A pesar de nuestra osada ignorancia

Era la única maceta del jardín que le sorprendía cada mañana desde hacía años. Un poto; una planta tan sencilla y vulgar que no requería mucha atención para regalar a la dueña de la casa brotes verdes sin cesar, captando la atención de todo el que pasaba por su lado. Pero un tallo destartalado y terco amenazaba con arruinarla. Por más que lo arrancaba, nada, bastaban unos días y ahí estaba de nuevo. Había intentado sacarlo de raíz de mil formas, no había manera. Tales eran los tentáculos de sus orígenes que resultaba imposible acabar con aquel palo desafiante. Ella se había resignado, lo cortaba cada pocos días y abrigaba la esperanza de que no estuviese haciendo lo propio entre las entrañas de su precioso y envidiado poto.

Aquella primavera estaba echando el resto. Le había concedido el mejor lugar del porche: el centro de la mesa. Era la envidia de sus familiares y vecinas; un sinfín de cascadas esmeraldas bajaba por su trono con una fuerza y belleza inusitadas. A menudo se convertía en tema de charla su magnánimo arrojo:

—Hay que ver cómo está el poto, vamos, si no lo veo no lo creo —dijo la abuela a su hija con asombro.

—¿Te has dado cuenta? Y ya ves, el solito, una jarrita de agua cada tres días es lo único que me pide. Pero tiene un tallo entre las hojas… Mira, aquí, ¿lo ves?

—Sí, sí —contestó la abuela mirando con curiosidad el tallo.

—Pues lo arranqué hace una semana, y así cada dos por tres. Cualquier día me da una irritación y me arruina la maceta.

—A ver, déjame a mí.

La abuela metió con habilidad sus sabios dedos en la tierra y, después de un minuto, sacó el tallo y su pertinaz raíz, prácticamente ilesos. Luego se dirigió hacia la zona del jardín donde meses atrás agonizaba un ruinoso limonero y sembró el osado tallo.

—¿Qué haces, mamá? Pero si eso no es más que una mala hierba, si le das tanto espacio es capaz de adueñarse de toda la parcela.

—Déjalo ahí tranquilo unos meses, prométemelo, yo misma lo arrancaré si hiciera falta.

*     *     *

—Vengo muerta, no sabes el calor que he pasado en el mercadillo. ¿Dónde está mi nieto? —preguntó doña Puri, muy azorada, a la dueña de la casa desde la cancela.

—Pasa, pasa, está columpiándose con ni nieta en la higuera —contestó ella muy orgullosa.

—¡Madre mía!, ¿cómo está la higuera? ¿Y da frutos?

—¡Digo! Está “plagaita”. Acércate, ya hay algunos higos maduros. Coge uno, verás qué ricos. Es el recuerdo más bonito que tengo de mi madre, y la mayor lección.

Ya nadie se acordaba de la cascada esmeralda que ocupó antaño el mejor lugar de la casa.

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15 comments

  1. Mercedes, amiga, escritora: Me ha gustado el relato. Más que un relato es un profundo pensamiento, un análisis de la importancia que tienen en nuestra vida las cosas y las ideas que al principio carecen de importancia para nosotros, porque no conocemos la realidad de su sustancia. A veces una frase, una opinión, un consejo, germinan y dan fruto con el tiempo y son fundamentales en nuestra vida. Por eso debemos ser muy prudentes, especialmente con los hijos, con los jóvenes, y tratar de sembrar, como tú relatas, las ideas buenas que puedan germinar en ellos con el tiempo y nos ayuden a formar una vida más libre, más humana, más social. Un saludo muy cordial.

  2. Como toda buena parábola, tendrás tantas interpretaciones como lectores. A mí me habla de ideas, de esa idea que machacona se repite, se repite, se repite, pero que la presencia de otras tareas más ‘inminentes’ confunde y no deja espacio para crecer. Como es pequeñita comporado con todo lo que hacemos y que tanto tiempo nos ocupa nos empeñamos en extirparla. Todos los días…
    Yo quiero que venga la abuela de la protagonista y encuentre el tallo de alguna higuera entre tanto poto.

  3. Querida Mercedes:

    Coincido con Amando-lo que me encanta-, también a mi tu relato, tan sencillo y aparentemente inocente, me había sugerido esa idea que pugna tercamente por abrirse camino, y retorna una vez y otra hasta que le prestamos atención y encuentra el momento adecuado para germinar.

    Gracias, cariño, por tus puntuales y cariñosos comentarios.
    Besos primaverales, que en nuestro hermoso Sur ya serán calurosos de veras.

    Elvira

  4. Pues un relato tan sencillo pero que tiene suma importancia, puesto que me ha retrotraido al pasado con cosas parecidas que aunque en su momento fueran muy simples, sin embargo tienen su importancia, puesto que perduran en el tiempo y en el recuerdo. Muy buen relato, te felicito. Un abrazo.

  5. Hola amiga,

    me parece que este relato me ha dado una pequeña lección de vida.
    En ocasiones, dejar actuar a las manos de la abuela o de mamá es vital. Aunque nos empeñemos en ser capaces de saltar los obstáculos del camino, a veces es tan sencillo como retirarlos y pasar caminado, y eso sólo ellas lo saben.

    Un besazo amiga

  6. Relato, pensamiento, parábola, metáfora…es lo mismo, lo importante es la esencia del mensaje. Todos deberíamos tener una madre o una abuela que nos abriera los ojos en un momento dado.

    Un abrazo.

  7. Sabio, tierno, como la sabiduría de las madres que saben cuando es el momento justo para decir las cosas, reconociendo lo bueno donde otros ven solo maldad.
    Muy bien narrado,Mercedes, mientras te leía logré visualizar cada detalle.
    Me gustò mucho.
    Un abrazo.
    Leo

  8. Me lo habéis puesto fácil, me apunto a todos y cada uno de los comentarios. Aunque lo esencial para mí, es esa mano que nos guía, ya sea de cerca o de lejos.
    Besos llenos de hojas y flores, cada una en su sitio, Mercedes.

  9. Eso si que es tener fuerza y, en cuanto se le dio el terreno apropiado… fijate en lo que se convirtió.
    Bonito relato Mercedes.
    Muchos besos.

  10. Claro, es que a veces nos empeñamos en no saber mirar y nuestra cerrazón yla cosrumbre nos llevan a repetir una y otra vez el mismo error: cambiar, dar nuevos aires, probar en otro lugar, escuchar a los que ya lo han hecho y aunque no siempre vaya a resultar una hermosa higuera, al menos alguna vez llegará una buena sorpresa, allí donde menos se la espera, como cuando te encontré a ti, una más en la marabunta de los blogs…y ahora creces sola , atu aire y sin presiones.
    Adelante , estamos en la retaguardia observando tus frutos.

    Un abrazo Mercedes, hoy que me despido de este mes demayo que me ha salido tan rebelde. O quizás ¿no habre sido la rebelde yo misma?. Besos pa tos, que son muchos. Á.

  11. Vengo a agradecerte tu amable comentario en mi aportación al concurso de Paradela :)

    Me encuentro con una profesional de la palabra… y es un placer leerte. El relato me ha traído a la memoria sabidurías de mi propia madre y una sonrisa me ha acompañado de principio a fin ¡gracias por ello!

    Un abrazo de esta marbellí, todo para ti

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