El dolor

Si tuviéramos que describir el dolor, probablemente la
mayoría de nosotros empezaría por discernir entre el físico y el psíquico,
incluso estaríamos de acuerdo en que ambos pueden llegar a ser igualmente
intensos e insoportables. Es más, seguro que muchos sostendrían la idea de que
el dolor psíquico, del alma o del espíritu es el más agudo y penetrante. Creo
que esta última observación es discutible; recuerdo, por ejemplo, uno de mis
partos y creo que ante tamaño dolor cualquier otro quedaría ahogado. Queramos o
no, el cuerpo es nuestro sostén, por el momento, y si de algo estoy segura es de
que hasta para llorar en espíritu hay que tener un mínimo de salud física. Pero
estas primeras palabras son una mera aclaración, mi reflexión de hoy se centra
en ese dolor que produce el mundo de los afectos. Aludiendo al gran Unamuno, diría
que es el “sentimiento trágico de la vida” el que nos produce constantes punzadas
por las cuestiones más nimias, que a menudo son provocadas más por nuestro desmesurado
ego que por un noble amor al mundo.  Nos
duele el desarraigo, que nos roben algo que sentíamos nuestro; nos duele dejar
de participar en la vida de los otros, amar en la distancia y en el tiempo; nos
duele la traición, como si todo lo que dimos, supuestamente con generosidad,
debiese ser constantemente recompensado… Nos duele la imperfección del mundo,
como si nosotros estuviésemos en otro más elevado; nos duele nuestro ego,
comprobar que nunca un hombre se parece más a otro que cuando odia o ama. En
definitiva, nos duele que el mundo campe por sus respetos sin contar con
nosotros. Algún día entenderemos que nada nos pertenece, siquiera nuestra
propia vida.

En mi último cumpleaños, cuando me preguntaron qué quería
que me regalaran, contesté que sabiduría. Sé que no hay otro analgésico para el
dolor del alma y que es la única capaz de ahogar mi ego. Me regalaron un libro
electrónico, conectado las veinticuatro horas a una de las mayores bibliotecas
del mundo. “Toma, hemos conseguido lo que pediste, ahora te toca a ti abrir las
puertas a tanta sabiduría”, me dijeron después de haber pedido en secreto ante
mi tarta encendida la sapiencia que tanto anhelo. Tenéis que reconocer que
tengo una familia increíble.

Hasta el próximo domingo, espero.

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35 comments

  1. Si, tienes una familia inteligente; pero más lo eres tú. ¿También eres virgo?, es un signo especial, siempre nos punza con la búsqueda de la perfección, nunca está conforme… Hablando del dolor, creo que todos hemos experimentado ambos: los dolores físicos y los del alma. Comparto contigo, que el cuerpo no está diseñado para resistir más allá de determinada cantidad de suplicio, que de inmediato se debe recurrir a la adictiva morfina para intentar descansar. Las penas del alma, se pueden amortiguar evadiendo la realidad, y asumiendo el por qué de lo sucedido.
    Alcanzar la sapiencia es un sueño imposible; pero si logramos entender que somos discípulos de la vida, y que estamos en éste mundo para aprender, ese sin lugar a dudas, es un buen inicio para lograr acercarnos a su camino.
    Un beso.

  2. Así cualquiera… :) Es verdad tienes una familia que sabe hacer reales tus deseos aunque parezcan tan inasibles y poco materiales. Digamos que te han abierto la puerta, ahora te toca a ti…
    Sin embargo… Pero yendo a otra cosa… Creo que tienes razón en que la sabiduría es el mejor arma para defendernos del dolor que se nos queda en el alma. Entre otras cosas, porque cuanta más sabiduría es más fácil relativizar las cosas y contemplarlas con cierta perspectiva… Pero cuidado, la sabiduría no son sólo conocimientos, ni toda la sabiduría o conocimientos están en los libros.

  3. Mi mejor compañero durante muchos de mis años de juventud fue el dolor físico y por ende el psíquico. Así por experiencia sé que, para la gran mayoría de dolores físicos, el mejor analgésico es nuestra propia mente. Aprender a superar el dolor propio nos enseña a ayudar comprender el dolor ajeno. Del mismo modo aprendí a evitar dolor en los demás por mis actitudes intransigentes. Me trabajo en ello todos los días

    Me gustó el tema de hoy, Mercedes :)

    Magnífico regalo que te han hecho… yo tengo muchos muchos libros electrónicos que son compatibles con la mayoría de lectores… si tienes alguno en mente me preguntas y si lo tengo te lo mando :)

    dos abrazos y feliz semana :)

  4. Hay algo en lo que no estoy de acuerdo y es en la “dureza” del dolor del parto. Porque ese dolor físico queda absolutamente compensado con la alegría de ver el fruto, es decir, la mente goza ,aunque el cuerpo sufra.
    Dolor el de la tortura injusta, porque es físico y psíquico. Y que no se nos pida que demos hasa donde podemos soportar…
    Sí que tienes una familia increíble, incluso alguno, fruto del dolor de un parto…
    La sabiduría empieza por el reconocimiento de saber que no sabemos nada, de que somos ignorancia pura…¡qué horror!

    Felicidades.

  5. Mercedes me parece una detallada refexión sobre el dolor y ese “nos duele que el mundo campe por sus respetos sin contar con nosotros. Algún día entenderemos que nada nos pertenece, siquiera nuestra propia vida”. de acuerdo totalmente, hasta eso quisieramos controlar pero no es así, la vida gira y gira sin pedirnos permiso y precisamente necesitamos esa sabiduria para adaptarnos a su movimiento.
    Una familia que entendió tu deseo y lo hizo regalo. Felicidades.
    Un abrazo.

  6. Mercedes, amiga: preciosa la incursión que has escrito sobre el dolor, físico o espiritual. Yo he sentido ambos dolores, con gran intensidad, y he llegado a la conclusión de que una de las grandezas del hombre es la aceptación del dolor. Si yo tuviera que pedir a mis amigos algo fundamental, yo pediría la paz, porque la sabiduría no explica el dolor ni ayuda a su aceptación. El dolor del cuerpo y el temblor del alma puede ser aceptados si tenemos paz en nuestro interior. Un fuerte abrazo.

  7. Muy bonita entrada la de hoy, sobre el dolor. Este, tiene que ver mucho, con el estado de ánimo de cada cual. La aceptación del dolor físico, solo puede hacerse desde la paciencia, y la paz interior. aunque hay dolores ta grandes, que se pueden aceptar , pero no se pueden resistir. Aquí no hay valentia que valga.
    Con todo,el dolor del alma,es mucho mas deteminante y punzante, que una herida infectada.
    Lo ideal, es trabajar siempre para poder disfrutar de la vida con salud y plena armonia. hemos de procurarnos los medios adecuados, para que nuestra vida no se convierta en un estado febril, por lo físico y en un infierno por lo psíquico.

  8. Juro que hoy te entiendo más que en cualquier otro día, hoy llevo dentro dos dolores, y los dos son insoportables, sé que uno de ellos comenzará a amainar con las medicinas, para el otro, no tengo idea de cuanto durará ni cuando terminará, pero haré lo posible por alcanzar un poco de sabiduría que me lo haga sentir un poco menos, en eso estoy seguro que tienes razón.
    Un abrazo fuerte, Mercedes, y gracias por esta hermosa y profunda reflexión.
    Leo

  9. Como bien dices, Mercedes, hay tantos tipos de dolor, y no siempre el dolor físico es el peor. Pero no debemos de olvidar que al fin y al cabo, el dolor, es el mecanismo que nos avisa de que algo no funciona bien y por ello nos previene para que estemos alerta. Creo que es aplicable a cualquier tipo de dolor. Incluido a los más intensos de las pérdidas de seres queridos.

    Por otro lado, habrá que admitir que tienes una familia increible y muy generosa. Disfrútala.

    Un abrazo

  10. Mercedes, me queda una duda sobre el umbral del dolor. ¿Tenemos todos el mismo nivel de aguante en cuánto al dolor físico?. Porque creo entender que ell dolor psíquico, del alma o del espíritu va en función del trabajo que poco a poco vayamos haciendo con nosotros mismos y nuestro pensamiento. Vistas las cosas cómo nos las planteas, me gustaría también pensar, al tiempo que me pregunto,si las personas hipersensibles, a pesar de trabajarse, seguirán sufriendo por el dolor que les cause cualquier desatino, desilusión o sufrimiento que la propia vida les vaya poniendo delante.Será, tal vez, cuestión de ir superando peldaños a medida que uno avanza. Y lo del libro es un avance cibernético maravilloso. Tu familia ha elegido parte de la sabiduría que llevas dentro para que la sigas llevando a la práctica. Besos para ti y para tu familia. Se lo merecen.

  11. No sé que más podría añadir a lo que has escrito y a lo que han comentado otros. Creo que el dolor es a veces algo que ni siquiera se puede definir, es un estado de ánimo. Ya te digo que no sé muy bien cómo definirlo.

    La familia puede ser un apooyo esencial parar superar esas situaciones, y seguro que tu tienes la gran suerte de tener una que te mereces.

    saludos

  12. Dicen que el saber no ocupa lugar, pero eso lo dirá quien no tiene una buena biblioteca, y ahora con los nuevos libros digitales al menos se podrá cumplir aquello de que no ocupan lugar o muy poquito. Buena elección, buen regalo.

    En cuanto al dolor, creo que no hay dolor más fuerte que el que se pasa en un parto, pero tiene otras compesanciones, al acabar sabes que si has superado aquello, podrás con todo. Luego la vida nos pone obstáculos y el dolor menos soportable es el psicológico ese puede durar mucho en el tiempo, incluso una vez pasado al recordarlo puede incluso volver a doler.

    Un abrazo (y felicidades)

  13. Querida Mercedes:
    Paso a saludarte después de un tiempo ausente y estar tiempo sin comentar.

    Hablas del dolor; físico y psíquico y cualquiera de las dos modalidades siendo intenso, puede llegar a ser igualmente insoportable
    Precisamente en la fecha que has colgado el artículo, 11 de septiembre, me viene a la memoria otro tipo de dolor: “Dolor ajeno”, dolor por esas criaturas que no tuvieron la oportunidad de asumir su muerte anunciada y que en momentos de locura e incertidumbre, llegaron a tomar la decisión de no asumir el dolor psíquico del momento y el físico que más tarde sería inevitable, tomando la opción de tirarse desde lo alto de los rascacielos de las Torres Gemelas.
    En aquellos momentos y en estos, evocando a su recuerdo, siento dolor ajeno.

    Gracias querida amiga por compartir sólo como tú sabes hacerlo; y gracias por leer mis sentimientos.-

    Un fuerte abrazo:
    Antonio

  14. Aprendí, en el lecho de muerte de una mujer que probablemente no hubiera leído un libro en su vida, que no hay mayor prueba de vida que el dolor, ni mayor sabiduría que aprender a convivir con él. La admiré entonces. Aún lo hago.

    Un beso y gracias por pasear por mis letras.

  15. Seguramente el dolor psíquico esté relacionado con el alma y éste a su vez con el dolor físico, por lo que estoy de acuerdo con Fernando en que teniendo el alma en paz el dolor sería más aceptable y, por lo tanto, debería doler menos -al menos- por la parte que más le toca al alma. Aunque hay o ha habido gente muy sabia en toda la Historia -y yo no estoy por ahí-, pienso que la sabiduría que se sabe hasta ahora es un principio de lo que queda por saber.
    Felicidades por tu familia y por tu cumpleaños Mercedes.
    Un abrazo.

  16. Después de leerte me queda más claro que el dolor físico es más llevadero y soportable que el dolor psíquico. El psicologico te deja marcas en el corazón y en la mente difíciles de cicatrizar, pero como tú muy bien explicas, con sabiduría, con el conocimiento que proporciona informarse y saber diferentes modos de actuar ante el sufrimiento, el dolor se mitiga y suaviza.

    un placer leerte, en tu blog y en el de José Vicente.
    acompañada de la fotografía de V. Woolf.

    un abrazo
    :)

  17. “Aprender a superar el dolor propio nos enseña a ayudar comprender el dolor ajeno.”

    Me quedo con esta reflexión… aparte de las tuyas tan acertadas, Mercedes.
    Como siempre, un gusto leerte, tanto por lo dicho por ti como por las reflexiones que suscita en quienes te leen.

    ¿Cuál es el umbral del dolor propio tanto del cuerpo como del alma? Mejor no saberlo… cosa que una persona a la que quiero mucho y admiro, me resumió en su día, desde su ignorancia libresca, de esta forma: “¿Dices que no puedes más? Pues, qué no se te olvide este dolor de ahora porque significaría que te ha tocado otro peor.” …
    Y comprobé años más tarde que tenía toda la razón del mundo.
    Siempre podemos aguantar más aunque nos parezca imposible, tanto en lo físico como en el alma. En lo que nos atañe personalmente, está bien este instinto de supervivencia para seguir andando.
    En lo que concierne al dolor ajeno, no me parece tan bien… más bien, no me parece en absoluto. Hacerse inmune a la vista del dolor ajeno es lo más tremendo, a mi parecer. Y desgraciadamente, en general, esto lo aguantamos… apagando la tele; para no incomodarnos con el dolor impuesto por maltratadores de todo tipo, en el seno de una “pareja”, familia o a nivel mundial.
    Un abrazo.
    Enhorabuena por esta familia tuya… algo habrás hecho para merecértela…

  18. Casi a puntito de leer tu post de este domingo te felicito yo también por ese megalibro, no por ser grande sino porque al parecer están todos , bueno casi todos, y que nos quita la posibilidad de un buen regalo de amiga tan socorrido: seguro que alguno habrá que no venga, por ej. el que yo escriba en su día ;-). Doy fe de que tienes una familia estupenda peto sobre todo doy fe de que tú te mereces eso y mucho más .

    DOLOR: Uffff, tema peliagudo. Hay que haber padecido un dolor físico intenso, invalidante y de pronóstico incierto para poder entender el sufrimiento que implica y cómo se relativizan el resto de problemas hasta el punto de que el doliente puede ser capaz de renunciar a una pierna , por ejemplo , si con ello consigue que le desapArezca el sufrimiento. Y no me estoy refiriendo a un dolor de barriga o de cabeza que en sí mismo es muy variable según quien lo padezca. Afortunadamente , hoy día , el tratamiento del dolor ha evolucionado muchísimo y sabiéndose poner en buenas manos, se consigue que el dolor desesperante no tenga que padecerse. Hace solo 20 años la manera de considerar al doliente era totalmente distinta y muy frecuente el termino: aguanta.

    El dolor moral y el ego: Buena reflexión. Creo que comparto tu teoría, déjame pensar un poco en ella.

    Besos grandes de tu alumna y seguidora. Á.

  19. Querida Mercedes, llego un poco tarde, pero a tiempo para comentar tu entrada. El dolor, el físico, es tan relativo, tan difícil de cuantificar. Debería estar prohibido y ya se encargan los galenos de hacerlo más suave. Lo que verdaderamente duele es lo intangible, la injusticia, el no poder remediar una situación determinada, el no reaccionar a tiempo, el sufrimiento en vano de quien tienes cerca. El dolor inútil de la especie humana infringido por esa misma especie “humana”. Es tan vergonzoso! Y no hablemos del dolor psíquico, es lo más parecido al averno que le puede suceder a ese mismo ser humano. ¡Contradicciones!
    Me encanta tu regalo donde cabe tanta lectura.
    Besos siempre, amiga.

  20. Que bella reflexion. Efectivamente me identifico contigo en cuanto a lo del dolor de parto, aunque haya recompensa, DUELE! , pero es algo por la cual casi todas pasamos, ademas hay paliativos como la respiracion y anestesia. El dolor de alma, tambien duele y mucho, cuando lo sufrimos nos acompana desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y puede durar anios. Para ese dolor, la sabiduria ayuda mucho, pues esta nos ayuda a analizar las cosas y meditarlas. La sabiduria trae consigo la paz, y cuando estamos en paz nos encontramos con nosotros mismos y ahi podemos curar el dolor de alma. Me encanto. un abrazo

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