la paradoja nórdica

La paradoja nórdica: verdades y mentiras de nuestro tiempo

Hoy quiero reflexionar sobre algunas de las verdades y mentiras de nuestro tiempo: el hecho conocido como la paradoja nórdica, es decir, países con los altos grados de igualdad de género (como los nórdicos, de ahí el nombre) que también tienen altas tasas de violencia de pareja. ¿Os apetece reflexionar conmigo sobre este hecho?

Debe ser cosa del azar que en estos últimos meses he recibido varios mensajes-ataque por parte de miembros de grupos que se denominan feministas, liberales y antisistema. De verdad que ha debido ser casualidad, me han llamado muchas cosas, pero mantenida, lavacalzoncillos, conformista, gallina ponedora y pleistocénica son adjetivos con los que nunca me habían calificado y que me han hecho reflexionar. No en su significado en sí mismo, creo que está clarísimo, sino en cómo a ciertos grupos radicales no les duelen prendas en etiquetar a todo aquel que no encaje en sus estrictos moldes progresistas y no practique sus decálogos.

No sé si os lo he dicho alguna vez, pero me defiendo muy mal en las disputas. Es curioso, me tiemblan las piernas, me amedrento y me siento violenta ante los gritos y las descalificaciones. Así que aquí estoy, para dar mi parecer sin que nadie me interrumpa.

A mi modo de ver la igualdad entre los sexos sencillamente es una entelequia, por ahora, es posible que en un futuro con la evolución de las especies cambie la cosa. Un momento, no montéis en cólera, me explico: es sencillo, hay dos sexos porque son diferentes entre sí, de lo contrario habría solo uno.

Ahora bien, ojo, algo muy distinto es la igualdad ante la ley y que tanto hombres como mujeres ––de la tendencia sexual que sean–– tengan exactamente los mismos derechos y deberes. Faltaría más. Lo que creo que en el mundo occidental ya está superado. No así en otras culturas, tristemente.

Pero voy al meollo de la cuestión: no podemos elegir nuestro género, es la naturaleza quien lo hace por nosotros, como decide tantas otras cosas: altura, belleza, facultades físicas o psíquicas… Reconocer las diferencias, capacidades, limitaciones o características que nos definen a nosotros o a los demás me parece un signo de inteligencia y responsabilidad, además de la mejor manera de entender, ayudar y respetar al prójimo.

Pongamos ejemplos: de la misma manera que una persona que dispone de una sola mano tendría serios problemas para ser microneurocirujano, un hombre los tendría para dar de mamar a su recién nacido o una mujer para levantar una piedra de cien kilos. No, no somos iguales en nuestras capacidades.

Que una pareja decida traer hijos al mundo implica responsabilidades para los dos: es decir, ambos deberán recolocar su orden de prioridades: desde ese momento lo más importante son los hijos, deben dar lo mejor de sí mismos y adaptar sus vidas a la situación de la forma más natural posible. Y sí, la gallina ponedora es la mujer. Es lo que hay.

La madre los llevará en su vientre nueve meses y necesitará cuidarse, el padre como mucho atenderá sus necesidades. La madre dará a luz, lo que implicará un riesgo para ella y el niño, el padre no sufre peligro alguno, solo puede apoyarla y esperar lo mejor. La madre necesitará un tiempo de recuperación, el padre no. La madre tendrá que darle el pecho al bebé durante unos meses ––si así lo decide y es posible––, el padre como mucho podrá contemplarlos y compartir las malas noches y las tareas que sean necesarias, como debe de ser.

El vínculo entre la madre y el niño desde el momento de la concepción no es algo ilusorio, es real. La energía emocional y física que ella pone en los hijos es desde el principio ostensiblemente mayor que la que da el padre. Y es este hecho, causado por la diferencia hormonal, lo que inevitablemente nos hace distintos. Ojo, por ahora, no sabemos a dónde nos llevará el progreso. A mí me encantaría que los padres pudieran disfrutar de todo el proceso de la maternidad.

Aceptando todo lo anterior como una realidad innegable, es fácil entender que por lo general la mujer pase más tiempo que el hombre en casa y por tanto esté más familiarizada con los entresijos del hogar. La lectura es sencilla, no hay que escarbar más: lo normal es que la mujer lave más calzoncillos que el hombre tangas por la sencilla razón de que está más tiempo en casa, no porque sea una lavacalzoncillos, que oye, si le gusta…. Pero no le vería yo mucha lógica a que pusiera la lavadora separando su ropa de la de su pareja, o al revés. O que mientras el bebé duerme y goza de tiempo libre tenga que atarse los brazos y no hacer nada hasta que llegue su pareja para no estar sometida y compartir las tareas a medias como si fuera una condena para ambos.

Por otro lado, que una mujer decida libre y responsablemente quedarse en casa con sus hijos el tiempo que considere beneficioso para ellos no significa de ninguna manera que sea una mantenida o que no tenga todo el derecho a incorporarse al trabajo cuando lo desee. Muy al contrario, a mí me parece una opción muy generosa y que muchas parejas valoran y respetan hasta el punto de tener clarísimo que el dinero que entra en casa lo están ganando entre los dos a partes totalmente iguales, tanto el que tiene su nombre estampado en la nómina como el que no, porque sacar adelante a un bebé es un trabajo duro, entregado y muy digno del que se beneficia toda la familia.

Otra cosa muy distinta es que el hombre llegue a casa y se siente a la mesa esperando que le traigan hasta el agua como si solo trabajara él y tuviese todos los derechos. Ese tío es tonto y punto. Pero no por ser hombre, no, si hubiese nacido mujer abusaría igual de quien estuviera a su lado y sería igual de cretina.

Por otro lado, estos comportamientos, roles o como se quieran llamar, no son del pleistoceno, ya nos gustaría, pero que yo sepa en el siglo XXI seguimos pariendo las mujeres y todavía poseemos menos fuerza física, que no significa que seamos más débiles. Por eso no podremos competir con cierto éxito con ellos a la hora cortar un gran árbol, abrir un bote que se nos resiste o mover un mueble pesado, por poner unos ejemplos y siempre generalizando. Y por eso es muy normal que un domingo mientras la mujer dobla la ropa el hombre esté podando el jardín, no porque sea un machista, sino porque la naturaleza lo ha dotado de más masa muscular que a nosotras y hacerlo al revés es malgastar tiempo y energía, además de una bobería.

Un ejemplo claro de que la igualdad de derechos no nos hace iguales es la paradoja nórdica. Países como Dinamarca, Finlandia y Suecia cuyo nivel de igualdad de género político y social es el más alto de la Unión Europea, también tienen un índice de violencia de género muy por encima de la media. Lo que hizo saltar las alarmas de Organización Mundial de la Salud.

Todo esto nos lleva a plantearnos que esto de la igualdad no va de quién lava los platos o se coge la baja postparto, no, sino de asumir de una vez que somos diferentes, sí, pero de ninguna manera podemos utilizar nuestras diferencias como armas para controlar, maltratar o someter al otro. Tanto hombres como mujeres.

Creo que lo importante no es educar para imponer una igualdad ficticia, sino instruir reconociendo nuestras diferencias para que nadie las convierta en herramientas de destrucción contra otros.

Que la inmensa mayoría de los malos tratos físicos sean perpetrados por hombres a mujeres no es porque ellos sean más malos, es porque son más fuertes ––si la fuerza la tuviese la mujer sería ella la maltratadora física––, de la misma manera que los asesinatos por envenenamiento los llevan a cabo generalmente las mujeres. La maldad no tiene sexo y emplea los medios de los que dispone. Cada cual, obviamente, utiliza sus diferencias, para hacer el bien o el mal. Ahora bien, aprovechar una posición de privilegio o ventaja para golpear, vejar o someter a otro de cualquiera de las formas es de malas bestias y tiene que ser perseguido por la ley hasta sus últimas consecuencias. Es muy triste, pero no hay otra manera, los criminales tienen que estar fuera de la circulación para proteger al inocente.

Pero, además, si queremos que algún día este tipo de abusos se terminen, hay que educar a los niños y a la sociedad desde la verdad: tener una ventaja natural sobre otro no es un privilegio, es una responsabilidad. Por mucho que avancemos tecnológicamente no habremos dado el siguiente paso evolutivo hasta que aprendamos a controlar nuestros instintos más básicos por el bien del conjunto de la especie.

No creo que la solución esté en empeñarnos en ser iguales con respecto a nuestros géneros, sino iguales como personas, libres, con los mismos deberes y derechos independientemente de que decidamos quedarnos en casa para cuidar a los hijos, o no tenerlos, o permanecer solteros y desarrollar una brillante carrera profesional, o las tres cosas a la vez. Se trata de desarrollar nuestra empatía con todo lo que puebla el planeta, amar a cada ser vivo como si estuviéramos dentro de él. Esta es la manera de conseguir la igualdad.

Resumiendo, que ningún hombre es quién para decirle a una mujer lo que tiene que hacer y menos por la fuerza, pero un grupo feminista radical tampoco, repito, cada cual debe elegir con libertad y responsabilidad, pero de ahí a la tontería de negar la mayor va un buen trecho.

 

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23 comments

  1. Verás, Mercedes. Casi de acuerdo, pero no creo que el hombre maltrate porque sea más fuerte, porque para disparar un arma no se necesita fuerza. Lo que sucede es que la mujer planea su maltrato, que las hay, de otra forma. Es cierto que la histroria de los crímenes ofrece sobrados ejemplos de que la mujer prefiere el veneno, pero no por falta de fuerza, sino por rechazo innato a la violencia física, excepto si le tocan a las crías, que como cualquier especie, saca todas sus armas.
    Los países nórdicos son más violentos de lo que pensamos. No tenemos más que leer a los autores policiacos, que recrean crímenes sanguinarios como pocos: Asa Larsson, Camilla Lackberg y otras autoras dan fe de ello y son mujeres.
    En cuanto a la igualdad… Ese es otro tema de controversia. La igualdad no se consigue llamando miembras a las mujeres de un colectivo, sino reivindicando la igualdad de presencia en la responsabilidad empresarial y política, y no digamos ya en los salarios.
    Por otra parte, los que te insultan no lo hacen por tu comportamiento, sino por tu éxito, así que… Aceite en toda tu alma y que resbale.
    El hombre ha maltratado siempre, pero la amenaza de su superioridad lo ha acentuado. Antes llegó a ser un derecho, y no sigo hablando que me enciendo.

  2. Que razón tienes amiga, pero los fanatismos no ven ni siquiera lo que tienen delante. La igualdad entre hombres y mujeres no pasa por lavar esto o aquello, pasa por colaborar y respetar en todos los sentidos, pero eso es tan difìcil que algunos lo “visten” con peticiones absurdas. Más que pedir igualdad es preferibke pedir colaboración y respeto a cualquier persona.

  3. Mercedes, es increíblemente buena tu exposición. Me quito el sombrero, una vez mas… Pones palabras a mis pensamientos y razonamientos, y supongo, a los de muchísimas personas que no se oyen pero que tienen una buena dosis de sentido común, como el que tú manifiestas cada vez que te pones a escribir ¡Enhorabuena! Ahora se dice “eres un crack”, mi madre siempre dijo: “eres un fuera de serie” que para el caso es lo mismo. Pues lo dicho, me ha fascinado ¡Enhorabuena y gracias! Un fortísimo abrazo.
    P.D.: como yo no necesitara trabajar…. Vamos, que lo de “mantenida” es mi vocación frustrada. Anda que no iba yo a leer ni ná 😂😂

  4. Si, si que es « una fuera de serie », me alegro de que te tiemblen las calandracas a la hora de discutir ( asi no lo haces) es una suerte para mi leer tus articulos, siempre fuertes, sensatos y claros. Pienso que hay veces que no vale la pena discutir si el que tienes en frente es de un determinado grupo o colectivo. Fantástico articulo Mercedes y estupendas respuestas las de tus lectores., lo triste es que esos que te llaman…«noseque» no lo leeran es mas me pregunto si lo comprenderian si lo hicieran.
    Tu escribenos y piensa que esto es parte de un arancel que tienes que pagar «por ser vos quien soys», no hay derecho pero si mucha facilidad para hacerlo.
    Un fortísimo abrazo querida amiga.

  5. Mercedes, me he releído tu entrada, por cierto fantásticamente argumentada y escrita, y ¿Qué quieres que te diga? Yo encuentro tu razonamiento perfectamente razonable. Nadie puede decir que somos iguales porque, como bien dices, de otro modo la naturaleza ya se habría cargado a uno de los sexos para evitar duplicidades estúpidas. Efectivamente yo nunca podré parir por más que esté de acuerdo con la igualdad. No creo que haya ningún/a cretino/a que ose rebatir esto igual que nadie podrá discutir que el ser humano no puede volar, porque no tiene alas, básicamente. Como ves, hablo, como tú, de cuestiones meramente físicas.
    Otra cosa, y en eso es donde creo que tiene que incidir la verdadera lucha por la igualdad de los sexos es en el resto de circunstancias de la vida y de nuestra sociedad. No entiendo por qué el porcentaje de directivos de las empresas sigue siendo más alto en el sexo masculino que en el femenino cuando no existen trabas diferentes por ser hombre o mujer. No entiendo por qué el trabajo de la casa suele recaer sobre las espaldas femeninas cuando (doy fe de ello) el poner un cocido en la olla, barrer o fregar un suelo, hacer las camas, poner la lavadora o planchar, son actividades para las que ambos estamos dotados. No entiendo por qué el mismo trabajo se valora más si eres hombre que si eres mujer, que cobras un 20% menos. No entiendo que a una mujer, porque le apetece llevar una minifalda, corra el riesgo de ser violada. No entiendo por qué la mujer debe demostrar más valía que un hombre para ejercer el mismo desempeño.
    En fin, son muchos siglos de historia contra lo que hay que luchar, pero creo que estamos en el buen camino. Los extremismos, vayan en la dirección que vayan, siempre acaban excluyendo al otro.
    Bueno, que estupenda entrada, que me enrollo como una persiana.
    … Y ¡ni puto caso a las maledicencias!

  6. Tu razonamiento me parece muy interesante, Tocaya, y creo que frente a un café llegaríamos a una conclusión muy válida entre las dos. Solo un apunte, es cierto, la agresividad del hombre es milenaria, porque han miles de años seleccionándose al mejor cazador, que era el más agresivo. Sobre el rechazo de la mujer a la violencia, si le das la vuelta, es más de lo mismo, la rechaza porque en el fondo sabe que con la fuerza no ganará.
    Es un lujo tener aquí tus valiosos comentarios sobre temas tan importantes.
    Gracias.

  7. Estimado Cándido, son comentarios como el tuyo los que me hacen darme cuenta que por mucho que intentes dejar tus impresiones en un artículo, siempre se quedarán muchas cosas por decir. Me encantaría poder hablar de todo lo que apuntas tranquilamente, sé que sería una conversación muy interesante y los dos aprenderíamos, sobre todo yo.
    Gracias por tu sustanciosa aportación a este particular debate entre personas civilizadas.
    Un abrazo.

  8. Mercedes, una vez más paso tu blog y me voy con una gratísima sensación de que no está todo perdido, todavía hay lucidez y sentido común dentro del océano de fanatismo y sinsentido que abunda en estos lares digitales! Comparto todo lo expresado en tu artículo y aplaudo la valentía de defender tu pensamiento en este post, de manera clara y sin ambigüedades, a riesgo de posibles reacciones energúmenas por parte de algunos desubicados, de los que nunca faltan. Porque en definitiva, la puja entre machismo-feminismo, sobra. Se trata de dignificar a la persona por sobre su sexo, condición social, sus creencias, etc. y mucha de la problemática social se resolvería de manera más sencilla si la gente usara la empatía, el respeto hacia el prójimo, los principios morales, la educación, los valores, esos de toda la vida y fíjate, nada de eso lleva “ismos”! jeje Pero el humano se empeña en ser complicado, mi amiga! Es un gustazo seguir tus reflexiones, me hacen sentir menos extraterrestre! jejeje Un fuerte abrazo!!

  9. Voy a tratar de argumentar en contra o matizar alguna de las afirmaciones que haces, aunque en esta asfixiante inquisición de lo políticamente correcto en que vivimos, tal cosa me puede costar penalidades sin cuento. Es verdad que no hay el mismo porcentaje de directivos de empresa masculinos que femeninos, ni tampoco las direcciones de los centros administrativos, pero, por mi experiencia, ello no es debido a un rechazo a que esa igualdad en porcentaje se dé, sino a que el mundo de casi toda empresa está construido con empujones y competiciones descarnadas, que no son las armas que suele usar la mujer, al menos de manera tan agresiva como los hombres; y a eso le hemos de añadir el hándicap que tiene el embarazo para la vida laboral de la mujer.
    Otra cuestión, el trabajo en casa: te aseguro que no sé si esa mayor preocupación que demuestra por término medio la mujer más que el hombre es debida a la educación recibida o es un rasgo innato; lo cierto es que la mayoría de los hombres viviríamos en una pocilga sin grandes desgarros. Así que, por una causa o por otra, el hombre hace el trabajo de la casa con mucho mayor sufrimiento (porque le desagrada en extremo) que la mujer, mientras que en la cocina hay muchos más hombres que trabajan a gusto. En cualquier caso no es de recibo que la mujer emplee más horas que el hombre en las faenas del hogar (a menos que sea una mujer obsesiva de la limpieza, que las hay, y muchas).
    Lo del mismo trabajo y distinto sueldo es un mito, o el empleo perverso del lenguaje. Ni en la sanidad ni en la enseñanza ni en el ejército ni en las administraciones hay diferencia alguna de sueldo para el mismo trabajo. Ni tampoco creo que lo haya en ninguna actividad, otra cosa es que los trabajos que suelen realizar un porcentaje muy grande de mujeres está mal remunerado porque se da demasiada oferta de ellos. Es cierto que por término medio la mujer gana menos que el hombre, pero realizando diferentes labores.
    Lo de las violaciones de que hablas, es cierto, los hay muy salidos y muy poco contenidos, y eso demuestra que el hombre y la mujer son diferentes; tienen sexualidades y expresiones sexuales distintas. Con lo cual, esas expresiones deben ser atadas bien corto, que es lo que se hace, penalizando con máximo rigor al violador.

  10. Sería cuestión de adentrarse en un debate profundo el determinar qué es y qué no realmente machismo. Afortunadamente la mujer va escalando posiciones en la sociedad poco a poco a pesar de la “tara” de poder quedarse embarazada, cuestión que está más que solventada, por ejemplo, en los paises nórdicos, donde la baja maternal se reparte a elección de la pareja, entre los dos conyuges.
    Solo un razonamiento:llevamos ya unos cuantos milenios de historia en los que las guerras, las miserias, las rencillas nos acosan cíclicamente. Y se trata de una historia regida por nosotros, los hombres, contada por nosotros los hombres. Me queda la duda, razonable, de saber cómo sería el mundo si en sus avatares hubieran participado en mayor grado las mujeres. Estoy convencido de que sería un mundo mejor. Y no es por ser políticamente correcto, sino que realmente lo pienso de esta forma.
    Me hablas de la administración como ejemplo de la igualdad ante el trabajo, Solo faltaría que la misma administración, garante de las igualdades, obrara discriminando a la mujer. No obstante en medicina, por ejemplo, a pesar que actualmente la mayoría de los profesionales suelen ser mujeres, el espacio dedicado a los “dioses” de la medicina está prácticamente reservado a los grandes médicos, hombres, que suelen tener sueldos estratosféricos en las instituciones privadas, es decir fuera del amparo de la igualdad que ofrecen las administraciones.
    No creo que la mujer tenga una predisposición especial a las tareas del hogar, me imagino que estas desagradarán a ellas tanto como a nosotros. A mí no me apetecen casi nunca. Pero por experiencia te digo que si un hombre quiere y pone interés es capaz de realizarlas con pulcritud, no como mera supervivencia.
    Evidentemente somos diferentes físicamente, pero no intelectualmente, que es lo que debería primar. Y ,como acertadamente han comentado antes, la relación debería ser de empatía, de respeto, y no de sometimiento. Tanto mejor nos iría como sociedad.
    Es un asunto complicado porque el ser humano se empeña en complicarlo pero, repito, los extremismos no nos llevan más que a excluir a la parte que no piensa como nosotros, y eso no está nada bien pues nos empobrece como seres humanos.

  11. Estoy en general de acuerdo contigo, F. Joya, los números son muy fríos y no analizan el fondo de la cuestión, porque, que yo sepa, a mismo puesto de trabajo, mismo sueldo para ellas y para ellos, y como tú bien dices, otra cosa es que la mujer ocupe puestos laborales más precarios porque se adaptan mejor a su naturaleza. Es decir, los empleados del hogar son en su mayoría mujeres por la flexibilidad que les aporta, esto conlleva un sueldo más precarios. Ahora bien, esto hay que arreglarlo porque no deja de ser injusto.

  12. Si es que llevas toda la razón, pero, ojo, cualquier empresa quiere el máximo de beneficios, y si el Estado no se hace cargo de las bajas laborales de la mujer… ¿Por qué en los países nórdicos se ha llegado al máximo conocido en igualdad? Porque tienen dinero para cubrir las pérdidas, así de simple. Este es el problema. Y que las mujeres en los tiempos que vivimos no tengan el mismo número de cargos importantes que los hombres tampoco creo que sea una cuestión de una sociedad machista, es más de lo mismo, simplemente el hombre se centra más en su trabajo porque tiene más tiempo, menos bajas. Pero que esto se puede arreglar con voluntad, al menos en gran parte, y con dinero.
    Por otro lado, por supuesto que las labores del hogar son cosa de él y de ella, faltaría más, el que más tiempo libre tenga deberá ocuparse más.

  13. Pues eso digo yo, Zeltia, ¿qué problema hay en ser distintos? El problema surge cuando no respetamos y valoramos las diferencias. A mí me encantaría que la sociedad de hoy fuese capaz de valorar el proceso de la maternidad hasta el punto de considerarla una labor crucial en nuestra sociedad y que fuese pagada como se merece, como también me gustaría que cierto sector de hombres y mujeres dejaran de ver a la mujer madre como la débil y sometida.
    Otro abrazo grande de vuelta.

  14. Estudié mi último año de carrera en Suecia. Una compañera española aseguraba que no veía que en aquel país hubiera una igualdad de género ideal como habíamos oído. Nos ponía dos ejemplos:
    Ellas, todas, todos los días, a las ocho de la mañana, en la facultad de ingeniería, iban perfectamente maquilladas.
    Ellas no soportaban la idea de no tener pareja. Ser impar les parecía una tara terrible.
    Ninguna de estas dos cosas presentaban mis compañeras de clase españolas (o al menos no de manera generalizada). Hay asuntos que escapan a las estadísticas.

    La frase “De verdad que ha debido ser casualidad” no me va a dejar dormir:
    1. Supongo que quiere decir “De verdad que ha debido de ser casualidad”.
    2. En tal caso no puede estar segura (de verdad) y dudar al mismo tiempo (ha debido de).
    3. En el resto del relato presenta su opinión con profunda certeza. Resulta entonces poco creíble su “bambiano” ha debido de ser casualidad.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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