«MALDITA», LA HISTORIA DE UNA HISTORIA

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Escribí «Maldita» después de publicar mi segunda novela «La última vuelta del scaife». Mis dos experiencias con editores no fueron lo esperado, tal es así que casi perdí la fe en mí misma, y digo «casi» porque algo de esperanza debía tener cuando seguí escribiendo pensando en el posible lector.

Después de los dos años de arduo trabajo que necesité para escribir «La última vuelta del scaife», me apetecía hablar sobre un tema más cercano, que me permitiera narrar con más agilidad, sin tener que parar continuamente para consultar o contrastar datos. Siempre me interesó cómo influye lo vivido de niños en nuestras vidas adultas, de hecho, en todos mis libros comienzo dando a conocer al protagonista incluso antes de nacer. Tanto me motiva el mundo de los afectos donde transcurren los primeros años de un ser humano que mientras escribía «Maldita» apenas reconocía mi propia existencia. Era un tema apasionante. Durante los siete meses que me ocuparon esta obra me obsesioné, no me aparté de la vida de la pequeña Lucía más que para lo imprescindible. A medida que avanzaba en la historia era consciente de que, básicamente, podría parecer un «culebrón venezolano», y que no encontraría editorial que la acreditara. Cuando estaba a punto de terminarla lo tuve claro, era un «culebrón venezolano», y aunque el universo confabulara a mi favor no tendría cabida en el mercado, por pura lógica: si a una novela como «La última vuelta del scaife» le había costado tanto llegar… vamos, que no.

¿Y ahora qué? Yo quería que leyeran esta historia, necesitaba comunicarla, tal vez hubiese algún incauto… La presenté a un concurso digital que fue un desastre, es una larga historia, y se acababan las opciones. Fue entonces cuando decidí ponerla por capítulos en mi blog, tenía bastantes seguidores, por qué no.

La experiencia no podría haber sido más satisfactoria. Por entonces tenía en el blob un mapa de esos que te muestran con puntitos de colores los visitantes que entran de todo el mundo y cada noche, a las diez, la hora en la que ponía el siguiente capítulo, el mapamundi centelleaba tanto que parecía que se saliera de la pantalla. No podría decir cuántos lectores entraban diariamente buscando el trocito de historia de «Maldita», pero os aseguro que eran al menos varios cientos, y así durante cinco meses. Los lectores me dejaban mensajes de lo más emotivos después de cada entrega. La noche que colgué el último capítulo fue espectacular.

Tanto fue el éxito de la «blogonovela» que me decidí a subirla a Amazon. Cuando Cita Franco, una de las lectoras que siguieron la obra por el blog, supo que me había decidido a autopublicarla en la gran plataforma americana decidió apoyarme. Por entonces no nos conocíamos, simplemente se enamoró de la historia y pensó que valía la pena empujarla. Y organizó una lectura conjunta que superó todas las expectativas soñadas para un escritor novel. Excelentes reseñas se sucedían a diario, no salía de mi asombro. Tanto fue así, que en pocas semanas «Maldita» se posicionó en el Top 100 y en dos meses entre los diez más vendidos. Mientras tanto, conseguí agente literario. A pesar del éxito, por el momento, «Maldita» seguía siendo rechazada por las editoriales, incluso por mi propia agente. No importaba, los lectores comenzaban a conocerme y me dispuse a subir la siguiente novela, «Pretérito imperfecto», que no tardó ni dos semanas en posicionarse en el Top 10; los lectores de «Maldita» querían más y no dudaron en adquirir mi siguiente historia, que también fue rechazada en su momento por mi agente y los editores.

Fue después de que las dos novelas se mantuvieran más de un año entre las más vendidas, llegando a ser best sellers en España, Alemania y Francia, que editoriales como «Ediciones B» y «Planeta de Libros» comenzaron a escribirme: ¡querían mis obras! Y, lo mejor de todo, la propuesta incluía la edición en papel de «Maldita», seguramente una de las novelas más rechazadas por agentes y editoriales.

La historia de «Maldita», indefectiblemente, nos lleva a dudar de todos los caminos establecidos por el mundo editorial. El repetido «no» de agentes y editores ante la propuesta de un autor, como si este tratara sin aval con un prestamista, no debe en absoluto desmoralizar al autor, y tampoco debería envalentonarlo el «sí», el camino puede comenzar en cualquier punto del amplio horizonte y, desde luego, lo hacen día a día una buena historia, los lectores, la suerte y una madrina como Cita Franco.

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