El último atardecer

19 jul

Atardecer sandalias

Habían pasado veinte años desde la última vez que pisara esa playa, pocos días después de aquel atardecer en el que se quedó adormecido sobre la arena.

Iban cada tarde. Era el lugar más hermoso y solitario del mundo; solo aquel viejo pescador remendando sus redes y que conocía a María desde que era una niña. A veces la encontraba charlando con él.

Elías estaba tumbado bocabajo en la arena, contemplándola, y María sentada a su lado, frente a la leve brisa que hondeaba su negro cabello:

―Para mí eres mucho más que el amor de mi vida ―le dijo ella, con la garganta trémula, como si tras sus palabras hubiese otras contenidas―, contigo he aprendido a amar el mundo.

―… ―él la miraba tras el arrebol de la tarde, callado, disfrutando de su salvaje belleza. Junto al murmullo de las olas, su voz cobraba un color distinto, tan sensual… Le hubiese dicho que era el mundo el que aprendía a amar con ella, pero no quiso interrumpirla, prefería escucharla.

―¿Sabes que jamás me perdonaría hacerte sufrir?

-…

―¿Lo sabes?

―Claro que lo sé ―le contestó, y un placentero sopor venció sus párpados.

Cuando abrió los ojos solo encontró sus sandalias sobre la arena ya fría. Ni rastro, nunca más supo de ella. Fue como si se hubiese escondido con el sol tras el mar.

Volvió al día siguiente, y al otro, y al otro. Hasta que decidió recoger sus sandalias de aquella playa deshabitada y no volver jamás.

Ni su familia ni los pocos amigos que tenían en común le dieron más razones que la que él ya conocía: se había marchado sin más y, seguramente, para siempre. Siquiera volvió a ver al viejo pescador recostado en su barca, solo sus sandalias.

Fueron veinte años de angustia y preguntas. Llegó a pensar que nunca lo quiso, que su año de amor fue una pantomima, que se había marchado con otro, que todo fue un sueño, que… En todo ese tiempo no pudo superar la dolorosa decepción.

Pero hacía unos meses había conocido a una chica a la que no podía entregarse a causa de la cruel decepción que sufrió por su primer amor.

―Vuelve a esa playa, Elías, no podremos ser felices hasta que no encuentres la respuesta que te atormenta desde hace veinte años.

Y volvió.

Estaba atardeciendo, como aquel día. Todo parecía ajeno al paso de tantos años. El pescador había vuelto, allí estaba, más viejo aún, medio atrapado en su propia red, mirando el mar.

Se acercó sigiloso y, sin esperar a que apartara los ojos del rojo horizonte, le preguntó:

―Hola, Manuel…

―Has vuelto ―le dijo, con la mirada como perdida. Había despedido el sol tantos días que le había robado los ojos.

―Sí, después de tanto tiempo he vuelto, necesito una respuesta para ser feliz.

―Estaba muy enferma, le quedaba poco tiempo de vida y decidió despedirse de ti antes de hacerte sufrir. Hizo bien, una complicación precipitó su marcha y murió dos semanas después. ¿Sabes?, aunque mis ojos ya no pueden contemplar este mar, todavía la veo correr por la playa y escucho su risa enredada en la espuma de las olas.

―Adiós, Manuel. Cuídate.

Caminó unos pasos, sacó de su mochila las sandalias y las dejó sobre la arena, en el mismo lugar que las encontró cuando despertó. Era el momento de dejar atrás el pasado y abrazar por fin la felicidad que le esperaba.

 

 

PODCAST EN “FUERA DE ÓRBITA”

8 jul

20140510_181741Si tenéis curiosidad por saber sobre mi experiencia literaria editorial, en este podcast os cuento todo.

Desde aquí mi más sincero agradecimiento a «Fuera de Órbita» y a Carles por el magnífico trato que he recibido y por su profesionalidad. Ha sido todo un placer.

http://www.fueradeorbita.org/

LA TRAICIÓN ENTRE AUTORES

29 jun

images (19)

 

Es cierto, aunque me ha costado reconocerlo, existe la competencia desleal entre los escritores, yo diría que existe la traición pura y dura. Digo que existe, que me he encontrado con ella cara a cara, pero no que sea la normalidad en el colectivo.

Supongo que como en todas las disciplinas, la voraz competencia a la que nos vemos abocados es el caldo de cultivo de donde emergen las puñaladas sibilinas que sufrimos de cuando en vez algunos autores. Las hay que te dejan en tal pasmo que te cuesta reaccionar por tiempo. Por supuesto, como en todos los grupos en los que sus miembros no están unidos por la veneración que se tienen unos a otros sino por una pasión común, nadie debería esperar más que el mínimo respeto y, excepcionalmente, cierta admiración si se destaca por una labor excelente.  Claro está, no hay leyes ni normas, sino más bien un código ético tácito, imprescindible para que el objetivo común, en este caso la literatura, sobreviva a cualquier capricho o maniqueísmo de sus integrantes. Me explico: cuando nace una obra brillante, sea de quien fuere, debería recibirse por todos como motivo de alegría, está claro que si el objetivo común, la literatura, se enriquece, todos a su vez lo hacemos. Que las obras que lideren el panorama actual de las letras realmente sean las mejores debería ser gozo para todos, significaría que el mundo se estaría nutriendo de la creatividad más sobresaliente, que el verdadero maestro estaría marcando las pautas a los aprendices. Desgraciadamente, esto no es siempre así. Los hay incapaces de mirar más allá de su ombligo, temo que algún día de tanto mirárselo sean fagocitados por esa reminiscencia que les dejó su época fetal. La literatura les importa tanto como comprar huevos extras o medianos. Tan obsesionados están por formar parte de la élite intelectual, lo merezcan o no, que son serviles con el amo tirano hasta perder la dignidad con tal de que este los favorezca con respecto al resto, que alaban creaciones execrables por el mero hecho de ser correspondidos en el trato y que traicionan a los compañeros, a la literatura y a las obras que ellos mismos escriben sin que se les mueva un pelo. Insisto, esto es importante, es una minoría, aunque empieza a hacer un ruido muy desagradable.

No quiero pensar en la cantidad de grandes obras que habrán quedado ahogadas por causa de las malas artes de unos pocos ―los hay muy poderosos y con magnánima paciencia y capacidad de persuasión―. Por suerte, a pesar de todo han sobrevivido muchas, y hoy podemos disfrutar de «Rayuela», «Cumbres borrascosas», «La montaña mágica», «El juego de los abalorios», «Orgullo y prejuicio», «Madame Bobary», « Moby Dick», «Crimen y castigo»… y tantas y tantas obras que han hecho del mundo un lugar más habitable.

Me pregunto cuántas se salvarán en nuestros días de la plaga traidora que están sembrando unos pocos.

Cuando veo a un escritor emergente que no le duelen prendas en deshacerse en halagos ante otro cuya obra tiene gran valía, me digo: “Bien, bien, no sé lo lejos que llegarás, pero estás en el camino, demuestras que la creación está por encima del creativo”.

Me despido agradeciendo a esa mayoría de compañeros honorables, que está labrando su futuro sin dar codazos, su talante, su gran labor literaria y el apoyo constante que me brindan.

 

 

Entrevista en iCruceros

24 jun

He sido entrevistada en “iCruceros” junto a Dani Rovira y Javier Sierra. Todo un honor.

http://icruceros.eu/10o-numero-de-icruceros/

ESPAÑA ES LA CAÑA, todo lo arreglan unas cañas

20 jun

el-poder-de-los-suenos-no-cojas-el-coche-si-te-tomas-unas-canas-suerte-fernando-alonso-1941_1

 

 

Inspirado en un hecho real.

Manu y Luis quedan todos los días en «Las tinajas» después del trabajo para tomarse unas cañas:

«―¡Manolo, dos cañas cuando puedas!

―Raudo y veloz, Manu ―contesta el camarero.

―Qué país, Luis, qué país. Todo está corrupto, no puedes fiarte ni de tu hermano.

―Para eso paga uno sus impuestos religiosamente, para que los corruptos de turno se lleven el sudor de tu frente a paraísos fiscales y se jubilen como reyes. Mires por donde mires, da igual, todo es corrupción: la monarquía, la política, los ayuntamientos, los concursos, las oenegés… ―contesta el tal Luis a su amigo Manu.

―¿Has leído ‘Corrupción en la España democrática’ de Alejandro Nieto?

―Sí, hombre, me lo descargué junto a unas cuantas novelas románticas para mi mujer en la página pirata que me pasaste. Es increíble lo que está pasando… ―Luis echa un trago de cerveza y sigue―: Como me acepten el traslado me voy a vivir a Estados Unidos, lo tengo clarísimo».

 

Pues desde aquí os digo a vosotros, a todos los manus y luises, que si se os ocurre arreglar el mundo en un bar de EE.UU y seguidamente osáis decir que descargáis obras protegidas por la Ley de Propiedad Intelectual, el mismo camarero os mete una denuncia que venís rebotados de las américas de una patada.

Y os digo más, manus y luises, nuestros políticos, banqueros y demás, muy probablemente se diferencien muy poco de vosotros, también en sus comienzos arreglarían el mundo en un bar y se jactarían de piratear y sisar de aquí o de allí alrededor de unas cañas, con la diferencia de que a ellos les dieron poder y «piratean» a lo grande.

Luego dicen que en EE.UU, la primera potencia mundial,  hay más pedigüeños que aquí. Normal, de toda la vida en España ha sido más indigno pedir que robar.

Manu y Luis, a ver si os pasáis por aquí a leer, que esto sí que es gratis.

El que es honrado en lo poco lo es en lo mucho, y al revés.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 295 seguidores