La princesa

Tenía al menos un millón de sueños, muchos más que posibilidades, como correspondía a una muchacha de quince años. Quería ser cantante, patinadora artística, actriz, periodista… Eso, periodista, definitivamente. Pero no como esos que se sentaban frente a ella a la hora del almuerzo y repetían como papagayos lo que otros habían escrito; a ella le iba la acción, sería reportera de guerra. Reportera de guerra para empezar, y todo lo demás también, claro, al fin y al cabo a esa edad la vida es infinita y todo es posible. Imaginaba que encontraría su príncipe azul por esos mundos lejanos y misteriosos; que sería valiente, comprometido, apasionado, atractivo e inteligente, y que hablaría todas las lenguas. Sí, esto último era importante, siempre le habían fascinado las personas que hablaban muchos idiomas. También ella se ocuparía de aprenderlos.

Sus padres se reían cuando la escuchaban hablar de su futuro como quien cuenta un pasado cierto, les hacía gracia la desbordante imaginación de su hija. Pero no le afectaba, muy al contrario, la incredulidad de sus progenitores era un acicate más. “Ya veréis cuando me veáis en la tele contando lo que pasa al otro lado del mundo —les decía—, ya veréis. Claro, como vosotros solo os preocupáis de trabajar…”.

Bastaron apenas dos años para cambiar sus sueños por preocupaciones. Ya no imaginaba, vivía obsesionada: por conseguir el dinero para poder comprar la próxima lata de leche para su bebé, porque su príncipe gris encontrara por fin un trabajo y porque ese mes no le cortaran la luz, aquel invierno estaba siendo el más frío y duro de su corta vida.

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20 comments

  1. Mercedes, amiga, casi todos hemos pasado por esos difíciles momentos, sobre todo los de mi generación. Sin embargo, recuerdo con gratitud ese ascetismo que vivimos, aceptando las dificultades y luchando por sobrellevarlas. Mis hijos también vivieron algo similar, aunque con mejor nivel de vida, pero se pagaban sus caprichos con el dinero que obtenían lavando los coches de los vecinos, y dando clases a los hijos de los vecinos.Durante mis primeros años de matrimonio, además de trabajar todos los días, incluyendo los sábados, yo me dedicaba los domingos a traducir libros. A pesar del esfuerzo, no teníamos ni para tomar un aperitivo esos domingos. Pues recuerdo esos tiempos con añoranza, porque estábamos muy unidos en la familia y nos sentíamos fuertes ante la situación. Las duras circunstancias nos unían. Tu historia me sitúa en esos primeros años de mi vida matrimonial. Si fuera posible, transmite a tu personaje mi comentario. Un saludo cordial.

  2. Parece el cuento de la lechera. La vida es dura, pero te diré una cosa, es cada uno como se lo monta, la mayoría de la veces, si no puedes hacer una cosa, no la hagas, si no puedes comprarte una casa no la compres, si no puedes tener un hijo no lo tengas etc. Lo que no puede ser es que sin sacrificio luego quieras que los demás te compren una casa, o te den el trabajo que tu quieras y ganando lo que quieras, porque esto es lo que impera hoy, que veremos a ver donde nos conduce, yo creo que a nada bueno. Un abrazo.

  3. Al principio me estabas recordando a un paisano mío que a ti te cae “muy bien”… Luego me he dado cuenta de que los tiros iban por otros derroteros.

    Y aquí me tienes perdiendo el Sueño pensando en Sueños…

    Me temo que tú y yo pertenecemos a Generaciones de Sueños Frustrados… Las nuevas Generaciones apenas tienen Sueños.

    Y por otro lado, el sueño de muchos jóvenes (Créeme) es tener hijos y perderse su Vida… Aunque lo mejor que les pueda pasar en la Vida sea tener un Hijo y este sea el que les robe el Sueño (en todos los sentidos) durante toda la Vida.

    Un Beso Somnoliento, Mercedes… Mañana me paso a verte.

  4. ¡Cuánto tiempo! Y de repente, convocada en el salón de mi casa por mi interés y la proximidad de una amiga común, apareces en mi blog y me das la oportunidad de encontrarte en tu nueva morada profesional. Promete que no volverás a escaparte.

    El relato es espléndido, tan veraz y arrancado de la realidad común que me reconozco en él como si lo hubiera escrito yo misma.

    Enhorabuena por todos tus éxitos y un gran abrazo
    Elvira

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