EL ESCRITOR O EL VENDEDOR DE LIBROS

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Hace unos días asistí a un evento literario en el que lectores, escritores y editores dialogamos especialmente sobre los géneros literarios y las nuevas tendencias de lectura. Aunque al final fue casi un encuentro de amigos, en el que se charló amigablemente, aprendí (el que sabe escuchar y observar siempre aprende, aunque solo sea qué cosas no debe hacer).

Lo cierto es que la charla básicamente fue una manera de que dos de los escritores asistentes vendieran algunos de sus libros. Esto me hizo reflexionar sobre los nuevos tiempos que vivimos los autores y por qué nos resistimos a subirnos a este carro digital lleno de posibilidades. Honestamente, pienso que la imagen del escritor arrastrando una maleta de cincuenta kilos por los caminos, con el cierre a punto de estallar, colmada de libros, no sea que falten ejemplares en el evento, es anacrónica. Algo en mí se conmovió.

Yo misma lo he vivido. Hace años, cuando publiqué “La última vuelta del scaife” en papel, recorrí media España con dos maletas atiborradas de libros y el corazón lleno de ilusión. Previamente a la aventura, había preparado minuciosamente mis presentaciones: locales para el encuentro, marcapáginas, respuestas a las posibles preguntas de los asistentes, los presentadores que me harían compañía en cada lugar… Soñaba con ser escritora y pasé a ser la mujer orquesta. Volví a casa consolándome por el camino, buscando todos los puntos positivos del periplo y obviando intencionadamente la cruda realidad: las maletas pesaban prácticamente lo mismo, había perdido dinero y debía un montón de favores a los amigos, que asistieron solo para acompañarme, ya se habían leído el libro. Visto con la perspectiva de los años y la experiencia, y después de haber vivido en primera persona la revolución del mundo digital, se escapa a mi entendimiento el motivo que nos lleva a los autores a seguir haciendo un trabajo innecesario.

Hasta ahora, que un escritor consiguiera hacer llevar sus historias a los lectores conllevaba una esfuerzo tal que solo se entiende como la energía que derrocha la ilusión de un niño, por algo somos ilusionistas de las letras y siempre vemos figuras en las nubes. Y con estas ilusiones, el esfuerzo, el sudor y la imaginación de los cuentistas, ha sobrevivido el mundo de la edición. Todo un negocio que ha dado mucho trabajo y que no debemos despreciar.

Pero hasta aquí, las cosas han cambiado, y yo me hago tantas preguntas…

Llevo muchos años escribiendo, diez de ellos implicada en la tarea de la publicación de mis libros, y tengo una opinión sobre este mundo elaborada desde la experiencia: estuve un tiempo mandando manuscritos a editoriales y agentes y conseguí que me publicaran. Aunque perdí muchas horas para escribir y algún dinero, esto me dio la oportunidad de conseguir un pequeño círculo de lectores, y seguí adelante, convencida de que no hubiese sido posible sin la editorial que me respaldaba. Repetí con el segundo libro, y entonces comencé a preguntarme si estaba siguiendo los pasos adecuados. ¿Tal vez necesitaba el apoyo de un buen agente y una editorial de peso? Mientras tanto comencé a utilizar las redes para promocionarme, y puse algunas de mis obras en Amazon, por probar, sin muchas expectativas. Y ocurrió lo que me pareció un auténtico milagro, y que no era más que el resultado del esfuerzo bien encauzado y sin estorbos, pero entonces no lo tenía tan claro como ahora. La cuestión es que en unos meses, sin ayuda externa alguna, solo el apoyo de mis fieles seguidores, multipliqué por cien el número de lectores, y comencé a cobrar mensualmente por mis novelas. Fue entonces cuando llegaron las ofertas de esas grandes editoriales y agentes. Mi sueño se cumplía, ahora podría tener todo el tiempo para escribir, otros se ocuparían de llevar mis historias a los lectores y tal vez podría vivir de lo que más me apasiona en la vida. Pero no, el sueño se desvaneció con el paso de los meses: mis libros, que encabezaban las listas de ventas, solo con mi ayuda y la de mis lectores, comenzaron a caer empicado con el estimable apoyo editorial; la necesidad de promocionar se hizo aún mayor, nadie publicitaba mis obras en los medios, seguía estando sola; y ese dinerillo que me ingresaban mes a mes, que me hacía sentirme parte de la población activa, desapareció, mis libros ya no me pertenecían.

No descarto contaros en un futuro otras experiencias, tal vez aún sea pronto y todo este proceso sea necesario, no lo sé, pero hoy esta es la verdad.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a editores, lectores y escritores; quiero dejar mi experiencia y la de muchos autores (millones en el mundo, me atrevería a decir) que hemos quedado atrapados en esta horquilla del tiempo literario, entre la era de la celulosa y la electrónica. El libro en papel es un genial invento que ha comenzado su agonía, siempre ha sido un mero soporte, totalmente prescindible en la era digital; recorrer largos caminos cargados de libros es del todo innecesario en nuestros días, los libros, los amigos, la familia y los posibles lectores están detrás de la pantalla de tu ordenador; para charlar sobre tus obras con tus seguidores y darlas a conocer no necesitas moverte de tu rincón, solo la pasión por las letras; las ferias de libros deberían ser ese evento anual en el que escritores y lectores se den la oportunidad de conocerse personalmente, luchemos porque no se desvirtúen y las invadan los “no escritores”; y, como desde los tiempos de los tiempos, solo hay algo que ninguna de las partes debe obviar: el “producto”, que sigue siendo el mismo: un sueño muy bien escrito.

Estas es mi experiencia, y estos mis consejos para los nuevos escritores:

*Escribe, lee y escribe.

*Aprende, perfecciona tu historia. Antes de que vea la luz debes estar seguro de que en ella va lo mejor de ti y de que está bien maquetada y con una buena portada.

*Ahora enséñala al mundo, no necesitas implorar para publicar, este paso intermedio ya no es necesario, los lectores te esperan detrás de tu ordenador.

*Promociona y ten paciencia, ve dándola a conocer día a día, con perseverancia, la carrera del verdadero escritor es de largo recorrido.

*Sigue escribiendo, aprendiendo y escribiendo.

*Sé agradecido con los lectores que comienzan a leerte y a comunicarse contigo y toma con agrado sus críticas.

*La primera obra ha abierto un camino, pero este es largo, hay mucho que demostrar, así que habrás de publicar la segunda, y la tercera, y la cuarta… Y pasado un tiempo te darás cuenta de que ya eres escritor y que comienzan a pagar por leerte.

Cada día lo tengo más claro, para graduarse en la Carrera de Escritor solo hay que aprender a combinar palabras hasta que consigan emocionar, con editorial o sin ella, con agente o sin él, en papel o en digital. Los lectores de tus libros están detrás de tu ordenador, hoy no tienes que ser un vendedor ambulante para que tus cuentos lleguen. Escribe, no eres comerciante, nadas más lejos del oficio que te apasiona. Hoy, más que nunca, solo estás obligado a ofrecer una historia única.

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