EL ESCRITOR Y EL TIEMPO

reloj

No creo que necesariamente un escritor deba estar muy viajado, o haber disfrutado de un sinfín de aventuras descabelladas; no, no lo creo. Es más, he podido comprobar que hay quien después de haber tenido un pasado intenso, no tiene mucho que compartir.

Lo que se hace imprescindible para el buen comunicador es el tiempo; tiempo para observar; tiempo para pensar; tiempo para ordenar sus ideas; tiempo para dejarse invadir por su mundo y digerir ¡tanto! Y, sobre todo, tiempo para escribirlo después. El escritor es un ser empático hasta el hartazgo. Encerrado en una pequeña habitación vacía encontrará una mosca revoloteando y le construirá un escenario único y maravilloso donde ella será la reina de los insectos, con una vida apasionante.

No sé si es cierto aquello de que solo escribe grandes historias aquel que tiene una gran imaginación, diría que todo el mundo tiene la suficiente como para soñar con paraísos. Más bien pudiera ser que cuenta maravillas quién comprendió cuán frágil es la línea que divide la realidad de la fantasía y qué genial manera de superar esta tortuosa vida es la de agarrarse a los sueños.

Sí, creo que un buen escritor surge con el tiempo; con el tiempo vivido, observando.

Este reloj de arena representando el tiempo y encierra mis historias es gentileza de la sensible Mari Carmen. Es la imagen que ha inspirado mi pequeña reflexión.

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15 comments

  1. Los viajes que necesita un escritor para sus mundos se pueden hacer con la imaginación, si no se tiene la imaginación suficiente para hacer esos viajes, no se tendrá tampoco para recrearlos sobre el papel.

    Después de todo, puede que el tiempo no sea tanto el padre del escritor como su descubridor, aquel que, como bien dices, facilita el ejercicio de su imaginación.

    Gracias por la reflexión, Mercedes.

    Te comparto una reflexión del mismo orden que tenía en mente desde hace tiempo y que publico hoy en mi rincón: http://victorjsanz.es/escritor-profesiones-solitarias/

  2. El gran José Lezama Lima salió solo una vez de Cuba, su terror por los aviones lo condeno a una inmovilidad asombrosa, aparte de su mórbida estructura, viajo en el tiempo, y por el mundo a través de los libros y su obra es un remolino de imaginación.
    Me encanto tu “pequeña” reflexión.
    Abrazo.

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