Lo que el pasado esconde. Tercera parte y fin (Para el concurso de María Jesús Paradela. 4ª entrega)

Después de una dura batalla con el viejo termo, consiguieron darse una ducha. Cenaron en la casita de Lina, estaban demasiado cansados de sus respectivos viajes como para buscar mesa en un restaurante lo bastante tranquilo, teniendo en cuenta que estaban, aunque no lo pareciera, en temporada alta de la bulliciosa Costa del Sol. Mientras Simón estaba en el baño, Adela improvisó la cena con los escasos víveres que se había llevado de su amada Galicia: un poco de jamón, unas verduras salteadas, una tortilla hecha con huevos de gallinas camperas y unos melocotones que a él le parecieron arrancados del mismo paraíso.

—¿Vas a terminar tu cena sin contarme el final de mi historia?

—Perdona, Lina, es que… estaba tan hambriento. Y estas verduras —continuó, mirando un espárrago atravesado por los dientes del tenedor, que apenas se resistía a meter por fin en su boca— ¡están tan deliciosas…! ¿Sabes?, en Alemania es imposible comer así.

—En España también resulta bastante difícil —dijo ella, sonriendo satisfecha—. Me alegra que estés disfrutando de la cena. Dime, ¿qué ha sido de mi verdadero padre?

Se limpió la comisura de los labios con la servilleta y la miró fijamente por unos segundos antes de contestar. Ella quiso bañarse en el azul de sus ojos, pero de repente sus aguas se tornaron gélidas.

—Pues, verás…, lo cierto es que emigré a Alemania por dos motivos, por trabajo y porque supe que allí se había instalado tu padre desde hacía años. Como podrás imaginar, a pesar del paso del tiempo, no pude olvidar lo que le hizo a mi familia. Por más que conté lo que vieron mis ojos aquel día, no me creyeron, era demasiado niño; era la versión de un mocoso contra la del “apesadumbrado” viudo. Necesitaba encontrármelo cara a cara y saldar cuentas con el pasado…

— ¿Y? —preguntó Lina expectante.

—Lo encontré. Se había vuelto a casar, él y su burguesa familia vivían de la herencia de tu madre, de tu herencia. Lo espié, lo seguí a todas partes; casi me cuesta el puesto de trabajo, vivía obsesionado con… Se pasaba el día en un club privado jugándose lo que no le pertenecía y bebiendo sin control. Era un auténtico cretino, además de un asesino sin escrúpulos…

—¿Quieres una infusión?, ¿una tila, o algo parecido? —le ofreció ella, para darle tiempo a que se tranquilizara, era evidente que revivir aquellos días le producía un dolor insoportable.

—Sí, una tila me vendrá bien.

—Planeé la forma de asesinarlo, ¿sabes? —escuchó tras de sí mientras preparaba las infusiones en la diminuta cocina.

—… —Ella guardó silencio, esperaba esa confesión.

—Al principio quise vengarme quitándole lo mismo que me robó él a mí, pero cuando comprendí lo poco que le importabas y que también tú eras una de sus víctimas… ¿Qué estás pensando?

—Que estoy convencida de que finalmente no lo hiciste, no eres como él. Venga, vamos a tomarnos esta infusión.

—No fue necesario —continuó mientras se encaminaba tras ella hacia su asiento—, al poco tiempo fue ingresado con una cirrosis que acabó con su vida en un par de meses. Lina…

—Dime.

—No solo he venido a darte a conocer la parte de tu niñez que te robaron, también te he traído toda la documentación que necesitas para reclamar tu parte de la herencia, no tuvo tiempo de lapidarla. Es mucho dinero…

—¿Sabes lo que me apetecería en este momento?

—Dime.

—Dar un paseo por la playa descalza, hace una noche preciosa. Mira qué luna —señaló hacia la ventana con los ojos.

Sus cuerpos amanecieron sobre la arena, entre las dos viejas barcas. Ayudado por la tenue luz del alba, Simón la miró fijamente, le apartó el cabello de la frente, la besó, una vez más, y le susuró:

—¿Has leído “El amor en los tiempos del cólera”?

—Cien veces al menos —contestó ella.

—¿Recuerdas cómo termina?

—“¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?”

Simón, que desde que la viera con diez años caminar por aquella playa ya vislumbró la mujer que sería, como Florentino Ariza, tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

—“Toda la vida”.

Hasta el próximo domingo, espero.

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34 comments

  1. Dirán, dirán, lo que quieran decir. Contarán lo que les dé la gana. Grande historia, Mercedes. Tres capítulos que atesoran (los tres) a su vez otros varios cada uno de ellos como escondidos, como esperando a eclosionar. Ya sé, ya sé. Quizá este tipo de historias no vendan. Ya sé que ahora se busca otra cosa… Bah, qué sabrán ellos.
    Enhorabuena.

  2. No me importaría nada poner en el libro final la historia completa. Pero has de ser tu quien lo decida.
    Tus historias nos hacen a todos un poquito más grandes. Y luego dirán que a la sombra de un árbol grande no puede crecer nada…ja.

    Has conseguido hecer que parezca absolutamente fácil lo difícil.

  3. No me importaría nada poner en el libro final la historia completa. Pero has de ser tu quien lo decida.
    Tus historias nos hacen a todos un poquito más grandes. Y luego dirán que a la sombra de un árbol grande no puede crecer nada…ja.

    Has conseguido hacer que parezca absolutamente fácil lo difícil.

  4. No he sabido encontrar el principio de estos relatos, pero si el anterior y este final sublime diría, esa historia de enamorado capaz de esperar toda una vida para reencontrarse, para reconquistarse. El amor vence y supera todas las barreras, y lo evidencia el juramento de amor eterno de este Florentino y Fermina particulares que usted ha creado..
    Un plalcer leerla.
    Mis saludos.

  5. Precioso relato, Mercedes. El amor puede con todo, incluso con el pasado, con las malas acciones, con el dinero, con el poder… Lina era maravillosa, y no ovacionaba al rencor.

    Un fuerte abrazo, y te invito a pasar por mi blog para debatir un tema de CIENCIAS Y LETRAS. ¡Sigue así de escritora!

  6. Un precioso final Mercedes. Ese que deseamos cuando después de tanta traición y desamor llega la justicia, la justicia poética, que pone a todos en su sitio y el amor triunfa por encima de todo.

    Suerte en el concurso de Mª Jesús!!.

    He ido a conocer a Elvira Daudet después de leer y ver tu entrada. No la conocía y me ha fascinado. Me parece una mujer muy elegante en su forma y en su fondo. Gracias por hablarnos de ella.

    Muchos besos querida amiga

  7. ¡Sabes que ese libro me pone tonta! sólo por eso me parece un final apoteósico, aunque no entiendo la poca reacción de Lina al saber que su padre es un cretino y un asesino, será porque no he visto las otras dos partes, pero parece que lo papeles estuvieran cambiados.
    Siempre es una palabra preciosa, aunque no sea cierta por lo de ser demasiado tiempo, igual que jamás y nunca, creo que todas ella se guardan en el mismo cajón.

  8. Mercedes:
    Yo no sé si esperas críticas o algo parecido, pero de todos modos las voy a hacer.
    Quizás mis críticas no sean válidas porque después de estar leyendo tanto libro clásico de aquí y de allá he vuelto a leer a Clark Carrados y a Marcial Lafuente Estefania (gracias a ellos apréndí a amar la literatura) y no me considero muy docto en criticar los escritos de nadie.
    Me leí de un tirón las tres partes del relato y me gusto. Excepto el momento en el cual ella, la principal, llega a la puerta de la casa en la playa. Por qué él, el personaje, la está esperando. No le veo… es decir si al menos hubieran pasado unos días… yo no sé. El caso es que si no fuera por ese detallito sería un relato perfecto. No todo tiene que suceder en un par de horas. Me entiendes? Como lector me gusta creer que todas las acciones humanas transcurren dentro de un tiempo lógico.
    Quizás los motivos de porque el encuentro se da ese día y a esa hora fallan.
    No sé. Simple lector.
    Por cierto, no tengo blog, pero puedes añadirme a tu messenger.
    En lo referente al lenguaje no tengo más que añadir que es impecable y poético. En pocas palabra dices mucho.

    yoryao2002@yahoo.es
    yoryao2002@hotmail.com

    Un abrazo y sigue viviendo en lo que escribes.
    No sé si te pasa lo mismo que a mí: cuando escribo me siento vivo.

    Jorge Díaz

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