ESCRITOR, ¿EGO, O PASIÓN?

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Hay una creencia generalizada de que el escritor tiene un ego exacerbado que me molesta especialmente, porque pienso que es del todo infundada. No creo en absoluto que los escritores seamos más egocéntricos e intratables que los jardineros o los enterradores, por poner algunos ejemplos. ¿Que haberlos haylos? Pues sí, como en cualquier disciplina, ni más ni menos. En estos años he tenido tiempo de tratar con muchos compañeros, unos empezando, como yo, y otros ya muy arriba, que han demostrado su excelencia sobradamente. La inmensa mayoría es humilde, incluso yo diría que especialmente modesta, sencilla y respetuosa con los lectores. Puede que haya quien intente destacar y se jacte de tener excentricidades banales, pero es la anécdota.

En general, hasta nos cuesta llamarnos escritores, como si serlo fuese cosa de Ángeles Celestiales o, todo lo contrario, cosa de delincuentes. Es lo que somos, podremos ser mediocres, incluso muy malos en el oficio, pero eso somos, porque nos dedicamos a comunicarnos con cuentos escritos, así de simple. Recuerdo que a casa vino un antenista hace tiempo para que nos arreglara la señal, que llegaba algo débil, y que ampliara las conexiones… Bueno, bueno, nos dejó con dos canales, y sin ninguno cuando había viento, y la casa llena de agujeros y cables, sin contar que casi tengo que pagarle a plazos. Sigue siendo el antenista, muy malo, pero antenista. ¿Cómo tenemos que llamar al que se dedica a escribir?

Sabéis que este blog está lleno de mis vivencias personales en este convulso mundo de la literatura y la edición y de consejos para aquellos que los buscan; consejos siempre desde mi corta experiencia, y en los que pongo mucho cuidado para no confundir a los que comienzan. Han llegado a decirme que ¿quién soy yo para dar consejos! Espero y deseo que en general no tengáis este concepto ególatra, petulante y vanidoso de mi persona, es lo último que quisiera. No soy nadie en especial, por supuesto, qué tontería, si precisamente soy la primera que busco constantemente alimentarme de otras experiencias y de aquellos que ya pasaron por este tramo del camino, la más ávida de sapiencia, de maestros, consejos… La primera que duda, que se hunde ante un desaire… la más perdida. La que más cerca se siente de los lectores, a los que intento siempre escuchar atentamente para nutrirme de sus comentarios sobre lo bueno o lo malo que encuentran en mis textos. Y como yo, tantos…

Creo que confundimos la pasión con el ego, de veras lo creo. Es normal que el artista, repito, bueno o malo, sea enfático, por así decirlo, es lo que ocurre cuando tienes que poner las vísceras en lo que haces; pero no es más que el entusiasmo propio del que pretende crear.

Os aseguro que no es ego, es pasión creativa, que se volatiliza en cuanto desconectamos la razón de la imaginación.

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