AMBICIONES Y REFLEXIONES de ¿una escritora?

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Cuando se publica uno de esos «libros» sobre la «interesantísima» vida de algún friqui de la pequeña pantalla, escrito por uno de esos «autores», siempre se genera un gran revuelo en el mundo literario. Lectores, autores y editores (estos últimos encolerizan solo si son de la competencia) se indignan ante la gran publicidad que se monta alrededor de tamaño acontecimiento. Por supuesto, no pasan horas cuando ya encabezan las listas de lo más vendidos en todas las librerías y plataformas. No voy a negar que un poco se me revuelve el estómago, pero un poco; porque enseguida reflexiono (pero reflexiono de verdad, como lo haces tú, y no como la «autora» del último acontecimiento literario), y me doy cuenta de que en absoluto estos “no escritores” son competencia para los autores de vocación. Tanto es así que pondría la cabeza a que ninguno de mis lectores se dejarían seducir por estos títulos, que no son más que papel cuché barato sin fotografías, vidas vendidas, revendidas y manidas por los protagonistas. Sus páginas huelen a fritanga; no pueden ser más que un refrito televisivo, encuadernado y adornado con una portada tan falsa como su contenido.

Por otro lado, me pregunto si alguien puede creerse que la “autora” de la “obra” que nos ocupa tenga el vocabulario imprescindible para hacer una redacción de primaria. Naturalmente que no se puede escribir un libro con “por mi hija ma-to”, “o sea”, “venga ya”… Es más, debe ser muy complicado hacer narración poética de los rústicos gestos de esta señora. Según he leído en Amazon, ella es la autora y el prólogo es de un ilustre finalista del Premio Planeta, un tal Boris. Pues no, ni el prólogo ni na’ de na’. Y aquí está verdadero engaño; esto es lo que me indigna, ni son escritores ni quieren serlo, su único interés es sacar hasta el último euro de sus miserias. Ellos tienen su telebasura, salen cada día en “Enmiérdame Diario” y cada viernes en “Enmiérdame de Luxe”. Nosotros, los escritores de verdad, los que nos tragamos nuestras miserias para contar sueños, y no al revés, no nos metemos en sus exitosos quehaceres. ¿Por qué tenemos que aguantar que estos… qué sé yo cómo llamarlos, ocupen las mejores casetas de la Feria del Libro de Madrid, en los mejores días y en los mejores horarios, y que sus fans abarroten los paseos mientras nosotros mendigamos que nos dejen enseñar nuestros libros solo un par de horitas en alguna feria rural? Respeto a los consumidores de vidas ajenas el que se identifiquen con ellos, incluso que le satisfaga verlos para decirse a sí mismos: “mi vida es una cloaca, pero la de esos es peor”, siempre es un consuelo saber que otros sufren más. Y los respeto porque sé que entre ellos, como en mí, existe tanto el bien como el mal, no somos tan diferentes. Pero estos supuesto autores ¡no son escritores! Y luego dicen que las editoriales no están corrompidas. ¿Cómo puedo creer en los que tienen en sus manos el presupuesto de la cultura si meten a unos y a otros en el mismo saco? Qué digo en el mismo saco, no, no, a los escritores en el saco de la basura y a la basura en el saco de la cultura. Pues eso, que así nos va.

No quiero llevar a malentendidos, repito, no, no me molesta que se publiquen estos libros, los que los consumen son los mismos que nunca me leerían, no encuentro la competencia, el Diccionario de la Real Academia dice:

Escritor, ra.

(Del lat. scriptor, -ōris).

1. m. y f. Persona que escribe.

2. m. y f. Autor de obras escritas o impresas.

3. m. y f. Persona que escribe al dictado.

4. m. y f. ant. Persona que tiene el cargo de redactar la correspondencia de alguien.

Yo sí tengo una ambición como escribidora que aspira al título de escritora, solo una: inventar cuentos que conmuevan a los lectores. Y una reflexión: ¿cómo es posible que la gente compre como poseída un libro sobre la vida de alguien, que ya no tiene vida propia, que nunca leerán, entre otras cosas porque ya saben hasta la fecha de su próxima cita con el dentista, y en cambio no se plantee siquiera leer una historia que de verdad le ayude a evadirse de su pobre vida?

Prometo seguir intentando haceros soñar. Aunque tengáis que rebuscar en la basura para encontrar los sueños, allí estarán los míos.

Antes de cerrar este post quiero apuntar dos cosas: primero pedir perdón por las palabras soeces que he utilizado en esta ocasión, no encontraba una manera más descriptiva para expresarme. Y segundo avisaros de que he deshabilitado los comentarios en mis publicaciones por una cuestión de pudor, no tengo tiempo para contestaros como debiera ni visitar vuestros blogs y me sentía mal, me parece más justo así. Pero podéis contactar conmigo cuando queráis por correo.

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