EL CIRCO LITERARIO

23 nov

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La literatura ha recorrido hasta nuestros días un camino milenario, el legado que hoy podemos disfrutar es vasto y valiosísimo. Sin ella, y sin esos escritores que en otros tiempos plasmaban sus palabras en piedras, papiros o papel, con cincel, pluma, bolígrafo o máquina de escribir; sin esos hombres y mujeres que durante siglos han vertido su historia y la de sus contemporáneos, hoy seríamos mucho más ignorantes. Ha habido épocas gloriosas, que ahora recordamos con nostalgia, casi con envidia.

A veces pienso en qué legado dejaremos los autores del momento y me doy cuenta de cuánto y qué rápido ha cambiado todo en este tramo del camino que recorremos. Siempre llego a la conclusión de que jamás en la historia los lectores han tenido tanto protagonismo en el mundo de la literatura. Por muchos motivos, pero principalmente: porque el analfabetismo ya es pasado, porque acceden a cualquier obra con un solo clic y porque nunca antes las reseñas, críticas y comentarios llegaron a tantos y tan lejos. Es muy posible que en buena parte el presente de las letras lo esté escribiendo el lector de a pie, no el intelectual de antaño, que conocía la lengua y sus vericuetos al dedillo y que buceaba sin descanso en lo más profundo del ser humano. Los nuevos lectores eligen entre la extraordinaria oferta de títulos aquellos que pasarán a la historia, a mi parecer, de manera mucho más interesada. Y esto me lleva a una pregunta que me angustia: queridos leyendos, ¿tenéis idea de la responsabilidad que supone ser los artífices de la lista de obras que nos representará en épocas venideras?

No se han necesitado más de cinco años para que, de repente, lo que parecía fluir por un canal establecido, se convirtiera en una riada incontrolable. Hasta «antes de ayer» podíamos imaginar a los escritores buscando lectores en una competencia aparentemente limpia. Me viene a la mente el juego de la silla, menos sillas que jugadores, sí, pero al final conseguía sentarse el más rápido, perseverante, ágil y dotado (literariamente hablando). Pocos quedaban en pie. Esto ya no es así, gracias a las plataformas digitales, ¡hay sillas para todos!, pero ninguna es segura. La cuenca es lo bastante ancha para albergar una inmensa riada, pero los peces son los mismos, y a menudo los reparten lectores inconscientes y los propios autores por meros intereses.

Esta sorpresiva situación ha dado lugar a una corruptela que atisbo tan obvia como peligrosa. Que el escritor tenga comunicación directa con el lector, que esté tan expuesto públicamente, tiene luces y sombras. Todos los autores estamos de acuerdo en que acceder sin obstáculos a la opinión espontánea e inmediata de quien acaba de llegar al the end de nuestra historia, es un privilegio que nuestros antecesores envidiarían; pero no es menos cierto que en esa inmediatez y cercanía entran en juego factores resbaladizos:

―La personalidad del escritor: que sea simpático, cercano, agradecido… Se me ocurren algunos clásicos que en nuestros días hubiesen pasado al olvido por antipáticos, machistas o por tener ideologías cuanto menos… extravagantes. La obra debe analizarse desde el punto de vista literario, la personalidad del autor es cosa aparte.

―La experiencia bloguera: o sea, que el autor haya seguido, leído y comentado durante tiempo a un buen número de blogueros literarios. Estos favores son deudas contraídas que al final se cobran al publicar tu libro. A ver, te has pasado años leyendo las obras, algunas buenas y otras muchas verdaderos bodrios,  de todo quisqui y has comentando sin aliento lo maravillosas que son. Ea, ahora me toca a mí.

―La actividad en las redes: especialmente que el autor cliquee incansablemente en el  “me gusta” de las publicaciones de lectores y compañeros y no cesen sus halagos a las obras ajenas, las haya leído o no, especialmente si están despuntando en las listas. Por supuesto, hay que sembrar los muros de felicitaciones y enhorabuenas, por todo: porque alguien ha publicado un relato o un libro, o porque ha conseguido abrir la puñetera lata de tomate, da lo mismo, hay que dejar constancia de cuánto te alegras de todo lo bueno que le pasa al compi; aunque en realidad que su obra sea buena o mala, a pocos les importa, y menos la literatura. Lo que cuenta es que lo parezca.

―El grado de pudor: esto es, como quiera que el lector ha pasado de ser un soñador curioso a un auténtico cotilla de patio, para captar su atención, el escritor deberá ir desnudándose en sus páginas lentamente; echará carnaza por las redes con inteligencia, para ser seguido incansablemente por estos consumidores de letras adictos al chisme. Los cuales no se conforman con saber a qué hora escribes o qué método utilizas para inspirarte, esto ya nos lo preguntan en las entrevistas que nunca leen, ellos quieren más. Invito a los interesados a darse un paseo por las páginas de Facebook de escritores del «Top» y que disfruten del «Sálvame de la literatura»: a uno le duele la cabeza, otro está en el Ikea, uno más en el dentista. Aquel anuncia que se va a ver su concurso de la tele favorito, más allá alguien recuerda que está en la peluquería y luego enseña su selfie con el resultado. De pronto alguien con un cabreo de narices por que le han robado no sé cuántas estrellas. Seguimos y otro que nos habla de su separación. Ahora fotos y portadas, y más fotos, libros sobre la cabeza del autor, con peluches abrazados, tirados en la arena… Frases de otros autores (estas son las mejores), más frases, pero disparadas como balas a alguien cuyo nombre nunca sabremos y que ponen al resto del colectivo alerta: ¿lo dirá por mí? Eso lo ha dicho por fulano o mengano, era de esperar… De repente, reunión de pastores, ¿qué oveja habrá caído? Parece mentira, pero sí, todavía hay quien da más. Los privados arden. Esto os va a encantar: todos los escritores que frecuentan determinado espacio en la red etiquetados por el mismo autor, da igual el motivo, el caso es que dicho autor aprovecha los miles de seguidores de sus compañeros conocidos para publicitarse. ¡Olé la jugada!

Este tipo de cosas genera lo que podríamos llamar «ruido literario», es como la flauta del desconocido de Hamelín, cuando más la tocas más te siguen.

¡¿Esto será lo que transcienda de nuestros días a los anales de la historia de la literatura?! ¡Me niego!

Hay hechos, probados, ¿eh?, que me dejan perpleja: un autor «consagrado» escribe un post en su blog plagado de erratas, faltas de ortografía y problemas de puntuación, además de no decir nada. Bien, está en su derecho, faltaría más. Uno, dos, tres… Ahí están sus amiguísimos comentando lo maravillosa que es la publicación, lo bien escrita que está y que si pudieran se la tatuarían en el pecho. Bueno, si eres tan, tan amigo, escríbele y mándale las correcciones. ¿O en el fondo desearías ver hundido tu compañero compañerísimo y por eso te callas, lo alabas  y lo dejas que se dé el tortazo? Yo sí tengo algún compañero amigo y sé cómo actúan: me escriben en privado, me apuntan dónde me he equivocado y, por supuesto, nunca me felicitarían en público por aquello que es malo. De estos me fío.

Las redes son una herramienta valiosa para promocionarnos, qué duda cabe, y debemos utilizarlas para llegar a los lectores, cada cual con su ingenio y capacidad, pero, honestamente, creo que hemos traspasado límites peligrosos. Estamos dando más circo que literatura. Estamos condenando al ostracismo obras realmente valiosas cada vez que aupamos las mediocres. Mentimos consciente, descarada y vergonzosamente. Estamos viciando, simplificando, adoctrinando en la vaciedad el gusto del lector.  Es lo que tiene cuando nos acostumbramos a convivir con la mentira, que ya no encontramos la verdad ni con lupa.

Hoy quería llamar la atención de todos esos lectores y recordarles lo importante que es para el mundo literario su espíritu crítico.

SINCERAMENTE…

16 nov

sinceridad

Dicen que la sinceridad es un lujo que solo se pueden permitir los veteranos y los niños. Los unos porque ya no tienen nada que perder y su valía está probada, y los otros por su inocencia e inmadurez y porque tienen un largo camino por delante para retractarse. Cuando pasas por el apogeo de tu existencia, en el que sobrevivir prima y la competencia es una amenaza constante, se entiende que es de sabios, no solo callar las injusticias, sino maquillarlas, obviarlas… justificarlas. A menudo, cuando defiendo la verdad, ―la verdad, no «mi verdad», que hay una diferencia―, recibo respuestas como «No se puede ir por la vida diciendo lo que piensas. Si quieres llegar a algún sitio no puedes morder la mano del amo. Para llegar a donde quieres debes tragar mucho…». O aquello de «Para ti es muy fácil, no tienes que preocuparte de comer cada día». Es sorprendente hasta qué punto hemos conseguido justificar la hipocresía y la mentira para «tener más». No hay en realidad otra razón. Decir lo que uno siente y cree justo no debería ofender a nadie ni ser motivo de represalias, muy al contrario. Otra cosa muy distinta es confundir la sinceridad con la mala educación o ser un bocazas sin prudencia ni sentido común.

Sinceramente, en general, creo que la literatura de nuestros días es tan amplia como pobre, que en un futuro, al igual que recordamos con orgullo el siglo de oro, el renacimiento cultural, nuestros sucesores, si no lo remediamos, pensarán en la época que nos ha tocado en suerte como en la contrapuesta a aquella.

Sinceramente, cada vez me cuesta más encontrar en las nuevas obras esas páginas que destilan el alma del autor. Me niego a creer que su espíritu es solo lo que lees: chica liberada busca a chico metrosexual para ayuntarse en el ascensor, u hombre de éxito copula con todo lo que se mueve y como es tan guapísimo castiga con su desprecio y malos tratos a toda la que sucumbe a sus encantos, o maduritas divorciadas se van de viaje a desquitarse de años de represión y acostarse con todos los chicos jóvenes que se vendan, o escojo un personaje importante, le invento una vida absurda, corto y pego de artículos sobre la época que vivió y lanzo mi pastiche como la novela histórica revelación del año, o… Echo de menos tras las palabras a alguien que observa su mundo y, tocado, indignado o maravillado… descarnado, ha sentido la necesidad de contarlo.

Sinceramente, me duele en lo más profundo que un autor cuya obra admiro sea capaz de calificar de excelente, maravillosa o fantástica la novela de un compañero por el simple hecho de congraciarse con él y recibir en su momento el pago de la deuda contraída. Máxime cuando por los rincones va diciendo que la tan «excelente» novela es en realidad más básica que una camiseta blanca. He coqueteado con ese círculo oscuro, pero, por lo pronto, resisto la tentación. ¡Cuánto daño está haciendo este tipo de actuaciones a nuestra literatura! ¡Por favor!, qué poca confianza en nuestra creatividad demostramos.

Sinceramente, creo que hay escritores pujando en el panorama actual, con obras pulcramente corregidas, que no saben escribir y lo demuestran en su día a día en las redes. Hay casos que te dejan en un pasmo. En cambio otros, que no pueden pagarse un pulido para sus obras y aún están algo verdes, escriben infinitamente mejor que aquellos y llegará el momento en el que hagan historia.

Sinceramente, mi corazón se alegra cuando una buena novela es reconocida, sobre todo si está más valorada que cualquiera de las mías porque obviamente es mejor. Comprobar que todavía se hace justicia me da esperanza, y pienso: «sí, si sigo trabajando y aprendiendo mis historias también llegarán a esos lectores valientes, que piensan por sí mismos y que reconocen la belleza en el arte».

Sinceramente, admiro a todos esos autores que se autoeditan y se publicitan día a día con honradez para llegar a los lectores, sin poner zancadillas, sin venderse al mejor postor por el camino, sin «prostituirse», creyendo que sus historias merecen ser leídas. Muchos de los que critican esta forma de lucha utilizan métodos ostensiblemente más oscuros y sibilinos. Muchos.

Sinceramente, si escribir lo que creo, pienso y siento ofende a alguien, me importa muy poco.

Dedicado a todos los creativos que luchan por sus obras sin sacrificar la verdad.

OTRO CAFÉ CONTIGO

8 nov

Café

Algunos lectores me han comentado que llegaron a mi obra después de leer este pequeño relato. He pensado que no es mala idea volver a publicarlo, la verdad es que nunca sobran los lectores.

OTRO CAFÉ CONTIGO

Estábamos en aquella cafetería del centro que tanto te gustaba. ¿Te acuerdas? Aquel joven tan amable bajó el volumen del hilo musical; intuyó que preferíamos el sonido de la lluvia, que sus claras notas enlazaran nuestras palabras. ¡Qué bonito llovía aquella tarde!, ¿verdad? Hablábamos de nuestro primer encuentro, de nuestros hijos, de nuestros nietos… de todos nuestros amores. Recordamos nuestros difíciles y largos primeros años juntos. “Nadie daba un duro por nosotros”, dijiste. Y ya ves, la vida se nos quedó corta: a menos futuro, más cariño pendiente por dar. Me preguntaste: “Si supieras que ibas a morir mañana, ¿qué harías?”. La primera palabra de mi respuesta pisó la interrogación de tu pregunta: “Tomarme otro café contigo”.

—Señora, estamos a punto de cerrar, pero puedo ofrecerle otro café mientras recogemos.

—Sí, por favor, otro café.

—¿No va a venir su hija a por usted? ¿Quiere que la lleve a casa?, parece que la noche se va a cerrar en aguas.

—No, gracias, hoy me voy con él, nos gusta caminar bajo la lluvia.

—Buena elección. Aunque… —Sonó la campanilla del local— creo que alguien ha venido a recogerla.

—Te dije que hoy me iría con papá.

—Ya lo sé, pero llueve demasiado. Otro día. Recoge tu diario, tengo el coche en doble fila.

—¿Estás llorando, hija?

—No mamá, son gotas de lluvia.

Entrega de noviembre de A GOLPE DE TECLA

3 nov

La entrega de noviembre de «A golpe de tecla» ya está disponible, y gratis. Pasad y sorprenderos con lo mejor de las letras de Jose Vicente Alfaro, Mónica Rouanet, Julio G. Castillo, Mercedes Gallego, Rafael R. Costa, Manuel Navarro, Miguel Ángel Moreno, una servidora y su directora Cita Franco Parrilla.

HE AUTOEDITADO EN PAPEL, como Dostoievski, Twain, Alan Poe, Hemingway… Y me siento orgullosa de mi trabajo.

26 oct

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En varias ocasiones he comentado que, después de mi experiencia con editoriales, tenía la intención de autoeditar mis próximas obras. Conste, una vez más, que nadie me engañó, simplemente me pudo el ansia  y no valoré objetivamente lo que me ofrecían y las consecuencias. La cuestión es que tal y como yo lo veo, en estos momentos más que nunca la autopublicación es una opción muy interesante para el autor. Es más, no me cabe duda de que la dignidad de la obra la aporta en su totalidad el propio escritor, no las marcas y sellos editoriales. Como en cualquier labor, el celo que ponga el artesano en su creación es lo que otorga valor al resultado. En nuestras historias hemos de poner el corazón y la cabeza a partes iguales; son sueños nacidos del don que se pulen con el oficio. Todo lo que ocurra después servirá o no para hacerlas llegar a los lectores, pero que no se lean no quita un ápice de su valía.

Por supuesto, el escritor independiente no termina su trabajo después de una exhaustiva corrección. Si quiere que los lectores conviertan su manuscrito en un libro ha de llegar a ellos. Maquetación, portada, book tráiler, subida a las webs para publicación… Todo esto también lleva su tiempo y muchos quebraderos de cabeza y hay que poner el mismo empeño que durante el proceso de escritura. Confieso que ansío un buen contrato y poder dedicarme plenamente a escribir; he recibido ofertas pero no las he considerado aceptables, así que mientras llega ese momento…

He hecho todo lo posible porque este trabajo que hoy os presento sea digno de vosotros y no echéis de menos la mano editorial, y también por poner un precio asequible y justo para todas las partes: Hijos de Atenea ya está en papel gracias a la plataforma de Amazon CreateSpace. Me siento orgullosa de ser indie en estos momentos, como seguramente se sentirían en su época Dostoievski, que pidió dinero a sus amigos para costear sus libros, Nietzsche, que pagó de su bolsillo la autoedición de 50 ejemplares de Así habló Zaratustra o Lewis Carroll, que hizo lo mismo con Alicia en el País de las Maravillas, y tantos… Marcel Proust, Alejandro Dumas, Rudyard Kipling, Mark Twain, Edgard Alan Poe, George Bernard Shaw o Ernest Hemingway. Sí, fueron grandes antes de que los buscaran las editoriales y a pesar de ellas. Se me ocurre… ¿cuántos de los autores indies de nuestros días pasarán a la historia de la literatura?

Para ilustrar objetivamente todo el proceso de elaboración, desde que surgiera esa primera semilla de Hijos de Atenea hasta su publicación en papel, os dejo un esquema de lo ocurrido en el tiempo:

1º MADURACÓN DE LA IDEA

Elección de los lugares y el tiempo en los que se desarrollará la obra, construcción de personajes, visualización de vídeos y recopilación de documentación básica:

Desde marzo hasta septiembre de 2012+1

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2º ESCRITURA DEL MANUSCRITO EN LIBRETAS

Desarrollo de la historia sobre el papel (literalmente), desde la primera palabra hasta el punto y final. Periodo totalmente creativo e intimista:

Desde septiembre de 2012+1 hasta abril de 2014

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3º TRANSCRIPCIÓN AL WORD

Escribir el contenido de las libretas en el ordenador y aprovechar para una primera corrección, sobre todo de contenido, con la ayuda de una de mis lectoras, Eva M. Ruiz:

Desde el 15 de abril hasta el 10 de mayo de 2014

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4º CORRECCIONES EN COLABORACIÓN CON LOS LECTORES CERO Y SINOPSIS

Corrección ortográfica, ortotipográfica, sintáctica y de contenido en estrecha colaboración con cinco lectores cero: Eva M. Ruiz, Julio Rodríguez, A. C. R, Carmen Franco y Juan Manuel Fernández:

Desde el 10 de mayo hasta el 30 de agosto de 2014

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5º PREPARATIVOS PARA LA PUBLICACIÓN EN DIGITAL

Maquetación en Word y elección y montaje de portada en colaboración con la diseñadora de imágenes Mari Carmen López:

Julio y agosto de 2014

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6º MONTAJE DE BOOK TRÁILER

Elección de imágenes, música y texto y pruebas de visualización con la diseñadora y experta en montajes de vídeos Rocío Rodríguez:

Mes de septiembre de 2014

7º SUBIDA A AMAZON DE LA VERSIÓN DIGITAL

7 de septiembre de 2014

HDA Digital

8º MAQUETACIÓN PARA LA VERSIÓN EN PAPEL

En colaboración con la maquetadora Carmen Franco, preparación del texto en PDF para la versión en papel:

Desde el 20 de septiembre hasta el 15 de octubre de 2014

Prueba HDA

9º MONTAJE CUBIERTA PARA PAPEL

En colaboración con Mari Carmen López, montaje de la cubierta en PDF para papel y elección de imágenes para páginas y publicidad:

Del 1 al 15 de octubre de 2014.

Cubierta

10º SUBIDA DE LOS ARCHIVOS A CREATESPACE

Del 5 al 15 de octubre de 2014.

HDA CreateSpace

En definitiva, 595 días, a una media de ocho horas diarias, de duro y exhaustivo trabajo para una novela histórica de 258 páginas, que no ha requerido excesiva documentación y que finalmente resultó más ligera de lo esperado. Ya está, y ahora empieza el verdadero trabajo: hacerla llegar a los lectores y velar por ella el resto de mi vida. Me consuela pensar que vivirá eternamente, para bien o para mal… Sí, valió la pena. Ya está en preventa y mañana o pasado totalmente disponible. Así que, para los que os negáis a abandonar el tacto y al olor del papel, aquí tenéis el resultado:

http://www.amazon.es/Hijos-Atenea-esclavo-sab%C3%ADa-leer/dp/1502863545/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1414273069&sr=8-8&keywords=mercedes+pinto+maldonado

Un último inciso: el trabajo y el tiempo que dediqué al resto de mis obras publicadas con editoriales no dista mucho del que he empleado en esta autoeditada. Esta es mi experiencia.

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