Lo que el pasado esconde. 2ª parte (fuera de concurso)

En diez minutos un taxi la dejó en el mismo ombligo de la más bella marina. Rodeada por dos grandes maletas y un buen puñado de bultos que contenían lo imprescindible para sobrevivir al menos un par de días en un lugar que llevaba un año deshabitado, buscaba con afán las dichosas llaves en su bolso. Los nervios la privaban de encontrar el metal entre los mil “porsiacasos” que había echado para el viaje. Luego vendría la segunda parte: conseguir abrir aquel portalón, más propio de un castillo que de los sesenta metros cuadrados a los que daba paso. Mientras intentaba abrir la oxidada cerradura, miró de nuevo el ancho mar. A pesar de estar en plena época estival, la playa lucía casi desierta: aquel lugar era un pequeño paraíso semiescondido en la concurrida y turística ciudad costera, gracias a una suerte de casualidades, entre ellas que la pequeña cala no podía albergar gran cosa, siquiera había un chiringuito. Cinco casitas de pescadores, dos de ellas abandonadas, eran toda la huella humana que la acompañaba. Solo una figura masculina, sentada frente al dorado del atardecer, irrumpía la quietud de la marea. A su lado, una maleta y un sombrero sobre la playa, y a tres metros un par de barcas bocabajo olvidadas por el tiempo; toda la escena como pintada.

Su corazón se desbordó. Arrastró con los pies los bultos hacia el interior y, dejando la puerta de par en par, sacó las dos fotografías gemelas de su cartera y se encaminó hacia la orilla; despacio, deslizándose por la arena aún tibia.

—Hola Lina —dijo él, sin apartar la vista de la lejanía, antes de que ella se hubiera sentado a su lado—. Adela, Adelina, Lina, pero para mí siempre serás la pequeña Lina.

—¿Quién eres? —preguntó con la voz trémula.

—Simón, Somi para ti, no había manera de que pronunciaras las vocales en su lugar —contestó, ahora sí, clavándole las pupilas.

A ella le sobrecogió el azul de su mirada, tan inmenso y vivo como aquel mar en pleno día, contrastando con morenas rocas, igual que el agua de su amada bahía.

Le extendió las fotografías y señaló al muchacho con su dedo índice, apenas controlando sus lentos movimientos.

—¿Éste eres tú?

—Creo que ha llegado la hora de contarte una historia: Fue el último día que estuvimos juntos. Mi madre era viuda y la tuya la había contratado para trabajar en vuestra finca. Vivíamos en la casucha de los caseros, ella, mis tres hermanas y yo. Aquel día, tu padre estrenaba este coche —señaló el vehículo de la fotografía—. Después de que tus padres y tú dierais un paseo, él, ante nuestra mirada de asombro, insistió en que subiéramos para probarlo, a ti no hubo manera de bajarte. En un descuido de tu madre, soltó el freno y la inclinación del terreno dirigió el coche hacia un profundo precipicio. Yo logré saltar a tiempo, y tú, con solo dos años, estuviste en coma diez días. Tu padre y mi madre mantenían un romance y… —suspiró— ante las amenazas de ella de contarlo todo… Era un mal tipo, un oportunista sin escrúpulos al que solo le importaba el dinero de la familia de tu madre.

—¿Y ella, mi madre? —preguntó Adela con los ojos llenos de agua y sal.

—Creo que supo cómo ocurrió el accidente y las intenciones de su marido. Los médicos le dijeron que morirías en unas horas y… no fue capaz de soportarlo: la noche del mismo día del accidente se arrojó al precipicio donde aún estaba la chatarra que quedó del coche. A los pocos días te despertaste y tu padre te dejó en esta pequeña cala al cuidado de un matrimonio de pescadores para marcharse con la fortuna de su esposa antes de que la policía hiciera caso de las habladurías de los vecinos. Sé que poco después tu padre adoptivo se fue para trabajar en un gran pesquero del norte. Los veranos, cuando regresabais de vacaciones, venía a esta cala para observarte; esperaba el momento para contártelo todo. Te convertiste en una muchacha preciosa —dicho esto buscó en su cartera y sacó otra fotografía—. Mira —Le mostró una imagen en la que ella estaba posando en bañador sobre una roca.

—¿Cómo es que tienes esta foto?

—Se la quité a tu madre adoptiva en un descuido una tarde que se la ensañaba orgullosa a unas vecinas en la puerta de esa casa —miró hacia atrás—. La del coche también la sustraje de la finca la noche que velaron a tu madre.

—Yo… no sabía nada.

—Lo siento, quise contártelo mil veces, pero… el verano que tomé la firme decisión de hablar contigo fui yo el que tuve que marcharme para hacer el servicio militar. Luego emigré a Alemania para buscarme la vida y hasta hoy. Hace unos meses me jubilé y pensé que no podía morirme sin decirte la verdad. Después de tantos años, no imaginaba que fuese tan fácil encontrarte.

—¿Has dejado a tu familia solo para venir a contarme mi verdadera historia?

—No he dejado nada atrás, estoy solo.

—Yo también.

—¿Supiste después algo más de él?

—¿De tu padre? Sí, ya lo creo; pero esa es otra historia que me gustaría contarte mientras cenamos.

Dedicado a María Jesús Paradela.

Hasta el próximo domingo, espero.

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25 comments

  1. Quizá termina aquí la soledad de estos dos personajes y su reencuentro con el pasado les abra , aunque sea con una llave antigua, un futuro inesperado. El paisaje es ideal para esa nueva vida. Un abrazo, Mercedes.

  2. ¿Qué sabemos realmente de nuestra vida? No, no quiero decir para nada que todos tengamos historias, mejor dicho, tragedias, como ésta de Lina, sin embargo estoy seguro que hay cosas de nuestra propia existencia de las que no tenemos ni idea o vagas ideas tomadas de una frase perdida o quizá de una foto insuficientemente explicada….
    Bravo, Mercedes, por este relato que en tan pocas líneas cuenta una historia que podría ser por qué no, al menos una nouvelle. Y como mariluzgh, esperaré a esa cena para que nos cuenten el resto. ;)

  3. Esta segunda parte nos deja las ganas de continuar, de una tercera que desvele más datos de ese padre y de la vida de la protagonista.
    El relato tiene un aire entre distanciado y nostálgico que me gusta mucho.
    Besicos, Mercedes, y que tengas una buena semana.

  4. “Tu padre y mi madre mantenían un romance”.

    Es decir, ellos son hermanos, pero sólo lo sabrán tras haber consumado el incesto. Como Hernán e Irene en ‘Águila Roja’. Ups.

    Güeno, pos esperamos la tercera parte. Porque haberla, la hay, ¿no?

    Te dejo besitines gordos.

  5. Un final abierto para una tercera parte, un final que deja las preguntas que necesitan ser respondidas. Nos quedamos esperando la cena de los protagonistas, siempre en las comidas el pensamiento se abre a las verdades.
    Un beso Mercedes.

  6. Sigo diciendo que es una historia deliciosa y sigue teniendo el aliciente de construir vidas que parecían vacías y llenarlas de nuevas ilusiones y quizás… algo más. Me gusta mucho como escribes.
    Un saludo
    ibso

  7. Querida Mercedes. Fíjate que hasta que no ha aparecido la fotografía en el relato, no lo he relacionado con la historia anterior; me he metido tanto en la historia que me parecía nueva. Ya sabes que me gustan mucho esas tramas que eres capaz de inventar. Esperemos pues una tercera parte.
    Besos expectantes.

  8. Claro, claro…como sabes lo que me gusta comer, nos podrás algo de esta historia alrededor de una mesa…gracias, mercedes. Más que gracias.

  9. Como ya has leído en casa de Mariajesús, tengo anotado tu libro para leerlo, viniendo las alabanzas de ella se que tienen que ser ciertas, solo dice la verdad y eso avala tu libro.
    Me he encontrado una deliciosa entrada que si te soy sincera al verla pensé que era muy larga , (es tarde para mí despues de un día muy largo), y que mañana la leería, pero la curiosidad me pudo y empecé, y ……. me ha encantado. Veo que tiene una parte anterior y que tambien le sigue otra, así que con tu permiso, me pasaré a leerlas.
    Es una historia que te lleva y la vas viendo a medida que la lees, que es lo que mas me gusta.
    Un abrazo grande

  10. Me gusta visitarte. Aprender de ti, memorizar tiempos y espacios para hacer del camino de regreso un atajo a la felicidad escrita.
    Y te admiro porque, entre otras razones, soy incapaz, o creo ser incapaz de escribir un serial así, en serio. Otra reseña-anotación: los diálogos, bien construidos, da gusto pasear por tus conversaciones. Y esos personajes que regresan para llevarte al pasado, a tu pasado, al pretérito de ellos.

    Ya sabes, sigo siguiéndote… y continúo admirándote.

    Un abrazo

    Mario

  11. Mercedes…
    Hace poco que entro en tu blog y que he tenido la oportunidad de conocerte más con el tema del concurso.
    He dejado de publicar pues necesito descanso mental y fisico.
    Me gusta como escribes y pasaré a leerte y a comentar cuando pueda.
    Hasta pronto.

  12. Siento haber llegado tan tarde,
    pero siempre es agradable leerte.

    Nunca se sabe quien puede resolver parte de nuestras dudas e incluso, algunos enigmas que desconocemos. Esta podría ser la función del escritor, descubrir misterios que los lectores ignoramos.

    Me gusto mucho esta 2ª parte, seguro que sabrás como continuar con una 3ª, que por supuesto leeremos :)

    un abrazo

  13. Había una trágica historia detras de estos dos personajes, pero como en las grandes historias, al final la verdad y el amor triunfa.
    Creo que está desarrollándose una historia con mucho empaque y grandes sentimientos y que a punto he estado de perderme. Menos mal

    Un abrazo

    Pdta. voy al Fnac a buscar al Scaife, creo que lo podré conseguir allí. Te diré algo

  14. Acabo de leer un post de Mª Jesús y solo quería dejar algunas palabras para transmitirte mi alegría y emoción por tu libro. Enhorabuena

    :))

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