LA «CIUDAD DE LOS NIÑOS», EL PAÍS DE «NUNCA JAMÁS»

20 dic

La «Ciudad de los Niños» de Granada es como el país de «Nunca Jamás» de Peter Pan, como una isla mágica habitada por los niños perdidos. Para llegar allí se deberá girar en la segunda estrella a la derecha y volar hasta el amanecer. En esa isla, todos son niños, incluso los grandes, porque no es posible mantener vivo tal milagro sin conservar la inocencia y la ilusión de un niño.

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Conforme se acercaba el momento del encuentro, mi inquietud aumentaba. No podía evitar pensar que tal vez había irrumpido en la armónica vida de esa ciudad haciendo demasiado ruido para lo poco que ofrecía. No sabía si la tierra del embrujo respondería a mi llamada solidaria.

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Pero enseguida me sentí como en mi casa: el hermano Juan y Carmen Velasco nos condujeron a Olga de Castro y a mí hasta el salón de actos y nos proporcionaron todo lo necesario con la amabilidad propia de aquellos para los que compartir es una forma de vida.

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Enseguida comenzaron a acudir a la cita los llamados, ilusionados, con su granito de arena en el alma para sumarlo a la causa.

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Abrió el acto Luis Fernando Pinto, presidente de la Asociación Española de Docentes y maestro. Su discurso fue brillante, lleno de contenido. Aquí un pequeño fragmento:

«’La caja mágica’, realidad, compromiso, optimismo, fe, tiovivo de sensaciones, con unos protagonistas de doce años que enfrentan dos universos diferentes, contrapuestos y lejanos, pero unidos por una televisión, por una caja y por la esperanza de un mundo bien distinto y mejor. Es una historia que deberíamos escribir todos en nuestras vidas para poder timbrar nuestro sello vital como marchamo de amor a una sociedad que la necesita a espuertas».

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La sala estaba llena, niños y grandes muy atentos a la mesa de presentación.

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Después di las gracias como es debido a todos los que me han apoyado en este proyecto, conté un poco el periplo que ha supuesto para todos los implicados conseguir que al fin este cuento solidario estuviese publicado y concluí así mi exposición:

«Detrás de este objeto tan pequeño hay mucha generosidad, esfuerzo y trabajo. Son muchos los que lo están apoyando día a día en las redes, entre sus amigos, en su lugar de trabajo… ‘La caja mágica’ es la prueba de que la solidaridad sigue latente en un mundo aparentemente en crisis de valores. A todos, una vez más, ¡gracias!»

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Seguidamente, la ilustradora Olga de Castro nos contó lo gratificante que ha sido para ella ilustrar esta historia y el proceso que siguió hasta conseguir estar satisfecha con los dibujos que representan cada escena en la historia.

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Luego el niño de ocho años Miguel Vela leyó un pequeño texto del cuento, con una seguridad y un aplomo que para mí quisiera.

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Después se proyectó el book tráiler y se procedió a la firma.

Sobre la mesa había treinta ejemplares, se agotaron enseguida. Si lo llego a saber… ¿Quién me iba a decir que la caja era tan mágica?

Veinticuatro horas después, tengo la sensación de haber salido por mi ventana y haber volado hasta el amanecer con Peter Pan y el hada Campanilla al país de  «Nunca Jamás». Estar entre los niños perdidos de esa milagrosa isla ha sido una de las experiencias más bellas de mi vida y de las que más he aprendido.

Si tú también quieres colaborar con ellos, pincha aquí. Ya sabes, ¡ESTA NAVIDAD VA POR ELLOS!

http://http://librosmablaz.com/index.php?page=catalog&pw=1&bq=la%20caja%20magica

LA CAJA MÁGICA. ¡VA POR ELLOS!

14 dic

Página- Ciudad de los niños

Escribí este cuento hace ya cinco años, fue seleccionado entre cientos por una fundación para fines benéficos. Estaba todo preparado, la imprenta a punto de ponerse en marcha, cuando el proyecto se malogró por problemas burocráticos.

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Todo este tiempo quedó arrumbado en un cajón, hasta que una buena amiga y lectora me animó a luchar por él y que finalmente cumpliera la misión para la que fue escrito. Entonces me puse a buscar editoriales, a contactar con gente y estudiar posibilidades, hasta que se abrió la puerta de la editorial Libros Mablaz. No fue fácil ajustar el precio a un libro con ilustraciones a color, por un momento pensé que habría que echar marcha atrás. ¡Pero lo conseguimos!

La caja mágica es un cuento protagonizado por niños y escrito para los niños: todos los beneficios serán destinados a la Ciudad de los Niños de Granada, con un lema que lo dice todo: «ESTA NAVIDAD VA POR ELLOS».

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Sinopsis:

Después de ver en un reportaje de televisión a un niño soldado de su misma edad, cuya vida carece del amor, la seguridad y las comodidades que a él nunca le han faltado, Víctor decide recaudar dinero para ayudarlo, haciendo viajar una caja para donativos por todo el país.

El día 19, viernes, a las 18:00h viajaré a Granada, la tierra que me vio nacer y crecer, y llevaré este cuento a la misma Ciudad de los niños. En la mesa estaremos Luis Fernando Pinto, maestro de Educación Primaria, la ilustradora del cuento Olga de Castro y una servidora.

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Desde aquí quiero agradecer sus altruistas colaboraciones a mi Club de lectores por su constante apoyo, a Eva Mruiz por animarme a sacar a la luz esta historia, a Ricardo Muñoz por abrirme las puertas de su editorial, a Mari Carmen L por todas las bellísimas imágenes que me ha regalado para la promoción de mis libros y en especial para este cuento, a Maria Loreto Navarro por su incansable ayuda, a la ilustradora Olga de Castro por ceder también sus derechos a los niños y a todos los que están conmigo en este proyecto.

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Book tráiler «La caja mágica»:

https://www.youtube.com/watch?v=zz2kpe_cWDE

Puntos de venta «La caja mágica»:

En la editorial «Libros Mablaz», sin gasto alguno de envío:

http://www.librosmablaz.com/index.php?page=prod_desc&pid=98635

En «Todocolección», sin gastos de envío para España:

http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.todocoleccion.net%2Fla-caja-magica-mercedes-pinto-maldonado-ed-libros-mablaz-n-38~x46670731&h=4AQEulswx

En Amazon:

http://www.amazon.es/caja-m%C3%A1gica-Merceder-Pinto-Maldonado/dp/8494327607/ref=pd_rhf_se_p_img_1

ESTRUCTURA, REDACCIÓN, ARGUMENTO, PERSONAJES Y ESTILO

7 dic

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Leer novelas es una opción más de la inmensa oferta que ofrece la industria del ocio. El lector común, el verdadero consumidor de libros, quiere disfrutar cuando elige una historia, que el escritor lo consiga de una u otra forma, en general ni se lo plantea; solo quiere evadirse de sus problemas y rutina, vivir intensamente una realidad paralela. Muchos estaríamos de acuerdo en que parece un misterio insondable el hecho de que una misma historia sea capaz de cambiar la vida de un lector y dejar tan indiferente a otro que finalmente la abandone antes de terminarla, o que conquiste a un amplio número de lectores y a la vez sea calificada de bodrio infumable por el resto. Ocurre algo parecido a cuando nos enamoramos, podríamos dar mil razones, pero ninguna de ellas lo explica.

Lo que sí podemos es establecer unos puntos básicos y objetivos que otorguen cierta garantía para que una novela sea considerada, al menos, digna de ser publicada: estructura, redacción, argumento, personajes y estilo.

1º La estructura elemental de una novela es clara en todos sus géneros y épocas: desarrollo, nudo y desenlace. Cuando una historia está mal hilvanada cronológicamente, cuando en su comienzo desvela el final o al contrario, o, peor aún, no tiene ni principio ni final y es una simple cadena de sucesos sin sentido que no te llevan a ningún puerto, está destinada a fracasar sí o sí. El escritor debe tener muy claro lo que quiere contar y llevar al lector al desenlace con mucho atino e inteligencia. Al principio presentará los escenarios y los personajes, además justificará por qué el lector debe seguir leyendo, dando pequeños anticipos de lo que sucederá después. A continuación, en el nudo, desarrollará la trama en sí misma, el lector ya está embarcado en lo más intenso del argumento, está viviendo con los personajes la aventura y, al igual que ellos, la siente, temeroso, inquieto, conmovido, ahogado en la incertidumbre y ansioso por el mejor de los finales. Por último, el desenlace debe justificar todo lo anterior y cerrar el círculo, bien atado y, a ser posible, tan coherente como sorprendente.

Esta estructura básica, conformada por tres pilares fundamentales, soportará los capítulos, que sobre el papel comenzarán con un título en la primera línea de una página impar y en la versión digital después de un salto de página. El capítulo anuncia un giro significativo en la historia: temporal, de espacio, en la vida del protagonista… A su vez, cada capítulo se dividirá en escenas, que estarán separadas por un doble espacio interlineal. A menudo los autores confunden los capítulos con las escenas y al contrario, o sitúan escenas y capítulos sin sentido. Que el protagonista pase de estar leyendo una revista en el baño a poner la tele en el salón no es un cambio de escena, que debe estar justificada con un pequeño cambio en la narración, y mucho menos es un nuevo capítulo; hay escritores que separan continuamente sus textos con la única intención de acumular espacios muertos y aumentar el número de páginas.

2º La redacción debe ser clara y pulcra, el lector ha de fluir por las líneas sin tropezones y sin hacerse más preguntas que las propias de los mismos personajes: ¿qué pasará en la siguiente página? Los textos farragosos, injustificados, descriptivos hasta la saciedad, que no aportan nada al conjunto, o que simplemente no tienen ni pies ni cabeza, son en muchas ocasiones los culpables del fracaso de una novela. Así como el exceso de erratas, faltas de ortografía o puntuación, vocabulario complejo u obsoleto…

Alguien que para decir esto: «Llegó cuando él salía y ocupó su misma silla, la única libre”, dice esto: «Lo cierto y verdad es que llegó justo en el mismo instante que él salía por la puerta, que entrar y salir son dos conceptos tan antagónicos como complementarios y que no se puede pensar en la salida si no estás dentro, ni en la entrada si no estás fuera. Entonces se sentó en la silla que había ocupado su compañero antes de que él llegara, porque era la única que estaba vacía», o que concluye la escena con un simple «Y se sentó» cuando el lector está ansioso por saber qué sintió al sentarse en la silla todavía caliente de su enemigo, sencillamente no está llamado para el camino de las letras. Mucho más si encima espurrea las comas y puntos como un loco el agua de una regadera o reparte las haches cantando «Pinto, pinto, gorgorito».

También apunto, novelar no es narrar sin erratas o problemas sintácticos de cualquier tipo, esto solo es escribir bien, el buen novelista rapta al lector con tal encantamiento que este sufre el síndrome de Estocolmo a mitad de la historia. El día que los lectores comenten mis libros con un «está muy bien escrito» o «la redacción es perfecta», como yo he comentado la obra de algún compañero (¡glup!), en vez de «me he emocionado, he llorado, reído, sufrido con los personajes», empezaré a plantearme si realmente he nacido para este menester.

3º Es necesario un argumento claro y con nervio, justificar con una historia bien hilada el número de páginas escritas, contar algo interesante de una forma diferente. Si queremos captar la atención y comunicarnos no podemos hacer como la tía Manuela, que habla, y habla, y habla… y al final nadie sabe qué puñetas ha dicho porque desde el minuto uno se la veía venir: solo quería escucharse a sí misma. Alguien dijo: «No me hables de la lluvia, haz que llueva», y yo añadiría: «Como si fuera la primera vez».

4º El tema de los personajes es peliagudo, no se trata solo de apuntar en una libreta que Juan será el padre de Lucas y Lucas el amante de María, esto lo hace un niño de Primaria. Cada personaje tiene que estar dotado de un currículum y una personalidad redondos, además de tener un papel justificado durante todo el tiempo que se quede en la historia. Esos personajes planos y sin sentido que aparecen y desaparecen de las historias para rellenar páginas, carentes de entidad, son los enterradores de cualquier novela. Si Tomás va a comprar el pan una sola vez en la historia, ¿qué le importa al lector que el autor le cuente diez páginas sobre el panadero que le vendió la hogaza? ¿Qué pasa?, que cuando Tomás llega a su casa con el puñetero pan ya nadie se acuerda de qué iba el tema ni le importa. Por otro lado, si Tomás tiene una misión importante en nuestra obra, para simpatizar con él, el lector deberá distinguirlo con toda claridad de todos los personajes y personas que ha conocido, para lo cual el escritor habrá de otorgarle un carácter único y perfilado.

5º El estilo es lo que dota a la novela de singularidad y atractivo. Una historia de amor, idéntica en su base a todas sus antecesoras, puede resultar bellísima a manos de un artesano y una mala copia de la primera en su género cuando es escrita por un mero juntaletras. El estilo literario es un concepto aparentemente abstracto, pero en realidad es muy fácil de reconocer cuando el escritor posee el llamado «don». El lector, de una forma natural, casi intuitiva, captará si una escena está descrita en su justa medida y con la magia que requiere; sabrá cuando una frase sobra o está complicada absurdamente, o reconocerá la belleza de un texto incluso en su sencillez. Como también advertirá la falta de originalidad en la narración, la complejidad absurda, la continua aparición de oraciones pasivas o subordinadas sin sentido alguno, que producen esa asfixia mental tan desagradable, las incoherencias verbales, los constantes anacolutos, el uso de recursos innecesarios, los cambios de ritmo, la repetición de adjetivos por falta de habilidad, la incorrecta puntuación… Tal vez dicho lector no tenga la preparación para explicar todo esto, ni falta que le hace, pero sí la sensibilidad para notar que se cansa o tropieza continuamente, o que no conecta con la historia ni se conmueve, que se aburre como un niño en misa. En definitiva, el estilo literario es lo que confiere la envoltura al conjunto, es el sello del autor, irrepetible. Todos los artistas lo tienen, los hay con estilo elegante, otros intenso, barroco, agresivo, sexy, melódico, desgarrador, dulce, emotivo… incluso existe el estilo ofensivamente ordinario y vulgar. Aquel que pasado un tiempo no ha encontrado su estilo, no es un creativo, como mucho, puede ser un buen intérprete.

Sí, estoy convencida de que una novela con estructura, redacción, argumento, personajes y estilo aceptables tiene todas las posibilidades de hacerse un hueco entre los lectores. Luego lo conseguirá o no dependiendo de otros muchos factores y de la suerte.

UNA MUÑECA CON GAFAS DE SOL

30 nov

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Su muñeca volvió a casa hacía ya dieciocho años, once meses después de casarse, con el vientre lleno de esperanza y el corazón desolado.

―Se acabó, papá ―le dijo con los ojos llenos de moratones y lágrimas, detrás de las gafas de sol que tanto odiaba él―. No volveré, mi hijo tiene derecho a ser feliz ―Y se acarició la tripa.

Consiguieron una orden de alejamiento y todo pareció volver a la normalidad. Tomás y María colmaron a su hija de cariño y protección, y compraron mil cosas para preparar la llegada del pequeño, al que llamarían como su abuelo. Pero aquel indeseable la vigilaba, sabía que esperaba un hijo suyo.

Siete años tenía Tomasito cuando un día la muñeca se sentó a la mesa con aquellas horribles gafas de sol. Nadie dijo una sola palabra durante el almuerzo; el silencio dolía. Antes de que cayera la noche, Tomás salió a dar su paseo de costumbre, pero esta vez llevaba un arma mortal en el bolsillo.

Llamó a su puerta y, antes de que pudiera parpadear, le pegó dos tiros en el pecho. Solo pensaba en la felicidad de su hija y su nieto; en que no volvieran a sentir miedo cuando salían a la calle o sonaba el timbre. Solo quería que su muñeca no volviera a ponerse las gafas que escondían los golpes. El verdugo quedó tirado en el umbral y él se dirigió a la comisaría más cercana a confesar su crimen, con la cabeza alta y la satisfacción en el rostro.

Le cayeron veinte años por intento de asesinato con toda la alevosía y premeditación que reunió en su ser. Sí, por intento, porque aquella mala bestia, después de tres meses en el hospital, consiguió salvar la vida para poder seguir arruinando las de su muñeca y el pequeño.

No le dolían las alambradas, ni las rejas, vivía preso, pero de su propio mundo: solo pensaba que él estaba encerrado y no podía hacer ya nada para liberar a los que más amaba del peor de los carceleros. Su hija y su esposa lo visitaban cada semana y le contaban cómo crecía el pequeño Tomás. Se moría por verlo, pero prohibió a su muñeca que lo llevara. A veces solo aparecía María, con la excusa de que la niña había tenido que ir al médico o a gestionar alguna cuestión ineludible. Él estudiaba cada gesto de su mujer, cada palabra… sabía que había algo más.

Once años llevaba preso. Aquel día, se sentó en el comedor a la una de la tarde, como siempre, con la mirada perdida, entre centenares de internos, pero en la más absoluta soledad. Sintió que alguien tocaba su hombro. Con desidia, giró la cabeza:

―¿Puedo sentarme contigo? ―le dijo un joven preso, nuevo en el centro penitenciario.

―¡Eres tú!  Qué mayor… estás, eres ya un hombre ―le habló con la voz quebrada, casi sollozando―. ¿Qué haces aquí, Tomasito? ¿Qué has hecho, hijo?

Se levantó y se colgó del cuello de su nieto sollozando. Cuando hubo terminado, y Tomasito pudo desprenderse de él, le puso sobre una mano las malditas gafas de sol.

―Lo he hecho, abuelo, se acabó por fin, ya no las necesitará más.

LEER TE HACE LIBRE

26 nov

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Desde que acepté la invitación a la Aldea Sin libertad de Huelva, a medida que se acercaba el momento del encuentro, especulaba sobre el lugar con los únicos datos de referencia que me ha aportado el cine ―no se puede ser más ilusa―. Esta vez no era un encuentro con lectores al uso, entre otras, por una razón fundamental: todos los que me esperaban en el aula, ansiosos por conocerme y charlar sobre «Maldita», eran completos extraños para mí; ni amigos, ni familiares, ni conocidos de la red… Ninguno había cruzado anteriormente conmigo una sola palabra escrita o hablada, estaban allí solo y exclusivamente para hablar de literatura, para conversar sobre una historia que les había emocionado. Ignoro los motivos por los que cercaron su mundo con altas alambradas; solo sé que son seres humanos que están pagando una deuda con parte del poco tiempo y espacio que nos concede la existencia, cuya sensibilidad, preparación y comprensión lectora supera con mucho la media. Tal vez porque la literatura para ellos es una forma de soñar más allá de los barrotes.

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Nada fue lo imaginado. Me encontré con hombres y mujeres arreglados para la ocasión, respetuosos, entregados, agradecidos, cultos, ansiosos por saber, y de una sensibilidad arrolladora. Personas que sin pretenderlo, tal vez porque no sabían absolutamente nada de mí y no había entre nosotros ningún compromiso contraído, me mostraron la versión de mi obra más honesta y descarnada. La criticaron sin miedo, sin anestesia, con la seguridad y naturalidad de quienes saben  que no tienen nada que perder, con un acierto finísimo.

Me sorprendieron tantas cosas… fue tan enriquecedor y emotivo el encuentro… Allá uno con sus apuntes, otra cargada de preguntas, aquel con los sentimientos aún a flor de piel… Conmueve que alguien te diga que estando preso murió su madre y chocado por el impacto de la pérdida fue incapaz de echar una lágrima; quería conocerme y contarme que gracias a los sentimientos que le despertó «Maldita» consiguió llorar por fin y liberarse del dolor contenido. Impresiona que, después de los diez mil lectores que han entrado en la vida de Lucía, sea allí, en un lugar olvidado, donde alguien te diga que hay en la historia un error cronológico; con tal interés y entrega leyeron. Te deja sin habla la disección tan acertada e inteligente que hizo una lectora sobre el significado de la despensa que separaba la gran casa de Diego de la pequeña habitación de su hija, o el sentido purificador de una escena importantísima en la novela, que ella, muy acertadamente analizó. Toca el corazón cómo han entrado y vivido una historia que escribí hace años pensando que no saldría del cajón. Fueron dos horas imborrables.

Regalo del Club de Lectura Juan Cobos Wilkins del Centro Penitenciario de Huelva

Regalo del Club de Lectura Juan Cobos Wilkins del Centro Penitenciario de Huelva

Me encantaría volver y seguir hablando con ellos de mis historias, pero por si los avatares de la existencia no nos lo permiten, deseo con todas mis ganas que este escrito llegue hasta esas gentes que el día veinticinco de noviembre me dieron una de las lecciones más importantes de mi vida, además de un regalo que presidirá por siempre el mejor lugar de mi salón.

Vosotros me disteis las gracias repetidamente y creo que yo no supe corresponder como realmente lo sentía: hoy, con la resaca propia de quien ha vivido una aventura irrepetible, desde lo más hondo de mi ser, quiero desearos lo mejor y daros las ¡GRACIAS!

Aquí la crónica del evento en el diario «huelva.24.com»

http://huelva24.com/not/63704/mercedes-pinto-en-el-centro-penitenciario/

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