RELATOS SOBRE INFIDELIDAD: EL CHANTAJE (PARTE III)

RELATOS SOBRE INFIDELIDAD: EL CHANTAJE (PARTE III)

Antes de leer este relato sobre infidelidad te aconsejo leer la primera y la segunda parte de este relato sobre infidelidad.

(Continuación)

Encontró la casa vacía. Le extrañó que Marta no hubiese regresado del trabajo y más que no le hubiese mandado un mensaje para avisar de su retraso; aunque teniendo en cuenta la delicada situación que padecían tenía lógica su hermetismo.

Se dio una ducha y se sentó a esperarla en el salón, sin hacer nada, algo muy extraño en un hombre que siempre tenía mil artículos pendientes por leer y un puñado de llamadas por hacer.
No tardó mucho en escuchar un tímido saludo.

––Hola.
––Buenas tardes, Marta. Empezaba a preocuparme. ¿Todo bien?
––He estado consultando algunas sentencias sobre el aborto y he encontrado un caso que podría ayudarnos en el supuesto de que…
––Déjalo, Marta, Elena ya ha tomado una decisión, es posible que a estas horas ya no haya nada por lo que luchar.
––En ese caso todo está hablado. Voy a hacerme una ensalada, ¿te apetece una?
––Sí. Gracias.
Pero antes de encaminarse cabizbaja a la cocina se dirigió de nuevo a su marido, no muy segura de lo que iba a pedirle.
––Agustín… ¿podrías darme el número de teléfono de esa chica?
––No creo que sea buena idea que te involucres y menos ahora, ya está todo hablado.
––Por favor.

Agustín cogió el móvil de la mesa y buscó el contacto. Después se levantó y, antes de enseñarle la pantalla del teléfono, hizo un intento de acercarse a su esposa para abrazarla. Pero ella lo paró en seco poniendo las palmas de sus manos sobre su pecho.

––Todavía no. Déjame ver ese número.

Ella copió el contacto en su móvil y se marchó. Y él volvió a sentarse en el mismo lugar para observar durante casi una hora cómo su esposa se paseaba por el jardín mientras hablaba con la becaria.
No podía creerse en lo que se había convertido su vida en tan pocas semanas. Mientras veía a Marta deambular por el jardín, entre sus flores y bajo el más bello atardecer creyó volverse loco. Pensó en sus tres hijos: ¿qué iba a decirles si finalmente las dos mujeres llegaban a un entendimiento? Por otro lado, su esposa y él ya no tenían edad para ser padres, especialmente ella con los cincuenta y siete años cumplidos. Era una verdadera locura y solo esperaba despertar de aquella pesadilla.

Las sombras de la noche ya invadían el salón cuando Marta entró.
––Todavía hay esperanza ––le dijo sentándose frente a él.
––¿Qué quieres decir?
––Me parece que esa becaria desde el principio tenía muy claro lo que quería. Es más, yo diría que ya tenía planes antes de viajar contigo a ese congreso. Confieso que estoy atónita. No te quiere a ti, algo que estaba más que claro, nadie que ama obliga a amar. Quiere un puesto de trabajo fijo y dinero. Conozco tu ingenuidad, es lo que más me gusta de ti, pero haber caído en las redes de esa arpía a tu edad… Si le consigues una plaza fija y le damos gran parte de nuestros ahorros tendrás la custodia absoluta de tu hijo.
––¿Qué? No puedo hacer eso, jamás he utilizado mi puesto como jefe de servicio para favorecer a nadie. Y tampoco me parece ni moral ni legal comprar a mi propio hijo.
––No creo que en este momento puedas apelar a la moralidad. De cualquier manera, me siento responsable, tanto tú como ella me habéis hecho partícipe de una decisión que tengo más que clara. No porque sea tu hijo, eso es lo de menos, sino porque parece ser que soy la que ahora tiene que mover ficha y sabes muy bien lo que pienso. Desde luego, prefiero comprar una vida antes que eliminarla.
––Este no es uno de tus casos imposibles, se trata de nosotros, de nuestra vida, nuestros hijos… ¿Qué les vamos a decir? ¿Has pensado en la edad que tendremos cuando vaya a la universidad?
––Te recuerdo que en un principio fuiste tú el que me habló de criarlo con nosotros. De todas formas, hay otras opciones: dale lo que pide y que lo dé en adopción. Yo me encargaré de todo el proceso legal, seremos sus tutores hasta que encuentre una buena familia. Obviamente, a esa chica le da lo mismo con quién se esté, solo se importa ella misma.

(Continuará…)

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