Nada es para siempre

—Pablo, es la tercera vez que te digo que apagues la luz y te metas en la cama, mañana hay que madrugar —dijo Ana al pasar junto al dormitorio de su hijo, con un montón de juguetes de la pequeña apilados en las manos, dispuesta a dejar en orden la casa antes de acostarse.

—Ya voy, mamá, estoy terminando de escribir una historia —contestó el niño sin apartar el rostro de la luz del flexo.

Ana retrocedió unos pasos y se asomó a la habitación con curiosidad.

—¿Estás escribiendo una historia? ¿Y eso?

—Sí, voy a ser escritor como papá —el pequeño de nueve años acababa de ver a su padre en televisión, donde le habían hecho una entrevista sobre su último libro, y había quedado impresionado.

—¡Ah, sí! —exclamo la madre sorprendida y orgullosa.

—Sí, yo también quiero vivir para siempre, papá le ha dicho a la presentadora que los grandes escritores nunca mueren. ¿Por qué no mueren, mamá?

—Porque dejan en sus libros gran parte de lo que han sido y después los leen sus hijos y sus nietos y… —No estaba segura de si su hijo podía entender la explicación.

—Entonces, ¿sus hijos y sus nietos no mueren aunque no sean escritores? —preguntó aliviado; si los hijos de los escritores no morían, podría terminar la historia otro día, lo que él de verdad quería era ser inmortal.

—Sí, hijo, ellos también morirán, pero sus libros quedarán para los bisnietos, y los tataranietos… ¿Comprendes?

—¡Ah!, ya sé, siempre habrá hombres que lean sus libros, aunque pase mucho, mucho tiempo.

—Eso es hijo, mientras haya sol habrá mundo, y mientras haya mundo habrá hombres.

—Claro, como el sol es inmortal… —concluyó el niño, mirando fijamente a su madre con el lápiz en la boca.

—No hijo, el sol también morirá.

—Pues entonces no sé para qué escribe papá. Estoy muy cansado, me voy a la cama.

Ana se acercó para dar un beso a su hijo y, casi susurrando, Pablo le hizo una última pregunta:

—¿Cuánto tiempo vivirá el sol?

—Muchos millones de años, hijo, duérmete.

—Ya, pero no es inmortal. Ya sé qué seré de mayor, astronauta, seguro que encuentro un mundo inmortal.

—Buenas noches, hijo.

Sin saberlo, Pablo acababa de aprender una gran lección: nada es para siempre sino el espíritu, siquiera los grandes libros.

Hasta el próximo lunes día 4, con una segunda entrada para el concurso de María Jesús Paradela, espero.

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21 comments

  1. La eterna cuestión, la nada o la inmortalidad. También la duda o la certeza, la luz o la oscuridad, el amor o el odio, el ser o no ser. Todo es así en la vida. Los niños, como tú escribes, son sencillos e inmortales como los ángeles. Ya cuando nos vamos haciendo mayores, súbitamente entramos en otra dimensión, pero los libros siempre nos acompañan, los tomamos con las manos, los acariciamos, entramos en ellos y, algunas veces, nos hacen sentirnos inmortales.

  2. Un diálogo delicioso, estimada Mercedes. Lo he disfrutado de principio a fin. La lógica infantil siempre me deslumbra con sus certezas súbitas y sus afirmaciones temporales. Muy bien llevado.

    La inmortalidad, la sed de perdurar, la negación de la muerte…, qué aspiraciones más humanas, qué pasiones que nos han hecho avanzar como especie. ¿Existe alguien que se libre? Y sin embargo…, como dices, nada es para siempre.

    Un fortísimo abrazo.

  3. Me ha gustado mucho el relato, Mercedes. El diálogo es ta cual el de un niño. Siempre y nunca, son palabras mayores. Mientras haya esperanza, no se apagará el sol y algunas cosas perdurarán, aunque no seamos inmortales ni nada dure eternamente.
    Mil besos, amiga.

  4. Pablo ha recibido y comprendido una lección que muchos, mayores que él, todavía no han entendido…
    Nada es para siempre, pero la lucha por creérlo inmortal es lo que nos mantiene al pie del cañón.
    Si viviéramos sabiendo que todo se acaba, ¿qué motivaciones tendríamos?, y si no tuvieramos motivaciones, ¿para qué seguir?

    Amiga, como siempre, aprendiendo contigo.

    Tu fan número uno, Cita

  5. Y sin embargo, en el fondo, algo de eso hay, algo de ese afán de perdurabilidad, esa lucha porque algo tuyo quede después de ti… ¿No suele decirse que hay tres cosas que todo hombre (=ser humano) ha de hacer antes de morir: escribir un libro, tener un hijo, plantar un árbol…? ¿Y no son las tres cosas una flecha hacia la posteridad…?
    Aunque rebaje el contenido de las palabras, creo que es lo mismo. La eternidad se nos escapa de puro grande es incomprensible, de acuerdo, y es completamente cierto que nada humano es infinito… Pero creo que el padre de Antonio algo de razón llevaba, por más que hoy se nos escape la cuestión… Pensemos en Cervantes, en Dostoievsky, en Tolstoi, en Stendhal, en Clarín, en Homero, en Calderón, en Sófocles, en Shakespeare, Elliott…
    Un beso, Mercedes…
    Maravillosa entrada, como una dosis de vitamina en vena.

  6. La Conciencia de que somos Efímeros y el Deseo de Perpetuarnos es común en la mayoría de los Hombres… Lo malo es que no todos sabemos ni podemos dejar la Huella de nuestra Vida en el lugar correcto.

    Un Beso Inmortal, Pesada, que eres una Pesada ;)

  7. Qué deliciosa y profunda historia, querida Mercedes, lo eterno visto desde los ojos de un niño. Y las reflexiones de la madre sobre la finitud de todo cuanto nos rodea. La respuesta del niño es maravillosa: Me iré a buscar un mundo eterno.
    No hay nada eterno, pero cada instante vivido lo es para quien lo está viviendo, aunque el olvido acabe por llevárselo a lomos del tiempo o de las neuronas que vayan dejando de funcionar… los libros quizá nos den esa impresión de perpetuidad, pero ¿hasta cúando? Cien años, quinientos, quizá algún milenio… ¿qué es éso en comparación con con la edad del universo que nos rodea? Te mando un abrazo muy fuerte y mi cariño.

  8. coincido con todos los que me anteceden que se han emocionado. Entrañable y hermosa la historia que nos cuentas Mercedes, muchas veces no nos damos cuenta de la profundidad que esconden las preguntas de los niños, damos todo por descontado y respondemos con la ligereza de quien piensa haber entendido todo, y sin embrago en esas preguntas de un niño, muchas veces están las repuestas a cuanto de inaccesible tiene la existencia.
    Me encantó.
    Un abrazo muy fuerte.
    Leo

  9. Hola,
    ese niño ya es inmortal.
    Sobre la entrada anterior; si alguien me preguntara: que por qué escribo, le diría, que pensara en por qué hace otras cosas que ocupan parte o gran parte de su tiempo y no por ociosidad, y muy probablemente, así, obtendría con ello gran parte de la respuesta.
    Un abrazo.

  10. Los dos sueños del ser humano: permanecer y progresar.
    Los dos en uno, que no hay permanencia sin progreso.
    Precioso relato, por su realidad y, como ultimamente, por su “aparente” sencillez..

    Eso espero, que el siguiente sea del concurso. Las fotos son todas las del mes de junio.

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