MADURAR PARA ESCRIBIR

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Madurar es asumir que no hay respuestas para esas preguntas que te persiguen desde años; que hay que hacerles un hueco en casa a las dudas y convivir en armonía con ellas. Hacerse mayor pasa por entender que ya no queda tiempo para desperdiciarlo en conversaciones estériles, en galanterías a quien no le importas, en crearte y pagar deudas para trepar hacia ese duende burlón que llaman éxito, en esforzarte para maquillar las arrugas… Ya no corres sin aliento tras los espejismos que prometen victorias, te paras, te sientas y esperas a que te encuentren a ti, si es que hay suerte.

No, ya no tengo miedo a negarte un «te quiero», tendrás que arrancármelo; ni te diré «amigo» esperando que algún día llegues a serlo, no busco seguidores, busco amores; ni esperaré paciente mientras escucho mentiras, me levantaré y me iré, sacudiéndome el polvo de las sandalias; ni tampoco te abandonaré si sufres de veras. Si de algo hay que morir, que sea de amor. No me llores sin sal en las lágrimas, porque me marcharé.

Madurar es soltar lastres para caminar ligero. Es contemplar, disfrutar de la belleza del camino, de los brotes de primavera, de la exuberancia del verano, de las melancólicas pérdidas del otoño y de la soledad que te abraza en el invierno. Es no sacrificar ni un solo instante presente por lo que tal vez llegará. Sí, mis músculos se debilitan, pero nunca tuve tanta fuerza como ahora para apartar las piedras a mi paso.

No, ya no quiero triunfar, ni morirme rodeada de distinciones, ni cambiar el mundo, quiero arribar en su playa más limpia y que las huellas dejadas marquen el camino a los que conocí. Ahora mis oídos están sordos a los cantos de sirenas, no me reconfortan los halagos y consuelos vanos, me he sentido amada de veras y ya no me conformo con menos. No es por nada, es solo que ya no tengo tiempo que perder. Y es por eso por lo que no voy a desperdiciarlo y no escribiré para alimentar tus instintos animales, ni el morbo, ni para que mis personajes te ayuden a justificarte y te sientas menos culpable de participar en este juego mundano, lo haré para que cada palabra escrita sea un vendaval que arrase con la paja y mostrarte que lo realmente bello no es visible los ojos. Es posible que solo me leas tú, pero arribaremos juntos en aquella limpia playa.

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8 comments

  1. Pero que bonito… Y es que es así, el paso del tiempo nos enseña que lo importante es el presente, el momento que vivimos ahora, y las personas que nos rodean, las que nos quieren y a las que queremos… y como bien dices… las que nos quieren de verdad y sin las que no sabríamos estar.
    Mercedes ¿por qué siempre me haces reflexionar? ¿por qué siempre me emocionas? ¡Me encanta!
    Un fortísimo abrazo

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