EL ESTILO LITERARIO

20131117_141646

Cuando comencé a publicar historias mi mayor miedo era si encerrarían eso que llaman “estilo literario”, principalmente porque no tenía muy claro qué era. Parece que habláramos de un concepto abstracto, algo indefinible. Si buscamos en Google estas dos palabras nos saldrán un sinfín de páginas donde intentan explicar qué quieren decirnos los eruditos cuando aconsejan al escritor crecer en su oficio con estilo. Aun así, después de leer y leer, sigue siendo difícil entender qué significan. Es como contestar a por qué amamos, podríamos dar mil razones, pero ninguna de ellas lo explicaría.

Pues bien, creo que ya lo sé, he comprendido que a menudo complicamos lo sencillo simplemente porque damos por hecho que cualquier conocimiento que pertenezca al mundo del intelecto forzosamente tuviera una dificultad añadida; pero no es así, el significado de “estilo literario” es simple. Nada como extrapolar el concepto a cualquier otro oficio para entender. Si tuviésemos que definir el “estilo futbolístico” de un jugador seguro que lo tendríamos mucho más claro, diríamos que es su forma de tocar el balón, de correr por el campo, de interaccionar con los compañeros… qué sé yo (apenas entiendo de fútbol, pero creo que no es necesario). Es muy fácil, dicho jugador hace lo mismo que otros muchos, pero es único en sus matices. Ha desarrollado su estilo porque aunque ha visto jugar a los mejores mil veces y los ha considerado maestros, nunca los imitó más que en su capacidad de lucha y técnicas básicas y siempre intentó ser la mejor versión de sí mismo, sacar provecho de sus habilidades innatas. Aquello de que todos somos prescindibles es totalmente cierto, cualquier cosa que hagamos la puede hacer otro, pero nunca lo hará como nosotros, y es por esto que pondrán nombre propio a nuestras obras.

Pero sigamos con los ejemplos, ahora más cercanos al tema que nos ocupa. Comparemos a dos maestros indiscutibles de las letras: Miguel Delibes y Thomas Mann. ¿Por qué no se discute que ambos tienen un marcado estilo literario? Porque tanto uno como otro tienen en común lo fundamental y se diferencian en lo importante. Parece una contradicción, pero es tal cual. Los dos hicieron de la literatura una forma de vida, se preocuparon por conocer su lengua hasta hacerse doctores, no escatimaron en horas, días o años de trabajo hasta que consideraron que habían dado el máximo en cada historia; y también los dos evitaron imitaciones y escribieron de lo que realmente les inquietaba y sentían.

El estilo literario está al margen de modas, y si coincide es por pura casualidad. A menudo confundimos “corriente literaria” con “estilo literario”, pero a mi entender son dos conceptos muy distintos. Pertenecer a una corriente literaria es algo casi involuntario, básicamente, es el momento histórico y social lo que incluye a un escritor en una corriente literaria determinada. Por más que me empeñara, yo no podría pertenecer al Romanticismo, el Neoclasicismo o el Realismo, es más, ni siquiera puedo aventurarme a decir en qué corriente literaria me incluirán en un futuro; no es cosa mía.

Resumiendo, el “estilo literario” forma parte de la esencia del escritor, por lo tanto es personal e intransferible, y como todo en el ser humano, evoluciona a lo largo de la vida del autor; la diferencia entre mi primera novela publicada, “El talento de Nano”, y la última, “El fotógrafo de paisajes”, está en que pasaron diez años de empeño y trabajo, pero sigo siendo Mercedes Pinto. En cambio la corriente literaria es común a un grupo de escritores que se mueve en un espacio y tiempo concreto.

Escritor, si quieres tener estilo literario y que reconozcan tus obras entre un millón, tendrás que aprender de los maestros, beberte sus letras, escudriñarlas una y otra vez a la par que las tuyas, y después de mimetizar con ellos hasta no saber ni quién eres, con toda esa sapiencia habrás de hacer la complicadísima pirueta de olvidar sus nombres y escribir siendo tú mismo.

Conseguirlo ya es una proeza, pero ¡ay!, ahora viene lo peor: ¿llegarás a los lectores o serás condenado al ostracismo? Es el riesgo que entraña ser fiel a tu esencia. Siempre puedes ser una “imitación de”; aunque ya te digo que por buena que sea será peor que el original.

Anuncios