controlada y sumisa. Cualquier clase de poder. Y solo cede cuando el pueblo se rebela y ve peligrar su trono. En realidad, no cede, simplemente se rinde.

Ante esta máxima difícil de rebatir, a los ciudadanos de a pie solo nos queda un arma: pensar por nosotros mismos para combatir las mentiras del poder y ser felices. Todo aquello que vemos, leemos o escuchamos debería pasar por un solo filtro: el de los valores universales como la generosidad, la honestidad, la capacidad de sacrificio, la compasión, la amabilidad… y la coherencia, por supuesto. Para conocer la valía de un líder solo hay que contrastar lo que dice con lo que hace.

Un país donde la masa crítica busca incansable la verdad, a pesar de los constantes mensajes de manipulación de los poderosos, está a salvo de la destrucción. Hoy siento que el nuestro lleva tiempo deambulando por una cuerda floja y a punto de perder el equilibrio.

Resulta inaudito y escandaloso el número de tramposos, ignorantes e inconscientes que en este momento ocupan los poderes públicos; en todos los bandos. Lo que antes era la anécdota en nuestros días es la norma.

Pero lo más obsceno de la sociedad actual es cómo las masas se posicionan y defienden lo insostenible creyendo en las palabras de quien demuestra día a día una falta de honradez y capacidad pasmosas.

Ellos, los de uno y otro bando, fueron los que nos llevaron a las trincheras para matarnos entre nosotros; ellos, los de uno y otro bando, fueron los que resolvieron que había llegado la hora de la reconciliación; ellos, los de uno y otro bando, son los que ahora deciden que de perdón nada, que les conviene buscar de nuevo el rencor ya enterrado. Lo verdaderamente asombroso es que haya un solo ciudadano dispuesto a regresar al odio y al horror de aquellos años.

Lo cierto es que hubo una guerra atroz en la que combatieron dos bandos y que los dos querían ganar a toda costa. Pero la victoria solo podía ser para uno. La auténtica verdad es que el que pierde no se convierte de repente en el bueno de la cruzada sino en el perdedor; la auténtica verdad es que el que gana no se convierte en el bueno sino en el ganador. Y la auténtica verdad es que la mayoría de los soldados fueron arrastrados a un odio que no les pertenecía y que solo querían volver a casa para salvar su vida y la de sus familias. Todo lo demás es historia; una historia que los poderes han decidido desenterrar y tergiversar una vez más para utilizarnos y manipularnos.

Pero vamos a lo sustancial de este artículo, que me caliento y me voy por las ramas:

Después de la Segunda Guerra Mundial y de que el planeta hubiese vivido la mayor masacre de seres humanos conocida nació la ONU. El 24 de octubre de 1945 los estados miembros, entonces 51 y hoy 193, ratificaron la Carta de la ONU. Una Carta que podríamos resumir en el reconocimiento de «la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno». Es una carta de generosidad, de unión y de compromiso con todos y cada uno de los países del mundo y sus habitantes.

Bien, que alguien me explique qué está pasando con la mayoría de los jefes de gobierno actuales. ¿Pero de verdad vamos a seguir por estos derroteros y volver a las andadas? ¿No estamos escarmentados? ¿Vamos a ponernos de perfil mientras los políticos hacen y deshacen sin ningún tipo de pudor ni compromiso con los ciudadanos de su país? ¿Vamos a volver a levantar las armas en una guerra que no nos pertenece? ¿Es que no queremos ser felices?

Pues yo sí que quiero ser feliz; y como yo, todos y cada uno de los seres humanos de mi planeta. Y tengo más que claro que la mayoría de los que actualmente se deberían encargar de esta noble misión están a otra cosa: unos se van de copas mientras les presentan una moción de censura; otros usan el Falcón para irse de concierto o se procuran un doctorado para llegar al poder; los hay que gobiernan mientras insultan a sus vecinos diciéndoles que tienen un bache en el ADN; también hay algunos que enarbolan la bandera de la paz mientras venden bombas, o que vociferan el reparto justo de la riqueza y luego se compran un casoplón de un millón de euros, o están todo el día en las televisiones exigiendo igualdad siendo multimillonarios, o…

Esto es una desvergüenza y me niego a seguir a esta tropa como si me fuera la vida en ello.

Enlazando con el principio creo que, si queremos alcanzar nuestra felicidad y la de nuestro prójimo, es urgente que dejemos de seguir a guías ciegos y pensemos por nosotros mismos. Obviamente, ellos solo luchan por su propio bienestar, y ni eso son capaces de conseguir por varias razones: la avaricia, la mentira, la prevaricación, la manipulación, el ansia de poder, la separación, el enfrentamiento… Son férreos enemigos de la prosperidad.

 

Me encantaría recibir vuestros comentarios al respecto sobre cómo combatir las mentiras del poder y ser feliz. Desafortunadamente, los que tenemos una bitácora de este tipo, desde la entrada en vigor de la nueva ley de protección de datos, si queremos cumplirla, tenemos que tener desactivada la opción de comentarios hasta que wordpress.com se ponga al día e implemente los cambios necesarios. Así pues, os invito a entrar en mi página de Facebook a dejar vuestro comentario. Es de sumo interés para mí.

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Fuente imagen de cabecera: http://jjfrias.com

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