CRÍTICAS, RESEÑAS Y COMENTARIOS LITERARIOS

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Es cierto que una misma novela puede enamorar a un lector y desagradar o aburrir a otro, lo de que hay tantos gustos como narices es más cierto que el amanecer. Pero no es menos cierto que en multitud de ocasiones la impresión que nos deja un libro está sujeta a nuestra edad, estado de ánimo, momento vital, carácter… Por ejemplo, no podemos negar que cuando un título se pone de moda y todo el mundo habla maravillas, de alguna manera ya estamos predispuestos a disfrutarlo. Nos tiene que gustar, porque fulanito, que entiende muchísimo de literatura, lo pone por las nubes, o porque a menganita, que se ha leído las mejores obras del «mundo mundial» y nadie le discute una crítica, dice que es genial.

Da igual el motivo por el que nos pronunciemos y de dónde nos llegue la influencia para terminar formándonos una opinión, lo importante es que al cerrar el libro nuestros comentarios sean honestos y respetuosos, y lo más espontáneos posibles.

Toda obra encierra una parte técnica y otra artística:

La TÉCNICA no debería estar supeditada a impresiones personales, dos y dos son cuatro, no tiene discusión; el verbo haber se escribe con hache, no tiene discusión. Si una historia está llena de erratas o faltas de ortografía, cojea en la sintaxis, tiene una pésima puntuación o está plagada de anacolutos innecesarios, por poner unos ejemplos, cualquier lector con un mínimo de experiencia y que conozca la lengua lo percibirá como un texto inmaduro, escrito por alguien con más voluntad que conocimiento. Hacer una crítica en este sentido es tan fácil como demostrarla. De cualquier manera, estas carencias son fáciles de solventar, es una cuestión de seguir estudiando y trabajando, los textos maduran con el escritor.

La ARTÍSTICA es algo muy distinto, es en este aspecto donde verdaderamente nos jugamos nuestra proyección profesional los autores. Es aquí donde está la esencia, donde se refleja nuestra manera de ver la vida: creencias, vivencias y educación conforman la personalidad del escritor. Se sobreentiende que el asiduo lector tiene una sensibilidad especial, que espera emocionarse entre las letras, que es capaz de apreciar los detalles más sutiles y que por tanto tiene un concepto más elevado de la belleza; pero yo creo que básicamente es un consumidor de ocio como otro cualquiera. Quiero decir que del mismo modo que el perfil del espectador puede ser muy variado a la hora de elegir entre las ofertas de películas, también lo es el del lector. Sí, buscamos en el ocio que nos arranquen de nuestra rutinaria realidad, pero cada cual lo consigue por una vía distinta. Mientras unos buscan la acción y la aventura, otros prefieren el misterio y los hay que disfrutan solo con una historia romántica. Hay lectores que solo quieren evadirse y otros que buscan la reflexión entre las palabras.

Considero que el buen crítico es capaz de abstraerse de sus «ataduras» culturales y educacionales, por así decirlo. Ha de tener una mente abierta y dispuesta a adentrarse en cualquier escenario, de manera que pueda apreciar la visión artística del escritor, siempre única e intransferible. En cambio, los comentarios del lector de a pie se entiende que están cargados de espontaneidad, que no hay en ellos más intención que la de comunicar su impresión. Lo que no es de recibo, ni para aquellos ni para estos, es que suelten sus exabruptos sin base alguna por el simple hecho de que se equivocaron de película y se colaron en la sala donde daban una comedia romántica cuando esperaban altas dosis de acción.

Es verdad que todos tenemos derecho a expresarnos, a elaborar nuestro propio juicio de cualquier obra, pero creo todo se puede decir con elegancia y respeto sin que se desvirtúe la opinión en sí, positiva o negativa. También los escritores tenemos nuestra opinión sobre algunos comentarios de los lectores y somos críticos con nosotros mismos, o deberíamos serlo. Considero importantísima la humildad en todo creador, como también la seguridad en sí mismo, no está reñido lo uno con lo otro.

Tengo que decir que en general he tenido mucha suerte con los lectores de mayor o menor experiencia que se han plantado ante mis novelas, no tengo palabras para agradecerles el agradable trato recibido; pero no puedo obviar comentarios como este:

Sobre «Pretérito imperfecto» por Carmen Uribarri:

«Es mala de solemnidad. No tiene ni pies ni cabeza. Con doce páginas, ya habría terminado la historia. Lo demás sobra».

Del mismo libro por Mirindos:

«Es una novela extraordinaria, muy apasionante que te engancha enseguida. A lo largo del libro hay una serie de momentos o episodios en los que la emoción va subiendo de forma incontenida hasta arrancarte alguna lágrima. Hay personajes a los que identificas en tu vida, pero sobre todo descubres las carencias que te afectan a ti y lo que tú has dejado de aportar a tus propios hijos y que seguramente, como Rafael, piensas que no te debe fallar en tus nietos, en los que piensas redimir esos déficits».

De los dos lectores, ¿quién ha orientado más al posible lector? Yo creo que el segundo, y no porque su crítica sea positiva, sino porque las desagradables maneras del primero le roban todo espíritu crítico.

Aclarar que no conozco en absoluto ni a uno ni a otro.

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