CRÍTICOS Y LECTORES, TODOS OPINAN

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A mi entender, cualquier tipo de texto literario puede ser analizado, básicamente, bajo dos puntos de vista: el del lector de a pie, más o menos experimentado, y el del crítico o corrector literario, que normalmente tiene en su haber una licenciatura de letras como pudiera ser filología.

El LECTOR “consumidor” de novelas, en general, dependiendo de que su bagaje sea más o menos amplio, no analiza en profundidad, su opinión está basada en la impresión emotiva e intuitiva que haya podido dejarle la obra, que siempre estará relacionada con sus gustos, formación y situación ante el mundo. Es decir, sabe que tropezaba constantemente mientras leía, o que se aburrió soberanamente en algunos tramos, o que no conseguía distinguir unos personajes de otros, qué sé yo; pero difícilmente podrá desgranar los motivos que le originaron tanto tropezón o aburrimiento. Creo que se necesita un conocimiento muy profundo para analizar con detalle y objetividad una obra literaria. Finalmente, por el motivo que fuere, lo que recordará es si fue zarandeado por las letras que asimiló, si se implicó en la trama, si suspiró mientras leía, si aprendió…

El CRÍTICO O CORRECTOR LITERARIO sigue, o debería seguir, un protocolo establecido. Analiza estructura, sintaxis, ortografía, erratas, construcción del argumento, personajes, envoltura general de la obra… Detecta con rigor párrafos farragosos, exceso de anacolutos, falta de ritmo, incoherencias, muletillas… Como también evalúa la madurez lingüística del escritor y el interés que pudiera tener la historia frente a un posible público.

En un principio, el análisis de unos y otros debería seguir estas pautas. La labor del crítico sería objetiva y la del lector subjetiva. Aunque siempre hay un poco de subjetividad en lo objetivo y al contrario.

También habría que hablar del lector escritor, anclado por su condición entre los dos supuestos anteriores, como en el punto intermedio de una cuerda tensada, y que daría para un artículo aparte.

Hasta aquí tal vez no haya mucho que objetar, cada cual digiere los textos desde su perspectiva y así lo expresa, generando diversidad de información más o menos válida  para lectores y escritores. Personalmente, valoro tanto una opinión humilde y espontánea como otra elaborada y profesional, lo que no acepto son aquellas cuyos autores dan por incuestionables y están mal escritas y con faltas de ortografía imperdonables para tamaños catedráticos, esto me hace sospechar.

No podemos olvidar que la falta de honestidad que a veces acusa este sector desvirtúa y amenaza esta importante labor de la que dependemos los autores. Amiguismos, deudas contraídas y favoritismos están en muchas ocasiones detrás de comentarios, reseñas y críticas “profesionales”. Suele pasar que de tanto dar como veraz una opinión sin fundamento y manipulada, de repetirla hasta la saciedad, la masa termina haciéndose eco elevando el bulo a dogma incuestionable; es más fácil ser guiado que hacer camino, es más fácil tomar ideas que idear, y a corto plazo menos ingrato, aunque el tiempo no sabe de tiempo y termina otorgando el lugar que corresponde a cada obra. No hay más que visionar algunas imágenes del antiguo Nodo para darse cuenta de lo fácil que es dirigir un rebaño y cómo visto con perspectiva resulta inexplicable.

De cualquier manera, tanto los lectores que reseñan y opinan como los críticos y correctores, cuando lo hacen desde la honestidad, son de gran valor para el autor y para el propio lector. Todos crean opinión, todos hacen literatura junto al escritor.

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