EL CIRCO LITERARIO

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La literatura ha recorrido hasta nuestros días un camino milenario, el legado que hoy podemos disfrutar es vasto y valiosísimo. Sin ella, y sin esos escritores que en otros tiempos plasmaban sus palabras en piedras, papiros o papel, con cincel, pluma, bolígrafo o máquina de escribir; sin esos hombres y mujeres que durante siglos han vertido su historia y la de sus contemporáneos, hoy seríamos mucho más ignorantes. Ha habido épocas gloriosas, que ahora recordamos con nostalgia, casi con envidia.

A veces pienso en qué legado dejaremos los autores del momento y me doy cuenta de cuánto y qué rápido ha cambiado todo en este tramo del camino que recorremos. Siempre llego a la conclusión de que jamás en la historia los lectores han tenido tanto protagonismo en el mundo de la literatura. Por muchos motivos, pero principalmente: porque el analfabetismo ya es pasado, porque acceden a cualquier obra con un solo clic y porque nunca antes las reseñas, críticas y comentarios llegaron a tantos y tan lejos. Es muy posible que en buena parte el presente de las letras lo esté escribiendo el lector de a pie, no el intelectual de antaño, que conocía la lengua y sus vericuetos al dedillo y que buceaba sin descanso en lo más profundo del ser humano. Los nuevos lectores eligen entre la extraordinaria oferta de títulos aquellos que pasarán a la historia, a mi parecer, de manera mucho más interesada. Y esto me lleva a una pregunta que me angustia: queridos leyendos, ¿tenéis idea de la responsabilidad que supone ser los artífices de la lista de obras que nos representará en épocas venideras?

No se han necesitado más de cinco años para que, de repente, lo que parecía fluir por un canal establecido, se convirtiera en una riada incontrolable. Hasta «antes de ayer» podíamos imaginar a los escritores buscando lectores en una competencia aparentemente limpia. Me viene a la mente el juego de la silla, menos sillas que jugadores, sí, pero al final conseguía sentarse el más rápido, perseverante, ágil y dotado (literariamente hablando). Pocos quedaban en pie. Esto ya no es así, gracias a las plataformas digitales, ¡hay sillas para todos!, pero ninguna es segura. La cuenca es lo bastante ancha para albergar una inmensa riada, pero los peces son los mismos, y a menudo los reparten lectores inconscientes y los propios autores por meros intereses.

Esta sorpresiva situación ha dado lugar a una corruptela que atisbo tan obvia como peligrosa. Que el escritor tenga comunicación directa con el lector, que esté tan expuesto públicamente, tiene luces y sombras. Todos los autores estamos de acuerdo en que acceder sin obstáculos a la opinión espontánea e inmediata de quien acaba de llegar al the end de nuestra historia, es un privilegio que nuestros antecesores envidiarían; pero no es menos cierto que en esa inmediatez y cercanía entran en juego factores resbaladizos:

―La personalidad del escritor: que sea simpático, cercano, agradecido… Se me ocurren algunos clásicos que en nuestros días hubiesen pasado al olvido por antipáticos, machistas o por tener ideologías cuanto menos… extravagantes. La obra debe analizarse desde el punto de vista literario, la personalidad del autor es cosa aparte.

―La experiencia bloguera: o sea, que el autor haya seguido, leído y comentado durante tiempo a un buen número de blogueros literarios. Estos favores son deudas contraídas que al final se cobran al publicar tu libro. A ver, te has pasado años leyendo las obras, algunas buenas y otras muchas verdaderos bodrios,  de todo quisqui y has comentando sin aliento lo maravillosas que son. Ea, ahora me toca a mí.

―La actividad en las redes: especialmente que el autor cliquee incansablemente en el  “me gusta” de las publicaciones de lectores y compañeros y no cesen sus halagos a las obras ajenas, las haya leído o no, especialmente si están despuntando en las listas. Por supuesto, hay que sembrar los muros de felicitaciones y enhorabuenas, por todo: porque alguien ha publicado un relato o un libro, o porque ha conseguido abrir la puñetera lata de tomate, da lo mismo, hay que dejar constancia de cuánto te alegras de todo lo bueno que le pasa al compi; aunque en realidad que su obra sea buena o mala, a pocos les importa, y menos la literatura. Lo que cuenta es que lo parezca.

―El grado de pudor: esto es, como quiera que el lector ha pasado de ser un soñador curioso a un auténtico cotilla de patio, para captar su atención, el escritor deberá ir desnudándose en sus páginas lentamente; echará carnaza por las redes con inteligencia, para ser seguido incansablemente por estos consumidores de letras adictos al chisme. Los cuales no se conforman con saber a qué hora escribes o qué método utilizas para inspirarte, esto ya nos lo preguntan en las entrevistas que nunca leen, ellos quieren más. Invito a los interesados a darse un paseo por las páginas de Facebook de escritores del «Top» y que disfruten del «Sálvame de la literatura»: a uno le duele la cabeza, otro está en el Ikea, uno más en el dentista. Aquel anuncia que se va a ver su concurso de la tele favorito, más allá alguien recuerda que está en la peluquería y luego enseña su selfie con el resultado. De pronto alguien con un cabreo de narices por que le han robado no sé cuántas estrellas. Seguimos y otro que nos habla de su separación. Ahora fotos y portadas, y más fotos, libros sobre la cabeza del autor, con peluches abrazados, tirados en la arena… Frases de otros autores (estas son las mejores), más frases, pero disparadas como balas a alguien cuyo nombre nunca sabremos y que ponen al resto del colectivo alerta: ¿lo dirá por mí? Eso lo ha dicho por fulano o mengano, era de esperar… De repente, reunión de pastores, ¿qué oveja habrá caído? Parece mentira, pero sí, todavía hay quien da más. Los privados arden. Esto os va a encantar: todos los escritores que frecuentan determinado espacio en la red etiquetados por el mismo autor, da igual el motivo, el caso es que dicho autor aprovecha los miles de seguidores de sus compañeros conocidos para publicitarse. ¡Olé la jugada!

Este tipo de cosas genera lo que podríamos llamar «ruido literario», es como la flauta del desconocido de Hamelín, cuando más la tocas más te siguen.

¡¿Esto será lo que transcienda de nuestros días a los anales de la historia de la literatura?! ¡Me niego!

Hay hechos, probados, ¿eh?, que me dejan perpleja: un autor «consagrado» escribe un post en su blog plagado de erratas, faltas de ortografía y problemas de puntuación, además de no decir nada. Bien, está en su derecho, faltaría más. Uno, dos, tres… Ahí están sus amiguísimos comentando lo maravillosa que es la publicación, lo bien escrita que está y que si pudieran se la tatuarían en el pecho. Bueno, si eres tan, tan amigo, escríbele y mándale las correcciones. ¿O en el fondo desearías ver hundido tu compañero compañerísimo y por eso te callas, lo alabas  y lo dejas que se dé el tortazo? Yo sí tengo algún compañero amigo y sé cómo actúan: me escriben en privado, me apuntan dónde me he equivocado y, por supuesto, nunca me felicitarían en público por aquello que es malo. De estos me fío.

Las redes son una herramienta valiosa para promocionarnos, qué duda cabe, y debemos utilizarlas para llegar a los lectores, cada cual con su ingenio y capacidad, pero, honestamente, creo que hemos traspasado límites peligrosos. Estamos dando más circo que literatura. Estamos condenando al ostracismo obras realmente valiosas cada vez que aupamos las mediocres. Mentimos consciente, descarada y vergonzosamente. Estamos viciando, simplificando, adoctrinando en la vaciedad el gusto del lector.  Es lo que tiene cuando nos acostumbramos a convivir con la mentira, que ya no encontramos la verdad ni con lupa.

Hoy quería llamar la atención de todos esos lectores y recordarles lo importante que es para el mundo literario su espíritu crítico.

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29 comments

  1. No se puede tener más razón. Y lo peor es que sino formas parte del “lío”, no existes. Así de simple… a veces, hasta dá cosilla comentar si algo no te ha gustado, si lo encuentras mediocre, porque sabes que te vá a caer un aluvión de palmeros encima :$

  2. ¡Uff! Después de leer esto… siento una responsabilidad enorme como lectora. Pero me ha ayudado a discernir lo que quizá sea lo más correcto, de aquello que puede “herir” a la literatura contemporánea. ¡ Gracias Mercedes!
    Un abrazo
    Mónica

  3. Reconozco que yo, si el autor no me llega de alguna manera, no suelo leerlo… Ya sea famoso o no… Pero tienes razón en lo que dices… Estáis escribiendo la historia de los futuros estudiantes… Y a veces pienso… Menos mal que he nacido antes… Hay obras que no leería… Y mucho menos obligada…

  4. Por desgracia, en su mayoría, no creo que sean conscientes. Supongo que es tarea de los medios, de los propios autores y de los responsables editoriales inculcar esa nueva “responsabilidad lectora”. Así como desde niños a las nuevas generaciones. La educación, como en casi todo, es fundamental.

  5. Uffffffff, te respeto tantísimo Mercedes, ,,,, no yo no soy palmerilla de nadie, no necesito nada, bueno si una cosa que pese a todo tu te mantengas al margen y continuar escribiendo. Mirare el salvaje al que te refires , pero tu ” guardare bien ” querida.

  6. 1) Excelente escrito.
    2) A los lectores me los paso yo (como escritor) por el Arco del Triunfo. También lo sé poner en francés. Ya esté bien ese mito de que escribimos para los lectores. ¡Mentira!
    3) Escribimos porque hay unos entes llamados o conocidos como personajes de novela que necesitan de nosotros para sobrevivir, para tener al menos la oportunidad de vivir una vez sus historias. Lo demás es comercio.
    4) Salidos a todos.

  7. Opino como Eva Mruiz, me tiene que gustar el autor para leerlo, si bien hay veces que lo leído no me llega…. Estoy de acuerdo en que los lectores deberíamos ser más críticos, yo misma me he guardado oiniones que no estaban de acuerdo con gente con la que interactúo en las redes, porque también es cierto, que algunos escritores no encajan bien las malas o regulares opiniones……
    Un abrazo.

  8. Yo como lectora te puedo de decir que no leo por “afinidad” con tal o cual autor,leo porque me gusta leer…..si tu libro me ha gustado y tengo la oportunidad de hacèrtelo saber,lo harè,pues sè que es grato que te reconozcan el trabajo bien hecho,y si no me gusta no te diré nada,pero tampoco te alabaré en vano.

  9. El juego social que rodea a los escritores y que fascina a los lectores no es algo nuevo, solo ha cambiado el escenario: ahora estamos enredados, eso es todo. Por estar las redes sociales al alcance de todos nos produce la sensación engañosa de que todos estamos participando en el invento, y de alguna manera sí que lo hacemos por medio de nuestros clics. Sin embargo, no creo que estemos decidiendo nada trascendente, pues mayormente opinamos sobre aquello que los editores hayan decidido publicar (al margen de unas pocas obras de autopublicación), aquellos textos que sí han pasado la criba de “la censura comercial” (como acertadamente la ha tildado Juan Goytisolo).
    Creo que el tiempo sí que pone a los libros en su lugar, en las estanterías de honor o en los fondos del olvido. No hay más que revisar cualquier lista de literatos premiados para darse cuenta de quien fuera célebre en los años cincuenta puede ser un perfecto desconocido a día de hoy, por ejemplo. Así que no entremos en pánico por esa aparente participación colectiva, a veces frívola por su carácter de acontecimiento social, porque lo bien hecho, bien parece y suele trascender, cosa que no pasa con los productos editoriales sino con las obras literarias.

  10. Sinceramente, ¿no es curioso que todos los comentarios sean halagos y estén de acuerdo? ¿Nadie señala un solo matiz en contra? Da que pensar… En esas cosas que apuntas sobre seguidores y gente que nunca lleva la contraria para contraer deudas que luego se pagan… O a lo mejor no, quizás aquí reine una armonía especial que yo jamás he visto en ninguna parte.

    En mi opinión, sobreestimas lo que es capaz de conseguirse en las redes sociales. El ruido de verdad lo hacen los lectores, a miles, a cientos de miles, (incluso millones en algunos casos) que siempre superarán a unos cuantos cientos de escritores (como mucho) peloteándose entre ellos, que además se les nota desde lejos. Y los lectores harán ruido sobre lo que a ellos les guste, no sobre lo que pienses tú (ni yo, ni nadie) que les debería gustar.

    Quién sabe lo que quedará para la posteridad. El verdadero cambio, creo yo, no es el autobombo y el peloteo en las redes, es otro. Antes solo se leía lo que unas cuantas empresas decidían que se podía leer. Ahora es posible leer lo que a uno le dé la gana, o casi. Cualquiera puede formar su propio criterio a su gusto, no solo al de ciertas empresas, incluso siguiendo el criterio de otros si no se tiene uno propio. Lo que salga de ese planteamiento, en mi opinión, será bueno.

    Y creo que solo debería molestar a los que tratan de imponer su criterio a los demás. Los que saben lo que les gusta y no tienen inconveniente en que otras personas lean lo que prefieran, aunque no coincida con sus gustos, no van a tener ningún problema. Los otros, los que se empeñan en decirle a los demás lo que es bueno y lo que no, lo van a tener cada vez más complicado.

  11. Laura Antolín, en esencia, estoy de acuerdo contigo. Por supuesto, lo bueno lo es, a pesar de lo que digan y aunque nadie lo diga. Pero no es menos cierto que esa lista de premiados de la que hablas quedará para los anales de la historia y en un futuro, cuando alguien busque información sobre nuestra época, encontrará sin dificultad las obras de estos autores, lo merezcan o no.
    Gracias por tu interesante aportación.

  12. Nando, me has hecho recapacitar… es muy posible que yo esté observando desde la perspectiva de un ángulo muy estrecho. Sí, muchas veces lo he pensado, igual lo que veo a mi alrededor está cercado por un círculo muy estrecho y lo que de veras genera “ruido” está más allá. De cualquier manera, esta es mi experiencia después de tiempo, al menos en el espacio que me muevo, y nada me gustaría más que estar equivocada. La verdad es que este es un tema que requiere mucho debate y puntos de vista, es complicado hacer un análisis certero desde una sola postura.
    Mil gracias por tu valiosa aportación.

  13. Esos “palmeros” de los que hablan, si en verdad sólo actúan así para caer bien y esperar su oportunidad para ser elogiados, se están engañando a sí mismos. ¿Para qué leemos? En mi opinión, para disfrutar intelectualmente. La literatura nos traslada a mundos que, si la historia está bien escrita, se nos antojan tan reales como el que habitamos. Traducir en imágenes vívidas lo que leemos, sentirnos parte de ello, es un placer difícilmente igualable.
    Ahora bien, si leer se convierte en una obligación para quedar bien con este o aquel autor y aunque no nos haya gustado nos empeñamos en loarlo y en “reírle” las gracias al autor, básicamente estaremos perdiendo el tiempo y siendo bastante estúpidos. Pero que cada uno haga lo que quiera, faltaría más.
    La verdad, no me preocupo por esas cosas. Yo leo lo que me apetece y escribo lo que me gusta, procurando hacerlo lo mejor posible y siendo honesto. Soy tan ingenuo (todavía) que creo que si lo hago realmente bien los lectores acabarán queriendo leerme, independientemente de que sea un tipo muy majo y de que les cuente las anécdotas irrelevantes de mi vida.
    En cualquier caso, en el océano literario actual, donde la oferta casi supera a la demanda, es imposible que no queden buenas obras enterradas. La revolución digital es una gran oportunidad, pero, como todo, también tiene sus inconvenientes. En mi opinión, al menos de momento, las ventajas superan a los inconvenientes.
    Un abrazo.

  14. Benjamín, veo que eres un tipo coherente y valiente, yo estoy ahí, entremedias. Intento ser paciente, no dejarme llevar por tanto ruido, a veces hasta lo consigo. Una y mil veces me digo a mí misma que todo llegará si soy perseverante y sigo aprendiendo, y otras… veo casos que me desmoralizan. Ahí andamos, luchando con nosotros mismos y con el mundo.
    Gracias por comentar.

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