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Normas básicas del novelista. 5ª Antes de escribir

19 feb

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El escritor, en este caso el novelista, siente constantemente una necesidad incontrolable de plasmar sobre la página en blanco todo lo que le inquieta, tanto si lo percibe de su entorno como si lo siente o lo cocina en su imaginación, con la esperanza de compartirlo algún día, de comunicarse con alguien y ser entendido. Sentirse sobrecogido por la hoja inmaculada es humano, consecuencia de la responsabilidad que supone llenar un vacío; antes de comenzar todas las maravillas son posibles, pero una vez escrita la primera palabra ya solo queda continuar o quedarse mudo para siempre. Es como el miedo escénico del actor, no es que le inquiete no saber qué va a decir, se sabe su papel, o debería, sino que siente un gran respeto ante el espectador, el cual ha pagado su entrada con la esperanza de disfrutar, de aprender, de salir conmovido por una experiencia diferente.

Otra cosa muy distinta es mimetizar con la “nada” del papel, ponerse delante esperando que surja un “cuento” por ciencia infusa. No, las musas no visitan a los que miran embobados al vacío. Como mucho, al final resultará un enchorizamiento de naderías que no interesará a nadie. Al buen novelista la idea a comunicar le bulle en la mente mucho antes de plantarse ante el papel. Previamente ya conoce a los personajes principales: sus pasados, sus miedos, sus presentes y futuros. Como, naturalmente, sabe qué mensaje subyace en la trama y cómo lo va a argumentar. Lo que no quiere decir que durante el desarrollo de la historia no asomen nuevos personajes, o que alguno de ellos se rebele e interaccione con el resto sorpresivamente hasta el punto de cambiar algunos aspectos de la idea original; estas cosas pasan a nuestro pesar, son parte de la magia del proceso creativo de un cuento.

En varias ocasiones he escuchado a autores conocidos decir que sus historias surgen sobre la marcha, que comienzan a contar sin la más remota idea de “el qué”. Os digo que se les nota, y mucho, nada que ver con aquellos que han puesto en marcha su imaginación antes de abrir el Word, y no al revés. Y qué decir de los que comienzan cogiendo apuntes y haciendo un esquema general de la obra (planteamiento, nudo y desenlace)…, estos ya tienen asegurado un cuento coherente y el respeto de sus lectores. Tienen, además del don, el oficio.

El consejo de esta humilde escritora: “Si tienes algo que contar pero no sabes cómo, ten paciencia, espera el tiempo suficiente hasta que tus ideas echen raíces y cojan forma, infórmate, lee sobre el tema, verás que cuando menos te lo esperes aquella primera idea estará madura y lista para escribir. Y si no tienes nada que contar, ¿para qué escribir? , si este es un oficio de pobres y locos”.

Hasta dentro de dos semanas, espero.

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